3.3 Interventions towards overheating
3.3.7 Occupant behaviour
Son dos siglos de crisis. Largas épocas de sequía que provocaron hambruna en toda la Península y un aumento de la mortalidad. En 1348 llegó la peste negra, que afectó principalmente a los territorios catalanes del reino de Aragón, donde murió el 50% de la población.
La crisis demográfica originada ocasionó que muchas tierras de cultivo quedasen abandonadas; la producción quedo reducida y esto provocó un aumento de los precios.
Tanto en los reinos de Castilla como en el de Aragón, estas crisis fueron también políticas. Ambos tronos tienen varios aspirantes que se enfrentan entre sí para alcanzar el poder. En algunos casos el nuevo rey ha tenido que hacer concesiones excesivas a la nobleza con el deterioro que ello significa para la monarquía. En otros, los enfrentamientos han causado guerras civiles y éstas, a su vez, la muerte y la miseria consecuentes.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 1. División territorial de los reinos cristianos 2. Lenguas romances peninsulares
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos
1. Reino de León 2. Castilla
3. Reino de Navarra 4. Reino de Aragón 5. Condados Catalanes
Durante estos dos siglos, los territorios de los reinos cristianos -al igual que el territorio musulmán del sur- sufren constantes transformaciones debidas unas al incremento de territorio por conquista, otras por integración de un territorio en otro, o por desaparición de una unidad territorial por haber sido integrada en otra. (Véase Mapa 1). No obstante, podemos delimitar -conscientes de la simplificación que ello significa- los siguientes territorios cristianos: Reino de León, Castilla, Reino de Navarra, Reino de Aragón y Condados Catalanes.
En el apartado 7.3.2. veremos que esta división territorial no coincide exactamente con las fronteras lingüísticas; no obstante, las fronteras territoriales y las capitales como centros de cultura de estos reinos tuvieron una fuerza unificadora política, social y lingüística tal que, al menos durante estos dos siglos en cuestión, las fronteras territoriales y las lingüísticas no se encontraban muy distanciadas.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos 7.3.1.1. Reino de León
Tiene su origen en la zona montañosa de Asturias. Durante los siglos VIII y IX amplia tu territorio hacia el sur aprovechando que los bereberes que ocupaban estas tierras se encuentran en guerra civil con los árabes del centro y sur.
Su territorio abarcaba las actuales Galicia, Asturias, Cantabria y norte de Castilla y León. Inicialmente Castilla era sólo un condado de León. En el siglo X se independiza Castilla y posteriormente se anexiona (s. XI) el reino de León. (Véase Mapa 1)
En la parte oeste del reino (Galicia) se hablaba gallego y en el resto del territorio, leonés (o asturiano-leonés).
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos 7.3.1.2. Castilla
En sus orígenes era un condado dependiente de León. Posteriormente lo fue también de Navarra hasta su independencia en el s. X. En el XI se anexiona el reino de León y los territorios en el oeste del reino de Navarra (La Rioja, y los territorios vascoparlantes de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa). Estaba ubicado en la zona de Amaya y coincidía con los territorios de confluencia de las actuales provincias de Palencia, Burgos y la comunidad de Cantabria.
El castellano surge en este territorio como koiné de las lenguas que traen sus pobladores, leoneses, vascos, navarros y mozárabes, y la lengua de la población autóctona. (Véase 2.2)
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos 7.3.1.3. Reino de Navarra
Nace en el siglo IX en los territorios vascoparlantes pirenaicos. Su momento de mayor esplendor fue en el siglo XI cuando controlaba Castilla y Aragón, pero a finales de este mismo siglo, diversos eventos y avatares provocaron su desaparición como fuerza política. El mayor ímpetu conquistador de sus reinos vecinos, Castilla y Aragón, le frenan sus posibilidades de extensión hacia el sur, pero a través de pactos y alianzas consigue mantenerse independiente hasta su integración en el reino de España en el siglo XVI.
