2.2 Model Predictive Control (MPC)
3.2.1 Omnidirectional Mobile Robots
Traslademos el problema al campo de la inteligencia artificial. Imaginemos un robot equipado con una videocámara que es capaz de desplazarse por una
habitación en la que se han dispuesto una serie de objetos. Supongamos que nuestro objetivo es conseguir que el robot nos entregue una descripción de la disposición de los objetos en la habitación. ¿Qué deberíamos hacer? Cuando el robot dirige su cámara hacia un objeto, los píxeles se activan. Así pues, tiene la clase de «brillo interior» que a veces se asocia a la conciencia. Pero si eso es todo lo que percibe, no es más que una «rapsodia de percepciones», según la expresión de Kant, o una «floreciente y susurrante confusión», según la expresión que empleó más tarde el psicólogo estadounidense William James (1842-1910). En otras palabras, el robot todavía tiene que organizar los datos antes de poder interpretar la escena. Supongamos que la pantalla muestra una pequeña forma redonda. ¿Se halla cerca de un objeto pequeño o lejos de uno grande? ¿Acaso está viendo un objeto elíptico de lado? Para resolver estos problemas, el robot debería moverse para obtener una imagen distinta y luego realizar una «síntesis» de las diversas imágenes, antes de poder construir una representación tridimensional de la habitación. ¿Qué habilidades se requieren para realizar esta síntesis? ¿Cómo se pueden unificar una serie de imágenes distintas obtenidas en momentos distintos?
Parece que los ingredientes básicos son los siguientes. El robot necesita saber de alguna forma si él mismo se está moviendo. En concreto, necesita ser capaz de distinguir si se está moviendo, y obtiene por lo tanto nuevas imágenes de objetos en reposo, o si está quieto, y son los objetos que
le rodean los que se mueven. Para ello necesita tener un recuerdo de cómo era antes la habitación para poder compararlo con su aspecto actual. Necesita ser capaz de reconocer el orden de las diferentes imágenes, y luego necesita ser capaz de integrar de alguna forma las imágenes anteriores con la imagen actual. En otras palabras, para resolver el problema de la posición que ocupan los objetos en el espacio, necesita resolver el problema de cuál es su propio punto de vista y saber cuánto tiempo ha transcurrido, para poder así cartografiar sus propios movimientos.
Lo que sugiere este ejemplo es que un mínimo de autoconciencia es un requisito estructural para cualquier posible interpretación de la experiencia. El programador no puede resolver el problema en el caso del robot simplemente mediante la incorporación de otro ingrediente en la pantalla (por ejemplo, que la cámara recogiera siempre un fragmento de una de las ruedas del robot, que se podría ver en la parte inferior de la pantalla). Eso no sería más que otro input. Se requiere otro tipo de programación para traducir los inputs en una descripción de la habitación y del lugar que ocupa el robot en ella.
En realidad, el robot no necesita ninguna imagen de sí mismo. La cámara puede estar rígidamente orientada hacia la escena que tiene delante. Por esta razón, si Hume hubiera percibido un elemento constante en la experiencia, como una nota de fondo, al explorar su propio interior, no habría estado por ello más cerca de aprehenderse a sí mismo. Lo
que necesita el robot, en cambio, es encontrar el modo de representar su propia ruta en el espacio y de establecer el orden temporal de las imágenes que obtiene. Es un requisito esencial para la solución del problema que posea un punto de vista «egocéntrico» o, en otras palabras, que elabore una representación del espacio centrada en «él mismo». Si fuera capaz de interpretar que tiene una mesa a tres pies de distancia, también tendría que ser capaz de decir que «la mesa está a tres pies de mí» y, sin embargo, no tendría por qué saber nada de su propia forma corporal, o de su pasado lejano. Y con toda seguridad no necesitaría estar familiarizado con su propio ego interno o su alma inmortal.
Si hubiera el suficiente caos en la habitación, el problema podría convertirse en irresoluble. Por ejemplo, si tuviéramos la mala idea de poner al robot en un entorno parecido al de los Keystone Cops, donde los objetos vienen y van al azar o a una velocidad vertiginosa, se vería atrapado en un problema insalvable: los píxeles se activarían al azar, pero sin la necesaria continuidad entre un momento y el siguiente como para que algún programa pudiera encontrarle un sentido.
Así pues, pensar en términos de un «yo» parece ser una condición necesaria desde el punto de vista formal o estructural para que sea posible interpretar la experiencia tal como lo hacemos nosotros: como experiencia de un mundo tridimensional de objetos permanentes, entre los cuales nos movemos. El «yo» es el punto de vista que hace
posible la interpretación. No es un elemento más de la experiencia, ya que no hay nada en la experiencia que pueda resolver el problema formal para el que se requiere el «yo». Al contrario, siempre se necesita un punto de vista: representarse una escena implica representarse a uno mismo experimentándola de una u otra forma.9