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Francia como Kuimbaé-Rapé o Camino del Hombre. Este lugar fue bautizado inicialmente como Rapé o Camino de Dios, por el Padre Fidel Maíz. En este cerro se levanta el Cristo del Cerrito, con su imagen de madera esculpida por Gaspar Mora. “El Cristo estaba siempre en la cumbre del cerrito, clavado en la cruz negra, bajo el redondel de espartillo terrado semejante al toldo de los indios, que los resguardaba de la intemperie”66

La zona se presenta como la Tierra Bermeja del Guairá, por el color rojizo de su tierra arcillosa. La loma de Carovení tomará importancia por quien la habita, María Rosa o la Loca de Carovení: personaje silencioso en la obra y quien cierra uno de los núcleos narrativos, en cuanto a la imagen del Cristo. Otros lugares nombrados son Borja y Villarrica que aparecerán a lo largo de la obra, tanto por lugares de paso, como por su ubicación en las paradas del tren: espacios de descanso para el transeúnte, donde la cercanía a la humanidad del pueblo, a su espíritu de solidaridad y hermandad se manifiesta.

En el Capítulo II, Madera y Carne, Sapukai67, que en guaraní significa grito, es el protagonista geográfico para dar vida al personaje Alexis Dubrovsky. En este lugar es donde se produce la colisión entre dos trenes, uno de ellos lleno de bombas, el otro de revolucionarios. “Junto a los rieles que se pierden en el campo con sus tajos brillantes y en arco como los de una luna nueva, los escombros ennegrecidos tiritan, coagulados todavía de noche”68, así se describe la oquedad dejada por la acción justiciera del gobierno. Los lugares entre Itapé y Sapukai, Costa Dulce, Cerro Verde, Cerro de Paraguarí o la Cordillera de Itakurubí, son testigos de los acontecimientos que dan contexto al quehacer del médico: todos ellos atravesados por las rieles del tren. Costa Dulce es el lugar que da cobijo a los leprosos. Ma Regalada, la hija de Tani Caceré, el sepulturero, es quien se acercará al Dr. Dubrovsky y más tarde tendrá un hijo con él (Alejo). El cementerio es un lugar de referencia indispensable hacia el final de la obra, proporciona cobijo y protección a Cristóbal Jara (Kiritó): la memoria de sus ancestros, lo salvaguarda de una aprensión injusta.

El Capítulo III, Estaciones, se ubica en Itapé: el tiempo ha retrocedido con respecto al Capítulo anterior. Miguel Vera es adolescente –de 11 o 12 años- viaja a Asunción, a la Escuela Militar, en compañía de Damiana Dávalos y su crío. Desde la ventanilla del tren

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Roa Bastos, A., (1994) Hijo de Hombre, Madrid: Ed. Anaya, p.23

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En la edición objeto de análisis (1994) los términos Sapukai y Kaañavé, se encuentran con la letra K. Se mantendrá esta escritura en las referencias correspondientes.

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pasan velozmente Villa Encarnación, Hernandarias, los montes de Tebikuary, Borja, la estación horadada de Sapukai. Este lugar constituye una referencia constante en la memoria de los personajes, a lo largo de la obra: la explosión del tren lleno de bombas que cegó el grito de libertad no puede ser olvidada. La narración ha retrocedido en el tiempo para que Miguel Vera describa, desde su mirada infantil, lo sucedido con el médico ruso y las celestes rajitas de sus ojos: tomó al crío de Damiana Dávalos para examinarlo, pero el lenguaje incomprensible y la ignorancia de la mujer, dieron pie a una situación absurda. La llegada a Asunción se narra brevemente en el fragmento 11, el último del capítulo. La gran ciudad, para Miguel Vera, le ofrece momentos mágicos69, como la observación infantil y asombrada de una estatua.

