[. . .] para la victoria debemos tener la simpatía de las masas. No siempre es necesaria la mayoría absoluta; pero lo que es necesario para triunfar, para retener el poder, es no sólo la mayoría de la clase obrera -empleo aquí la expresión “clase obrera” en el sentido que se le da en Europa occidental, es decir, en el sentido de proletariado industrial- sino también la mayoría de la población trabajadora y explotada rural.
Lenin, “III Congreso de la IC”,
Obras completas, t. xxxv, p. 379.
A partir del frustrado intento de golpe de Estado de Kornílov, la situación revolucionaria se configura de manera incontrovertible. A fines de septiembre, Lenin la describe así:
La situación objetiva es tal, que en el país crece, sin duda alguna, una revolución contra el gobierno bonapartista de Kerensky (sublevaciones campesinas, descontento creciente y conflictos con el gobierno en el ejército y en las minorías nacionales, conflictos con los ferroviarios y funcionarios de correos, completa bancarrota electoral de los partidos conciliadores mencheviques y socialistas revolucionarios, etcétera).23
23 “Tesis para el Informe a la Conferencia de la Organización de Petroqrado el 8 de octubre, y también para la resolución y el mandato a los
delegados al Congreso del Partido”, ibid., t. XXVI, p. 130.
En este contexto, los bolcheviques logran obtener la mayoría en los soviets de Moscú y Petrogrado:
[. . .] las elecciones de Moscú dieron a los bolcheviques el 49.5% de los votos cuando los bolcheviques, con el apoyo de los socialistas revolucionarios de izquierda -apoyo que hace mucho tiempo es un hecho- tienen consigo, indudablemente, a la mayoría del país.24
Éste es sin duda un factor crucial del triunfo bolchevique: haber logrado la mayoría en la clase de vanguardia -el proletariado- en los locales claves, las dos capitales, y, a través de la articulación de una alianza con los eseristas de izquierda -que representaban una importantísima porción del partido más fuerte de Rusia- haber logrado la “mayoría del país”. Por cierto, esa “mayoría del país” no era bolchevique. Después de la toma del poder, utilizándolo, el partido de Lenin trabará una aguda lucha para lograr conquistar, bajo su dirección, el apoyo consciente de la mayoría del pueblo. Pero mientras tanto, cuando se trata de preparar y ejecutar el asalto al poder, esta correlación favorable de fuerzas -que adviene de la mayoría en los soviets y de la alianza con el eserismo de izquierda- es suficiente.” Es porque comprende en toda su dimensión que la revolución la hacen las masas, que Lenin insiste en la necesidad del apoyo, de la simpatía de la mayoría del pueblo; e insiste también en que ese apoyo es conquistado a través de una serie de etapas, de enconadas luchas en contra del sistema de dominación. En el curso de tales etapas, el proletariado va adquiriendo experiencia y demostrando su capacidad para dirigir al conjunto del pueblo. La revolución proletaria no puede llevarse a cabo sin contar con la simpatía y el apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores a su vanguardía, el proletariado. Pero esta simpatía y este apoyo no se producen de golpe, no se deciden por elecciones, sino que se conquistan en el curso de una larga, difícil y dura lucha de clases.
24Ibid., p. 132.
* Es importante mencionar estas reflexiones suyas sobre la cuestión del apoyo de masas: “Es un concepto que varía según sea el carácter de la lucha”. Y destaca que en el comienzo de la lucha, “unos cuantos miles de obreros representaban a la masa”; cuando esos miles “que jamás han oído hablar de política, comienzan a actuar en forma revolucionaria, si el movimiento se extiende y se intensifica, va transformándose paulatinamente en una verdadera revolución”. Pero, prosigue Lenin, “cuando la revolución ha sido suficientemente preparada, el concepto de ‘masas’ es otro: unos cuantos miles de obreros no constituyen las masas. Esta palabra comienza a significar algo más. El concepto de ‘masas’ cambia en el sentido de que expresa, no sólo una simple mayoría de obreros, sino la mayoría de todos los explotados. Para un revolucionario es inadmisible entenderlo de otro modo; cualquier interpretación distinta de la palabra sería incomprensible”. “Tercer Congreso de la IC. Discurso en defensa de la táctica. . .”, ibid., t. xxxv, pp. 378-79.
