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2.2 Estimating the SDF

2.2.6 Model Selection

El aumento de los trabajos que atendían a los poderes locales franquistas y, especialmente los resultados obtenidos en estas investigaciones, incidieron en los puntos de discusión y debate historiográfico. Son tres los aspectos a destacar dentro de este debate: por un lado, la dependencia en este tipo de trabajos del uso de las categorías de análisis de la política estatal que llevó a la utilización de conceptos –como el de familias del régimen8– en los nuevos trabajos que muchas veces no reflejaban las dinámicas locales. Relacionado con lo anterior, ello trajo consigo a un intenso debate sobre la pervivencia o no de las viejas lealtades políticas y la continuidad de militancias entre la élite de preguerra y la de posguerra. Por último, el debate viró hacia la conveniencia o no de utilizar el término «poder local» en los trabajos sobre el tema. Estos aspectos del debate serán convenientemente analizados en el siguiente apartado.

7 Aquí son destacables los trabajos de MARÍN CORBERA, M.: Catalanisme, clientelisme i franquisme. Josep

Maria de Porcioles, Barcelona, Societat Catalana d’Estudis Històrics-IEC, 2000; THOMÀS ANDREU, J.M.:

José María Fontana Tarrats: biografia política d'un franquista català, Reus, Edicions del Centre de

Lectura, 1997 y, más recientemente, TÉBAR HURTADO, J.: Barcelona, anys blaus. El governador Correa

Veglison: poder i política franquistes (1940-1945), Barcelona, Flor de Viento Ediciones, 2011.

8 El concepto de familias dentro del sistema franquista fue acuñado en la obra de Amando de Miguel, un

análisis que tuvo gran influencia en la historiografía hasta prácticamente la actualidad. Véase: DE MIGUEL, A.: Sociología del franquismo, Barcelona, Éxito, 1978.

Por lo que respecta al primer aspecto, el de la utilización de categorías aplicables a la realidad estatal en el marco local, una de las primeras dificultades vino en la utilización de unos modelos generales que no se adaptaban a las realidades locales. Así, a un intento de explicación de la configuración de los diferentes grupos de poder local del nuevo Estado franquista basada en sus lazos políticos de pertenencia –familias del régimen–, se contrapuso la visión de algunos historiadores que cuestionaban la pervivencia de las viejas lealtades políticas. Así, Martí Marín destacó «la tentación de pensar que las dinámicas de equilibrio político jugadas en torno al Consejo de Ministros pudieran fácilmente aplicarse al juego político provincial como si se tratase de la extensión de un juego de partidos encubierto» considerando la importancia de la clave clientelar mucho más que familia política de pertenencia en el marco local9.

Por tanto, este debate sobre la aplicación de categorías de análisis en los trabajos historiográficos que reafirmaban o cuestionaban la importancia de los antecedentes políticos de las élites está relacionado con la controversia en torno a la continuidad o discontinuidad de los mismos en la primera etapa del franquismo. Frente a los autores que señalaban la existencia de una continuidad entre el personal político de la dictadura con el de épocas precedentes en un retorno a las viejas prácticas caciquiles o regreso a los «viejos políticos»10, encontramos los investigadores que han detectado discontinuidad entre los políticos surgidos de la guerra y los gobernantes anteriores. Es decir: «existiría una ruptura en los poderes locales del franquismo: los cargos municipales no serían ocupados por las clases políticas republicanas, de la vieja Unión Patriótica o de partidos

9 Citado en SANZ HOYA, J.: La construcción de la dictadura…, p. 50-51.

10 Muchas de estas conclusiones pueden verse en los trabajos de Antonio Cazorla referidos a la provincia de

Almería. Una visión de esta postura queda sintetizada en: CAZORLA SÁNCHEZ, A.: «La vuelta a la historia: caciquismo y franquismo», Historia Social, 30 (1998) pp. 119-133.

de la Restauración, sino que recaerían en unas nuevas élites políticas locales»11. Ambas posiciones resultaron también complementarias en algunas investigaciones recientes pero la discusión se mantiene aún, sin prácticamente variaciones, entre ambas tomas de postura12.

Pese a todo, como afirmaba Encarna Nicolás, no parece ser objetivo necesario de la investigación datar y precisar el grado de continuidad o discontinuidad, sino más bien intentar explicar la larga duración de la dictadura y cómo se fueron modificando los intereses de los distintos poderes locales para adaptarse a las diferentes realidades locales13.

