3. Mapping Arctic Clam Abundance using Multiple Datasets, Models, and a
3.2 Study Area and Species
3.3.2 Mya Ground-truth Data
Sintetizando el estado de la cuestión, la literatura sobre la concentración se orienta en tres direcciones principales:
En primer lugar, el estudio de la concentración de la propiedad en el conjunto de la economía, que plantea el problema de la distribución de los recursos entre los agentes económicos y todas las cuestiones que se relacionan con ésta.
En segundo lugar, el análisis de la concentración del poder de decisión sobre los recursos de una economía. En la medida en que numerosos sectores económicos presentan una disociación entre el poder de decisión sobre el uso de los recursos y la propiedad de éstos, una parte de las reflexiones sobre la concentración se ha dedicado a analizar las consecuencias de este fenómeno. Son los denominados teóricos de la Separación Propiedad - Control (SPC)que, arrancando del estudio efectuado por Berle y Means, citado más arriba, tienen en Galbraith uno de sus más conspicuos exponentes15.
15 Sin olvidar los enfoques neomarxistas de la New Left; a tal
efecto, resulta significativo que el título de una de las obras más conocidas y que disfrutó de mayor difusión de representantes tan destacados de esta corriente como son Paul Baran y Paul M. Sweezy lleva por título El capitalismo monopolista. En esta misma línea neomarxista, Jacquemin recoge una explicación de André Gorz, según la cual la industria no se ha desarrollado gracias a una tecnología más eficaz sino debido a que, al haber existido una concentración de la producción artesana en grandes fábricas pudo adoptarse la mecanización. El objetivo de la concentración no era mejorar la superioridad técnica de las fábricas, ya que los telares eran los mismos que los que empleaban los artesanos, sino la expresión de la voluntad de los capitalistas de controlar la producción, obligando a los tejedores a trabajar el mayor número de horas posible y a apropiarse de todas las innovaciones técnicas. Gorz, A. (1973) Critique de la division
du travail. Ed. Du Seuil, Paris, p. 291. Cit en Jacquemin
Por último, el estudio de la concentración industrial, es decir, la que se define en relación con un sector económico, una industria o un mercado específico. Se trata, en este caso, de examinar la distribución de las partes del mercado entre el conjunto de empresas que fabrican productos más o menos sustitutivos entre sí. Ésta, que podría ser una definición breve de la concentración horizontal, constituye el campo habitual, por frecuente, del análisis económico. Ahora bien, la constitución de grupos industriales o conglomerados ha conducido a completar este enfoque con el examen de un segundo aspecto cual es la concentración en el seno de la economía.
En esta línea, la literatura empírica sobre la concentración distingue, generalmente, dos matices importantes al respecto. Por un lado se emplea el concepto “concentración en el mercado” para estudiar el grado de control monopolístico que una o más empresas con poder de mercado ejercen, o pueden ejercer, en la determinación de los parámetros básicos de éste (precios, cantidades, variedad y calidad de los productos o servicios...) Este enfoque se basa implícitamente en el modelo de la competencia perfecta, asumiendo que un mayor número de vendedores -y, por tanto, un menor nivel de concentración- genera siempre en una industria resultados más deseables en términos de eficiencia y de bienestar. En consecuencia, se identifica de manera casi unívoca concentración industrial con poder de mercado y falta de competencia16 lo que, como tendremos ocasión de ver más adelante, no siempre es cierto.
16
Este es el enfoque que emplea A. P. Lerner cuyo conocido índice (la diferencia entre precio y coste marginal partido por el precio) constituye un indicador de la medida en que un mercado se aproxima o se aleja del ideal competitivo.
Por otro lado, se emplea el término “concentración agregada” para hacer referencia al grado de control ejercido sobre una parte importante de cualquier variable agregada representativa de la actividad de una industria (ventas, beneficios, valor añadido...) por un número relativamente reducido de empresas de tamaño relativamente grande (en términos de activos, empleo...)En este caso, la concentración de poder económico no se basa necesariamente en la idea de competencia sino en la importancia relativa que tienen las mayores (por ejemplo, las 20, 50 ó 100 empresas más grandes) en el conjunto del sector.
Para la economía industrial, la concentración es una magnitud que recoge la estructura de las cuotas de mercado de las empresas que operan en un sector, considerando a un mercado más concentrado en la medida en que la distribución de cuotas es más desigual y, por consecuencia, una parte mayor del mercado está controlado por un número menor de empresas. De acuerdo con esto, la concentración decrecerá con el aumento en el número de empresas y con la aproximación en el tamaño de sus cuotas de mercado17.