Lenin insiste también en que esta lucha de clases que libra el proletariado por ganarse la simpatía, por ganarse el apoyo de la mayoría de los trabajadores, no termina con la conquista del poder político por el proletariado. Esta lucha prosigue después de la conquista del poder, sólo que bajo otras formas.25
Hemos utilizado hasta aquí las citas de Lenin que consideramos más pertinentes para exponer la dialéctica de su pensamiento respecto a la cuestión de la necesidad de la mayoría para el triunfo de la revolución. Esperamos que haya quedado claro que, de acuerdo a su concepción, esa mayoría es necesaria pero a la vez, relativa, vale decir, es una mayoría lograda coyunturalmente que en una circunstancia dada simpatiza y apoya, por el momento, las medidas concretas propuestas por la vanguardia revolucionaria. Pero eso no implica de ninguna manera, la necesidad de que esa mayoría sea ya adepta, consciente e incondicional, de las ideas socialistas y revolucionarias. Vale la pena aquí también citar una larga reflexión polémica de Lenin a este respecto:
Los traidores, mentecatos y pedantes de la II Internacional jamás pudieron comprender esta dialéctica: el proletariado no puede lograr la victoria si no conquista a la mayoría de la población. Pero limitar o supeditar esta conquista a la obtención de la mayoría de votos en elecciones, realizadas bajo el dominio de la burguesía, es la mayor de las necedades, o un simple engaño a los obreros. A fin de conquistar a la mayoría de la población, el proletariado debe, en primer lugar, derrocar a la burguesía y tomar el poder: en segundo lugar, debe implantar el poder soviético y destruir completamente el viejo aparato de Estado, con lo cual socava inmediatamente el dominio, el prestigio y la influencia de la burguesía y de los conciliadores pequeñoburgueses sobre las masas trabajadoras no proletarias; en tercer lugar, debe destruir completamente la influencia de la burguesía y los conciliadores pequeñoburgueses sobre la mayoría de las masas trabajadoras no proletarias, satisfaciendo sus necesidades económicas en forma revolucionaria a costa de los explotadores.26
Y aquí vale la pena insistir en otro aspecto de la misma cuestión (el apoyo de la mayoría) con el objeto de aclarar meridianamente todos los matices de la concepción de Lenin. Él insiste en que una condición clave de la toma del poder es el apoyo de la mayoría, aunque el proletariado conquista el poder solo, lo utiliza en interés del pueblo, pero no se debe confundir ese aspecto crucial con un pretendido poder de todo el pueblo.
25"Saludo a los comunistas italianos. franceses y alemanes.”ibid.. t. XXXII, p. 34
26"Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado”, Ibid., t. XXXII. pp. 255-56.
Veamos cómo lo formula Lenin en una reflexión sobre la práctica de la revolución rusa, pero cuyo alcance teórico rebasa el caso concreto para uno de los aspectos nodales de la teoría de la revolución proletaria:
Ocurrió una cosa extraña. La clase que tomó el poder político lo hizo sabiendo que lo hacía sola. Esto es inherente al concepto de dictadura del proletariado. Este concepto tiene sentido sólo cuando una clase sabe que es ella sola la que toma el poder político y no se engaña a si misma ni a los demás con fraseología sobre poder “de todo el pueblo, elegido por todos, consagrado por todo el pueblo”. Todos ustedes saben que son muchos -incluso demasiados- los amantes de la fraseología de este tipo, pero en todo caso no se los encontrará entre los proletarios, porque ellos han comprendido que la suya es una dictadura del proletariado y lo dicen en su Constitución, la ley fundamental de la República. Esta clase comprendió que tomaba el poder sola, en condiciones excepcionalmente difíciles, y ejerció su poder político como se ejerce toda dictadura, es decir, con la mayor firmeza y decisión.27 En seguida, Lenin contesta a la pregunta de cómo fue posible al proletariado ejercer solo su dictadura, frente a la agresión de las burguesías de varios países, pese a su inferioridad numérica y el atraso de Rusia: “¿Cuál fue su apoyo? Sabemos que ese apoyo estaba dentro del país, en la masa campesina”.28
El campesino ruso, el mayor contingente numérico del país, fue, a juicio de Lenin, la “segunda fuerza” de la revolución; su apoyo fue factor absolutamente indispensable para el triunfo proletario. Ese apoyo fue capitalizado, inicialmente, a través de los soviets: “En Rusia éramos un partido pequeño, pero además estaba con nosotros la mayoría de los soviets de diputados obreros y campesinos de todo el país”.29
Para reafirmar más aún este hecho trascendental, Lenin plantea en otra oportunidad:
En noviembre de 1917, en las elecciones a la Asamblea Constituyente, 9 millones, de 36 votos, votaron por los bolcheviques. Pero si tomamos (en cuenta) la lucha efectiva, y no sólo las elecciones, a fines de octubre y en noviembre de 1917, al lado de los bolcheviques estaba la mayoría del proletariado y del campesinado con conciencia de clase, o sea, representados por la mayoría de los delegados al II Congreso de toda Rusia de Soviets, así como por la mayoría del sector más activo y políticamente consciente del pueblo trabajador, del ejército de entonces, formado por doce millones de hombres.30
27 “Discurso Pronunciado en el Congreso de Toda Rusia de los Obreros del Transporte”, ibid., t. xxxv, p. 127. 28 Ibid., p. 127.
29"Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista “Ibid., t. xxxv, p. 374 30'’En el décimo aniversario de Pravda”, ibid., t. XXXVI, p. 239.
No obstante, la adhesión, pura y simple de las masas, no hubiera sido suficiente si no hubiera podido expresarse orgánicamente, por medio de un instrumento que regulara su práctica. En el caso ruso, el pueblo ya había creado este instrumento: los soviets.
