3.2 Technical Approach
3.2.4 Modeling Technique Selection
El rescate del dolor original descansa en la hipótesis de que el dolor emocional inicial es atenuado e inhibido. Lo actuamos exteriormente
porque nunca ha sido expulsado. No se lo puede expulsar pues nuestro
mecanismo inhibidor (defensa del ego) nos impide saber que el dolor emocional está allí.
"No puedes saber lo que no sabes" es un lema que empleamos en terapia. Actuamos exteriormente los sentimientos; los actuamos interiormente, o los proyectamos hacia otros. Como no podemos sentirlos, y como son una cuestión no terminada, necesitan ser expresados. Actuarlos hacia el interior o hacia el exterior y proyectarlos son las únicas maneras de expresar los que conoce nuestro niño herido. Pero éstas no son soluciones permanentes. Mi compulsión (actitud clásica del niño herido) no terminó cuando dejé de beber. Simplemente la cambié por el trabajo compulsivo.
Hasta que no rescaté el dolor original de mi niño herido, continué actuándolo hacia el exterior en mi insaciable necesidad de excitación y alteración del humor. Mis defensas del ego 'mantuvieron inhibidas las emociones. Hace apenas diez años descubrí los principales patrones de codependencia, el incesto físico y no físico, y el alcoholismo, que dominan mi historia familiar multigeneracional. Hasta que no deseché
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mis ilusiones y negativas acerca de mi familia y mi infancia, no pude rescatar mi dolor original.
Las investigaciones sobre el cerebro efectuadas por Ronald Melzack pueden ayudar a: explicar cómo funcionan las defensas del ego. Melzack descubrió una reacción biológica adaptable para inhibir el dolor, que él denomina "puerta neuronal". Melzack señala que los tres sistemas cerebrales que posee el cerebro triuno tienen fibras interconectadas que realizan tanto una función facilitadora como una función inhibidora. Con las puertas neuronales se controla la información entre los tres sistemas. Lo que llamamos represión puede ocurrir principalmente en la puerta que está entre el cerebro que piensa y el que siente. Expresándolo en la forma más simple posible, cuando el dolor emocional en el sistema límbico alcanza el punto más alto, un mecanismo automático cierra la puerta que comunica con la neocorteza. Es como si un ruido intenso llegara de otra habitación y usted cerrara la puerta para no oírlo.
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Freud pensaba que las principales defensas del ego se integraban en defensas secundarias más sofisticadas conforme maduraba el ser humano. Estas defensas asumen la cualidad de razonamiento; por ejemplo, racionalizar, analizar, explicar y minimizar.
Trabajos recientes sobre el sistema límbico realizados por R. L. lsaacson apoyan esta teoría. Este investigador señala que el sistema de puertas de la neocorteza (el cerebro pensante) se encarga de "suprimir los hábitos y recuerdos del pasado ... la neocorteza se ocupa profundamente de suprimir el pasado". Así, nuestro cerebro pensante puede funcionar sin ser molestado por el ruido y las señales generadas en nuestro mundo interno.
Pero estas señales no se van sino que, suponen los investigadores, siguen viajando por circuitos cerrados de fibras nerviosas dentro del sistema límbico.
De este modo, las defensas del ego evitan la tensión y el dolor, pero éstos se quedan ahí. Debajo de la corteza son registrados como un desequilibrio, una secuencia de acciones abortada que espera su liberación e integración.
La energía del trauma original subsiste como una tormenta eléctrica que reverbera tensión por todo el sistema biológico. Personas que llevan una vida aparentemente racional pueden seguir soportando una vida emocional tormentosa. Sus tormentas continúan porque el dolor original no ha sido resuelto.
RESCATE DEL DOLOR ORIGINAL
El rescate del dolor original pretende de hecho experimentar esos sentimientos reprimidos. Yo lo llamo "proceso de descubrimiento". Es lo único que producirá el "Cambio de segundo orden"; es decir, el cambio profundo que verdaderamente resuelve los sentimientos. En el cambio de primer orden, se canjea una compulsión por otra. En el cambio de segundo orden, se deja de ser compulsivo. Esto es lo que yo necesité para superar mi compulsividad. Yo actuaba compulsivamente porque mi solitario y herido niño interior nunca había descargado su sufrimiento original. Seguí programas de 12 Etapas y controlé mi alcoholismo, pero continuaba actuando exteriormente. Proseguí como profesor, teólogo y terapeuta, pero todavía actuaba exteriormente. Leí todos los libros que encontré y /discutí mis problemas en terapia, pero seguía actuando exteriormente.
