preliminares
J. Abad Gil
Debate profesional
Características % Media Comunidad Autónoma Andalucía 16,5 – Aragón 3,2 – Canarias 6,1 – Cantabria 2,5 – Castilla-La Mancha 4,7 – Castilla y León 10,6 – Cataluña 10,0 – Comunidad de Madrid 12,3 – Comunidad Valenciana 11,2 – Extremadura 2,3 – Galicia 4,0 – Islas Baleares 0,8 – La Rioja 1,5 – Navarra 1,7 – País Vasco 4,5 – Principado de Asturias 0,9 – Región de Murcia 7,2 – Sexo Hombre 40,4 – Mujer 59,6 – Edad 26 a 35 años 7,0 36 a 45 años 27,3 46 a 55 años 37,6 56 a 65 años 20,4 Más de 65 años 6,6 No contesta 1,1 Edad media – 50,0 Situación profesional Ocupado 93,8 – Parado o inactivo 1,9 – Jubilado 4,3 –Años de ejercicio de la profesión
Número medio de años – 20,7
89 mayor inestabilidad laboral, sea por tener contrato eventual o por obra y ser-
vicio o por ser autónomo.
Jornada
La jornada semanal, sin contar las guardias, es de 34,8 horas de media. La jornada más habitual, informada por el 63,5%, es de 35 horas semana- les; mientras que el 14,2% de los pediatras disfruta de dedicación parcial o jornada reducida.
Turno
El horario laboral en turno de mañana es el más extendido, siendo rea- lizado por el 46,7% de los encuestados, mientras que sólo el 10,5% tiene horario de tarde. Los turnos acabalgado y deslizante están vigentes, res- pectivamente, en el 25,2 y 17,0% de los casos.
Satisfacción
La figura 1 muestra las puntuaciones medias de satisfacción (escala de 0 a 10) para cada uno de los aspectos valorados en la encuesta. En gene- ral el nivel de satisfacción es moderado, el aspecto que recibe una pun- tuación más elevada se refiere a la satisfacción con la estabilidad laboral o tipo de contrato y la más baja a las posibilidades de realizar investigación.
Expectativas Nivel de cumplimiento
El grado en que los pediatras consideran que se han cumplido sus expectativas profesionales (escala de 0 a 100) en relación a la práctica asis- tencial es bajo, ya que en promedio sólo han sido satisfechas en una ter- cera parte (32,6%).
En cuanto a la labor docente e investigadora las expectativas profe- sionales se han cumplido en grado medio (53,9%) y en lo que se refiere a la pediatría social o promoción de la salud estarían algo por encima del nivel medio (64,9%).
Obstáculos en el cumplimiento
En la encuesta se incluyó una pregunta abierta para que los pediatras manifestasen qué aspectos habían impedido el cumplimiento de sus expec- tativas profesionales. A partir de la codificación de las respuestas se obtienen los porcentajes de mención de los diferentes aspectos. La mitad
(50,9%) de los encuestados está de acuerdo en que el elevado volumen de trabajo ha sido un obstáculo en el cumplimiento de sus expectativas pro- fesionales, aspecto que aparece frecuentemente relacionado con la exce- siva presión asistencial.
Las condiciones laborales inadecuadas también representan un obs- táculo en el cumplimiento de las expectativas profesionales en opinión de 1 de cada 4 pediatras, principalmente mencionan las dificultades para la conciliación de vida laboral y personal y la falta de oportunidades de pro- moción o movilidad laboral.
La mala gestión u organización de los recursos es percibida como el tercer obstáculo y generalmente se atribuye al funcionamiento de la admi- nistración o a la falta de apoyo de ésta, pero también a la actuación desa- certada de la gerencia del centro o a la falta de coordinación con otros ser- vicios.
Otros aspectos mencionados como obstáculos en el cumplimiento de las expectativas profesionales son las pocas posibilidades de realizar tareas no asistenciales, principalmente en cuanto a formación, pero también la falta de recursos destinados a la pediatría que redunda en la falta de suplentes y de pediatras.
CONCLUSIONES
El nivel de satisfacción laboral general de los pediatras se sitúa en un nivel medio, pero es bajo en relación a las posibilidades para realizar tareas no asistenciales y a las oportunidades de promoción o desarrollo profesio- nal.