Si el espíritu creador popular de la revolución rusa, que pasó por la gran experiencia de 1905, no hubiera creado ya los soviets en febrero de 1917, éstos nunca hubieran podido tomar el poder en octubre, pues el éxito sólo dependía de la existencia de formas de organización ya preparadas para un movimiento que abarcaba a millones de seres. Esa forma ya preparada fueron los soviets y por ello nos aguardaban en el terreno político tan brillantes éxitos y la ininterrumpida marcha triunfal que vivimos, pues la nueva forma de poder político estaba ya dispuesta, y sólo nos restaba transformar el poder de los soviets, mediante algunos decretos, de aquel estado embrionario en que se hallaba en los primeros meses de la revolución, en la forma legalmente reconocida, afianzada en el Estado ruso: la República Soviética de Rusia. [. . .] Fue el espíritu creador del pueblo, que había pasado por la amarga experiencia de 1905 y había sido aleccionado por ella, el que creó esta forma de poder proletario.31 Lenin destaca, pues, el otro elemento esencial del triunfo de la revolución: la organización del pueblo. Esta organización, en Rusia se manifestó en los soviets, producto espontáneo de la iniciativa popular, al margen de cualquier orientación partidaria. Pero si los soviets resurgieron en 1917 y pudieron entonces ejercer su definitivo papel revolucionario, ello se debió a que ya existía una experiencia anterior acumulada: 1905. Es por esto que Lenin reconocerá, en varias oportunidades, que sin el ensayo general de 1905, la revolución de 1917 no hubiera ocurrido. Las lecciones de la experiencia práctica, de los fracasos y éxitos momentáneos, son fundamentales, en la concepción leninista, para el éxito de un proceso revolucionario. En base a éstas, la iniciativa de las masas allana el camino hacia el poder.
Dicha iniciativa aparece en el leninismo como un elemento verdaderamente clave de la revolución. Prosigue Lenin: “La tarea de alcanzar la victoria sobre el enemigo interior fue muy fácil. Igualmente fácil fue la tarea de crear el poder político, pues las masas nos dieron el esqueleto, la base de ese poder. La República de Soviets nació de golpe”.32
31"Séptimo Congreso Extraordinario del FC(b)R. Informe Político del Comité Central”. ii-id., t. XXVIII, p. 296. 32 Ibid , p. 296.
Pero, además de la conquista de la mayoría, y de la existencia de la organización popular en el poder alternativo –los soviets-, Lenin cita un tercer elemento, de trascendental importancia para la victoria de octubre: el hecho de que el pueblo estaba armado.
En la revolución rusa, el proletariado se encontró en condiciones excepcionalmente favorables (en la lucha por su dictadura), ya que la revolución proletaria tuvo lugar cuando todo el pueblo estaba armado y cuando el conjunto del campesinado, indignado por la política “kautskista” de los socialtraidores, los mencheviques y los eseristas, querían derrocar el poder de los terratenientes.33
Vinculando los dos aspectos, el militar y el político, Lenin agrega: “Una aplastante superioridad de fuerzas en el momento decisivo y en el punto decisivo; esta ‘ley’ de los triunfos políticos, especialmente en esa encarnizada, fogosa guerra de clases que se llama revolución”. En seguida Lenin destaca la importancia de los grandes centros urbanos: “Las capitales o, en general, los centros comerciales e industriales más importantes (aquí, en Rusia, ambos coinciden pero no en todas partes coinciden) deciden en grado considerable el destino político de una nación, siempre que, por supuesto, los centros cuenten con el apoyo de suficientes fuerzas en las localidades y en el campo, aunque ese apoyo no sea inmediato”. Y volviendo a la situación rusa: En las dos capitales, en los dos centros comerciales e industriales más importantes de Rusia, los bolcheviques tuvieron una superioridad de fuerzas aplastante, decisiva. Allí nuestras fuerzas eran casi cuatro veces superiores a las de los eseristas. Allí teníamos más fuerzas que los eseristas y los kadetes juntos.[. . .] En octubre-noviembre de 1917 estábamos seguros de que triunfaríamos en las capitales, porque contábamos con la aplastante superioridad de fuerzas y con la más sólida preparación política, tanto en lo que se refiere a la aglutinación, concentración, preparación, experimentación y temple de los “ejércitos” bolcheviques, como a la desorganización, agotamiento, división y desmoralización de los “ejércitos” del “enemigo”.34
Prosiguiendo su análisis de los factores inmediatos de triunfo. Lenin agrega que ya en octubre-noviembre de 1917, la mitad de las fuerzas armadas era bolchevique.
De no haber sido así, no habríamos podido vencer. Obtuvimos casi la mitad de los votos del conjunto de las fuerzas armadas, pero tuvimos una aplastante mayoría en los frentes más cercanos a las capitales, en general, en los no muy alejados.35
33 “Saludo a los comunistas italianos . . .”, cit., p. 34. 34 "Las elecciones a la Asamblea.. .”. cit., pp. 247-48, 35 Ibid., p. 251.
Acordémonos de que, en sus análisis de balance de la experiencia de 1905, Lenin había insistido en la necesidad para el triunfo revolucionario, de la división de las fuerzas armadas, de su politización; esto se logró en 1917.