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Procuraba alcanzar una conciencia más elevada; aprendí los métodos de los antiguos chamanes; conocí la curación con energía; participé en Un
curso en milagros; medité y oré (a veces durante horas); pero seguía
actuando exteriormente. Fui compulsivo aun en relación con la conciencia superior.
Lo que no sabía era que necesitaba abrazar la soledad y el dolor no expresado de mi acongojado pequeño niño acerca de su padre perdido, su familia perdida y su infancia perdida. Tenía que abrazar mi dolor original.
Éste es el sufrimiento legítimo del que hablaba Carl Jung.
Dolor original como rescate por aflicción
Lo reconfortante es saber que el rescate del dolor original involucra al propio proceso de curación de la naturaleza. La aflicción es el sentimiento
restaurador. Nos curaremos naturalmente si tan sólo se nos permite
afligimos.
La aflicción comprende toda la gama de las emociones humanas. El dolor original es una acumulación de conflictos no resueltos cuya energía ha aumentado con el tiempo. El niño interior herido está congelado porque no hubo manera en que pudiera expresar su aflicción. Todas las emociones están vinculadas por la vergüenza recurrente. Esta vergüenza resultó de la ruptura de nuestro primer "puente interpersonal". Llegamos a pensar que no podíamos depender de la persona encargada de nuestros primeros. cuidados. En realidad, llegamos a creer que no teníamos derecho a depender de nadie. El aislamiento y el temor de depender de alguien son las dos consecuencias principales de la vergüenza recurrente.
Restauración del puente interpersonal
Con el fin de curar nuestras emociones recurrentemente avergonzadas, debemos salir de nuestro escondite y confiar en alguien. En este libro, les estoy pidiendo que crean en mí y confíen en ustedes. Para que su niño interior herido salga de su escondite, él debe confiar en que usted estará presente para apoyarlo. Su niño interior también necesita un aliado, no avergonzado, para ratificar su abandono, descuido, abuso y confusión. En principio, éstos son los elementos esenciales del rescate del dolor original.
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Espero que confiarán en sí mismo para ser el aliado del niño que vive en su interior, para ayudarlo en su rescate del dolor. Porque usted no puede confiar totalmente en mí ni en ninguna otra persona. Si las cosas se pusieran difíciles, probablemente yo intentaría salvarme primero.
Pero usted puede confiar en sí mismo. En Advice from a Failure, Jo Courdet lo expresó con estas hermosas palabras: "Entre toda la gente que llegará a conocer, usted es el único al que nunca abandonará o perderá".
Confirmemos el abuso sufrido
Créame: muchas de las acciones que realizaron sus padres y que usted consideraba legítimas en realidad fueron abusos. Si todavía se siente inclinado a minimizar y/o racionalizar las maneras en que fue avergonzado, ignorado o usado para que sus padres se desahogaran, ahora necesita aceptar el hecho de que esas cosas verdaderamente hirieron su alma, Algunos de ustedes fueron hechos víctimas de agresión física, sexual o
emocional.
Extrañamente, mientras más abusos se convinieron contra usted, más creyó que era usted el malo y más idealizó a sus padres. Ése es el resultado
del vínculo de fantasía que describí anteriormente. Todos los niños idealizan a sus padres; así es cómo aseguran su supervivencia. Sin
90 kilos 3 años
de edad
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embargo, cuando el niño del que se abusa idealiza a sus padres, llega a creer que él es el responsable de dicha acción: "Me golpearon porque soy insoportable. Tuvieron relaciones sexuales conmigo porque soy muy malo. Me gritaron porque soy desobediente. Yo soy el malo, no ellos; ellos son buenos." Esta idealización de los padres es la defensa básica del ego y debe ser derribada. Sus padres no eran malos; sólo eran niños heridos.
Imagínese que es usted hijo de un niño de tres años y noventa kilos, cinco veces más grande que usted, o de una niña de tres años y sesenta y cinco kilos, cuatro veces más grande que usted. Sus padres hicieron lo que creyeron que era lo mejor, pero eso es algo que no puede comprender un niño de tres años.
Conmoción y depresión
Si todo esto lo impresiona, ¡magnífico!, porque la conmoción es el
principio de la aflicción. Después de la conmoción, viene la depresión y
fuego la negación. La negación permite que regresen nuestras defensas del ego esto ocurre generalmente como compensación. Decimos: "Bueno, realmente no estuvo tan mal. Tenía cuatro paredes y un techo sobre mi cabeza."
