2.3 Objective Reduction based Decision Support
2.3.1 Objective Reduction Approaches
El investigador, en este caso, se acerca a las personas que entrevista con empatía, y aunque aplique una cierta distancia analítica, en su afán de buscar la objetividad en su estudio, tiene ante sí una versión extrema de la situación de precariedad y de enorme carga de trabajo, tanto de investigación como de docencia. Y todo ello, por un exiguo sueldo, también precario y renovable cada año. Tanto que quisiera no dar crédito a lo que escucha, a lo que luego reflexiona y ordena, a lo que ha quedado constancia en el testimonio de “Gloria” (nombre supuesto). Y que luego comprueba con datos fehacientes.
Una situación que no es una excepción
Gloria es una mujer de unos cuarenta años, que es “Profesora Visitante a tiempo parcial” –y enseguida nos explicará en qué consiste eso– en una Facultad de Cien- cias Sociales, desde hace ya ocho años donde antes ha sido Profesora Titular inte- rina. Ha hecho su licenciatura en esa misma Facultad, que terminó a finales de los noventa del siglo pasado, para doctorarse, también en el mismo centro en 2007. En su formación y experiencia constan publicaciones en revistas de primer nivel, así como estancias de investigación en distintas universidades americanas. Por otra parte, se acreditó por la ANECA para Profesora Contratada Doctora en el año 2009.
Por sus publicaciones, unos sesenta artículos, indexados, junto con cuatro libros, algún proyecto de investigación y cuatro tesis doctorales en proceso de preparación bajo su dirección, no teme a la evaluación y comparación: cada día más difícil por la cantidad de aspirantes, de buen nivel que pueden existir, dada la escasez de plazas que se convocan.
“La ANECA surge yo creo que con un objetivo positivo, que es el decir evaluar a todos por los mismos baremos y establecer como unas normas. (…) Pero luego tam- bién influye la ANECA a pesar de los baremos, también hay casos a veces que la objetividad brilla por su ausencia, te puede pasar que en la carrera académica, a veces pasa que tú, claro, tú no sabes quién te evalúa pero el evaluador sí sabe a quién está evaluando porque está viendo tus artículos, tus ponencias (…) y a lo mejor pues coincide que tú trabajas con gente con la cual él no tiene una buena rela- ción o no tiene un buen feeling o simplemente no cree en el proyecto de investigador de ese grupo con el que tú trabajas. Pero aun así a pesar de eso, a pesar de eso creo que la ANECA es más objetiva que otras cosas (…) intenta poner un poco de orden en la cuestión académica”.
Pero solo con lo dicho, ¿qué ofrece la Universidad a esta persona?
Así nos lo narra ella misma: “Yo soy profesora visitante a tiempo parcial. Y anterior- mente he sido profesora titular interina. (…) Bueno, la figura de profesor visitante se supone que salió en su día para traer gente de otras universidades que venían a hacer aquí una estancia, de 1 año o 2, pero tenían contratos en otras universidades. Actualmente se utiliza de forma digamos precaria, es decir, para contratar a gente de la casa, porque claro, nosotros no visitamos la Complutense y nos contratan a tiempo parcial que son las mismas condiciones que un titular interino, laboral- mente quiero decir, que si no recuerdo mal son 18 créditos de docencia, cotizamos al 32% como los interinos”, pero con algunos derechos menores y también menor retribución. Su salario mensual es, bruto, unos 1.100 euros, y cobra un mes con otro unos 800 o 900 euros. Y este contrato, en teoría, se renueva anualmente.
La carga lectiva a que le obliga el contrato es de 18 créditos anuales. Ahora bien, la situación de precariedad lleva a situaciones que –como nos narra– el año pasado la carga lectiva aumentara a 26 créditos: “por un problema que surgió, unas asigna-
turas que se adjudicaron al departamento, de un máster nuevo; y también, quiero decir, que tampoco te vas a negar, porque tu plaza, esas plazas, se renuevan anual- mente (…); entonces, lógicamente lo que intentas es cumplir al máximo con tus obligaciones docentes, y, ¡vamos, quedar bien, lógicamente…”.
