Este profesor de la Universidad de Chicago, anticipándose unos años a El Soldado y el
Estado de S. Huntington (1957), publicó a mitad del siglo pasado (1951) su obra sobre el difícil equilibrio entre las fuerzas armadas de su país y la democracia, un problema de las relaciones civiles y militares que reseña desde el tiempo de la independencia de los EE.UU. Ya a mitad de Siglo XX y con los ejércitos que regresaban de la IIGM, el problema no fue tan simple y aceptado como la teoría inglesa indicaba, desactivar y desmovilizar en gran medida y rápidamente a dichas fuerzas e integrarlas a la sociedad. Sucedía que en ese entonces además de que aparecía una nueva amenaza de contienda global debido al surgimiento como súper potencia mundial de la URSS, había que poner límites y controles a un poder militar que se había desarrollado exponencialmente y alcanzado la posesión de armas de destrucción masiva que harían peligrar la vida en el
planeta. De allí que L. Smith, propone para el control civil sobre el sector militar que62:
1º) Los Jefes de gobiernos sean civiles y representen a la mayoría de los ciudadanos, ante quienes son responsables y por quienes pueden ser destituidos……
2º) Los Jefes de las Fuerzas Armadas estén bajo control del poder civil del gobierno en una forma constitucional y efectiva.
3º) La conducción ministerial de los Instituciones Militares esté bajo la autorizada
dirección de civiles….
4º) Los representantes elegidos por el pueblo conduzcan la política general y que esté incluida en sus competencias la decisión sobre la guerra….
5º) Las Cortes Judiciales puedan exigir responsabilidad a los militares en la protección
de losderechos democráticosfundamentales del pueblo.
La cuestión militar pasaba entonces, como dice el autor tomando de Juvenal, por la
respuesta al interrogante ¿Quis custodiet ipsos custodes? Por ello, L. Smith recurre a la
idea del control del sector militar y su subordinación a la autoridad civil (teoría que se sistematizaría en la obra de Huntington), fundada en un presupuesto de control que, en lo ideal, tenía como fin los principios de la Constitución Nacional y, en lo práctico, el
minoría de sociedades ricas u occidentales. Allí concluye que aún no hay respuesta, pero lo dicho sirve para desechar ideas inconducentes como el “fin de la historia” o el “socialismo del Siglo XXI”.
funcionamiento del sector militar en tiempo de paz bajo la dirección administrativa del sector civil profesionalmente preparado. Para esto último, reconoce, con Charles E. Merriam, que “la administración de las Fuerzas es una de las ramas principales del gobierno”. Así halla la necesidad de establecer “la coordinación del poder militar con el gobierno civil” por parte de las agencias del Estado, atento a la complejidad de la
preparación y el planeamiento de la defensa, y por parte del sector militar para estar en condiciones de efectuar operaciones de guerra y otras intervenciones en diversos lugares del mundo, con miles de hombres, medios de transporte, armamento, abastecimiento y
equipos63, sin desviarse de las orientaciones y directrices de la política nacional.
L. Smith al seguir el dictum de Clausewitz sobre la guerra (la continuación de la política
por otros medios) fundamenta la supremacía política y en ese sentido, resalta la definición
de Hansom Baldwin quien reconoce que “… la autoridad civil debe ser el poder esencial,
y que el militar debe ser fuerte, pero no todopoderoso…”64. Cuando ello no ocurre, y casi
todas las regiones son testigo de ello, se registran las adversidades que, entre otras,
formuló Alexis de Tocqueville: “Todos aquellos que buscan destruir las libertades de
una nación democrática saben que la guerra es el medio más seguro y breve de lograrlo”65. Recuérdese el proceder de dictadores que al no poder resolver cuestiones económicas dramáticas y acuciantes de la población reflotan problemas limítrofes, internacionales, históricos u otros creados para la ocasión.
Samuel P. Huntington y la teoría de las relaciones cívico militares.
