Para entender verdaderamente la eminencia de la sabiduría, es necesario explicar primero por qué es la virtud más perfecta. Comencemos entonces manifestando brevemente el criterio que utiliza el de Aquino para establecer una jerarquía entre las virtu- des.
Santo Tomás comprende que es superior a otra aquella virtud que posea un objeto más noble. Esto es así porque una cosa se considera absolutamente según la razón de su especie. Para el caso de las virtudes, su especie es su objeto. Y como el objeto de la razón es más noble que el del apetito, pues la razón aprehende las cosas en universal, mientras que el apetito se refiere a ellas en su ser particular, se concluye que las virtudes intelectuales son superiores a las morales en sentido absoluto.
Las virtudes intelectuales también son más perfectas que las morales en cuanto a su sujeto, porque las primeras perfeccionan
la razón, mientras que las segundas, al apetito43
. Por otra parte,
43 “Simpliciter autem consideratur unumquodque, quando consideratur
secundum propriam rationem suae speciei. Habet autem virtus speciem ex obiecto, ut ex dictis patet. Unde, simpliciter loquendo, illa virtus nobilior est quae habet nobilius obiectum. Manifestum est autem quod obiectum rationis est nobilius quam obiectum appetitus, ratio enim apprehendit aliquid in universali; sed appetitus tendit in res, quae habent esse particulare. Unde, simpliciter loquendo, virtutes intellectuales, quae perficiunt rationem, sunt
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santo Tomás también manifiesta dicha superioridad al expresar que el conocimiento intelectual de la verdad es algo que sólo se
halla en el hombre, en Dios y en las sustancias separadas44
. En efecto, “de todos los seres conocidos por nosotros al nivel de la experiencia sensible, el contemplar la verdad es una operación
de la que únicamente el hombre es capaz, y que le es propia”45
. A su vez, dentro de las virtudes intelectuales también se da
una jerarquía que se establece a partir de la nobleza del objeto46
, según se dijo. Y el objeto de la sabiduría considera el objeto mismo de la felicidad, pues se ocupa de la causa suprema, que
es Dios47
, siendo así el más alto de todos. Por eso, la causa más importante por la que la sabiduría es la ciencia superior, es por la dignidad de su objeto.
Siguiendo el punto, dice santo Tomás en otro pasaje que la sabiduría no es cualquier ciencia, sino aquella que tiene por objeto lo más honorable y divino, lo cual la convierte en cabeza
de las otras ciencias48
y también, evidentemente, de los demás
hábitos intelectuales49
.
nobiliores quam morales, quae perficiunt appetitum”. S. Theol. I-II q.66, a.3, c.
44 Cfr. S.Contra Gentes. III, 37.
45 GILSON, E., El tomismo, Eunsa, 1978, Navarra, España, p. 54.
46 Puesto que el objeto especifica al hábito en el orden de la esencia. Luego, si
la sabiduría se ocupa del objeto más perfecto, será entonces el hábito más perfecto y eminente.
47 “magnitudo virtutis secundum suam speciem, consideratur ex obiecto.
Obiectum autem sapientiae praecellit inter obiecta omnium virtutum intellectualium, considerat enim causam altissimam, quae deus est, ut dicitur in principio metaphys”. S. Theol. I-II q. 66, a. 5, c.
48 “sapientia non est qualiscumque scientia, sed scientia rerum
honorabilissimarum, id est divinarum, ac si ipsa habeat rationem capitis inter omnes scientias”. S.L. Ethic. 6, 6, n.1
Recordemos, según lo expresado, la perfección de cada virtud intelectual especulativa, para ver con mayor claridad la distin- ción de objetos y la jerarquía que se sigue a partir de éstos. Hemos dicho: el intelecto es un hábito que tiene por objeto el conocimiento de los primeros principios indemostrables que conoce inmediatamente (por eso mismo, lleva ese hábito el nombre de intellectus), y la ciencia, aquél por el que se perfec- ciona el entendimiento para llegar a verdades mediante otras verdades. La sabiduría, en cambio, juzga de todas las cosas, y no sólo en cuanto a las conclusiones, sino también en cuanto a los primeros principios. De ahí que tenga razón de virtud más per-
fecta que la ciencia50
.
Como la sabiduría es la suprema virtud especulativa, es lo máximamente intelectual, pues es ciencia de lo perfectísimo. Ahora bien, ser lo máximamente intelectual ocurre de tres mo- dos, que santo Tomás expone para afirmar la eminencia de la sabiduría en cuanto ciencia (es decir, en cuanto Metafísica o
Filosofía Primera).
Primero, a partir de la comparación entre el entendimiento y el sentido, ya que la sabiduría es la ciencia que conoce los principios máximamente universales, los cuales, en efecto, son el ente y las cosas que se siguen de él, y no lo singular como el sentido.
Segundo, por el mismo conocimiento del entendimiento, pues lo que es proporcionado al entendimiento es lo inteligible. Luego, la ciencia que se dedique a lo máximamente inteligible
será la más alta51
. Por eso, el Angélico afirma que el estudio de la sabiduría es el más perfecto, sublime, provechoso y alegre de
50 Ibid. q.57, a, 2, ad.1. 51 Cfr. In Metaph. Prooemium.
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todos los estudios humanos52
, pues es el que otorga mayor perfección al hombre, tanto por su operación, como por su ob- jeto.
Y, tercero, según el orden del entender, lo cual se refleja en la certeza, ya que la certeza tiene directa relación con lo inteligi-
ble53
. Pues, cuanto más inteligible es una cosa, tanta más certeza se posee. Y la certeza de la sabiduría deviene del conocimiento de las primeras causas que son lo máximamente inteligible per
se. Precisemos más este tercer punto.