Los Yerbales de Takurú Pukú son los protagonistas geográficos de este Capítulo IV,

Éxodo. Ubicados en las Selvas del Alto Paraná, los yerbales constituyen el lapidario destino de los mensú. Los personajes, Casiano Jara, quien se presenta como el cabecilla de la rebelión de las olerías de Costa Dulce, y Natividad Espinosa, su mujer, son oriundos de Sapukai. En un deseo desesperado por huir de una prisión segura, a manos de los militares, al ser parte del grupo rebelde, deciden ir a trabajar en los Yerbales. Esta decisión casi aniquila su humanidad y sepulta sus ilusiones. Las selvas del Alto Paraná, los ríos Monday, el cerro de Paraguasú, el río Paraná, las cuestas coloradas del Kaaguasú serán testigos de su huida desesperada. “Takurú-Pukú era la ciudadela de un país imaginario, amurallado por las grandes selvas del Alto Paraná, por el cinturón de esteros que forman las crecientes, infestados de víboras y fieras, por las altas barrancas de asperón; por el río ancho y enturbionado, por los repentinos diluvios que inundan en un momento el bosque y los bañados con torrenteras rojas como sangre…”70 Así describe Roa Bastos el escenario en el cual se diluyen las imágenes humanas de Casiano y Natividad para convertirse en dos animales acosados, embretados en una trampa sin salida. Su crío, Cristóbal Jara, un recién nacido, es el Kiritó hacia el final de la historia: la rebelión nace con él. Hay una mención directa al tiempo histórico real: se nombra al Presidente Ciro Antonio Rivarola, quien fue parte del triunvirato que legalizó el acuerdo preliminar de paz con la Triple Alianza en 1878. Este presidente firma un decreto71, en el

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Enfrente había una plaza llena de árboles. De trecho en trecho, algunas canillas de riego escupían chorritos de agua… lleno de sed me agaché a beber…una mujer alta y blanca, de pie sobre una escalinata, comía pájaros sin moverse” (p.105)

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Op.Cit. p.111

71En el Frag.2, Cap. IV se cita el artículo 3: “

cual se da poder a los dueños de la Industrial Paraguaya, empresa que extraía las hojas de mate, para disponer de la vida y bienes de los “mensú” o yerbateros.

La narración salta hacia el futuro en este Capítulo V, Hogar. Cristóbal Jara es un hombre; Miguel Vera, un militar que ha sido enviado a Sapukai, se presume que ha recibido una amonestación por parte de alguna autoridad. El río Kaañavé observa el paso de los dos hombres, las lavanderas de Akahay y Karapeguá permanecen a su vera. Los hechos pasados y los hechos por venir son los que matizan su caminata silenciosa. La propuesta de la rebelión, expresada con fuerza y determinación por Silvestre Aquilino, tiene como escenario la plataforma del vagón de tren: el hogar de Cristóbal Jara. “Primero vi las ruedas semihundidas en los yuyos, los grandes troncos morados de mazaré que calzaban los ejes impidiendo que ellas se hundieran del todo en el limo vegetal. Luego la carcomida mole creció de abajo hacia arriba cubierta de yedra y de musgo”72. La aceptación de la propuesta es parte del ciclo que de nuevo comienza: la rebelión se prende, gracias a la recia luz interior que emana de los ojos de estos hombres.

Se produce de nuevo un salto de tiempo hacia el futuro, no muchos años, pero sí algunos meses: tiempo suficiente para que los acontecimientos tomen un giro sorpresivo pues la rebelión se ha puesto en evidencia. Sapukai es el escenario del Capítulo VI,