El vasco y el navarro eran las dos lenguas de este territorio. Los pactos y la proximidad geográfica con Aragón hicieron que el romance navarro inicial perdiese rasgos diferenciadores por lo que suele hablarse de navarro-aragonés para referirse a la lengua romance de este reino.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos 7.3.1.4. Reino de Aragón
Desde sus primeros tiempos de formación en los territorios pirenaicos del entorno de Jaca, Aragón mantiene estrechos vínculos con el reino de Navarra. Tras la muerte de su rey, Alfonso I el Batallador, Aragón se ve en la necesidad de unirse a los condados catalanes formándose así, en el 1137, la Corona de Aragón.
Cuando se constituye la Corona de Aragón en el reino se hablaba aragonés (o navarro aragonés) y la situación no cambiará con la nueva unidad política ya que ambos territorios conservan una gran independencia política, cultural y lingüística.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.1. División territorial de los reinos cristianos 7.3.1.5. Condados catalanes
A diferencia de los otros reinos cristianos, los condados catalanes no son en su nacimiento una unidad política independiente, sino que forman parte del Imperio carolingio que había creado en los Pirienos orientales una Marca Hispánica que sirviese de freno a los deseos expansionistas de los árabes. Esta vinculación con la cultura transpirenaica le aporta a este territorio influencias culturales, religiosas y lingüísticas que no reciben los demás reinos.
La lengua que se habla en este territorio es el catalán, cuya evolución se verá influida por los contactos con las lenguas del sur francés.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
1. Gallego-portugués 2. Leonés
3. Navarro-aragonés 4. Catalán
5. Mozárabe
Como hemos visto en el apartado anterior, a principios de la Baja Edad Media (s. XI), el castellano es sólo una de las múltiples variantes vulgares del latín que se hablan en la Península. La conquista árabe de toda la península Ibérica -salvo los territorios montañosos e improductivos septentrionales- en el 711 había dividido el territorio en dos zonas: una musulmana (90% del total, Al-Ándalus) y otra cristiana (el resto). Característica común a ambas partes es su capacidad para mantenerse desunidos, incomunicados entre sí, divididos en minúsculos reinos y condados orgullosos de poder diferenciarse. En 1031, en territorio cristiano existen: León, Castilla, Navarra, Aragón y Condados Catalanes; en territorio árabe, los reinos de taifas: Badajoz, Toledo, Zaragoza, Valencia, Tortosa, Sevilla, Córdoba, Granada y 15 más. (Véase Mapa 12) Por lo que a la lengua se refiere, esta triple división territorial (división entre árabes y cristianos y división interna en cada uno de los dos) posibilitó la conservación-creación
de seis variantes romances del latín visigodo:
- en el norte, de izquierda a derecha: gallego-portugués, leonés, castellano, navarro-
aragonés, catalán
- en el centro y el sur: el mozárabe. (Véase Mapa 3)
A este grupo de lenguas peninsulares en el siglo XI habríamos de añadir el vasco. Como se mencionaba en el cap. 3, no es lengua indoeuropea, y, naturalmente, tampoco lengua romance. No obstante queremos recordar su presencia en esta época no sólo por su extensión, superior a la de los actuales territorios del País Vasco, sino por la influencia que tuvo en la evolución de sus lenguas vecinas, principalmente el castellano.
Como no es nuestro objetivo aquí describir estas lenguas, nos limitaremos a presentar algunas de las características que las diferencian de la evolución del castellano.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.1. Gallego-portugués
1. Conserva la f inicial latina allí donde el castellano la pierde: facer < FACERE, ferro < FERRUM (cast.: hacer, hierro).
2. Las e y o tónicas breves latinas no diptongan como en castellano: ferro < FERRUM, porta < PORTAM (cast.:hierro, puerta).
3. El grupo consonántico -m'n- > -m-: fame < FAMINEM, lume < LUMINEM (cast. > -mbr-: hambre, lumbre)
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.2. Leonés
1. Conserva la f inicial latina allí donde el castellano la pierde: facer < FACERE, fierru < FERRUM, fame < FAMINEM (cast. hacer, hierro, hambre). 2. El leonés palataliza la l inicial latina, allí donde el castellano la conserva: llobu < LUPUM, llar < LAREM (cast.lobo, lar).