El principal exponente de esta teoría, S. Huntington, recoge en su obra (1957) aquella
preocupación analítica de la cuestión militar y desarrolla, en orden a la aplicación en su
país, una tesis consistente, según dice, en demostrar que “el moderno cuerpo de oficiales
es uno profesional”, pero capaz de influir si no se lo controla – en ocasiones críticas e
inadvertidas por las autoridades civiles - más allá de sus competencias y
responsabilidades legales, lo que ocasionaría “una configuración única al problema de
las relaciones cívico militares”66. Por ello presenta dos cursos de acción posibles en el
proceder de los gobiernos al respecto: el “control civil subjetivo” sobre el sector militar –
como fuente de maximización del poder civil, pero sin un correlato de consenso cívico,
acatamiento ético y normativo del sector militar – y, por su contraparte, el “control civil
63Smith, L. 1957. Ob. cit. Pp. 16 y 25. 64Smith, L. 1957. Ob. cit. P. 27. 65Smith, L. 1957. Ob. cit. P. 29.
objetivo”, que, con esos valores, propios del profesionalismo democrático y apolítico, permite la autonomía militar, pero con la subordinación plena al poder civil.
El “control civil subjetivo” del sector militar, según su teoría, se ha dado muchas veces
en la historia y puede darse aún, pero generalmente sucede “en ausencia de un cuerpo de
oficiales profesionales”67. Justamente, el profesionalismo militar, es para el autor, la que no se da en ese tipo de control y, por ello, el modelo que propone es la base de su construcción teórica. Al respecto afirma que, fruto de la evolución y las circunstancias
liminares vividas, como durante la IIGM, “el moderno cuerpo de oficiales será un cuerpo
profesional y el oficial moderno un sujeto profesional”, definición a la que identifica
como central y (“quizás”) según dice, “la tesis fundamental” de su obra68.
En breve, un cuerpo de oficiales llegaría a la condición de “profesional” en la medida en
la cual su lealtad republicana sea fiel al ideal de subordinación militar al gobierno civil del Estado. Ideal que, según Huntington, estaría construido por su alta competencia en las condiciones de la maestría, la responsabilidad y el carácter cooperativo del militar, y su
ajuste al perfil de lo que llama “buen soldado” y “obediente servidor del Estado”69.
Ahora bien, cabe destacar que el control civil ha sido generalmente un control ejercido por sectores o grupos civiles politizados que se disputan el poder del Estado. De allí que
sostiene que para el modelo subjetivo “el concepto de control civil se identifica más con
los intereses específicos de uno o más grupos civiles” que con otra cosa y que las formas
mediante las cuales se ejerce, muestran esa lucha de intereses políticamente mezquinos y ocultos, que dejan al sector militar en un segundo plano y subordinados, pero sin el control civil correspondiente. Así se explica lo que Huntington define como:
1) el control de algún poder del gobierno, como ser el Congreso o el Presidente70.
2) el control por medio de una clase social determinada71. Y,
3) el control mediante una forma constitucional, “con un interés civil particular” que
el sector militar debería aceptar72.
67 N del A. Para la definición de profesionalismo militar ver Cap. 1 de El Soldado y el Estado, Conceptos
de maestría, responsabilidad militar y carácter cooperativo de la profesión militar. Pp.22 a 29.
68 Huntington, S.P. 1995. Ob. cit. P. 19. 69 Huntington, S.P. 1995. Ob. cit. P. 83.
70 N del A. El autor reseña que, en su país, en ocasiones, el poder se ha dirimido entre el Legislativo y el
Ejecutivo actuando con el sector militar, a quien exigen obediencia y tientan con privilegios, para afectar a otro poder o sector civil. Huntington, S. P. El Soldado y el Estado. Ob. cit. P. 92.
71 Huntington, S. P. 1995.El Soldado y el Estado. Ob. cit. Como el control intentado por las aristocracias
enfrentadas a las burguesías acomodadas de la Europa de los Siglos XVII y XVIII. P. 92.
