Chapter 2 Literature Review of the Main MPPT methods
2.2 MPPT Techniques for Partial shading
2.2.3 Module Voltage Based MPPT
1.— Tomás de Aquino (1224-1274), monje católico, hijo de una familia ducal, es representan- te típico de la escolástica y del oscurantismo ecle- siástico.
La escolástica fue la corriente dominante en la filosofía medieval Su objetivo principal era el de demostrar, mediante un razonamiento lógico formal, la autenticidad de los dogmas cristianos. La filosofía debía desempeñar un papel auxiliar en la realización de este objetivo; por eso, la tesis de que “la filosofía es la sirvienta de la teología” fue el principio básico de la escolástica. Esta tra- taba de utilizar también para la fundamentación de los dogmas cristianos, las teorías de los pensa- dores antiguos, particularmente las de Aristóteles, que, a partir del siglo XIII, llega a ser una autori- dad inapelable en la filosofía y en la ciencia. De esa manera, la escolástica medieval intentaba colocar un fundamento filosófico debajo de todo el edificio de la fe.
La teoría escolástica recibió su más clara expresión en la filosofía de Tomás de Aquino, cuyo punto de partida es la afirmación relativa a la subordinación de la nación a la fe.
En su filosofía trata de apoyarse en Aristó- teles, a cuya teoría de la forma y materia da una interpretación eclesiástica, reaccionaria. La Iglesia católica romana lo considera Príncipe de los Teólogos. En 1879, el papa León XIII dió una Encíclica en la que Tomás es pro- clamado Maestro de toda la filosofía y teología; en ella se dice que ha destruido “todos los errores de los griegos, herejes y racionalistas”. Es alec- cionador el hecho de que su filosofía sea utilizada bastamente en la actualidad por los círculos reac- cionarios de Europa occidental y América. Su teoría, renovada y adaptada a las condiciones de la sociedad capitalista (el neotomismo), constitu- ye en los tiempos actuales una de las normas ide- ológicas que poseen los teóricos burgueses en su lucha contra la democracia y el socialismo. Tomás es un defensor celoso de los inter- eses de la clase dominante y, en primer término, de los pertenecientes a los feudales eclesiásticos. Como Agustín, afirma que, aun cuando dios ha creado libres a los hombres, la esclavitud existe como castigo inevitable por los pecados. Compar- te la opinión de los jurisconsultos romanos, quie- nes afirmaban que la esclavitud es una institución del derecho “de gentes” (jus gentium), que existe entre los pueblos, y que se basa en leyes de la guerra que mandan convertir al enemigo vencido en esclavo.
Además, en defensa de la esclavitud, Tomás repite las consideraciones formuladas por Aristó- teles sobre la desigualdad natural, y cita argumen- tos de tipo económico: la necesidad de los escla- vos para los menesteres de la economía domésti- ca.
Desempeña abiertamente, el papel de de- fensor de la desigualdad y de la jerarquía feudal; estima que los campesinos y los habitantes urba- nos que ganan sus medios de subsistencia me- diante la agricultura, constituyen el grupo inferior de la población. Son “asalariados” y “gente oscu- ra”, predestinados a ejecutar una labor ,inferior: no pueden tomar Parte en la dirección del Estado. No forman parte de él, pese a que su existencia es necesaria para la economía, ya que sólo son un complemento de los otros elementos del Estado. A este grupo pertenecen también los Pequeños artesanos. La clase media comprende a los gue- rreros, jueces, administradores, científicos, sacer- dotes y nobles; la clase superior, es la gobernante. La nobleza tiene inclinación hacia la virtud. 2.— En su teoría referente al Estado y el de- recho, Tomás trata de apoyarse en las teorías de los filósofos griegos y de los jurisconsultos roma- nos, dándoles una interpretación en el espíritu del oscurantismo eclesiástico.
Introduce una serie de correcciones en la teoría aristotélica para refrendar sus conceptos feudales. A diferencia de Aristóteles, que consi- dera que el Estado tiene la tarea de organizar una feliz vida terrenal, Tomás, siguiendo a Agustín, no considera posible que el hombre logre una
za, todo lo inferior es puesto en movimiento por lo superior. Pero cree que se deben establecer límites para esta subordinación.