A partir de la anterior definición de la concentración, se deduce que las situaciones de competencia perfecta y monopolio constituyen los casos extremos de concentración que pueden mostrar los mercados,
17
La conjunción que liga ambas condiciones no resulta superflua, ya que son las dos quienes determinan simultáneamente el nivel de concentración en un mercado. Viene esto a propósito porque algunas explicaciones ponen el énfasis en el número de empresas existentes en un mercado, olvidando que, como han señalado algunos autores, ante todo, la concentración tiene que ver con la desigualdad. Por otra parte, la equidistribución de las cuotas de mercado entre las empresas, en ausencia de la primera condición, nos llevaría a afirmar, por ejemplo, que un duopolio es un mercado poco concentrado lo que, a todas luces, choca con el sentido común.
dependiendo de si operan en ellos un número ilimitado de industrias o una sola.
1.2.1 La relación entre concentración y crecimiento
Parece razonable suponer que las diferencias en las cuotas de mercado de las empresas tienen que ver con las distintas velocidades con que éstas adaptan su dimensión a las condiciones de mercado: en definitiva, con la rapidez con que llevan a cabo un proceso de crecimiento.
En el marco de la teoría neoclásica, el crecimiento recibe un tratamiento incidental, ya que pone la atención en el concepto estático del tamaño óptimo de la empresa. El crecimiento es, por tanto, el proceso más o menos rápido mediante el cual las empresas alcanzan dicho tamaño.
Esencialmente, la empresa crece por motivos exógenos: crece si se produce un desplazamiento en las funciones de coste o de demanda. El desplazamiento en los costes se debe al progreso técnico o a variaciones en los precios de los factores, mientras que el desplazamiento en la demanda puede deberse a variaciones en el nivel de renta o en las preferencias de los consumidores. Cabe destacar, especialmente, que este enfoque no prevé ninguna relación entre el crecimiento y la rentabilidad de la empresa en el equilibrio a largo plazo; tal relación únicamente es posible en el corto plazo.
La introducción del tiempo en el modelo que efectúa Solow (1971) constituye un intento de dotar a la teoría neoclásica de una dimensión dinámica. Básicamente, la aportación de Solow consiste en suponer que el objetivo de la empresa es la maximización actual de un flujo de beneficios futuros, haciendo depender así el equilibrio,
no de las condiciones del periodo actual sino también de los subsiguientes. Se supone, asimismo, que el tamaño futuro de la empresa es mayor que su tamaño actual, de manera que ésta quiere alcanzar aquél lo antes posible; sin embargo, la existencia de costes de ajuste imposibilitan que el proceso se lleve a cabo instantáneamente.
En definitiva, para el enfoque neoclásico, el grado de concentración a largo plazo de los mercados está determinado únicamente por factores tecnológicos, que son quienes definen las dimensiones del tamaño óptimo, y la diversidad de cuotas que se observa en el mercado es una situación temporal, debida a que las empresas se encuentran en distintas fases del proceso de ajuste hacia la consecución del tamaño óptimo.
Los denominados modelos estocásticos surgen de la insatisfacción existente con el enfoque anterior. En particular, las observaciones empíricas mostraron que la distribución de cuotas de mercado entre las empresas, tanto dentro de un sector específico como para el conjunto de la economía, presentaba sistemáticamente un sesgo elevado que no explica la forma en U de las curvas de costes. Estos modelos proponen una forma alternativa para estas curvas que, a partir de un punto, muestran rendimientos constantes, siendo dicho punto el que determina el tamaño mínimo de la empresa. Alcanzado éste, el que una empresa crezca o no y la rapidez con que lo haga, depende de múltiples factores, unos favorables y otros desfavorables, lo que impide determinar su efecto neto.
El modelo estocástico más sencillo, la denominada Ley del efecto proporcional, concluye que la probabilidad de que una empresa crezca a una tase determinada es independiente de su tamaño previo. En palabras de Kumar:
“Una empresa elegida al azar entre el grupo de las que tienen un determinado tamaño, tiene la misma probabilidad de crecer a una tasa determinada que otra empresa seleccionada aleatoriamente entre el grupo de las que tienen unos activos cientos de veces mayores”18. La conclusión inmediata es que no hay un tamaño óptimo al que las empresas deseen aproximarse. Si tal fuera el caso, como predice el modelo neoclásico, cabría esperar que las empresas de menores dimensiones, es decir, las empresas en principio más alejadas del tamaño ideal, exhibieran sistemáticamente tasas de crecimiento mayores que las más próximas a éste, ya que los costes asociados a la ineficiencia que deberían soportar serían más elevados.