72 Ibídem. El autor revela que, en un país democrático, los militares pueden esquivar el control civil y
Con respecto al control civil objetivo, el mismo consiste en el ideal de llevar al máximo el profesionalismo militar apolítico del sector, limitando su ejercicio no más allá de su rol específico marcado en la Constitución (no participación de los oficiales en la política y asunción de sus responsabilidades legales bajo dirección del gobierno), sin alterar sus actitudes, procederes o comportamientos institucionales. Es lo opuesto o la antítesis del
control civil subjetivo. En consecuencia, mientras “el control subjetivo logra su fin al
civilizar a los militares, haciéndolos el espejo del Estado”, el control civil objetivo logra
el suyo con justamente lo opuesto: “militarizando a los militares y haciéndolos la
herramienta del Estado”73.
En general, como ocurre con S. Huntington y la mayoría de los pensadores de la cuestión militar, existe el reconocimiento de que el aspecto esencial del control civil es la minimización del poder militar al nivel de lo estrictamente dictado por las leyes regulatorias, y las amenazas o posibles conflictos armados de la nación. En el caso del control objetivo, esta reducción es lograda profesionalizando a los militares y no
politizándolos, y haciéndolos como dice Huntington “políticamente estériles y neutrales”.
Pero, como contraparte, y apuntando al profesional militar de los EE.UU., haciéndolos sujetos del reconocimiento de una competencia especial, esto es el ejercicio de un “profesionalismo militar autónomo”, (comillas mías). Para este autor, esa autonomía no
tiene el sentido que suele darse en nuestro caso como opuesto a la integración y acción militar conjunta, sino que tiene el sentido de una identificación con la administración propia de sus organismos y elementos (como los Institutos de Formación) hasta donde esa integración y conjuntes lo permitan o lo hagan conveniente.
Con respecto a las relaciones civiles militares, éstas son consideradas por Huntington desde dos puntos de vista o, como dice, desde dos niveles: el del poder y el ideológico. En el primer caso, el tema clave es el resultado de la puja de poder entre militares y los
grupos civiles (como se vio más arriba), ya que “el poder siempre tiene que comprarse
por un precio. Y es allí que dice que “el precio que los militares tienen que pagar por el poder depende del alcance de la brecha entre la ética militar y las ideologías prevalecientes en la sociedad”. Y, en el otro caso, en el nivel ideológico, la clave es la
compatibilidad o no de la ética del sector militar en la que se sostiene su
“profesionalismo” con las ideologías prevalecientes en la sociedad74.
Por ello es necesario identificar para el normal desarrollo de la política militar del
gobierno al respecto “el nivel hasta el cual la ideología en una sociedad, considerada
como sistema de ideas, es compatible con la ética militar u hostil a ella”75.
Finalmente, la teoría sobre los modelos de control civil sería más útil, según el autor, cuando se los relaciona con tres variables, a saber: a) el alto o bajo poder militar, b) el alto o bajo profesionalismo militar y c) la ideología anti militar o pro militar de la sociedad, configurando así, al menos cinco tipos de relaciones cívico-militares. Ellas son,
según dice, ideales extremos, que en la práctica pueden aparecer combinados76:
1) Ideología anti militar, alto poder político militar y bajo profesionalismo militar. Propios de los países primitivos (Medio Oriente, Asia y América Latina) o avanzados, pero en donde una amenaza súbita a la seguridad produce un aumento rápido del poder político del sector militar.
2) Ideología anti militar, bajo poder político militar y bajo profesionalismo militar. Propios de estados totalitarios, cuando la ideología de la sociedad es intensa y duradera, y es imposible al sector militar escapar a su influencia. 3) Ideología anti militar, bajo poder político militar y alto profesionalismo
militar. Modelo de sociedades con pocas amenazas a su seguridad, (los EE.UU., en el lapso entre la Guerra Civil y la IIGM).
4) Ideología pro militar, alto poder político militar y alto profesionalismo militar. En una sociedad con constantes amenazas a su seguridad y una ideología proclive a los valores militares, como Prusia y Alemania en la época bismarckiana – moltkeana.
5) Ideología pro militar, bajo poder político militar y bajo profesionalismo militar. En sociedades que se sienten a salvo de amenazas externas, con ideología conservadora y simpatía del militar.