La carga de trabajo total
Una parte más explicativa de la verdadera carga de trabajo la hallamos al pregun- tarle por las asignaturas que ha impartido e imparte en la actualidad: un total de 8 asignaturas distintas, y que en ocasiones se le han anunciado en el mes de mayo, cuando se establece la planificación para el curso siguiente. Y pueden ser tan nove- dosas, para ella, que haya de prepararlas ex novo, durante el verano. Lo que supone incluir en su tiempo de trabajo las vacaciones de verano: “¡Claro! Y más porque hay veces que te tocan como te digo de cosas que no son de tu especialidad con lo cual tienes que empezar ¡desde cero! Como si fueras un alumno, entonces te tienes que empezar a buscar la vida para ver cómo armas, primero un programa, un programa que sea atractivo para el alumno y que tú lo puedas abordar; y ponerte a estudiar ¡claro! Ponerte a estudiar (…), empleas los meses de verano para prepararte la asig- natura para el curso siguiente lógicamente”.
En tiempo teórico de vacaciones, “aprovechas, vamos a ver, depende cómo tengas distribuido la docencia tienes más tiempo durante el curso para escribir y hacer otro tipo de actividades complementarias a la docente ¿no? Pero si a veces estás muy saturado, pues hay cuatrimestres cuando tienes mucha docencia concentrada en ese cuatrimestre, que prácticamente solo te da tiempo a leerte las prácticas que hacen tus alumnos todas las semanas, a prepararte las clases e ir a algún congreso alguna cosa que te escapas. Entonces en verano lo que procuras principalmente es escribir, escribir porque lógicamente para seguir mejorando tu currículum tienes que tener digamos como se dice vulgarmente ‘todos los cajones rellenos’, no solo puedes ser muy buen investigador o no puedes ser muy bueno en docencia. (…) Yo procuro tomarme equis días de vacaciones irme a hacer algo distinto, pero sí aprovecho esos meses para… bueno no sería la primera vez que pues eso, me he ido a Estados Unidos o me he ido a tal y he aprovechado esos meses que no había docencia para aprove- charlos en cuestiones que a lo mejor durante el curso no las puedes hacer”.
Cuando le preguntamos por su “jornada laboral”, Gloria tiene claro que el asunto es complejo, y, como hacemos en este estudio, recoge todos los trabajos que recuerda, y todos los lugares en los que los lleva a cabo: para empezar, “vamos a ver, prin- cipalmente cuando tienes docencia estás aquí y cumples evidentemente las horas de tutoría y todos los días, todos los días, dedicas una buena parte de tu tiempo a contestar dudas etc., y cuestiones o corrección de alumnos que te van mandando avances de sus trabajos etc., simplemente es una buena parte del día se te va en contestar esos correos. Otra parte del día se te va, pues si has preparado algún curso de formación continua, etc., a cuestiones de gestión. Yo además soy secretaria de una revista, con lo cual también se me va una parte del día en recibir artículos, mandarlos, buscar evaluadores para, para que evalúen esos artículos, una vez que los evalúan ponerme en comunicación con los autores, hacer las recomendaciones
que les pidan [etc.] Y luego, evidentemente, preparas clases, corriges trabajos que vas todas las semanas corrigiendo y además aprovechas para escribir como te digo, y para investigar para, digamos para ti, para seguir aumentando”.