Previendo un posible choque entre la Iglesia y el Estado, estima admisible la resistencia al poder del Estado, incluso la sublevación contra él. Esto es aceptable en circunstancias en que el po- der ha sido adquirido ilegalmente (por ejemplo, mediante la violencia o el soborno), e incluso cuando esta adquisición es legal pero sus ejecuto- res no hacen uso correcto o abusan de él. Por esto, como afirma Tomás, el origen divino del poder sólo se refiere a su esencia; en cambio, su adqui- sición y utilización pueden ser contrarias a la vo- luntad de dios. Tomás de Aquino reconoce que, en tales casos, los súbditos tienen derecho a no subordinarse al usurpador o al gobernante indig- no, y el pueblo está en lo justo al sublevarse cuando existe una utilización incorrecta o abusiva del poder. Considera que esta sublevación es, incluso, un deber en los casos en que las leyes divinas son transgredidas, o sea, cuando se perju- dican los intereses de la Iglesia, la que también puede y debe ofrecer resistencia en estas circuns- tancias. Sin embargo, no recomienda recurrir al regicidio, ya que no se puede permitir que cual- quiera haga justicia por su propia mano contra el soberano, por cuanto esto puede ocasionar un gran daño al Estado.
Estos razonamientos suyos acerca del dere- cho y el deber del pueblo a resistir el poder de Estado hasta sublevarse, fueron utilizados por la Iglesia en su lucha contra feudales seculares, a fin de atraer al pueblo a su lado.
Tomás, como todos los jerarcas de la Igle- sia, cuidaba celosamente los intereses de ésta en contra de las pretenciones del poder secular. Vi- vió durante la encarnizada lucha por el dominio mundial que tuvo lugar entre el Imperio germáni- co y el Papado. Utilizando hábilmente esta lucha, los papas se hacían pasar por defensores del pue- blo. Así, por ejemplo, Inocencio III liberó no po- cas veces a los príncipes, obispos y ciudadanos de su juramento prestado al emperador. Colocaba en el trono imperial a sus propios candidatos. Fre- cuentemente justificaba estas acciones con la “preocupación por la libertad del pueblo germáni- co “ El “amor al pueblo” de Tomás fue del mismo tipo.
Tomás estima que la monarquía es la mejor y más natural forma de gobierno. El soberano no es sólo un soberano, sino también un creador del Estado, ya que por su voluntad se pone en movi- miento todas las partes del mecanismo estatal. El soberano representa al pueblo.
Tomás distingue cinco formas de gobierno: la monarquía, la aristocracia, la oligarquía, la de- mocracia y una forma mixta, combinación de aristocracia y democracia.
En defensa de la monarquía, como la mejor forma, cita sus analogías predilectas: el orden mundial, en el que reina un solo dios; el organis- mo humano, al que un sólo órgano, el corazón, pone en movimiento; el alma, que rige la razón; un colmenar, que tiene por reina a la machiega, etc. La experiencia histórica, según él, viene a confirmar la superioridad de la monarquía. El Estado en que uno solo sustenta el poder, prospe- ra; en cambio, donde hay muchos, surgen siempre las perturbaciones y los desórdenes.
Reconociendo la monarquía como la mejor forma, proclama, demagógicamente, que la tarea de los monarcas es la de preocuparse por el bien del pueblo, y sobre esta base formula una serie de acusaciones contra los “tiranos”. Estas, desde luego, no fueron el resultado de su atención efec- tiva hacia el bien del pueblo, sino, simplemente,. un ejemplo típico de demagogia clerical.
Por sus concepciones referentes a la monar- quía, Tomás de Aquino aparece así como repre- sentante característico de la ideología feudal. Re- suelve en favor del clero el problema de las rela-
Tomás, dió no pocos inquisidores que “se hicie- ron famosos”. Se sentían tan orgullosos de su lealtad a la fe y al pontífice, que se dieron el nombre de “Perros del Señor” (domini canes). Tomás, el dominico, vigilaba celosamente la “pureza de la fe” Y trataba de fundamentar teóricamente la necesidad de la Inquisición. Es también el autor de la teoría relativa a las indul- gencias, es decir, el derecho de la Iglesia a entre- gar salvoconductos de absolución de los pecados, ya que, según él, dios tiene creado un fondo in- agotable de méritos provenientes de las hazañas de los santos, a cuyas expensas puede perdonar a los pecadores.