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.3. Navarro-aragonés
1. Conserva la f inicial latina: fumo, farina, formica, fillo. El castellano la pierde: humo, harina, hormiga, hijo.
2. Conserva las oclusivas sordas intervocálicas (el castellano las sonoriza): capeza < CAPITIA, formica < FORMICA. En castellano: cabeza,
hormiga.
3. Conserva las oclusivas sonoras intervocálicas (en castellano suelen desaparecer): redir< RIDERE (cast. reír).
4. Conserva los grupos consonánticos iniciales: plorar < PLORARE, clamar < CLAMARE, flama < FLAMA. El castellano los palataliza en [ʎ] ll: llorar, llamar, llama.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.4. Catalán
1. Conserva la f inicial latina: fum, fill. El castellano la pierde: humo, hijo. 2. Las e y o tónicas breves latinas no diptongan como en castellano: be < BENE, porta < PORTAM (cast.: bien, puerta).
3. Conserva los grupos consonánticos iniciales pl-, cl-, fl- : ploure <PLOVER, clamar <CLAMARE, flama <FLAMA. El castellano los palataliza en [ʎ] ll: llover, llamar, llama.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.5. Mozárabe
El mozárabe era la forma del romance hispano hablado por los cristianos que permanecieron en las tierras ocupadas por los musulmanes, tras el 711. Podemos deducir algunas de sus características a través de los topónimos, de algunos poemas de estructura y léxico romance pero escritos con grafía árabe y a través de algunas palabras que el árabe había asimilado del romance meridional. El mozárabe desaparece según avanza la reconquista y es sustituido por el portugués, el castellano y el catalán.
Al ser una lengua hablada por un pueblo dominado no presenta grandes cambios ya que la conservación de lo propio les sirve para mantener su identidad.
1. Conserva la f inicial latina: faba, fico, formica. El castellano la pierde: haba, higo, hormiga.
2. Conserva las oclusivas sordas intervocálicas (el castellano las sonoriza): toto. En castellano: todo.
3. Conserva los grupos consonánticos iniciales pl-, cl-, fl-: plantain. El castellano los palataliza en [ʎ] ll: llantén.
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.2. Lenguas romances peninsulares
7.3.2.6. Algo en común
Tras esta brevísima exposición, podemos llegar a una aún más breve conclusión: todas las demás lenguas peninsulares conservan la f- inicial latina que el castellano transforma en un sonido aspirado primero antes de pasar a su completa desaparición.
Esta peculiaridad del castellano, como se ha repetido en páginas anteriores, se debe al fuerte influjo que recibió del vasco, el cual desconocía este sonido. Cuando el vasco toma palabras del latín, o bien pierde la f- inicial (ficu(m) > vasc. iko) o la substituye por b- o p- (festa(m) > vasc. pesta).
7.3. Lenguas romances peninsulares (s. XI y XII) 7.3.3. La expansión del castellano en la Edad Media
La expansión lingüística del castellano se debió a la expansión política de Castilla. En el siglo X sólo se hablaba en una zona reducida que iba desde Santander hasta las orillas del Duero, al sur de Burgos. Hacia principios del siglo XIII ya se había extendido, debido al avance de la Reconquista, y había traspasado Sierra Morena y se hablaba en tierras del norte andaluz. Más tarde, en ese mismo siglo, tras la reconquista y colonización, llevada a cabo por Fernando III de Castilla, el castellano se hablaba también en la mayor parte de Andalucía. Al mismo tiempo, iniciaba su expansión hacia el este y el oeste, a expensas del aragonés y el leonés, respectivamente.
Hay que precisar que durante la segunda mitad de este siglo XIII lo que se extiende es la koiné alfonsí, la lengua definida por Alfonso X el Sabio, pero los rasgos más característicos del castellano, no se extienden, ni entran en la literatura hasta el s. XV, cuando los Reyes Católicos atraen a la corte a los hidalgos de Castilla la Vieja.