Por último, algunos trabajos, especialmente los de Nicolás, están insistiendo en la problematización del propio concepto de «poder local» separándolo, cada vez más, de los ayuntamientos y dotándolos de una pluralidad que, como bien se ha destacado, sólo es visible desde la historia local. Por tanto, el ayuntamiento sería esa fotografía, ese punto de encuentro de las diferentes sensibilidades existentes en el seno del pueblo o de la ciudad y órgano gestor que desarrollaría las políticas del bando vencedor. En este tipo de estudios, como el que aquí se presenta, conviene delimitar lo que entendemos por poder local, un concepto sobre el que ha reflexionado la historiografía y sobre el cual también tenemos sugerentes propuestas dentro del ámbito hispano. El empleo de este término de forma reiterada, identificándolo unilateralmente con la administración política de los

11 NICOLÁS MARÍN, E.: «Los poderes locales y la consolidación de la dictadura franquista», Ayer, 33 (1999),

pp. 65-86.

12 Investigadores como José Alberto Gómez Roda, con su trabajo sobre el municipio de Catarroja en

Valencia, mantienen una opinión ecléctica que combina ambos enfoques. Últimamente podemos encontrar investigaciones que recuperan el aspecto de continuidad de esos poderes locales, véase: RODRÍGUEZ

BARREIRA, O.: Miserias del poder. Los poderes locales y el nuevo Estado franquista 1936-1951, Valencia, Publicaciones de la Universitat de València, 2013.

consistorios, ha sido una de los errores recurrentes de gran parte de la historiografía hasta fechas muy recientes. Es cierto que el ayuntamiento puede suponer un escenario representativo de los grupos dominantes en la localidad o de las fuerzas correlativas del régimen, pero la identificación del poder o poderes locales con el órgano de gestión concreto es bastante discutible14. Debemos destacar que, para nuestra investigación, no siempre quien mandaba o se situaba en los puestos de dirección gozaba del apoyo del resto de poderes de la localidad, pero sí que era representativo de un sector de poder local de la misma. El alcalde, por ejemplo, tenía poder pero no era, ni mucho menos, el único poder local. Por tanto, identificaríamos, al personal político en el franquismo por medio de un criterio «posicional», es decir, aquellos que ocupaban públicamente los puestos de relevancia pero teniendo también claro que «el poder político de una comunidad es ejercido, directa e indirectamente, por personas o grupos situados no solamente en las instituciones políticas o de gobierno, especialmente el aparato del Estado sino también por personas o grupos situados fuera de esas instituciones»15.

A todo lo anterior se añade la necesidad de situar los estudios sobre el poder local en la dictadura de Franco en una perspectiva comparada con otros países europeos donde la realidad institucional pudo ser similar, especialmente Italia, Alemania y Portugal. Como ha destacado Julián Sanz, especialmente para el caso italiano, debemos tener en cuenta:

«aspectos como el papel fundamental de los prefetti (equivalente a los gobernadores civiles) en la época provincial del régimen fascista, la gran diversidad de modelos territoriales, la importante presencia de elementos no fascistas o como mucho

14 Ibid.

15 Este enfoque ha sido utilizado por W. Mills, Guttsman, Spaey, Meyer e incluso, en algunos aspectos,

fascistizados en los ámbitos de poder local y provincial, las dinámicas de continuidad o ruptura con la política liberal, el peso del empuje centralizador y del partido único, son todos ellos cuestiones que ponen de manifiesto con frecuencia políticas, problemas, objetivos y contradicciones similares en la articulación territorial y en la organización de los apoyos sociales de las dictaduras italiana y española»16.

Pero el estudio de los poderes locales franquistas se reduce en cantidad si vamos avanzando cronológicamente en la propia dictadura. El estudio de las continuidades o rupturas en la instauración del sistema no se ha proseguido en el sentido de dar cuenta del mismo fenómeno durante la transición a la democracia. La causa de dicho silenciamiento debe buscarse en el propio modelo interpretativo que tenemos sobre la Transición. En la defensade ese modelo ha prevalecido la idea que la élite que lo protagonizó representaba una nueva realidad democrática y, por tanto, detectar posibles continuidades con la dictadura precedente podía resultar incómodo a la hora de valorar los fundamentos del régimen constitucional actual17.

Por último, la existencia de una ley de acceso a la documentación muy restrictiva imposibilita un estudio, lo suficientemente cuidadoso, por lo que respecta a los poderes locales a finales del régimen. Un investigador, por tanto, debe hacer uso de los resquicios legales, de documentación privada o de memoria oral para completar, no sin dificultades, los vacíos presentes en el relato historiográfico.

16 SANZ HOYA, J.: La construcción de la dictadura…, p. 57.

17 La importancia de este gran acontecimiento para la conciencia de todos los españoles condicionó el

estudio de la pluralidad de los actores y factores implicados. Así, el análisis de los poderes locales al final de la dictadura franquista despertó un escaso interés. Estudiar y hacer visibles las continuidades e influencia que los poderes locales franquistas podían tener en la propia Transición podía romper con el pacto de silencio y olvido de la dictadura acuñado en la misma.

3. Franquismo y cambio democrático en el País Valenciano: estudios para un