6.1 Input parameters for simulations
6.1.3 Occupancy schedules
Durante el siglo XVIII todo llega de Francia: el nuevo rey Borbón, el pensamiento de la Ilustración, los gustos literarios, las modas y tendencias, etc. Todo ello favoreció la entrada de numerosos galicismos: detalle, bufete, favorito, interesante, hotel, pantalón,
secreter, batirse, corsé, equipaje, etc.
El Siglo de las Luces fue también un momento decisivo en el desarrollo de las ciencias, por lo que se incorporaron al español numerosos neologismos: mecánica, mecanismo,
hidrostática, hidrometría, termómetro, barómetro, neumático, electricidad, aerostático, microscopio, telescopio, mucosa, inoculación retina, papila, vacuna, etc. Además de las
ciencias, las nuevas ideas políticas introducen también nuevas palabras como patriótico,
9.2. El siglo XIX
1. Literatura del siglo XIX 2. La lengua
Históricamente el siglo XIX está caracterizado por el constante enfrentamiento entre dos posiciones: una liberal y otra conservadora. Estos dos posicionamientos ideológicos ya habían aparecido a finales del siglo anterior en la sociedad española, pero es durante el XIX cuando las diferencias se transforman en enfrentamientos bélicos, guerras civiles, sin solución hasta la de 1936.
Durante el reinado de Carlos III (1759-1788) se fraguó uno de los elementos más cruciales de estos enfrentamientos: el recorte del poder de la Iglesia y de la nobleza. La Iglesia era un freno para la modernización de España y Carlos III actuó de manera drástica contra ella. La Iglesia perdió el control de la enseñanza en universidades y colegios mayores; perdió también la capacidad de censurar y criminalizar la cultura (La Inquisición fue sometida al control del gobierno), y, más importante, las riquezas de la Iglesia fueron sometidas a impuestos, se expropiaron algunas de sus tierras y otras fueron vendidas. Lo mismo le ocurrió, aunque sólo en lo referente a la tierra, a la nobleza y grandes hacendados. En la práctica, Iglesia y nobleza siguieron siendo los estamentos más poderosos de la sociedad española, pero el miedo a posibles cambios drásticos les hizo tomar posiciones beligerantes en defensa de sus intereses. El miedo propio se convirtió en discursos y sermones cargados de imágenes infernales, revolucionarias y amorales que cautivaron a muchos adeptos entre las clases bajas del país (la gran mayoría de la población). En el bando que defendía la innovación y la modernidad quedaron los intelectuales y la burguesía. Los dos grupos (1. Iglesia, clase alta y clases bajas, 2. Intelectuales, burguesía urbana y obreros industriales) se enfrentarían por última vez en 1936.
El siglo comienza con la llamada Guerra de la Independencia (1808-1814) y termina con el desastre de 1898 (pérdida de las últimas colonias). Durante el resto del siglo se producen 200 pronunciamientos militares (golpes de Estado) que dieron lugar a derrocamientos de gobiernos, destronamiento de reyes y guerras civiles (3). En esta frenética actividad desestabilizadora participan tanto los conservadores como los liberales.
Para completar la imagen conflictiva de este siglo, debemos recordar que durante estos cien años España pierde todas sus colonias (la mayoría en torno al 1820; el resto, en 1898) y también que las diferencias regionales anuladas durante el siglo anterior surgen ahora como movimientos nacionalistas arropados por los nuevos significados que adquieren conceptos políticos como historia, cultura, nación, legitimación, pueblo, etc.
Los autores literarios y científicos tuvieron una relación importante con los avatares políticos del XIX. Algunos (como el Duque de Rivas, Ángel Saavedra o Francisco Martínez de la Rosa) desempeñaron cargos públicos, otros se vieron obligados a exiliarse según cambiaban las preferencias ideológicas de los gobiernos de turno. Este exilio, no obstante, resultó beneficioso para las letras y las ciencias españolas ya que a su vuelta, los exiliados traían de Europa las nuevas ideas, las nuevas corrientes literarias y los nuevos avances de la ciencia.
