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4.2 Model-View-Controller
En una revisión de las disputas por los sentidos del desarrollo ecuatoriano en el siglo XX, Natalia León (2009) concluye que “El país que hoy conocemos es uno que no esperábamos a fines de la década de los setenta cuando se diseñó la reforma política de la transición. Dos rasgos fundamentales han caracterizado hacia el final del siglo XX la faz política de la sociedad ecuatoriana. Por una par- te, la vigencia de liderazgos personalistas y la política de la identificación […] En otra vertiente igualmente significativa, un enorme aporte a la faz política de la sociedad ecuatoriana ha sido entregado por la acción y presencia de fuerzas constantemente movilizadas, tales como la de indígenas-campesinos, que han
5 Este capítulo no intenta hacer una síntesis exhaustiva ni un balance completo de los procesos de
desarrollo local en Ecuador. Es más bien una caracterización de las principales vertientes políticas e ideológicas que condujeron a experiencias de desarrollo local en nuestro país, cuestionando de manera muy leve en unos casos y muy vehemente en otros varios de los fundamentos del paradig- ma de desarrollo convencional.
contribuido a transformar el imaginario político nacional, deconstruyendo abyec- ciones heredadas del coloniaje y del patriarcalismo […] Hoy en día, por ejemplo, no nos imaginamos unas instancias de representación política ‘desgenerizadas’ o ‘desetnicizadas’”.
Es necesario comprender la “política de identificación”, enarbolada por el mo- vimiento indígena bajo el proyecto de plurinacionalidad, en una dimensión más amplia que el proyecto del posicionamiento del liderazgo indígena a nivel nacio- nal, en el que luego se transformó6.
En sus orígenes, el discurso sobre la plurinacionalidad se construyó desde una crítica radical al sistema capitalista, desde el entendido que la explotación de una etnia sobre otra compartía la misma matriz ética que la explotación de una clase social por otra e incluso del género masculino sobre el femenino. Por lo tanto, in- tentaba proponer y generar alternativas tanto frente a la discriminación cultural, étnica y sexual, como frente a la explotación y el despojo de carácter socioeco- nómico. El movimiento indígena pareció dar cuenta de esta necesidad a través del lema de su movilización en el 2001: “Nada sólo para los indios” y de ahí se derivaría su capacidad de interpelación al resto de la sociedad. Entre 1990 y 1998, del levantamiento indígena del Inti Raymi hasta la crisis bancaria, la propuesta de los sectores populares, entre los que se destacan el movimiento indígena, eco- logista, de mujeres, obrero y estudiantil, disputan el sentido de la propuesta de desarrollo neoliberal al desenmascarar las vertientes colonialistas y patriarcales que utilizaban al Estado como instrumento de homogeneización social bajo el proyecto modernizante del desarrollo. Según León (2009), “uno de los principales aportes del movimiento indígena se expresa en el combate al colonialismo, la dependencia intelectual eurocéntrica y el desenmascaramiento del racismo. […] Esta reforma cultural debate con los pilares de la modernidad burguesa: el extrac- tivismo, los contenidos y sentidos del progreso y la nación, aunque no alcanzó a hacer una propuesta alternativa”.
Lastimosamente, la preocupación a inicios del 2003 por posicionar el liderazgo indígena en la sociedad ecuatoriana a todos los niveles, no logra asentarse en un cuestionamiento sólido del tipo de sociedad en la que este proceso se realizaba. Al respecto, Houtart (2009), luego de una entrevista con el líder indígena Miguel Llauco, hace la siguiente reflexión: “Las estructuras de la economía y del Estado no cambiaban de naturaleza por el simple hecho de que indígenas ocupaban puestos de responsabilidad. Tomar esta meta como objetivo privilegiado revelaba
6 Según Breton (2008), el movimiento indígena fue transitando hacia una etnicización de su discurso
y práctica que priorizó cultura e identidad política frente al discurso de la lucha de clases que aún estaba muy vigente en los años 90, impidiendo que se configurasen alianzas con otros sectores de la sociedad.
una cierta ingenuidad política y falta de análisis socioeconómico, perfectamente comprensibles en la coyuntura histórica de los movimientos indígenas pero bastante dramática para la dinámica de cambio. Fue demasiado fácil para el sistema dominante mantener o reconstruir su hegemonía”. Se trataron, en efecto, de grandes esfuerzos por subirse al tren, incluso por agregar un vagón específico del tren para los indígenas, más que en cambiar la dirección hacia la que estaba yendo.
Las plataformas políticas a nivel local fueron entonces el mejor intento de los movimientos en favor de un proyecto plurinacional que pretendía construir un proyecto de vida en común de “abajo hacia arriba”. Algunos de los procesos más exitosos y contestatarios de la institucionalidad vigente fueron impulsados des- de el liderazgo indígena expresado en el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. El año 1996 ocurre la victoria electoral de un indígena en el Municipio de Cotacachi. En el año 2000 por primera vez un prefecto indígena, Cesar Uma- jinga, es electo en Cotopaxi. En las elecciones municipales de 2004, Pachakutik ganó la alcaldía en 17 municipios, entre otros en Otavalo y Cotacachi. Incluso se canalizaron en algunos casos cuantiosos recursos para los procesos de participa- ción, que en algunos casos sobrepasaban de largo el presupuesto del Estado. Así, el gobierno de Cotacachi logró canalizar más de 5 millones de dólares de apoyo externo y el Comité de Gestión de Guamote manejó un presupuesto anual de se- tecientos mil dólares en el 2004 (Torres, 2004). Estos procesos incluso lograron influenciar las acciones de grandes ONG como el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio (FEPP) y la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas (CESA) que, apo- yadas fuertemente por la cooperación internacional, apostaron por los procesos de democracia participativa. La fuerte vinculación de la dinámica del desarrollo local a la presencia de agentes externos es uno de los factores que explican por qué el proceso se expande más en la sierra que en la costa. La sierra sur es la segunda área geográfica con más intervenciones internacionales en el país. En el 2001, el gobierno nacional aprueba el Plan de Descentralización y comienza a pro- mover procesos de desarrollo local participativo desde las instituciones públicas nacionales en alianza con las asociaciones de gobiernos locales (AME, CONCOPE y CONAJUPARE) (Torres, 2004). En estos casos, la metodología y los tiempos pri- vilegiaron la cobertura a la calidad de la participación en cada localidad.