74 N del A. El autor define como variables de comparación las ideologías más significativas de la sociedad,
en su momento, de la cultura occidental: el liberalismo, el fascismo, el marxismo y el conservadorismo.
75 Huntington, S. P. 1995. El Soldado y el Estado. Ob. cit. P. 100. 76 Huntington, S. P. 1995. El Soldado y el Estado. Ob. cit. Pp. 105 y 106.
Morris Janowitz: civilinización militar y militarización civil.
Contemporáneo de S. Huntington, (con quien compartió esfuerzos intelectuales por preservar la democracia y las relaciones civiles y militares), fue impulsor de los estudios
sociológicos sobre las FF.AA de los EE.UU, los que se muestran en The Professional
Soldier (1960) y que aún perduran en el horizonte académico occidental77. Su estudio describe la estructura organizativa e influencia de los militares durante la primera mitad del Siglo XX. Y, lo consigue, no sin dejar de reconocer que el sector militar en “democracia”78, partiendo de altos niveles de “conservadurismo político”, habría
evolucionado sustancialmente y “logrado mantener, en mayor o menor grado, su postura
heroica y su tradición de servicio público” indispensables para su país.
Lo particular del caso es que afirma que “los militares no forman un grupo de poder
monolítico”, ya que en sus estudios sobre las distintas armas y especialidades que
constituyen las fuerzas armadas, “observa una profunda división respecto de la doctrina
y sus puntos de vistas sobre la política exterior”. Así concluye que pese a que “los militares han acumulado considerable poder”, al menos en su país “el control civil
permanece intacto y en esencia los militares lo consideran aceptable”79.
En su obra pone especial atención a las élites militares (se refiere a aquellos que poseen
el poder real y potencial en mayor medida, entendido ese poder como el control sobre la voluntad de otros)80, cuyos integrantes han sobresalido y en ocasiones alcanzado la Presidencia, pero que no han ido por encima de las instituciones de la democracia. Lo opuesto al caso argentino, donde algunos militares han llegado a esa magistratura en el
Siglo XX, generalmente con intervenciones, golpes de estado y gobiernos de facto81.
77 Janowitz, Morris. 1960. El Soldado Profesional. Retrato político y social. Traducción Aníbal Leal.
Editor Ejecutivo Bernardo Lerner. Buenos Aires.
78 Janowitz define la “democracia” del Reglamento de Adiestramiento del Ejército de EE.UU de 1928
(ROTC Nro 2000-25) P. 91. Gobierno de masas. Autoridad derivada de las reuniones de masas o de cualquier otra forma de expresión “directa”. El resultado es el gobierno de la turba. La actitud hacia la propiedad es comunista: negar los derechos de la propiedad. La actitud hacia el derecho es que la voluntad de la mayoría determinará si el derecho ha de basarse en la deliberación o será gobernado por la pasión, el prejuicio y el impulso, sin limitación o consideración de las posibles consecuencias. El resultado es la demagogia, la licencia, la agitación, el descontento y la anarquía”.
79 Janowitz, M. 1960. Ob. cit. Pp. 13 y 14. 80 Janowitz M. 1960. Ob. cit. P. 20.
81 N del A. Desde 1900 a 1983, de 30 presidentes 16 fueron generales. Los de gobiernos constitucionales
fueron 3: Julio A. Roca (1898-1904), Agustín P. Justo (1932-38) y Juan D. Perón (1946-55 y 1973-74). Los de facto fueron: José F. Uriburu (1930-32), Arturo Rawson (1943), Pedro P.Ramírez (1943-44), Edelmiro J. Farrell (1944-46), Eduardo Lonardi (1955), Pedro E. Aramburu (1955-58), Juan C. Onganía (1966-70), Roberto M. Levingston (1970-71), Alejandro A. Lanusse (1971-73), Jorge R. Videla (1976- 81), Roberto Viola (1981), Leopoldo F. Galtieri (1981-82) y Reinaldo B. A. Bignone (1982 - 83).
