3.2 Missingness in Longitudinal Data
3.2.1 Modelling Complete Univariate Longitudinal Data
Al hablar de historia se entretejen varias definiciones, acumulando experiencias y reflexiones sobre el tema en relación con las necesidades actuales y la situación pasada que se evidencia en los hechos históricos. Edward H. Carrmantiene que es el historiador el que
piensa la historia, y su pensamiento está detrás del hecho histórico que analiza, de ahí afirma: San Agustín vio la historia desde el punto de vista del cristiano primitivo; Tillamont, desde el punto desde el de un francés del siglo XVII; Gibbon, desde el de un inglés del XVIII; Mommsen desde el de un alemán del siglo XIX; a nada conduce preguntarse cuál era el punto de vista adecuado, cada uno de ellos era el único posible para el que lo adoptó, (Carr, 1957)
Entre tanto, al ir y revisar la historia se busca, conoce y analiza lo que pasaba anteriormente, permitiéndonos abrir a nuevos espacios del saber entendiendo la cultura, la humanidad, sus logros y derrotas, entre otros más contenidos. Así se da paso a la historia, entre fuentes y la reconstrucción de los hechos con la que se pretende hacer una abstracción en el tiempo, resaltar el lugar exacto de los acontecimientos y explicar el presente mediante el pasado que, a pesar de no ser el objeto central de la Historia, es el camino por el cual esta procede, como fuente que debe interpretarse, (Bloch., 1949)
La historia, incluye la transformación del ser humano en cuanto a su espíritu y, sin duda, hasta en los más delicados mecanismos de su cuerpo. Su atmósfera mental se ha transformado profundamente y no menos su higiene y su alimentación. Por ello, es legítimo el estudio de las mentalidades como objeto de la historia y con ella las concepciones sobre el cuerpo.
Desde la visión aristotélica el cuerpo humano pasa a ser constitutivo de la identidad humana además de adquirir una noble valoración, para ser apreciado como una realidad idéntica con el sí mismo. El cuerpo dispone de una intención y capacidad perceptiva a través de los sentidos. Aunque cada cuerpo en sí mismo es diferente, este es entendido como una entidad viva en movimiento, capaz de expresar por sí solo, de dicha manera el sujeto es capaz de ser percibido a partir de su cuerpo, como un ser biológico, psicológico y social.
Por lo tanto, el concepto de cuerpo es tan amplio que desde diferentes visiones de estudio se plantea en él una idea de lo que es, pero todas anudando finamente en que este se centra en un ser capaz, lleno de expectativas frente al otro, es decir es la manera más cercana de comunicación, el cuerpo como un ente hablante capaz de expresar hacia el otro y hacia el mismo. Mauss tiende a enfatizar el carácter técnico del movimiento humano en cuanto el cuerpo es el primer y más natural instrumento del hombre (Mauus., 1991)
Por lo tanto, contamos con un cuerpo que se nos presenta desde el momento del nacimiento, llevándonos a la acción continua del movimiento y este logra adaptarse, transformarse a la vez que conforma la corporeidad, lográndose presentar no como un vacío, sino como un todo que ocupa un espacio.
3.3.1 Cuerpo y corporalidad
Anteriormente, se abarcó el cuerpo como una sustancia física y perceptible en cuanto a una anatomía, estructura e incluso funcionalidad, siendo un elemento de identidad al observar al otro. No obstante, hablar de corporalidad, conlleva a experiencias emocionales, donde el cuerpo es el principal transmisor. De igual manera, esta remite a la dimensión del cuerpo en la que se realiza la vida corporal, más allá de sus cualidades puramente orgánicas, por cuanto le permite al ser humano ser consciente de ella a través de la cenestesia y, luego, establecer vínculos emocionales mediante el cuerpo (Gómez Z. P., 2004).
Es entonces cuando el cuerpo, como construcción social, permite identificar y transformar esa percepción que sobre él se tiene, es decir, que cuando alguien ve un cuerpo alto y delgado el otro, observando el mismo elemento lo pude ver menos alto y más grueso, objeto que se evidencia en el arte y los cuadros acá expuestos según la corriente artística a la que pertenecen. Por ejemplo, los personajes de Botero dentro de su figurativismo, juegan todo el
tiempo con la “obesidad”, un cuerpo socialmente construido por él para mostrar otras facetas corporales que se viven dentro de la sociedad, generando un cambio de estereotipos hacia la “imagen perfecta” considerada con unas medidas acordes a lo establecido culturalmente. De esta manera, el cuerpo en las pinturas se configura como un lugar de cohesión para el orden social mediante modelos, gestos y disposiciones expuestos en las pinturas.
3.3.2 Cuerpo en Colombia
El cuerpo en Colombia ha tenido varias trasformaciones que se agrupan según el modo cultural vivido, un cuerpo escondido tras ropajes, misterioso, frágil, deseado, entre otros, donde se juntan ideales y juegan un papel protagónico dependiendo de esa representación que el otro da sobre él, dependiendo de diversas disciplinas como la física, la biología, la medicina, el arte, y otras, que van concluyendo, según su área de estudio, la percepción idealizada de este.
Con los cambios de infraestructura, modos de vida y trabajo, el cuerpo se ha ido formando y ha creado una imagen adecuada a cada espacio en el que se exponga, en el que se entra a jugar con las diferentes facetas de la vida diaria, llegando inclusive a la creación de los manuales de comportamiento y etiqueta como Manual de urbanidad y buenas maneras de Manuel Antonio Carreño (conocido como Urbanidad de Carreño), escrito en 1853, el cual contiene lecciones y consejos sobre cómo deben comportarse las personas en lugares públicos y privados, tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo.
Así, se encuentra que un buen comportamiento desde la infancia entre 1928 y 1929, se refería a la buena etiqueta infantil donde el cuerpo como el primero en ser visto se le adjudicaban ciertos imaginarios, si ella (niña) camina de manera extravagante, es por tiesa y presumida; entonces se ríe del prójimo, es cruel y comprometedora. Los niños maleducados
se meten en los charcos. asustan y escandalizan a la gente y a veces son desvergonzados. La niña acepta sumisa y con humildad; el niño se contenta con lo que le dan y no manifiesta su desagrado; ella no miente, él es cariñoso y buen compañero (Gómez., 1999, pág. 59).
A medida que se van retratando estos aspectos, se vislumbran las representaciones sobre infancia desde el arte moderno, donde el artista logra configurar a través del cuerpo una sociedad regida por las normas de una expresión de orden político, económico y cultural.