Los procesos participativos creaban la expectativa de que se estaba incluyendo a la gran diversidad de actores de un territorio en la discusión sobre el sentido que le querían dar al proceso de desarrollo. Por ejemplo, en el manual metodo- lógico utilizado para guiar los procesos de planificación local participativa de Pindal y Celica en la provincia de Loja, uno de los objetivos indicados del pro- ceso fue: “Consensuar objetivos y orientar el proceso de desarrollo cantonal”. A propósito se indicaba: “En una comunidad, como es el cantón, es probable
que sus habitantes y actores públicos tengan diferentes visiones acerca del fu- turo ideal. La Planificación Estratégica permite conocer esas visiones, concertar objetivos y metas. A fin de alcanzar ese futuro, todos se reúnen para ‘trazar un mapa’ que les indique cuál es el mejor camino. Esto se logra mediante la plani- ficación estratégica cantonal” (GTZ, SNV, CARE, DED, Fundación Espacios, AME, 2003). Sin embargo, en la práctica, en la mayoría de estos procesos la participa- ción se convirtió en un fin en sí mismo, sin un vínculo claro con la construcción concreta de visiones estratégicas del territorio, más allá de un enfoque micro en las necesidades de cada actor. Ni siquiera en los territorios con fuerte pre- sencia indígena, los procesos de desarrollo local lograron expresarse como la consolidación de una propuesta de vida común alternativa al modelo capitalista neoliberal.
De hecho, como ya se ha señalado en el capítulo anterior, los procesos partici- pativos rara vez pusieron en tela de juicio las estructuras de poder económico locales ni se constituyeron en los escenarios reales, de conflicto o de concerta- ción, entre las diferentes posiciones. La visión sobre el mercado en las iniciativas de desarrollo local indígena estuvo marcada por una posición que enfatizaba la subsistencia, la soberanía alimentaria, la producción de alimentos limpios y los mercados locales. Al mismo tiempo, en algunos casos se promovieron la com- petitividad, el mejoramiento de precios y de valor agregado, y ciertos mercados con más control campesino y, aunque no impulsó, tampoco trató de expropiar o de imponer tributos o frenos a la gran inversión nacional o internacional en el territorio (Ospina, 2006).
Además, pese a que varios gobiernos locales del Ecuador fueron galardonados con premios internacionales relacionados con la gestión participativa y el desa- rrollo local, el impulso al desarrollo local en realidad no alcanzó para modificar fundamentalmente la cultura política de las y los ecuatorianos, ni para instaurar un proceso sostenido de descentralización y de democracia participativa. Según el Barómetro de las Américas (2008), Ecuador se encuentra entre los países lati- noamericanos con los índices más bajos de participación. En concreto, Ecuador se encuentra en el penúltimo lugar del continente en cuanto a participación de su población en los gobiernos locales. En el 2008, 94,3% de las y los ecuatorianos respondieron que no habían asistido a las reuniones convocadas por la Municipa- lidad o a los cabildos abiertos en los últimos 12 meses.
El siguiente cuadro permite mostrar algunas de las características clave de esta corriente político-ideológica y su aplicación en algunos casos.
Cuadro 1: Proyecto plurinacional y participación ciudadana: Primer peldaño hacia la descolonización
Hito - 1990 “Nada sólo para los indios”. Movilización nacional del Inti Raymi hasta 1998. Crisis bancaria. Actores - Movimiento indígena, ecologista, de mujeres, obrero y estudiantil.
Discurso
- Critica el Estado modernizante y homogeneizador: la explotación de una etnia sobre otra, una clase sobre otra y un género sobre otro parten de la misma matriz ética.
- Combate al colonialismo y la dependencia intelectual eurocéntrica; desenmascaramiento del racismo.
- Apropiación de los territorios de sus procesos de planificación desde una propuesta de participación ciudadana.
Práctica
- Líderes indígenas ocupan cargos dentro del Estado nacional.
- Gobiernos locales alternativos apoyados por ONG, cooperación y proyecto de descentralización del Estado.
- No se logra instalar propuestas de vida en común alternativas al modelo capitalista ni cuestionar las estructuras de poder.
- No se logra modificar sustancialmente la cultura política de las y los ecuatorianos.
Ejemplos
- Cantón Cotacachi bajo la alcaldía de Auki Tituaña; constitución de la Asamblea de Unidad Cantonal.
- Cantón Guamote bajo la alcaldía de Mariano Curicama. - Cantón Otavalo bajo la alcaldía de Mario Conejo.
- Provincia de Cotopaxi durante la prefectura de Cesar Umajinga. - Planificación Estratégica Participativa impulsada por ONG y organismos
de cooperación como CESA, FEPP, GTZ, CARE, SNV… Fuente: Elaboración propia