9.2. El siglo XIX
9.2.1. Literatura del siglo XIX 1. Romanticismo
2. Realismo 3. La prensa
Dos son las corrientes literarias que podemos destacar de este siglo: Romanticismo, en la primera mitad del siglo, y Realismo, en la segunda. Cronológicamente, coinciden éstas con dos corrientes de pensamiento: idealismo y positivismo.
Para el idealismo, la realidad es una consecuencia de la actividad del sujeto, mientras que para el positivismo la realidad es independiente del sujeto cognoscente.
9.2. El siglo XIX
9.2.1. Literatura del siglo XIX 9.2.1.1. Romanticismo
El Romanticismo, ligado al pensamiento idealista, se desarrolló en España durante la primera mitad del siglo. Sus principales características son: individualismo (el arte y la literatura son expresión del yo, de sus sentimientos y sensaciones), - irracionalismo, opuesto al racionalismo del siglo anterior, el Romanticismo valora lo que no sea racional, como los sueños, las fantasías y las emociones, - idealismo, búsqueda de ideales, inalcanzables en su mayoría, tanto en el amor como en la vida; esta posición conduce automáticamente al choque con la realidad y,
consecuentemente, al desengaño,
- particularismo, por oposición a lo universal, lo general -lo común a todos- de la Ilustración, los románticos valoran lo distintivo, lo particular, lo diferenciador, no sólo del individuo, sino también de cada región, de cada país, con su cultura, sus
costumbres y su lengua particular,
- exotismo el individuo insatisfecho con la realidad circundante huye en el tiempo, Edad Media, y en el espacio, Oriente y América.
Estas características pueden observarse en todos los géneros literarios, pero es en la poesía donde más claramente se manifiestan la exaltación del yo, el intimismo y el desbordamiento afectivo característicos del Romanticismo. De entre los poetas podemos recordar a Bécquer, Rosalía de Castro y Espronceda.
La lengua utilizada por los románticos se aparta del gusto por la claridad y elegancia versallesca del neoclasicismo anterior y abraza el apasionamiento y la vehemencia. Para poder crear o recrear pasión, sentimientos y emociones con sus palabras el poeta, Espronceda por ejemplo, recurre a las posibilidades connotativas de determinados campos semánticos como son los del dolor, la insatisfacción, el temor, la muerte, el amor, etc. Así encontraremos sustantivos como : frenesí, arrebato, afán, quimera, ilusión,
delirio, sombra, agonía, melancolía, tumba, devaneo; adjetivos como:misterioso, sombrío, ilusorio, lánguido, horrendo, tétrico, mágico; y asociaciones del tipo epíteto+sustantivo
como:lúgubre viento, temerosas voces, súbito rumor, lóbrega noche, melancólica mirada,
impenetrable misterio, pavorosos fantasmas, aborrecible tormento, fétido fango, moribunda lámpara, pálida luna, densas tinieblas, etc. Como puede verse en los
ejemplos anteriores, otro de los recursos es el uso abundante de palabras esdrújulas por tener éstas una mayor sonoridad: bóvedas lóbregas, flamígeros relámpagos,
estrépitos horrísonos, etc.
Otro recurso romántico para conseguir esta sonoridad es la aliteración: figura retórica en la que se repite un mismo sonido al inicio de las palabras: "el ruido con que rueda la ronca tempestad" (Zorrilla, dramaturgo romántico).
Otros dos tipos de léxico son frecuentes en los textos románticos: 1) arcaísmos (acá y
acullá, a la sazón, a tiro de ballesta, etc.) con los que intenta reflejar de manera
las que huye porque el presente no le satisface; y 2) localismos (como los utilizados por Estébanez Calderón en Escenas andaluzas, 1847) y vulgarismos (mollera, jorobar,
endilgar). Con localismos y vulgarismos el escritor romántico busca presentar la
particularidad, la individualidad diferenciadora del habla de personas y regiones.
Naturalmente, este léxico efectista y particular se encuentra dentro de construcciones rebuscadas, antítesis violentas, metáforas, hipérbaton, hipérboles y comparaciones sorprendentes decoradas, todas ellas, con un profuso uso de signos de interrogación y exclamación.
