Según vimos, Ricoeur entra en contacto con la lingüística estructural y con la antropología estructural191 y, si bien formula algunas críticas192 a estas teorías, sin
embargo les reconoce un aporte esencial a la metodología, que debe ser considerado en el establecimiento de una hermenéutica integral. Ese aporte consiste en proponer un modelo de “explicación” en el ámbito del signo. Efectivamente, hasta comienzos del siglo XX, el modelo explicativo sólo era considerado conveniente en el campo de las ciencias naturales. Con el Curso de Lingüística General, se inaugura una nueva etapa en los estudios humanísticos, en la que de Saussure consigue darle un estatuto científico a una disciplina propia de las ciencias humanas, como es la lingüística. Según recordamos, en el famoso Curso, de Saussure declara que la lingüística pertenecería a la esfera de la psicología social y que se constituiría en una rama de una disciplina que en ese momento –año 1916- está por constituirse: la “semiología” entendida como “el estudio de los signos en el seno de la vida social”, en palabras del lingüista ginebrino. Es decir, lo que viene a crear la lingüística estructural saussureana es un modelo explicativo que difiere del modelo propio de las ciencias naturales: le da al humanismo nuevos bríos en materia metodológica.
191Así, la entrada en la década de los sesenta y el florecimiento del estructuralismo en las ciencias humanas supone para Ricoeur la adopción de un nuevo punto de vista en sus estudios: “Décidément,
l’année 1960 est un moment tournant dans l’itinéraire de Ricoeur. Au moment même aù il reprend l’aphorisme de Kant selon lequel ‘le symbole donne à penser’, il s’engage dans de vastes dètours por mieux apprèhender les traces existentielles à partir de leurs inscriptions textuelles et entreprend la réalisation du programme de démythologisation, il découvre l’ouvrage publié en 1960 du philosophe allemand Hans-Georg Gadamer, Vérité et Méthode, qui porte comme sous-titre ‘Les grandes lignes d’une herméneutique philosophique", en Dosse, F. o. c., p. 331.
192 De este modo, Ricoeur llevará a cabo una confrontación con el estructuralismo: “Loin d’opposer
structure et herméneutique, il recherche au contraire les moyens de les penser ensemble. Le travail d’appropriation du sens de l’herméneute ne peut que s’accorder avec les découvertes de l’anthropologue. Il doit pourtant mettre en garde celui-ci contre tout passage à la limite qui consiste à glisser sans justification au stade de la généralisation et de la systématisation. Pour Ricoeur, il importe de bien distinguer deux niveaux d’approche. Le premier niveau est illustré tant par les oppositions binaires de la phonologie que par celles des systèmes élémentaires de la parenté sur lesquels Ricoeur reconnaît d’ailleurs la validité des analyses de Lévi-Strauss”, en Dosse, F. o. c., p. 319-320.
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Así, pues, lo que Ricoeur valora del estructuralismo es el respeto por la objetividad del texto y su estructura lingüística, ya que esto restringe el campo de acción de la hermenéutica: es prioritario reconocer el sentido inmanente a la estructura antes de proceder a la interpretación193.
Ahora bien, no será hasta mucho tiempo después, con la lingüística del discurso propuesta por Émile Benveniste194, que se logra constituir la semiología como tal195. Sin embargo, debemos reconocer que “el modelo semiológico” en tanto que método de explicación tiene su origen, como señalamos antes, en la lingüística saussureana; y más tarde encuentra su fundamentación en los estudios de fonología y del léxico de las lenguas naturales. Este modelo empieza a presentar complicaciones en el área de la morfología y de la sintaxis hasta que, con la lingüística del discurso de Benveniste, se incorpora la dimensión subjetiva, referencial y comunicativa del lenguaje: se pasa de la oración y del signo lingüístico como unidad de análisis al ámbito del enunciado. De este modo, en lo que respecta a nuestra tesis, el estudio de los trabajos de Benveniste, como tendremos ocasión de ver en las próximas secciones, proveerá a Ricoeur de una teoría del sujeto196.