La excesiva presión asistencial se configura como el principal impedi- mento en el cumplimiento de las expectativas profesionales. Ésta es, al menos en parte, consecuencia de la falta de recursos humanos en pedia- tría y de la mala gestión u organización de los recursos, que son otros de los obstáculos mencionados por los pediatras en la realización de sus expec- tativas.
A su vez, la excesiva carga asistencial probablemente reduce las posi- bilidades de realizar tareas no asistenciales, aspecto en el que los pedia- tras muestran un nivel de satisfacción bajo.
Como consecuencia de lo anterior, debe destacarse la necesidad de introducir medidas, entre otros aspectos, que contribuyan a reducir la pre- sión asistencial, ya que probablemente tendrán un efecto generalizado en el nivel de satisfacción de los pediatras.
Estabilidad laboral o tipo de contrato Funciones o tareas Horario o jornada laboral Conciliación vida laboral-familiar Ingresos económicos Número de pacientes al día Organización dentro del equipo Coordinación con otros profesionales Formación continuada Desarrollo o promoción profesional Investigación 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 7,7 7,2 7,1 6,4 5,9 5,8 6,3 5,9 4,8 3,9 3,2 Condiciones laborales = 6,7 Organización = 6,1 Oportunidades = 4,0 Nada satisfecho Totalmente satisfecho *Escala de 0 a 10 Base (ocupados): 495
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INTRODUCCIÓN
Una característica de la humanidad, en cualquier aspecto de la vida, es ignorar su historia reciente y mucho más la antigua y sobre todo ignorar los errores cometidos durante el devenir de esa historia, con lo cual se siguen cometiendo errores que, por reiterados, parece imposible evitar, haciendo bueno aquello de que “quien ignora su historia repite los errores cometidos”. Esos hechos podrían ocurrir en la Pediatría Extrahospitalaria y de Aten- ción Primaria en España, ya que los médicos jóvenes y por lo tanto los pedia- tras jóvenes, creen que solo ha existido la PAP que conocen en la actuali- dad, desarrollada desde la promulgación del RD 137/84 por el que se crearon las Estructuras Básicas de Salud y por lo tanto antes de 1984 solo existía el desierto pediátrico, no había nada en lo referente a los cuidados sanita- rios al niño en el sector extrahospitalario.
Por supuesto que existían esos cuidados, desde luego no eran los mejo- res y de hecho hubo que evolucionar hasta conseguir la situación actual sin duda mejor; la justificación de lo que había no era otra que adaptarse a las circunstancias imperantes, quizás dejarse llevar por la comodidad, pues bien, lo que podemos estar pergeñando puede ser muy parecido a lo que había antes del 84, es decir una asistencia pediátrica extrahospitalaria muy lejos de la mejor calidad posible de ofrecer.
De tal modo puede ocurrir, que al buscar soluciones a lo malo que tiene la situación del momento, que debería ser circunstancial y transitoria o al intentar desarrollar lo que ya tenemos, realmente podemos estar aceptando hechos que nos hagan olvidar lo que ha costado llegar a la situación de pri- vilegio que teníamos, ignorando que a esa situación privilegiada no se llegó por generación espontánea, sino a través de los esfuerzos e ilusiones de muchos profesionales que lograron que se aceptara como natural, como lógico, algo que costó conseguir y que tuvo una oposición clara por deter- minadas fuerzas.
Es decir, que finalmente aceptemos lo que otros querían para los Pedia- tras de Atención Primaria (PAP) y encima parezca que es lo que quere- mos nosotros o que estamos inventados algo.
DESARROLLO Y MEJORA DE LA PEDIATRÍA DE ATENCIÓN PRIMARIA
De manera didáctica podemos dividir el desarrollo de la pediatría extra- hospitalaria en antes del RD 137/84, después de 1984, y la situación a día de hoy, constatando que en estos períodos se ha producido un bamboleo o movimiento pendular, que va de prestar solo medidas preventivas o de salud pública, a solo prestaciones asistenciales con ignorancia de lo pre- ventivo hasta 1984, al período post ochenta y cuatro donde se intenta cubrir tanto lo preventivo como lo asistencial, llegando al momento actual donde se habla de dejar algunas prestaciones, precisamente las preventivas como la antigua puericultura, ahora programa del niño sano o las vacunaciones, y encima se le llama “cambio de modelo”, cuando no es más que otro movi- miento del péndulo e incluso de retroceso. ¡Para hacer pensar!