Esto que describe Gloria no es más que una pequeña parte, aunque parezca mucho. Le preguntamos por el trabajo en casa, y nos dice que, en la Facultad hace lo dicho antes: clases, atender a los alumnos… Pero el trabajo más duro prefiere hacerlo en casa. “Prefiero trabajar en casa porque si vienes aquí al final te llama uno, te llama otro, y al final no te centras y te cunde mucho menos. Llega un momento que dices: si me quedo en casa como no me van a localizar, salvo que te llamen al móvil, pues aprovecho es decir abarco, o sea te cunde, a mí por ejemplo me cunde más”. En labo- res de investigación. Con un pequeño despacho habilitado. Hasta el punto de que acepta que eso es lo que mejor le arregla. Y nos indica un ejemplo concreto: “ahora tengo clases los martes, miércoles y jueves. [Bueno] este lunes he venido porque tenía consejo del departamento, el lunes que viene tengo que sustituir a una compa- ñera en un examen, pero si no tengo nada puntual que hacer el lunes como, es decir como no tengo clases si no tengo nada puntual, procuro no venir [a la Facultad]”. Trabajando en casa en jornadas que pueden ir desde las 11 de la mañana a la 1 de la noche. Y más aún: recordando el clásico libro de Melissa Gregg, Work’s intimacy nos dice que: “Sí, no es decir que todos los lunes [sea así] no, pero sí, después de cenar, aunque sea para hacer cosas que te van quedando pendientes, me pongo el ordena- dor encima de las piernas y mientras que veo alguna serie intento, pues eso, sobre todo los retales que te van quedando a lo largo del día, que dices ‘luego lo hago, luego lo hago’ y entonces aprovechas. Pero sí, sí, y sobre todo cuando tienes que pre- parar a lo mejor una ponencia con una fecha y estás hasta arriba de exámenes o de correcciones de prácticas más las clases y todo, tienes que aprovechar los momen- tos, porque no llegas ¡no llegas! Y es así, o sea yo este año, ahora mismo ya tengo programados o aceptados: Salamanca, Austria, Turquía…, 4 congresos, y presento 5 ponencias en los 4 congresos, que son los primeros 6 meses, con lo cual ahora estos 6 meses tengo que entregar 5 ponencias. Entonces… y no siempre hablas de lo mismo, de los mismos temas, y entonces pues eso te conlleva, claro, te conlleva un trabajo y…, pues eso, en estos 3 años me parece que hemos sacado 4 libros”.
En casa, la vida privada, el ocio
Gloria vive con sus padres pues el menguado sueldo que recibe y la precariedad de su estatuto laboral, por llamarlo de algún modo, no le permiten independizarse. Y, preguntada por ello, lo vincula de inmediato a esa carrera que se ve obligada a emprender para poder mantenerse en la Universidad, y aspirar a un puesto estable. Así lo dice ella misma: “No, o sea sí, te lo planteas, pero cuando empiezas a ser rea- lista y echar números, empiezas a echar cuentas y dices es que voy a vivir todos los meses con 300 euros o 200 depende. Entonces dices: ‘Si el propio círculo de, a veces perverso de… que nos hemos metido de tener que estar acreditados y te exigen estancias en el extranjero o congresos en el extranjero etc., eso te supone un gasto que evidentemente no todo el mundo puede abordar’. Y muchos compañeros pues están metidos en hipotecas, hijos, etc., y te dicen ‘No puedo ir’”.
Y, por supuesto, los proyectos personales, o de vida también se ven afectados, pospuestos. Gloria habla de sí misma, pero varias veces en la conversación, se referirá a colegas y amigos que se han visto más afectados que ella misma.
“Claro que pospones, claro que pospones porque no puedes planificar porque no sabes lo qué vas a hacer, si al año siguiente vas a…, en principio piensas, no va a haber problema para renovar [el contrato] pero nunca se sabe, entonces, como tú no tienes algo digamos fijo ni estable ni nada. ¿Qué proyecto?, o sea los proyectos de vida te limita mucho, tú no puedes planificar ¿qué vas a planificar? Eh… bueno hay compañeros míos que yo les admiro ¿no? Dicen: ‘Planifico tener hijos’, o sea y planifican y han tenido hijos, con estas situaciones. Pero yo, en ese caso soy más racional, a veces menos visceral. ¿Y cómo voy a tener? O sea, me voy a meter yo por ejemplo digo, voy a tener un hijo o voy a comprarme un piso ¡si no sé si el año que viene voy a tener trabajo! Ni qué voy a hacer, entonces dices me parece… o sea me parecería injusto hacer planificaciones que conlleven la implicación de otras perso- nas, cuando tú tu vida tampoco la tienes muy clara, o sea no la tienes muy clara y entonces…. Sí claro, te condiciona”.
