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Chapter 4 – Problems solved under other forms

4.1 Under Nipponsale 1999

La obesidad se presenta más en mujeres y en las poblaciones de los cinturones de miseria de las grandes ciudades (Hawks, 2001). Se observa que no es un padecimiento de los que disfrutan de estabilidad en el concierto social, sino un estigma de los grupos frágiles (Gon- zález, Mazorta & Horta, 2002), por lo que evolutivamente se transforma en una forma precaria de vida, en una estrategia fallida de defensa, en una automedicación peligrosa usada contra los elevados niveles de ansiedad, confusión y estrés, como las adicciones o algunas formas de locura. En nuestra cultura se presenta como un liberador paradójico de la exclusión y la agresión social, pues por una parte se valora el consumo y la sumisión, mientras por otra se le persigue, lo que aumenta la ansiedad, la confusión y la angustia.

El obeso está amenazado por la enfermedad y por su entorno social, que lo devalúa y estigmatiza sin profundizar en la complejidad del problema. La imposición cultural de modelos simplificados, rígidos y excluyentes del cuerpo vivo puede ser más peligrosa que la obesidad misma; el cuerpo “maniquí” que determina una relación robotizada con los otros, constituye el origen mismo de la problemática de la obesidad contemporánea.

Estos modelos niegan el valor evolutivo de la variabilidad genética y su importancia en la estabilidad de la especie. Homogeneizar los factores de masa corporal repite los principios de la raza superior, donde se excluyen quienes no se sujetan a un fenotipo predeterminado. Esto no debe entenderse como la ignorancia de los efectos dañinos que puede tener la obesidad en la salud y la calidad de vida de una persona, sino como la comprensión de su función en el proceso de adaptación del organismo a su ambiente. El tratamiento de este problema requiere de la sensibilidad necesaria para diferenciar entre las diversas estrategias útiles o lesivas derivadas de la variabilidad genética y/o social, condiciones ecológicas espe- cíficas y un problema realmente patológico. En resumen, el tratamiento de este problema requiere de la cabal comprensión de la respuesta diferenciada y única de cada uno de los pacientes a sus condiciones de vida y a los tratamientos propuestos, considerando que las variaciones bruscas en la dieta o en las formas de vida producen de manera necesaria un desajuste en los mecanismos de autocontrol históricamente establecidos en nuestro cuer- po, generando un círculo vicioso de ajustes y desajustes que desemboca en una obesidad producida por los mismos intentos de control.

Hemos creado una cultura extraordinariamente sedentaria y consumista, donde los recursos para manejar los conflictos emocionales, el estrés y las pérdidas consisten precisamente en consumir objetos que nos hacen sentir bien, como los carbohidratos y otros alimentos o bienes asociados al bienestar, los cuales junto al consumo de fármacos prohibidos y/o permitidos (como los ansiolíticos, antipsicóticos y antidepresivos) inciden violentamente sobre los mecanismos del sistema autónomo de regulación de la actividad y el de la acumulación de grasas. Por su parte, las dietas prescritas médicamente para reducir la obesidad aumentan el estrés y la ansiedad al demandar la disminución en la ingesta de calorías, manteniendo los requisitos alimenticios básicos sin considerar la complejidad fisiológica individual, las significaciones culturales y los costos emocionales, económicos y ecológicos. La prescripción de ejercicio, disociada de la actividad y el entorno necesario para el sujeto, implica otra fuente de conflicto para una población que trabaja más de 12

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horas y ocupa más de cuatro en transporte sin actividad física, rodeada además de la oferta constante de calorías baratas. La gimnasia cotidiana organizada en los ambientes laborales y educativos de países como Japón y China es una estrategia cultural que parece útil a pesar de los costos que representa para la cadena productiva.

La falta de sueño y/o de calidad de sueño, así como dejar otras adicciones, como el tabaquismo, el alcoholismo, también generan el aumento de peso en una primera etapa y pueden transformarse en el origen de una obesidad crónica cuando la alimentación normal y necesaria sustituye una adicción original. Considerar a la obesidad como una forma de adicción ha dado resultados positivos al sustentar la terapéutica en la reconstitución y el reforzamiento de vínculos socioafectivos que modifican la autoimagen y contienen las intensas ansiedades, mediante grupos terapéuticos altamente cohesivos y estables, como los de Alcohólicos Anónimos.

En resumen, para combatir los trastornos de obesidad producidos por nuestra cultura es necesario construir una nueva cultura de la alimentación y de la actividad que nos permita vivir mejor en el mundo real que hemos creado y en el que vive, la mayoría de la población humana, un mundo muy alejado de los prototipos de la publicidad construida por los gru- pos privilegiados. Es necesario recuperar la sabiduría de las dietas populares tradicionales ajustadas a las historias evolutivas de los diversos grupos humanos y sus ecosistemas, pues resulta absurdo sujetarse a una dieta conveniente en Alaska o en los grandes restaurantes de París para vivir en los ambientes populares del trópico y viceversa.

Si recordamos las primeras formas de arte humano, vendrán a nuestra mente las hermo- sas figuritas prehistóricas de las Venus, que marcan la aparición del Homo sapiens en nuestro planeta hace aproximadamente 80 000 años. Dichas figuras representan, mediante una mujer obesa, la concepción de la belleza, de la vida y de la fertilidad. Las imágenes de Buda obeso simbolizan el perfecto equilibrio del hombre y no sus problemas cardiovasculares o diabéticos. El cuerpo es una misteriosa puerta a la sabiduría que nos vincula con millones de años de evolución de la vida en la Tierra. Es una parte de nosotros mismos que no podrá sustituirse con una máquina robotizada sin someternos a patologías más graves que las que pretendemos combatir. Falta mucho que aprender acerca de nuestro cuerpo, y para esto es indispensable escuchar y observar más que controlar y dominar.

REFERENCIAS

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Importancia del estudio