Fiesta. Las estaciones del tren, entre ellas, Escobar, donde los prisioneros son alimentados por las vendedoras de chipá y alojas, dan evidencia del apoyo del pueblo a sus hombres rebeldes. Paraguarí es el lugar donde serán confinados los prisioneros. No está entre ellos Miguel Vera: será enviado al destino militar de Peña Hermosa, una prisión más severa. El cementerio cuidado por María Regalada Caseré es el refugio para Cristóbal Jara. Alejo –hijo del médico- cuida del fugitivo: “-Tienes que comer algo, Kiritó. Hace dos días que estás sin comer nada- le volvió a tender su atadito que el hombre tomó de mala gana; de los bolsillos se sacó dos naranjas y también se las alcanzó”73. Los espacios de este capítulo dan lugar a un dinamismo narrativo: el salón y el patio de la Junta Municipal se preparan para agasajar a los militares acantonados en Sapukai. Los habitantes de los Ranchos de Costa Dulce, los leprosos, protegen la presencia de Kiritó y

expreso de una constancia firmada por el patrón o capataces del establecimiento, será conducido preso al establecimiento, si así lo pidieran éstos, cargándose en cuenta del peón los gastos de remisión y además que por tal estado origine” (p.112)

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Íbid, Fragm. 7, Cap V, p.173

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permiten su escape. Como telón de fondo, a lo lejos, donde se esconde la luna, se refleja el Lago Ypoá. En el capítulo siguiente, en un estricto orden cronológico, la guerra ha estallado, los insurrectos no pueden estar en prisión: la Guerra del Chaco tiene lugar.

La modalidad narrativa de este Capítulo VII, Destinados, proporciona una nueva visión. Miguel Vera narra desde su protagonismo lo que sucede con su persona en la prisión militar de Peña Hermosa y nos describe el contexto de la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia. Inicia el capítulo en una fecha exacta: 1°de enero de 1932. Geográficamente, Peña Hermosa es un islote, ubicado en el río Paraguay74 o llamado Río de las Coronas. “Estamos fondeados en medio de la lenta y atigrada corriente, de más de un kilómetro de anchura, que ahora, por la bajante, hiede a limo recalentado por el sol” 75 Las estaciones de Casanillo, Pozo Azul, Campo Esperanza, son algunos de los lugares por donde pasa el ferrocarril para llevar a los hombres hacia el Chaco. Algunos personajes de este capítulo están vivos, pero otros yacen en los recuerdos históricos del protagonista: Zurdo Medina es un compañero del penal con ideas de orientación socialista y proclama a quien quiere oírlo su discurso cansino; el Padre Fidel Maíz –muerto hace tiempo- se presenta por medio de unas cartas que recibe Miguel Vera. La figura del sacerdote aparece por primera vez en la memoria de Miguel Vera en un discurso pronunciado frente a la imagen del Cristo del Cerrito76. En estos momentos de la narración, la carta que ha recibido Miguel Vera le hace reflexionar sobre el contexto verdadero que dio lugar a la súplica de perdón por parte del Padre Maíz al Emperador de Brasil. La historia real y la ficción narrativa se enlazan en varios puntos del capítulo. El 17 de junio se hace alusión a la caída del fortín paraguayo Pitiantuta en manos de un destacamento boliviano. El 31 de julio cae el fortín Boquerón en poder del enemigo, de acuerdo al relato del protagonista. La precisión cronológica de estas fechas podría no coincidir con la historia real; sin embargo, los hechos sucedieron de esa manera: es la caída del fortín Boquerón un hecho muy importante para la denominada Guerra de la Sed, por el Tnte. Crnel. José Félix Estigarribia, Jefe de las Fuerzas Armadas de Paraguay en la

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Paraguay es un término guaraní. Etimológicamente está compuesto por PARAGUA= corona de palma e Y= agua o río. Su significado literal sería: “Río de las Coronas”. En otra acepción significaría Río de los payaguas, o de tribus de aborígenes de guaraní.

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Ibid, Frag. 1, Cap VII, p.217

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Aún me parece verlo y oírlo la tarde de un Viernes Santo, veinte años atrás, inaugurando el Calvario del Cerrito de Itapé, con el Cristo leproso de Gaspar Mora. La aureola fatídica coronaba todavía la erguida figura. Su inexorable fanatismo tremolaba aún dulcificado en la voz patriarcal.” (Cap.7, p. 223)

Guerra del Chaco, personaje histórico real, quien fue elegido Presidente en 1939.