El casarse pronto y mal, Mariano José de Larra (1809-1837)
¡Qué movimiento en él! ¡Qué actividad! ¡Qué heroísmo! ¡Qué amabilidad! ¡Qué adivinar los pensamientos y prevenir los deseos! ¡Qué no permitir que ella trabaje en labores groseras!
Localismo: Elemento léxico o gramatical de uso limitado a una determinada zona: vos te
acostáis (Maracaibo, Venezuela) / vos te acostás (Buenos Aires, Argentina); pajita / pitillo / pajilla / paja / absorbente / cañita / popote / carrizo / sorbeto / calimete (nombre que recibe,en diversas partes del mundo hispanohablante, el tubo que se utiliza para sorber líquidos).
Hipérbole: Figura retórica que consiste en la exageración excesiva, por aumento o disminución,
de una verdad o realidad: Ojos escaldados de llanto. Hiela hasta los tuétanos. Devoré el libro. Las diluviales lágrimas reflejaban su infinita tristeza.
9.2. El siglo XIX
9.2.1. Literatura del siglo XIX 9.2.1.2. Realismo
Para el positivismo, ideología dominante durante la segunda mitad del siglo, la experiencia y los hechos observables son el punto de partida del conocimiento; esto derivará en un importante desarrollo de las ciencias en general y de las experimentales en particular. Contemporáneo del positivismo, en literatura, el Realismo reproduce la realidad de forma exacta por medio de la observación como si de una ciencia experimental se tratase: los escritores se documentan sobre el terreno sobre personajes, ambientes, paisajes y costumbres. Esta descripción minuciosa de la realidad le sirve el autor para hacer su crítica social: la realidad se ha degradado y se ha de volver a los valores tradicionales (autores conservadores); las lacras sociales observables en la realidad se deben a la permanencia de valores conservadores que impiden el progreso y el desarrollo (autores progresistas).
Escritores conservadores y tradicionalistas (sociedad rural) José María de Pereda (1833-1906) describe la "realidad" del mundo rural "idealizándolo": el mundo rural es un compendio de virtudes amenazadas por la corrupción de la vida moderna, (Pepita Jiménez, Juanita la Larga). Armando Palacio Valdés (1853-1937) presenta el mundo minero asturiano (La aldea
perdida, Escenas montañesas) que ha sido pervertido por el progreso moderno, y añora
el regreso a la idílica vida campesina de antaño.
Escritores progresistas (sociedad urbana)
Benito Pérez Galdós (1843-1920) mantiene una postura crítica y de denuncia ante la intolerancia, el fanatismo y la hipocresía de la sociedad (Fortunata y Jacinta, Episodios
nacionales).
Leopoldo Alas "Clarín" (1852-1901) la ciudad española encerrada en tradiciones fósiles (La Regenta).
Sobriedad, sencillez y verismo son las características principales del lenguaje de los escritores. Cuando hablamos de "verismo" en el lengua, nos referimos a la intención de estos escritores de mostrar los diferentes niveles de la lengua, tanto los cultos como los populares. En Fortunata y Jacinta, Galdós recurre a esta mezcla de registros para así retratar de manera más realista a sus personajes. Esta sencillez no les impide utilizar todo el nuevo vocabulario que se ha incorporado al español y que ellos necesitan en la descripción de la realidad: del lenguaje político (terrorismo, reaccionario, proletariado,
comunismo), del social (clase social, cuerpo social); del técnico (fotografía, teléfono, kilómetro). Utiliza también tecnicismos procedentes del latín o el griego (accésit, mito, acrópolis); galicismos (consola, cuestión, lote, bobina, acordeón), anglicismos
(snob/esnob, yate, tranvía, túnel). Algunos de los vocablos tienen forma vieja pero significado nuevo: huelga pasa de significar "jadeo ⇒ descanso tras el jadeo ⇒ descanso" a significar "inactividad laboral como forma de reivindicación"; progreso pasa de significar "avance, continuación" a "desarrollo continuo y general de la civilización, la cultura y el ser humano".
