Chapter 3: Oil Price Shocks and the UK Fiscal Regime, 1990-200
3.3 Estimating the Model
3.3.2 Model Parameters
El PDC representó la aparición de un centro programático que, desde la década del cincuenta, del siglo pasado, se comprometió con un conjunto de políticas de cambio social y económico, que generaron tensiones y conflictos con buena parte de las colectividades del sistema de partidos (Arriagada, 1985: 62; Scully, 1992: 21 y 24). En
1964, el PDC llegó a la primera Magistratura del país y fue el primer partido de su tipo en llegar al poder en América Latina (Collier y Sater, 1996: 265; Hawkins, 2003; Mainwaring, 2003).
El rol del PDC en la historia política reciente de Chile ha sido fundamental, en al menos dos sentidos (Navarrete, 2005: 110). En primer lugar, el desplazamiento del partido radical por la DC y el denominado “vacío de centro” (Sartori, 1987: 202) generado por la articulación de tres bloques electorales en disputa que buscaron resolver la distribución en la sociedad chilena y su modelo de sociedad. En segundo lugar, el desarrollo y puesta en práctica de la llamada “tesis Aylwin”, en la cual se asumía el marco institucional de la Constitución de 1980, estableciéndose con ello el modelo de la transición y redemocratización del país (Hofmeister, 1995; Huneeus, 2003).
En la literatura politológica, ha existido un vacío teórico acerca de los partidos democratacristianos, la cual se explica por la concentración académica en los partidos de izquierda y su asociación con el eje valórico conservador.
Para Scott y Mainwaring (2003), los partidos democratacristianos han sido menos exitosos en América Latina que en Europa occidental; de hecho, sus días de gloria estarían quedando en el pasado, tendiendo a ponerse menos programáticos e ideológicamente más heterogéneos y convirtiéndose en partidos de tipo catch. En este sentido, un aspecto fundamental para entender la DC chilena es que compite con partidos de izquierda y de derecha, a diferencia de sus pares europeos (Huneeus, 2003: 2-3). En términos de identificación ideológica, Alcántara (2003: 83) afirma que el PDC es un partido de centro, clerical, semi-estatista y estructurado.
La evolución política y organizativa del PDC, desde el golpe militar, ha estado marcada por ser el eje de la alianza electoral (Navarrete, 2005: 131), buscando preservar la organización de la red partidaria, adoptando una inusual estrategia de sobrevivencia clandestina (Cañas, 1997: 76) que fue posible, en primer lugar, porque, a diferencia de los partidos de izquierda, el PDC fue “tolerado” por el régimen autoritario y, en segundo lugar, por la referencia permanente que hizo la prensa durante los primeros tiempos del régimen a sus líderes más connotados. A esto se añade, que el PDC poseía canales de comunicación masiva y el apoyo de la Iglesia Católica (A. Valenzuela y S. Valenzuela, 1982: 601).
Lo anterior le permitió enfrentar las futuras elecciones de 1989 de mejor manera que el resto de los partidos, liderar la transición y ser percibido como “la marea azul”,
frase que reconocía la capacidad de articulación que ningún partido tuvo hasta el plebiscito de 1988. Bajo el régimen autoritario, este partido deja su política autónoma y entra a una fase de diálogo y cooperación con otros partidos que se desarrollaron desde 1976 para crear alianzas en torno a una oposición unificada (Frei, 1992: 112), salvo el caso del Partido Comunista.
Si bien este partido inicia los años noventa con Patricio Aylwin como Presidente de la República y es el partido más votado y con más diputados y senadores, enfrenta al igual que el resto de los partidos una crisis de representación. De acuerdo a Navarrete (2005: 128), las variables explicativas del deterioro de la imagen de la DC son la credibilidad, la transparencia y pérdida de confianza. Halpern (2002: 58), por su parte, argumenta que la democracia cristiana encarna la crisis de los partidos políticos en cuanto a la disolución de las lealtades político-electorales y la disputa del centro político por el PPD y el trabajo de los sectores populares por parte de la UDI.
La anterior pérdida de protagonismo de la DC, se profundiza tras la derrota del partido en las primarias de la Concertación en 1999 a manos de Ricardo lagos Escobar y el fracaso de las parlamentarias de 2001 que hacen perder la calidad del partido más votado y con mayor número de parlamentarios (Morales y Poveda, 2007). De acuerdo a Arriagada (2001: 3) el PDC perdió obtuvo una baja de 17, 7% en su votación y un descenso de aproximadamente el 40% de su bancada de diputados. Huneeus (2002: 1) y Navia (2002) concuerdan en que el debilitamiento electoral del PDC responde a la erosión de la identidad electoral y valórica de la DC en favor de la UDI y del desplazamiento del centro político hacia la izquierda con el PPD. De esta manera, la baja capacidad de retención de votos del partido y la pérdida de su electorado histórico: el voto femenino de grandes zonas urbanas, configuran la crisis del partido. A esto, se añade la falta de innovación programática y la carencia de definiciones más allá de la coyuntura, profundizan las críticas al interior del partido. En definitiva, la génesis de las diferencias internas no obedece a proyectos o visiones ideológicas adversas, sino a matices de táctica o a afinidades personales; dicho de otro modo, sus lógicas de poder son más originales que su doctrina.
Este contexto de crisis interna del partido, configura el marco para la adaptación partidaria a comienzos del 2000, el cual se inicia con reformulación de sus estatutos, incorporando en sus principios la homogeneidad de las estructuras ejecutivas; la eliminación de burocracias; la transferencia de poder de órganos superiores a inferiores
y más participación organizada de la militancia. Otra reforma histórica fue la introducción de un mecanismo distinto para la selección de los candidatos del PDC a cargos de elección popular. Ya en 2006 se realizaban elecciones internas de tipo cerradas para nominar a los candidatos tal como en el Partido Socialista (Freidenberg, 2006) lo que demuestra un mayor nivel de democratización interna, a lo que se suma una cuota de al menos 30% de candidaturas del sexo femenino (Ídem). Luego, una norma permanente estableció la realización de primarias abiertas a todos aquellos que quisieran participar. La reforma temática buscó responder a una de las grandes críticas al PDC, la falta de una oferta programática.
En definitiva, existe un relativo consenso en la literatura acerca de la incapacidad democratacristiana para ejercer una renovación y la integración de nuevos liderazgos que faciliten el proceso de adaptación desde la perspectiva de Levitsky (1998). En oposición, la adaptación del partido se realiza a través de una reestructuración de su dimensión organizacional, en el sentido postulado por Panebianco (1995) en cuanto se avanza hacia una consolidación organizativa con el objeto de asegurar la propia sobrevivencia del partido. Así la permanencia del PDC en la Concertación y su incorporación a la Nueva Mayoría se explican en la disminución de su carácter religioso por sobre uno secular, en la disminución de la intensidad ideológica del partido por un nuevo eje de reordenamiento de las posiciones políticas en Chile: los derechos humanos y la valorización de la democracia.
El encuentro entre social democracia y la doctrina social de la iglesia encuentra su fundamento en la raíz histórica del partido de corte humanista, de centro izquierda y reformista (Walker y Jouannet, 2006: 82).