Estos datos dan lugar a la intersección entre dos núcleos narrativos que van forjándose paralelos: Cristóbal Jara maneja su camión aguatero en medio de un convoy, mientras Miguel Vera, en medio de alucinaciones, muere de sed.

La laguna de la isla Po’í es un lugar importante, por cuanto allí se llenarán los camiones aguateros para llevar el agua hacia el frente. El Cañadón de la Muerte es el último reducto nombrado en el capítulo: allí, el 29 de septiembre, en medio de una descripción de agonía y muerte77, llega finalmente el camión aguatero, con su chofer en un desganado descanso, sin regreso.

Los acontecimientos de este Capítulo VIII, Misión, se suceden paralelos a los del Capítulo VII: mientras Miguel Vera ha sido enviado al frente, en el Cuartel que organiza las vituallas para los soldados, se prepara un convoy con socorros médicos y agua. En la loma de la Isla Po’í se encuentra el Hospital. El Sargento Silvestre Aquino y Cristóbal Jara inician su recorrido, van por el Camino Viejo hacia la Cañada de Boquerón. La descripción de los Junkers y sus bombas destructivas, en el fragmento 7, permite al lector acercarse a la temeridad de los hombres que sobreviven. “El pánico del primer momento acabó transformándose en un vertiginoso zafarrancho de salvamento. Las tropas ayudaban a los camilleros a meter los heridos en los tucas. Los camastros viajaban a la disparada en la compacta cerrazón…”78 Salu’í –Ma.Encarnación- acompaña a los hombres en el recorrido, como enfermera. En Garganta de Tigre se produce una emboscada, mueren algunos. Cristóbal y Salu’í completan la misión; sin embargo, no podrán contarla, porque ya habrán descansado para siempre.

Un solo lugar, Itapé, es el escenario que enmarca el Capítulo IX, Madera Quemada. La guerra ha ido cerrando sus caminos, parece que la paz se ha instalado en las fronteras, pero no es así en el corazón de los hombres que lucharon por ella: ni sus cuerpos, ni sus almas están en paz. Miguel Vera ha regresado como Alcalde a su pueblo natal. La voz de la Celadora de la Orden Terciaria, la Hermana Micaela, es quien nos

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Esta muerte blanca es una ramera insaciable. No se la ve pero está ahí, obscena y transparente. Se ha tumbado junto a nosotros. Nos acecha pesada de calor y de silencio” (Cap.

VII, p.263)

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conduce hacia los acontecimientos que van cerrando los hilos narrativos. Miguel Vera la interroga, mientras se desenlaza la historia. Melitón Isasi muere a manos de los gemelos Goiburú, quienes vengan la honra de su hermana. El Calvario del Cristo leproso de Gaspar Mora es el lugar escogido para la venganza. “Me levanté para escapar, pero tropecé con el Cristo de madera tumbado entre los yuyos. Se iba quemando poco a poco y todavía echaba un mechoncito de humo”79, así relata la Hermana Micaela lo que

observó, hacia las últimas líneas del capítulo.

El Capítulo X, Excombatientes, tiene como escenario a Itapé. Los personajes, Miguel Vera, Crisanto Villalba y Cuchuí, se enlazan por el mismo hilo narrativo. Crisanto regresa físicamente, pero su raciocinio no regresó con él. Su hijo, huérfano de madre, Cuchuí, lo acompaña a Cabeza de Agua, la chacra que les pertenece. Miguel Vera toma a cargo a Cuchuí, ya que su padre está enajenado.