Antes de 1984
Hay dos períodos claros, antes de la ley de bases de 1944 y des- pués.
A principios del siglo XX (Instrucción General de Sanidad Pública de 1904) la asistencia sanitaria, en lo que se refería a la oferta de las diversas Administraciones Públicas, tenía carácter exclusivamente preventivo o de atención a problemas colectivos o a patologías muy concretas, por ejemplo
la tuberculosis; poca era la cobertura pública a problemas asistenciales indi- viduales que se daba exclusivamente a la llamada “beneficencia”, quedando el resto en lo que se denominaba profesión sanitaria libre.
Por lo que se refiere a la atención extrahospitalaria, la Ley de Bases de la Sanidad Nacional de 1944 crea diferentes secciones englobadas en Salud Pública, así higiene de la alimentación, higiene general, epidemias y por lo que nos afecta, la sanidad infantil y maternal, entre otras.
La creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), da cober- tura escasamente al 25% de la población española y en un principio no presta asistencia pediátrica, ésta se recoge posteriormente mediante dis- posición legal en 1950. Desde 1958 se reconocen dos modalidades de pediatra en el sector extrahospitalario: por una parte el pediatra de zona que presta asistencia a niños hasta 7 años en ambulatorios, consultorios y a domicilio y por otra el pediatra consultor, (no olvidemos esta figura que algunos modelos quieren proponer) que atendía lo que le derivaba el pedia- tra de zona; ambos daban atención exclusivamente asistencial, eso sí con grandes limitaciones establecidas en la ley de bases de la Seguridad Social y en el Estatuto Jurídico, entre las que cabe destacar:
• Una dedicación horaria parcial de 2 horas y media de consulta/día, al inicio aun menos, y disponibilidad para visitas a domicilio.
• Las obligaciones estatutarias eran sólo asistenciales, olvidándose el legislador de los temas preventivos, hasta el punto que había consul- tas pediátricas muy saturadas, donde en contra de las características idiosincrásicas de la pediatría, se negaba la realización de la pueri- cultura, antecedente claro de los programas preventivos del niño sano. • Poco podía resolver el pediatra consultor, más allá de una segunda opi- nión, ya que sus medios y dedicación eran los mismos que los del pedia- tra de cupo.
La asistencia hospitalaria se daba en las viejas estructuras: salas de hospitales clínicos, provinciales, de la beneficencia y sanatorios privados; hasta que la Seguridad Social autoriza el internamiento en las residencias sanitarias, al principio por motivos exclusivamente quirúrgicos, con el límite de los 7 años de edad.
La Ley de Hospitales de 21 de julio de 1962, facilita que entre los años 60-70 el sistema de Seguridad Social desarrolle una extensa red de Hospitales con lo que en esos años el sistema público poseía el 70% de las camas hospitalarias disponibles y empleaba al 70-80% de los médicos de hospitales.
Con este desarrollo, la atención extrahospitalaria, en general, salió de la década como una prioridad secundaria en términos de presupuestos, infraestructuras y recursos humanos, especialmente en contraste con la extensa red de modernos hospitales públicos desarrollados durante esos años.
La asistencia pediátrica que se prestaba en consultorios y ambulato- rios, además del corto horario de consulta, tenía unos pediatras que tra- bajaban individualmente, sin contactos directos con otros compañeros, el apoyo administrativo y de diagnóstico era mínimo y a nivel de organización o gestión la dirección de la asistencia extrahospitalaria estaba muy frag- mentada entre una serie de autoridades estatales poco coordinadas.
Inflexión de 1984
La atención pediátrica extrahospitalaria que, aunque con evidentes defi- ciencias, había sido uno de los puntos para la mejora de la salud infantil, y sobre todo para situar con claridad una asistencia pediátrica fuera del hos-