El sabio se sabe en lo cierto por la presencia del objeto emi- nente que juzga o, dicho de otro modo, sabe que conoce verdaderamente por la luz particular que entrega el objeto de la
sabiduría, juzgando que sabe de verdad54
. Es importante advertir que no se es sabio simplemente por llegar a expresar una proposición como por ejemplo Dios existe o Dios es lo máxima-
mente perfecto. Lo que constituye a una proposición como juicio
sapiencial no es solo la materia de la que trata55
, sino que dicho juicio debe estar situado vitalmente en el sujeto por su certeza, es decir, por la presencia del objeto en el cognoscente.
52 “Inter omnia vero hominum studia sapientiae studium est perfectius,
sublimius, utilius et iucundius”. S.Contra Gentes. L.1, c. 2, n. 1
53 La distinción de los conocimientos intelectuales vía hábito especulativo es,
por un lado, el modo de ser concebidas por el entendimiento, pero también por el grado de certeza que hay en ellas, pues por estos hábitos intelectuales los objetos aparecen al entendimiento como ciertos para quien los juzga.
54 MOYA, P., El principio del conocimiento en Tomás de Aquino, ed. cit., p.
219.
55 La certeza y la dignidad de la materia es el criterio desde el cual santo
Tomás establece la dignidad de las ciencias: “entre las ciencias especulativas es una más digna que otra tanto por la dignidad de la materia que trata, como por su certeza”.
“Speculativarum enim scientiarum una altera dignior dicitur, tum propter certitudinem, tum propter dignitatem materiae”. S. Theol. I q. 1, a. 5, c.
Por eso, según el modo de certeza se distinguen primero los hábitos especulativos de ciencia e intellectus. La certeza del primero se adquiere por verdades que no son evidentes para nosotros, por más que lo sean en sí mismas. En efecto, la certeza viene dada por juzgar adecuadamente de la realidad, a partir de una verdad conocida y un discurso pleno por la perfección del hábito intelectual. Dice santo Tomás: “el hombre consigue el juicio cierto sobre la verdad por el discurso de la razón. Y de este modo la ciencia humana se consigue por la razón demostra-
tiva”56
.
Hemos señalado arriba que el hábito de ciencia permite esta- blecer demostrativamente las proposiciones que no son eviden- tes. Mientras que para el caso del intellectus, la certeza de éste viene dada por apoyo en principios más evidentes a partir de los cuales se deduzcan las proposiciones. Con todo, no habría capacidad deductiva ni conocimiento humano alguno si no existiesen los principios evidentes por sí mismos captados por el
intellectus y a partir de los cuales se elabora todo conocimiento
posterior. Esto es así pues, como decía Aristóteles, todo conoci-
miento se sostiene en uno preexistente57
. Pero sólo la sabiduría que es hábito es capaz de tener un conocimiento explícito de los mismos, ya que juzga sobre ellos, adquiriendo así una certeza mayor que la de la ciencia y del intellectus.
En definitiva, ser sabio no es una cualidad que pertenezca pri- meramente a la materia de la cual se juzga, sino más bien a la
cualidad del sujeto cognoscente que juzga de tales cosas58
. El
56 “Nam homo consequitur certum iudicium de veritate per discursum
rationis, et ideo scientia humana ex ratione demonstrativa acquiritur”. S.
Theol. II-II q. 9, a. 1, ad. 1.
57 Segundos Analíticos II, 19, 100b15.
58 Cfr. OLIVARES BOGESKOV, B., Sabiduría y perfección, (Tesis de grado de
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objeto de la sabiduría no se constituye sólo como un objeto de una facultad (en este caso la inteligencia), sino que se trata del objeto que es causa del acabamiento de toda la naturaleza humana, aquél donde el hombre alcanza plenitud de acuerdo a lo que le exige su mismo ser.
Ahora bien, es el objeto el que cuya posesión genera comple- tud, no el hábito intelectual. Por eso, aquí se da un problema que
advierte Canals. Éste explica que, si bien por las virtudes mora-
les el hombre se hace bueno, no lleva al Santo Doctor a afirmar la primacía de lo práctico sobre lo especulativo, ya que el bien del apetito está fuera de él, mientras que el del entendimiento especulativo está en él, el cual consiste en la contemplación de
la verdad. De modo que si la contemplación de la verdad fuese
perfecta, todo el hombre sería perfeccionado por esta operación
y, por tanto, por este hábito59
. Pero eso no ocurre en el estado de hombre viador.
Por otro lado, el fin último del hombre, que es Dios, sólo se alcanza por medio de una operación del entendimiento especula-
tivo, ya que es un fin extrínseco al hombre. Por eso, el Angélico
afirma que la bienaventuranza eterna consiste más en una opera-
ción del entendimiento especulativo que del práctico60
. De ma- nera que se podría sostener, sin temor a equivocarse, que la bienaventuranza eterna se parece más a la operación sapiencial que a cualquier otra realizada por el hombre en estado viador,
59 CANALS VIDAL, F., Sobre la esencia del conocimiento, ed. cit., p. 672.;
confróntese también en S. Theol. I-II q. 3, a. 5, ad. 2.
60 “Sed quia ultimus hominis finis est aliquod bonum extrinsecum, scilicet
deus, ad quem per operationem intellectus speculativi attingimus; ideo magis beatitudo hominis in operatione intellectus speculativi consistit, quam in operatione intellectus practici”. Ibid. ad.3.
pues ésta consiste en contemplar61
. Ahora bien, no se afirma aquí que la bienaventuranza sea precisamente el acto de sabidu- ría, sino más bien al revés, que ésta manifiesta una cierta partici-
pación de la bienaventuranza verdadera y perfecta62
.