La tribuna, Emilia Pardo Bazán (1951-1921) En abono de La tribuna quiero añadir que los maestros Galdós y Pereda abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué. . Estas formas populares que utilizan los realistas nos dan una idea de las particularidades del español en la diversas regiones españolas. Pardo Bazán en sus cuentos saca a la luz el español dialectal característico de Galicia, como Pereda en sus novelas presenta el español de Cantabria.
9.2. El siglo XIX
9.2.1. Literatura del siglo XIX 9.2.1.3. La prensa
Durante el siglo XVIII se sientan las bases de la prensa como medio de difusión de ideas y conocimientos. Pero es durante el XIX cuando la prensa adquiere la importancia que pueden tener en el XX la radio y la televisión o para nosotros en el XXI, internet. Su influencia, difusión, contenido y objetivos van cambiando a lo largo del siglo dependiendo de los factores políticos, culturales o sociales de cada momento.
Podemos preguntarnos hasta qué punto se difundían las ideas escritas en un país que en 1803 sólo tenía un 5,96% de población alfabetizada, pero debemos recordar que ya en la Edad Media los que sabía leer difundían oralmente las noticias (gestas) de lo que ocurría en el reino. Esa tradición continúa durante el XVIII y XIX, reduciéndose paulatinamente según va aumentando la alfabetización (en 1900, un 33,45% lo estaba). Pregoneros, ciegos y juglares realizan durante el XIX la importantísima función de adaptar al lenguaje popular, para facilitar su comprensión, las noticias políticas, científicas y literarias de su época. No obstante el alto grado de analfabetismo que hay en España durante este siglo, este tipo de publicaciones que denominamos “prensa” tiene una gran aceptación y demanda. Sólo entre los años 1868 y 1875 aparecen en España casi 600 periódicos.
Dentro de este siglo -como decíamos al principio del capítulo- el país sufre guerras con el exterior, guerras civiles, revoluciones, restauraciones, exilios, incontables golpes de Estado, duelos a muerte entre aspirantes al trono, asesinatos de políticos, etc. Pero también llegan nuevas ideas, se traducen libros de ciencias y de letras, se desarrolla la industria minera, la metalúrgica, la vinícola, etc.; llega el ferrocarril y se construyen nuevas carreteras que permiten cambios en la estructura económica y productiva; aparecen los partidos políticos, nuevas ideologías, se crean los sindicatos obreros, ... Todo aparece en la prensa: traducciones de poemas franceses y de textos científicos ingleses, manifiestos contra la política del gobierno y recomendaciones sobre las nuevas modas en el vestir de las mujeres. Toda la vida política, cultural y social está en la prensa.
Escritos políticos, Jaime Balmes (1810-1848)
Por la prensa insinúa un monarca sus voluntades, por la prensa se avisan los conspiradores, por la prensa se hacen los partidos sus declaraciones de guerra, su señal de rompimiento de hostilidades, sus treguas, sus reconciliaciones, sus alianzas; por la prensa se vindica la inocencia o desmiente sin rubor el crimen desvergonzado; a la prensa acuden las doctrinas disolventes y las conservadoras, las venenosas y las saludables; de la prensa salen las lecciones desesperantes y las palabras consoladoras;
de la prensa brotan el amor y el odio, la paz y la guerra, la luz y las tinieblas, la verdad y el error, el bien y el mal.
Para la evolución de la lengua el rol de la prensa durante el siglo XIX fue decisivo. La prensa no sólo difunde nuevas ideas y nuevos conocimientos, difunde también nuevas palabras que, procedentes de lenguas extranjeras, reflejan las innovaciones literarias, políticas, científicas, técnicas, consumistas, etc. de la época. Estos extranjerismos, o neologismos, paulatinamente se irán integrando en el vocabulario activo (o pasivo) de los hispanohablantes porque los textos de prensa, a diferencia de los textos literarios, tienden a repetirse en estructura y vocabulario por lo que también tienen la función de información de "otra lengua" entre la culta y la popular, una lengua al alcance de todos. La prensa es el lugar de encuentro de todos los estamentos sociales del XIX. Todos los políticos, antes o después de su llegada al poder, escriben en la prensa nacional, o son propietarios de una publicación periódica; todos los literatos escriben en la prensa nacional, o son fundadores, editores y redactores de alguna publicación.