Se describe la desolación de los que regresan. Y nuevamente la gente empieza a amotinarse para exigir Tierra Pan y Libertad: alusión directa a la rebelión de los agricultores que han peleado en la Guerra del Chaco y exigen al gobierno apoyo para salir adelante:

A los excombatientes se les niega trabajo…recomienza el éxodo de la gente hacia las fronteras en busca de trabajo, de respeto, de olvido…los agricultores, los peones del ingenio, los obrajeros, braceros y mensúes han comenzado a organizarse en movimientos de resistencia para imponer salarios menos negreros y voltear los irrisorios precios oficiales…el grito de Tierra, Pan y Libertad, resuena de nuevo sordamente en todo el país.80

El conocimiento histórico de la Guerra del Chaco, en conjunción con su descripción geográfica convierte a la narración en un paisaje de situaciones que conducen al lector y le permiten distinguir las zonas por las que suceden los acontecimientos. Los sectores nombrados en los diversos capítulos, tales como: Tierra Bermeja (rojiza) del Guairá, Selvas del Alto Paraná, Peña Hermosa, Loma de Isla Po’í, Garganta de Tigre, Cabeza de Agua, Boquerón, Río Monday, poblaciones como Borja, Villarrica, Sapukai, Encarnación, Escobar, son parte de la geografía paraguaya y se los puede ubicar en un mapa político, hidrográfico u orográfico actual. Por ejemplo, el Cerro de Itapé, nombrado detalladamente en el primer capítulo Hijo de Hombre, donde es colocada la cruz de

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Ibid, Cap. 9, Frag.8, p.336

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madera, esculpida por Gaspar Mora, pertenece al Departamento del Guairá y al Distrito de Itapé. Está clasificado como orográfico, por ser colina o cerro de una altura menor a 300 m. Igualmente podemos encontrar a Sapukai, lugar en el cual aún permanecen vestigios de su época floreciente, cuando constituía la población que mantenía el flamante ferrocarril paraguayo y sus líneas férreas.

Geográficamente, el río Paraguay corta al país en dos regiones distintas. La oriental, donde se concentra la mayoría de la población, es una planicie ondulada y fértil que incluye las cordilleras de Amambay, Mbaracayú y Caaguazú, de las cuales se desprenden la Sierra de las Quince Puntas y las cordilleras de Altos e Ibytyruzú o Villarrica. Se cultivan aquí, actualmente, algodón, soya, arroz, tabaco, caña de azúcar, yerba mate y gran variedad de frutas81

.

La región occidental es la gran llanura del Chaco Boreal, limitada al sur por el río Pilcomayo y donde apenas se elevan unas pocas colinas que no sobrepasan los 100m Paraguay no tiene costas, pero sus dos ríos principales, el Paraguay y el Panamá, le comunican con el Atlántico. Además el complejo paraguayo-brasileño de Itipú, en el Paraná, junto con el de Yacyretá, en cooperación con Argentina, ha permitido ampliar las exportaciones paraguayas de energía. Estos datos permiten comprender la gran riqueza de la nación y cómo fue objeto de disputa entre quienes deseaban poseerla para explotarla. La obra nos describe esta explotación y el sufrimiento de los coterráneos por defender su espacio y su propia vida.

Boquerón es un sitio muy importante, para las dos guerras descritas, y constituye un referente geográfico vital para la obra Hijo de Hombre, es allí donde se cierra la narración dramática de los acontecimientos: Kiritó, o Cristóbal Jara, debe llegar allá con un convoy de camiones aguateros –recordemos que la Guerra del Chaco se convirtió en Guerra de la Sed- el camino es estrecho y en ciertos lugares deben abrirse paso: “Entraron en un cañadón liso y ancho como un lago. A lo lejos, la mancha amarillo del puntero bogaba en busca del paso”82. El capítulo concluye con la muerte de Kiritó, y la

misión ha llegado a buen término: “El camionero estaba caído de bruces sobre el volante,

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Recuperado de http://www.aico.org/flash/mapa.swf

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en la actitud de un breve descanso”83

Hoy, Boquerón es un Departamento de la Región Occidental del Paraguay. Es el departamento más grande del país, con un área de 91.669 km², pero su población es de solo 67.548 habitantes (2009).