Para el análisis de los cambios que la IIGM y la evolución política y militar produjeron
en la cuestión militar de los EE.UU, Janowitz, propuso cinco “hipótesis”82, a saber:
1) La modificación de la autoridad, pasó de líderes militares autoritarios con los
subordinados a otros que buscaron la persuasión y el consenso colectivo.
2) La disminución del diferencial de capacidad técnica entre las élites militares y
civiles, como exigencia de la tecnificación de la guerra, con una sustantiva intervención civil, no sólo de control sino de participación operativa en la misma.
3) La modificación del reclutamiento de oficiales, producto de la trasformación y el
origen heterogéneo de la base social de los futuros oficiales y sus líderes.
4) El significado de los distintos tipos de carrera del oficial. Refiere a la inclinación
vocacional militar hacia tres tipos de profesionales: uno, convencional para el combate; otro, de conocimientos técnicos especializados, y el último, el personal destinado a tareas sociales y políticas, en despliegues de fuerzas en el exterior.
5) La tendencia al adoctrinamiento político83. El sector militar ha desarrollado una
ética de aplicación con la política en dos planos: el interno, donde el líder influye, institucionalmente, en las decisiones legislativas y administrativas del gobierno en
temas de seguridad nacional, y el externo, “donde las acciones militares afectan el
equilibrio internacional del poder y la conducta de los estados extranjeros”.
En síntesis, Janowitz es un defensor de la democracia liberal, pero también un entendido de la importancia del sector militar al que ve modernizarse y reconoce no sólo por su pasado heroico sino por la necesidad de asumir nuevas conductas éticas para afrontar las exigencias políticas militares de la evolución del arte de la guerra, convirtiéndose en un
nuevo y fuerte instrumento de la política exterior y de las relaciones internacionales84.
Los avances en ciencia y tecnología (en ocasiones caracterizados como una Revolución en los Asuntos Militares (RAM)), aplicadas a la seguridad nacional lo hicieron predecir “un cambio organizacional en la profesión militar” con una nueva política de personal y
“una amplia convergencia entre las esferas civil y militar”, en donde cada vez más se
requería la participación técnica civil en las fuerzas armadas. Con la amenaza soviética y la idea de una posible IIIGM en ciernes, se adelantó a su tiempo y propuso dos
condiciones interdependientes: en términos actuales sería la “civilianización” de una parte
82 Janowitz, M. 1960. Ob. cit. P. 22 a 29.
83 N del A. La traducción al español no se ajustaría al sentido del término que se tiene en los EEUU, el que
debería leerse más bien como “instrucción cívica” o incluso como “educación política”.
del sector militar para integrarlo al sector científico tecnológico civil y la “militarización” de la sociedad, para afrontar aquellos futuros desafíos de orden global. Ambos términos
eran el fundamento de una propuesta “cívica republicana”, a consideración de la
posteridad. Una teoría que por su parte se apoyaba en la “virtud cívica” de “soldados
ciudadanos”, hoy uno de los conceptos respetados de lo militar en democracia, pero cuya
aplicación en los EE.UU., requería según el autor de un “sistema nacional de servicio
militar voluntario”, algo lejos de la realidad de la sociedad americana, en ese tiempo cada
vez más centrada en la economía y el consumo.
En sus “conceptos políticos” sostiene que en la práctica los reglamentos y las tradiciones
han posibilitado la eliminación del partidismo político en las fuerzas armadas. Incluso,
sus líderes “han aprendido que, cuando buscan mejorar la suerte del Arma a la que
pertenecen, cuando aconsejan sobre problemas estratégicos y cuando gastan el grueso del presupuesto federal, ha sido esencial y más productivo para ellos y su Fuerza sostener una posición no partidaria”. Pero esto funcionó con normalidad, según advierte, hasta el
conflicto de Corea85. Allí fue testigo de las dificultades para el control y la subordinación
de líderes militares que no se ajustaban a aquellos cánones y más bien trataban de operar
por sobre ellos (Mac Arthur), con un pensamiento que según Janowitz “revestía un
carácter más ideológico”86. Una ideología que no tenía tanto la connotación actual, en