De todos los que dejaron sus palabras en las páginas de la prensa del siglo XIX hemos de destacar a Larra.
Mariano José de Larra (1809-1837) escribió una novela, también un drama, algunos poemas y más de 200 artículos periodísticos. Es en éstos donde quedan reflejadas sus ideas sobre la política, la sociedad, las costumbres y la lengua españolas.
En sus artículos critica la organización del estado, defiende las ideas liberales, ataca las conservadoras; se burla de la sociedad y de la idiotez de algunas costumbres y critica también el uso incorrecto que se le da a la lengua, etc. El tema común a todos ellos podría ser "Los males de España".
Títulos de algunos de sus artículos. Política y sociedad: En este país, El
castellano viejo, El día de difuntos de 1836, Vuelva usted mañana, Lo que no se puede decir no se debe decir, Nadie pase sin hablar al portero, etc.
Lengua: Por ahora, Cuasi, Las palabras, etc.
Con esta crítica, satírica , mordaz, incisiva y tajante, Larra no reniega de España, su cultura y su lengua, sino que expresa la enorme frustración de un idealista romántico que sueña con una política más democrática, una sociedad más civilizada y una lengua que sirva para alcanzar los objetivos anteriores así como para el desarrollo de la persona como ser colectivo e individual. Larra se suicidó a los 27 años.
Obras completas de Fígaro, Mariano José de (1809-1837)
(Larra no tiene inconveniente en incorporar al español todo el vocabulario que sea necesario independiente del origen de la palabra.) El que la voz album no sea castellana es para nosotros, que ni somos ni queremos ser puristas, objeción de poquísima importancia; en ninguna parte hemos encontrado todavía el pacto que ha hecho el hombre con la divinidad ni con la naturaleza de usar de tal o cual combinación de sílabas para explicarse; desde el momento en que por mutuo acuerdo una
palabra se entiende, ya es buena; desde el momento que una lengua es buena para hacerse entender en ella, cumple con su objeto, y mejor será indudablemente aquella cuya elasticidad le permita dar entrada a mayor número de palabras exóticas, porque estará segura de no carecer jamás de las voces que necesite: cuando no las tenga por sí, las traerá de fuera.
La guerra de la Independencia con Francia, 1808; las guerras de independencia de las colonias española, 1820; y la guerra contra EE.UU, 1898.
Mencionemos un ejemplo simple: previo a la llegada de las nuevas vías de comunicación y comercio, la producción agrícola tenía mercados locales. La posibilidad de llevar rápidamente de una parte a otra del país los productos del campo hizo que su número se incrementase o que aumentase la cantidad producida; por ejemplo la fruta empezó a cultivarse de manera intensiva ya que ahora podía ser llevada a mercados lejanos sin que se estropease.
Durante la primera mitad del siglo, la prensa está íntimamente ligada a la vida política nacional: unos la utilizarán para conseguir el poder, otros, para conservarlo. Este rol activo en la política le causó también ser sujeto pasivo de atentados, quema de imprentas y asesinato de redactores. Locuciones como tener lugar un hecho; imprimirle una dirección a un asunto, la palpitante actualidad de una noticia; o palabras como estereotipo, filántropo, excéntrico, revancha pasan a formar parte del lenguaje común por su constante uso en la prensa.
Cánovas, Castelar, Ríos Rosas, Sagasta, González Bravo, etc.
9.2. El siglo XIX 9.2.2. La lengua
1. El español y las otras lenguas del Estado 2. Evolución de la lengua
9.2. El siglo XIX 9.2.2. La lengua
9.2.2.1. El español y las otras lenguas del Estado
Durante el XIX se continúa con la política de centralización y unificación lingüística del Estado iniciada por los borbones durante el siglo anterior. Se rechaza la diversidad lingüística ya que se considera que ésta obstaculizaría la difusión del conocimiento y el progreso. Desde principios del XVIII en la Península y desde 1770 en las colonias, queda establecido que sea el español la única lengua que se utilice en la enseñanza y en la administración. Las diversas constituciones que se promulgaron a lo largo del siglo XIX hacen caso omiso de la realidad multilingüística del mundo hispano dando ya por