Por favor, créame: la situación fue muy negativa. Ser herido espiritualmente, que sus padres no lo dejaran ser usted, fue lo peor que le pudo pasar. Estoy seguro de que cuando usted era un niño y se enojaba, le decían: "¡No me vuelvas a levantar la voz!" Eso le enseñó que no era correcto que usted fuera usted mismo, y ciertamente no era adecuado enojarse: Lo mismo ocurrió con el miedo, la tristeza y la alegría. No era correcto que usted tocara su vagina o su pene, aunque se sintiera bien. No era aceptable que no le agradara el reverendo Herkimer, el rabí Kradow o el padre Walch. No estaba bien pensar lo que usted pensaba, querer lo que quería, sentir lo que sentía o imaginar lo que imaginaba. A veces no estaba bien ver lo que veía u oler lo que olía. No estaba bien ser diferente o ser
usted. Aceptar o entender lo que estoy diciendo es validar o legitimar su
herida espiritual, que es exactamente lo que yace en el fondo de cada niño interior herido.
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Ira
El sentimiento que generalmente surge al afligirse es la ira. Es la respuesta legítima a la herida espiritual. Si bien sus padres probablemente hicieron lo mejor que podían, al rescatar el dolor original, usted acepta que las decisiones de sus padres nunca fueron convenientes. Lo significativo es lo que realmente ocurrió. Suponga que al mover marcha atrás el automóvil, accidentalmente le aplastaron una pierna. Esto le provocó una renguera durante todos estos años y usted nunca supo el porqué. ¿Tiene derecho a saber qué le sucedió? ¿Tiene derecho a sentirse lastimado y sufrir por ello? La respuesta a ambas preguntas es un inequívoco sí. Es correcto que se enfade, aunque lo que se hizo no haya sido intencional. En rigor, tiene que disgustarse si desea curar a su niño herido interior. Esto no significa que deba gritar y protestar (aunque podría hacerlo). Simplemente puede enfurecerse porque fue una situación molesta.
Yo ni siquiera responsabilizo a mis padres de lo que me sucedió. Sé que
ellos hicieron lo mejor que les permitía realizar el niño herido que habitaba en su interior. Pero también sé que estoy profundamente lastimado espiritualmente, y eso ha tenido lamentables consecuencias para mí. Me parece que todos somos responsables. Y la contrapartida de esa responsabilidad es detener lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a los demás.
Herida y tristeza
Después de la ira, surgen la herida y la tristeza. Si hemos sido víctimas, debemos lamentar esa traición. Debemos también lamentar lo que pudo haber sido, nuestros sueños y aspiraciones. Debemos lamentamos de que durante nuestro desarrollo nuestras necesidades no fueran satisfechas.
Remordimiento
A menudo, a la herida y a la tristeza sigue el remordimiento. Decimos: "Si las cosas hubieran sido diferentes, tal vez yo habría hecho algo diferente.
Tal vez si yo hubiera amado más a mi padre y le hubiera hecho ver lo mucho que lo necesitaba, no me habría abandonado." Cuando atendía a víctimas de incesto y abuso físico, apenas podía creer que se sintieran culpables y tuvieran remordimientos acerca de su violación, como si de alguna forma ellas fueran
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responsables de lo sucedido. Cuando lamentamos la muerte de alguien, el remordimiento es, en ocasiones, pertinente; por ejemplo, tal vez deseamos haber pasado más tiempo con la persona fallecida. Pero al dolerse del abandono que sufrió en la infancia, debe ayudar a su niño herido a comprender que no pudo haber hecho nada diferente. Su dolor lo causa lo que le ocurrió a él; no se refiere a él directamente.
La vergüenza recurrente y la soledad
Los más profundos sentimientos de aflicción son la vergüenza recurrente y la soledad. Nos avergonzó que nos hubieran abandonado. Sentimos que somos
malos, como si estuviéramos contaminados. Y esa vergüenza nos lleva a nuestra
soledad. Como nuestro niño interior se siente inseguridad y torpe, tiene que cubrir su verdadero yo con uno falso. Entonces llega a identificarse con su falso yo. Su verdadero yo permanece solo y aislado.
Permanecer con estos sentimientos dolorosos es la parte más dura del proceso de aflicción. Es difícil mantenerse en ese nivel de vergüenza y soledad; pero al percatamos de estos sentimientos, estamos del otro lado. Encontramos al yo que ha estado escondido. Porque como lo escondimos de otros, lo escondimos de nosotros mismos. Al abrazar nuestra vergüenza y nuestra soledad, empezamos a descubrir nuestro verdadero yo.