Section 3: Cognitive decline
4.6. Modification of linear and non-linear values due to SCD and MCI
Estadio fundacional:
Klein en fusión ambiental con el self de Raymond-Cagnes. Omnipotencia.
(Re)creación de aquello que espera a ser descubierto. Inicio del proceso separación-individuación:
Comienzo de mecanismos proyectivos e introyectivos. Reconocimiento de la dualidad que estipula la ambivalencia.
153 Ibídem, p. 49.
154 Entrada del diario de Y. K. (inédito), miércoles 11 de julio y jueves 12 de julio. Citado en
Inauguración yoica altamente dependiente y del no-yo en un proceso de desilusión (sombras de la prisión).
Discordia. Partida de Raymond: Yo nato acarrea:
o Falta de respuesta ambiental/(pre)espejo más entumecimiento del gesto.
o Miedo a secuelas de canibalización materna: matrifagia. o Desliz de ambiente fusionático maternal a sector artístico. o Enajenación por brecha ambiental que le priva de la libertad. o Enfado inconsciente y profundo con lo que abandonó. o Consecuencias de temor a ira:
Creencia en la maldad corrosiva en el interior como forma de protección al objeto. Eliminación/distancia del objeto mediante una inclinación por lo espiritual.
Canibalismo como forma de crear, aceptación por parte del medio = integración.
En un principio, el control instintivo se ocupaba de expulsar al objeto para ponerlo a salvo de su voracidad a través de esas actividades meditativas y normas. La falta de respuesta ambiental implicaba la volatilización de Raymond tras una deglución que cada vez se familiarizaba más con el iniciático y rechazado yo de Yves Klein que comenzaba a insuflar frenéticamente el «arrepiéntete» de un modo que el «ser bueno» del catolicismo acabaría por rematar. Su inclinación por la espiritualidad o por modos de vida tales como la meditación, el vegetarianismo y la abstención en todos sus ámbitos formaba parte del baluarte defensivo contra una angustia de grandes connotaciones orales.
Yves Marie Klein, encomendado a la patrona de las causas imposibles, predisponía lo que McWilliams calificaba en su estudio de self-depresivo como «piel fina», dada su disposición a estallar ante la más mínima crítica o rechazo y a la arrogancia exacerbada que acompañaba a un inconsciente sentimiento de culpa. Así lo confirmaban sus conocidos:
71 Su problema mayor, y de hecho pienso que murió por eso, era las terribles iras que le sobrevenían; empalidecía completamente. A veces sin razón alguna. Era algo que provenía de su interior y no lo podía resistir. Creo que eso es lo que le destruyó155. Si había algo —y lo había— que no podía soportar en absoluto, era ser ridiculizado. (Su mayor problema —y creo que de hecho murió a causa de él— era esa terrible ira… Era algo que le salía de dentro y no podía resistir.) (Debilidad y más debilidad… ¡Recuerda!)156
¿Pero cuál sería el origen de esos ataques de ira? La deglución de los padres preña el interior del sujeto de estridentes perseguidores que resultan amordazados gracias a la propulsión de la fantasía. Dijimos que la reiterativa «pérdida de amor» activaría una
imago recóndita inconsciente como mecanismo de defensa, soterrada y a salvo de sus
continuos decesos157. Esta imago es sentida como protectora y afectuosa y mitiga a los
perseguidores garantizando su «bondad» inherente, mientras que la mala conciencia del antropófago Klein empaña la reverberación, desluce en un nudo de inseguridades. Sin embargo, como ya dijimos, «maldad» y «bondad» no se hayan en absoluto separadas. En la fase esquizoparanoide de Melanie Klein el yo distingue los objetos extremadamente malos de los extremadamente perfectos. Parte de la crueldad de los malvados formará parte de los buenos en el momento en el que el yo no puede mantener esa división aumentando así la severidad de sus exigencias. Benignidad y malignidad conforman anverso y reverso de una misma imago, congregadas como una dualidad impulsora y precursora del venidero cambio monocromático preverbal; imago reivindicativa, cuyas «estrictas exigencias tienen el propósito de amparar al yo en su lucha contra sus odios incontrolables y sus malos objetos perseguidores, con los cuales el yo está parcialmente identificado. Las facciones confinantes de la imago internalizada acopian benevolencia y perversidad (recordemos que la imago se ve fortificada cuando se relega el mal al self) instauradas en la nueva totalidad. El objeto de amor brilla también por su crueldad y sus exigencias, siendo un cuadro de naturaleza compleja.
La ansiedad persecutoria está estrechamente vinculada con la preservación vital del objeto internalizado bueno (total) con los que el yo se identifica. El predominio de la ansiedad, por lo tanto, se vincula a la destrucción de la totalidad, tanto del sujeto como
155 Entrevista a Claude Pascal realizada el 3 de julio de 1977 y el 26 de marzo y 4 de mayo de
1981 en París por Caumont, V., McEvilley, T., Menil, D. y Pesle, B.
156 McEvilley, T., “Yves Klein conquistador del vacío” en Revista d'arquitectura, cit., p. 52. 157 Esta imago estará presente a lo largo de toda la investigación. Klein trataría de nutrirla y
del objeto, tanto del exterior como del interior: miedo a la volatilización. «La ansiedad, por miedo de que los objetos buenos, y con ellos el yo, sean destruidos, o que se encuentren en estado de desintegración, se halla entretejida con esfuerzos continuos y desesperados para salvar los objetos buenos internalizados y externos»158. La «desaparición» de Raymond hinchió el interior del joven artista de perseguidores hostiles, consolidó el quebramiento radical e incapacitó al yo para «vencer sus miedos paranoides de perseguidores internalizados» hasta que pudo identificarse en el célebre combate artístico entre la línea y el color coligándose taxativamente con la monocromía.