1.2.2 Las explicaciones tradicionales de la concentración empresarial
Las explicaciones tradicionales de la concentración empresarial pueden clasificarse en dos grandes categorías que se corresponden, esencialmente, con los dos enfoques del crecimiento de la empresa descritos anteriormente: las explicaciones tecnológicas o deterministas, que se enmarcan dentro del enfoque neoclásico, y las explicaciones mecánicas, que se relacionan con el enfoque estocástico.
Para las explicaciones tecnológicas “la empresa es una simple función de producción”19 y parten de una doble constatación: que en cualquier economía, la concentración -sea cual fuere la manera de medirla- varía mucho de un sector industrial a otro mientras que, por término general, tanto las industrias que presentan niveles de concentración altos como aquellas que los presentan bajos, suelen coincidir entre países. Ello
sugiere que la concentración en las distintas ramas de la industria está fuertemente determinada por las condiciones productivas y de la demanda.
Supongamos al efecto, como muestran los manuales de microeconomía al uso, que la curva de costes medios a largo plazo tiene forma de U, con un tramo en el cual el coste medio disminuye a medida que la producción aumenta mientras que, a partir de un cierto volumen de ésta, el coste medio crece con los aumentos en la producción. Cabe esperar que, con el transcurso del tiempo, las empresas vayan desplazándose hacia el punto más bajo de la curva de coste medio a largo plazo que determina el tamaño óptimo (TO) de la empresa.
En esta perspectiva, el tamaño óptimo depende de los condicionantes de la función de producción y, especialmente, de las economías y deseconomías de escala que ésta presente. Sin ánimo de exhaustividad y siguiendo a Scherer y Ross20 las economías de escala pueden ser específicas de producto (es decir, relacionadas con la cantidad fabricada de un producto determinado, como es el caso de la división del trabajo con la consiguiente especialización de trabajadores y equipo productivo y el efecto aprendizaje), específicas de planta (derivadas de la indivisibilidad de algunos equipos específicos o del hecho de que los incrementos en la capacidad productiva, por regla general, conllevan un aumento menos que proporcional en el coste de los factores necesarios para producirlos), o bien las economías de escala multiplanta (derivadas del hecho de que una empresa con varios centros de trabajo puede aplicar también los principios de la división del trabajo a las funciones gerenciales, dispone de una mayor flexibilidad y puede distribuir los riesgos
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financieros, comerciales, etc. entre un mayor volumen de producción. También pueden aparecer economías de escala pecuniarias, resultado de la mejora de la posición negociadora de la empresa de gran tamaño frente a los proveedores y en los mercados de capitales.
En el lado de las deseconomías de escala encontraríamos las razones, menos conocidas, que elevan el coste de producción por unidad de producto cuando ésta traspasa un determinado nivel: problemas de coordinación interna, las limitaciones en la disponibilidad de uno u otro factor, sea de talento para la gestión empresarial, sean trabajadores especializados...
En cualquier caso, es la relación entre el tamaño óptimo y las dimensiones del mercado lo que determina el nivel de concentración en un sector industrial. En otras palabras, si TO es el tamaño óptimo de la empresa y D es la demanda de la industria, el cociente entre ambas variables proporciona el inverso del mayor número de empresas (N)21 que caben en el mercado o, lo que es lo mismo, determina la concentración máxima a largo plazo en el sector.
1 N TO
D =
De acuerdo con el enfoque neoclásico, la concentración en el equilibrio a largo plazo no varía; cuando lo hace es por factores exógenos a la empresa: bien por una modificación en las condiciones técnicas (un cambio en las economías o deseconomías de escala, resultado de la tecnología) o en los precios de los factores o bien por
20 Scherer y Ross (1990): 97 y ss.
21 Nótese que el inverso del número de empresas es un índice de
concentración que se emplea en los mercados con industrias simétricas, es decir, aquellas que presentan las mismas funciones de coste y el mismo tamaño o, lo que es lo mismo, que no presentan diferencias de eficiencia.
una modificación en las condiciones de la demanda (un cambio en las preferencias de los consumidores, por ejemplo).
Por el contrario, el enfoque estocástico constituye el polo opuesto del anterior, ya que afirma que la concentración es un fenómeno puramente fortuito. Ya hemos señalado más arriba que los partidarios de este enfoque aseveran que la curva de costes medios a largo plazo a partir de un determinado volumen de producción – que se identifica con el tamaño mínimo eficiente de la empresa- muestra rendimientos constantes a escala, de manera que en una misma industria pueden coexistir, en el tiempo, firmas de dimensiones muy diversas.
