Chapter 3 – Problems solved under NSF
3.2 The Classification Society Record Problem
Margarita Lagarde Lozano*
La historia de la psicobiología en México inicia en la Escuela de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con las cátedras de Armando Rivera y Alberto Cuevas, que rinden frutos en esta reunión académica eminentemente psicobiológica, promovida por la Dra. Guillén.
El propósito de los autores del presente trabajo, sigue siendo construir una perspectiva psicobiológica que recoja las propuestas psicoanalíticas de Freud, las aportaciones de las teorías del condicionamiento, las de la teoría del sujeto y las de las ciencias actuales de la biología y de la cultura, para abordar la problemática humana contemporánea, en este caso el problema de la obesidad.
El eje que se propone es el de la economía evolutiva, es decir, el de una economía culturalmente determinada en un contexto ecológico y evolutivo que tiene como conse- cuencia la producción de entidades patológicas como la obesidad.
La visión actual del Homo sapiens sapiens es la de una especie con un cerebro muy grande, necesario en la operación de redes socio-sexuales complejas (Wilson, 2000). No es un cerebro muy grande para hacer cálculos operativos en abstracto, para razonar muy rápido, integrar mucha información, para decidir de manera abstracta o simbólica mediante conceptos complejos, sino para resolver históricamente la reproducción humana mediante la significación evolutiva, es decir, mediante la moral.
La corteza cerebral humana es 60% mayor que la de los otros primates de su misma talla, y este aumento radica en las áreas de la neocorteza que se usan en las competencias sociales mediadas por la teoría de la mente. Ésta consiste en hacer mentalmente lo que
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hace el otro con base en neuronas espejo (Arbib, 2005), pensar lo que piensa el otro, sa- ber lo que el otro quiere que yo haga y lo que el otro quiere de mis pensamientos. Es la capacidad de adivinar el pensamiento de los congéneres, lo que Nava (2002) considera como función psicoética del cerebro humano. La inversión parental es la práctica social por medio de la cual nuestra especie construye tanto el desarrollo del lenguaje como la teoría de la mente. De las especies conocidas, la humana es la que invierte más en sus crías, implicando hasta ahora una intensa inversión materna, una excepcional inversión paterna, además de la inversión nona de las abuelas. Curiosamente, la humana es una de las tres especies de animales conocidos en la que las hembras presentan menopausia, es decir, periodos más o menos prolongados del ciclo vital, en los cuales las hembras pierden su capacidad reproductiva como individuos para favorecer la reproducción de sus nietos, y una de las pocas especies de primates en las que el padre se involucra directamente en la crianza de sus hijos. Si bien es evidente el condicionamiento corpóreo de la menopausia y de la maternidad, el paternaje humano pareciera ser un fenómeno mediado instrumental y socioculturalmente.
Una tercera característica de la especie humana es la evolución tecnológica, es decir, la construcción instrumental de objetos para su uso: las herramientas. Esta condición ha generado una dinámica ecológica que en los últimos 10 000 años ha modificado violenta e irreversiblemente las relaciones reproductivas de la especie con nuestro cuerpo y sus relaciones ecológicas.
Hace 90 000 años estábamos muy lejos del ambiente que nos rodea hoy, y en aquel ambiente el promedio de hijos reproductivos de una mujer era de tres como máximo. Sin la tecnología actual, la probabilidad de que la especie se extinguiera era muy alta, y una extraordinaria inversión parental era indispensable. Estábamos muy alejados de cualquier concepto de sobrepoblación, y la capacidad de almacenar calorías era fundamental para pasar de los periodos de abundancia a los de escasez, pero sobre todo para garantizar suficientes nutrientes a los costosísimos infantes humanos durante al menos los primeros 5 años de vida, pues debido al enorme tamaño de su cerebro, el ser humano nace extraor- dinariamente inmaduro y requiere una dotación continua de leche muy rica durante el primer año, después del cual es indispensable para el crecimiento de la neuromielina, el sistema inmunológico y el resto del cuerpo, hasta alcanzar una relativa independencia a los 6 o 7 años (Stuart Macadam Dettwyller, 1999).
Todos los habitus humanos (Bordieu, 1995), incluso hasta el descubrimiento de la agricultura hace 10 000 años, han estado determinados por estas condiciones reproductivas y han conformado durante casi 1 000 siglos las bases de nuestra organización social en las relaciones de parentesco:
s ¿Yo soy hijo de qué madre?, ¿quién fue mi padre?, ¿de dónde vengo?, ¿a quién per- tenezco? y ¿a quién pertenecen los otros? son las cuestiones básicas del pensamiento histórico.
s Factores parentales, determinantes de las relaciones de esclavitud, de alianza y de las funciones de apego y transmisión cultural.
s Funciones que reproducen en pertenencia mediante las relaciones de identificación, inversión, protección, individuación y altruismo discriminatorio, con el que hemos barrido a todos nuestros demás congéneres.
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Ya no habrá chimpancés en libertad, no habrá gorilas u otros monos en libertad. Somos una especie que tiende a agotar los ecosistemas, y así probablemente hemos extinguido a los Australopitecus, a los Erectus o a los Hábilis, quienes hasta hace 30 000 años vivían en la Tierra.