Y, también los proyectos de pareja, son más complicadas en una situación de incer- tidumbre y precariedad:
“Sí son bastante, son mucho, más complicados. Lo primero porque si se dedica a lo mismo te entiende, si no se dedica a lo mismo te entiende hasta un momento pero luego ya llega un momento que no te entiende. Yo he tenido compañeros que esta- ban haciendo las tesis doctorales conmigo, que son y han estado trabajando aquí durante años, bastantes años gratis y tal y su pareja llega un momento que ha dicho ‘Mira, por ahí no, no vas a ningún lado porque no podemos hacer proyectos juntos, porque no sabemos lo que tú vas a hacer, pues eso, dentro de 8 meses’”.
En el ocio Gloria mantiene actividades de relación, con amigos y familiares que cuida mucho. Y también haciendo algo de deporte. Como ella dice “procuro tener una vida paralela a esto, porque si no te llegará ya un momento que te absorberá…”. Y lo que si mantiene viva es la esperanza, en relación con su trabajo y su posible consolidación, hacia el futuro, no lejano. Y se basa en las negociaciones y avances que el nuevo plan de estabilización de la UCM, “con negociaciones largas y duras” ofrezcan un porvenir un poco más claro. Que una de esas posibles 10 plazas, de las que se habla para categorías como la suya, la consiga para sí.
De la soledad a sentirse parte de un colectivo
En marzo de 2016, cuando redactamos este texto, la negociación y disputa por ese nuevo plan de la UCM, nos llega a través de la información que han difundido los actores sociales, los sindicatos y la Plataforma de Profesorado no Permanente. En su resultado confía Gloria, y tantas y tantos otros profesores y profesoras en preca- rio en la Universidad.
Gloria nos contaba al comenzar nuestra entrevista, con un detalle bastante pormeno- rizado lo mucho que tardó, cinco años desde su entrada en la Universidad, en saber
de la existencia de compañeros y compañeras organizados para defender, juntos, unas condiciones de estabilidad decentes. Se enteró por otro compañero de su propio departamento. Y así, nos dice, se sintió arropada. Se sintió miembro de un grupo. “Claro, te mueves, te mueves pues en tu centro, con tu departamento, das tus clases, investigas, publicas, vas a congresos, estancias en el extranjero, etc., con tu esfuerzo y con tus cosas, y la verdad que tampoco te queda mucho tiempo para saber más, tampoco nadie te dice tal cosa o tal esto, y es cierto que en un principio la existencia de la Plataforma era más desconocida para una gran parte del profesorado, ahora lleva ya tiempo que, bueno, pues hace acciones o manda correos, entonces más pro- fesores la conocen. Pero yo creo que aun así hay mucha parte del profesorado que todavía desconoce que existen estos problemas, ¡vamos!, compañeros que son titu- lares o catedráticos que realmente no son conscientes de que en sus departamentos hay gente que le cuesta llegar a final de mes o que se encuentra en una situación de cotización del 32%, es decir una situación de precariedad importante”.
Y, por cierto, añadimos nosotros: este parece ser, en el curso de nuestra investiga- ción de campo, uno de los problemas principales por los que la Universidad no pone en primer plano este precariado dentro de casa. Como lo destacó hace tantos años Alvin Gouldner.
Gloria lo recuerda de nuevo: “Hay muchos compañeros que todavía son inconscien- tes de ello (…). Hay compañeros que, o sea por ejemplo en mi departamento no, porque ya me conocen porque son muchos años, pero tú le dices a alguien, a compa- ñeros con los cuales tienes una excelente relación ‘No, es que nosotros cotizamos al 32%’ y te dicen ‘¿Y cómo es eso?’, O sea ¡porque no saben! Saben que somos interinos que cobramos, o que somos visitantes o que somos asociados que cobramos mucho menos, pero no se imaginan que eso conlleva no solo cobrar mucho menos si no que tiene también otras condiciones laborales que son también de este sistema, y cuando se enteran dicen ‘Pues claro, os están explotando, que tal, que no es justo’ pero…, no mueven un dedo para acabar con ello, terminamos nosotros. Una parte del problema está dentro de la Universidad. No solo fuera, no solo este infierno que vamos descubriendo ‘son los otros’”.