Los modelos estocásticos parten de la idea de que el crecimiento de una empresa es un proceso aleatorio en el que unas empresas son más afortunadas que otras. Supongamos, como hace Scherer22 que partimos de una industria con un determinado número de empresas que, siendo iguales en tamaño, se enfrentan a una distribución de probabilidades de crecimiento que es idéntica para todas ellas: todas pueden crecer a la misma tasa media anual. Pues bien, contrariamente a lo que apunta la intuición, al cabo de algún breve periodo unas empresas han crecido más que otras y en los periodos subsiguientes algunas de las empresas mayores habrán crecido todavía más, de manera que, al cabo de un cierto número de períodos sucesivos, determinadas empresas acabarán alcanzando posiciones muy destacadas23.
22 Scherer (cit.): 141, 142 23
Scherer y Ross señalan cómo, al cabo de 100 periodos lo que, en el ejemplo equivale a un siglo de existencia de las empresas, no resulta infrecuente el que una de ellas se haya hecho con el 25 o 35 por ciento del mercado. Scherer y Ross (cit.): 142
En definitiva, las distribuciones de tamaño empresarial que se obtienen mediante este procedimiento tienen un parecido notable con las distribuciones de cuotas entre las empresas de una industria que se observan en la realidad, caracterizadas por su marcada asimetría y coincidentes con diversas distribuciones teóricas, tales como la log-normal, la Yule o la Pareto. La conclusión que se obtiene es que el crecimiento de las empresas es un proceso estocástico en el que la distribución de tasas de crecimiento a la que se enfrenta cada una de las empresas es independiente tanto de su tamaño actual como de su historial previo de crecimiento.
La formulación de esta conclusión viene establecida en la denominada Ley de Gibrat, versión estricta de la Ley del efecto proporcional, que considera que el crecimiento de las empresas puede considerarse como un fenómeno puramente aleatorio que concluye en una tendencia hacia la concentración en los mercados.
Resulta difícil, no obstante, admitir que el éxito de una empresa en el mercado es una pura cuestión de suerte; sin embargo, tampoco es necesario tomarse los modelos estocásticos al pie de la letra para alcanzar sus conclusiones. Sin duda, hay circunstancias en las empresas en que la suerte juega un papel destacado: sin ir más lejos, en los resultados de los procesos de I+D, en la elección de la imagen de una campaña publicitaria o en la selección del personal directivo; pero también cabe suponer que, una vez que la suerte ha desempeñado su papel, las cosas se desarrollan de una forma más determinista.
Los supuestos inherentes a la Ley de Gibrat pueden también alterarse si las tasas de crecimiento están correlacionadas con el tamaño de la empresa o bien si
están correlacionadas entre sí, lo que implica que la tasa a la que crece una empresa en el momento t depende de la tasa de crecimiento que alcanzó en el periodo anterior. Sin embargo, ni uno ni otro constituyen obstáculos esenciales; Ijiri y Simon demostraron que se pueden obtener distribuciones de tamaños muy similares a las que se obtienen con la Ley de Gibrat si hay correlación entre las tasas de crecimiento anual, mientras que cabe esperar que, si a partir de un determinado volumen de producción aparecen economías de escala (que es lo que implica que la tasa a la que crece una empresa esté correlacionada con su tamaño), este hecho, combinado con factores aleatorios, genera un proceso de concentración todavía más rápido.
Una crítica que suele efectuarse al enfoque estocástico es la siguiente: si la distribución de tamaños de las empresas en un sector es el resultado de la aleatoriedad, ¿por qué industrias similares aparecen igualmente concentradas en distintas economías? La respuesta, que Waterson24 califica de poco convincente, suele ser que esas industrias han alcanzado un estadio de madurez y, consecuentemente, de elevada concentración, mientras que otras se hallan todavía en estadios anteriores, no habiendo transcurrido todavía un número suficiente de periodos para alcanzar niveles elevados de concentración.
1.2.3 Explicaciones alternativas de la concentración
Un conjunto de autores ha puesto de relieve otros aspectos que en su opinión, resultan importantes para explicar la concentración industrial.
Downie (1958) estudia la concentración resaltando tres cuestiones: los motivos que impulsan a crecer a las empresas, los mecanismos por los que se produce la concentración y la relación entre concentración y rentabilidad.
Respecto del primer punto, los motivos que inducen a