Trató de dar una fundamentación teórica a esta institución del catolicismo, repulsiva por su cinismo. Las indulgencias fueron fuente de in- mensos ingresos para el tesoro pontificial. Se negoció con los delitos La oficina papal llegó a confeccionar incluso una lista de precios y un catálogo de delitos con el nombre de “Tarifa de la Santa Oficina Apostólica”.
3.—En la solución del problema sobre la esencia del derecho, no hace ninguna diferencia entre éste y la moral, y fundamento para ambos en las leyes del cosmos. Aspira a justificar el régimen feudal, tomando como ejemplo el orden del universo e interpretando sus leyes de confor- midad con los dogmas de la teología católica. Tomás divide las leyes que rigen el orden mundial y social en cuatro categorías: 1) ley eter- na; 2) la natural; 3) la humana, y 4) la divina. En esto sigue la teoría de los estoicos y la de los jurisconsultos romanos, introduciendo en ella correcciones, en consonancia con los dogmas de la fe católica romana.
La ley eterna, según afirma, es la funda- mental cabeza todas las demás. La que gobierna al mundo es la propia vela en los fenómenos natu- rales, como el orden necesario de éstos. Esta ley preside también las inclinaciones naturales y la actividad de la parte del raciocinio que descubre las verdades más evidentes.
La ley natural, según su teoría, es el reflejo de la ley eterna en todos los seres vivos. De con- formidad con estas leyes se efectúa el nacimiento y crianza de hijos, etc. La ley natural es la base de la legislación positiva y, gracias a ella, existe una similitud de las normas jurídicas entre diferentes
pueblos. Así, pues, las leyes naturales son las mismas que las de la naturaleza, a las que Tomás llama ley eterna, pero que rigen en el terreno de la naturaleza orgánica. Además, la ley natural es la que establece las normas de la moral.
La ley humana es el derecho positivo. Así, por ejemplo, la ley natural comprende la exigen- cia de sancionar por un asesinato, pero son las normas del derecho positivo las que fijan el carác- ter de dicha sanción. Esta ley humana, según afirma Tomás, puede discrepar de la natural. Igual que los jurisconsultos romanos, distingue entre el derecho “de gentes” (jus gentiun) y el positivo (jus civile). Este último es el que rige en un determinado Estado, siendo además el que en sus peculiaridades específicas traduce los precep- tos que a veces discrepan de la ley natural. expre- sa La ley divina, según enseña Tomás, es la reve- lación que se expresa en la Sagrada Escritura y está predeterminada para corregir la falta de per- fección de la ley humana.
De esta manera, Tomás complica y enreda aún más, con sus agregados teológicos, las clasi- ficaciones de los jurisconsultos romanos. Todo este voluminoso y confuso sistema tiene por obje- to demostrar la “superioridad” de la enseñanza eclesiástica sobre la “sabiduría” humana. Su teor- ía concerniente al derecho viene a confirmar ple- namente la característica de la ideología medieval que dio Engels al señalar que toda cultura, inclui- da también la jurisprudencia, se hallaba por aquel entonces bajo tutela de la teología.
Las concepciones de Tomás en cuanto al
y predicando el oscurantismo, Tomás, en cierto modo, representa la opinión de los círculos de la clase dominante que tendían a superar el fraccio- namiento feudal, lo cual se pone de relieve en su teoría referente al poder del Estado.
La influencia de Aristóteles sobre la con- cepción del mundo, en Tomás, es testimonio sig- nificativo de que la Iglesia se veía obligada a adaptarse a la nueva situación que se creó en Eu- ropa occidental en esa etapa de desarrollo del feudalismo, y a valerse, para sus fines, de la filo- sofía del mundo antiguo, superior por su nivel teórico, y cuyo conocimiento se fue propagando mucho más ampliamente en ese período a conse- cuencia de las intensas relaciones que existían con el Oriente y, en particular, con los árabes.