Mencionamos con anterioridad que Ricoeur, en esta etapa de su obra, ya no se restringe al estudio de un conjunto simbólico específico -la mancha, la caída adámica, entre otros, en el sentido determinado por las lecturas de Jaspers acerca de la cifra-, sino que emprende el análisis de la estructura simbólica en tanto que estructura particular del lenguaje. Es en este sentido como se vuelve imperioso incluir en el derrotero de su pensamiento la perspectiva lingüística y el “modelo semiológico” aportado por ella para realizar una transposición del método desde el ámbito lingüístico al de la filosofía
193 “Ainsi, le modèle linguistique se présente comme un modèle explicatif qui ne doit rien à la biologie ou
à la physique mécanique. Il est au coeur même des sciences humaines dans leur moment structuraliste et remet en question le clivage ètabli par Dilthey entre des sciences naturelles fondées sur l’explication et des sciences humaines dont le ressort serait de l’ordre de la comprèhension”, en Dosse, F. o. c., pp. 313-
314.
194 Cfr. Benveniste, É. Problèmes de linguistique générale. París : Gallimard, 1966. En esta obra Benveniste introducirá la categoría de "instancia del discurso", ampliando las estrecheces del estructuralismo.
195 Una magnífica y sintética exposición del pensamiento de Benveniste y sus aportes en Ricoeur, P. “Filosofía y lenguaje”, en Historia y narratividad. Barcelona: Paidós, 1999. pp. 41-57.
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fenomenológica, de manera semejante a como Propp197 y Greimas198 lo realizaron en el análisis estructural del relato o a como Lévi-Strauss en el complejo sistema del mito. De esta manera, se produce el pasaje de una fenomenología a una hermenéutica “explícita”, en términos de nuestro autor. Pero este paso, a su vez, planteará un nuevo conflicto, esta vez entre la hermenéutica y el estructuralismo199. Como ha señalado R. Koselleck, "los `acontecimientos´ sólo se pueden narrar y las `estructuras´ sólo se pueden describir. Los acontecimientos se delimitan ex post desde la infinitud del suceder"200.
Como hemos señalado con anterioridad, Ricoeur se asoma al estructuralismo fundamentalmente porque es a partir de la lingüística estructural de lo que se nutre la antropología estructural de Lévi-Strauss. Esta antropología estructural se caracteriza por tener una concepción autorreferencial del mito, que nuestro autor refuta con la afirmación de la lógica del doble sentido del símbolo: el símbolo siempre remite a algo fuera de sí mismo.
Específicamente, Ricoeur se centrará en la semántica estructural, puesto que es en el ámbito del significado del símbolo donde surgen los problemas con respecto a la referencialidad. Como ya tuvimos ocasión de mencionar, si bien Ricoeur se adhiere a la distinción saussureana entre la lengua como sistema y el habla como actualización del sistema, sin embargo se adhiere también a la propuesta de Benveniste de considerar al discurso en tanto que objeto de estudio y actividad del habla. Es decir, que de la oposición lengua / habla Ricoeur elige el habla, por cuanto que el discurso implica una apertura ontológica del sujeto del lenguaje a la realidad extralingüística. En esta concepción ontológica del discurso, encontramos nuevamente esa remisión a lo otro distinto del sí mismo. Esa remisión o referencia es, en el nivel del lenguaje, el mismo movimiento trascendental conferido por la conciencia en el acto voluntario. Solamente por el trascenderse el lenguaje puede ser lo que es: “comunicabilidad”201. Cuando
197 Cfr. Propp, V. Morfología del cuento. Madrid: Fundamentos, 1981.
198 Cfr. Greimas, A. J. Semántica estructural. Madrid: Gredos, 1973; Du sens. Essais sémitioques. París: Le Seuil, 1970.
199 Cfr. Ricoeur, P. “Para una teoría del discurso narrativo”, en Historia y narratividad. o. c., pp. 83-155. 200 Koselleck, R. Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos. Barcelona: Paidós, 1993. p. 141.
201 Dicha idea, de raigambre fenomenológica, aparecerá posteriormente en reiteradas ocasiones en su análisis de la identidad personal enfocadas al actuar: “Lo Otro no es sólo la contrapartida de lo Mismo,
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superamos el nivel de la frase, el lenguaje se convierte en discurso y se produce su apertura intencional al mundo, trascendiendo la realidad sígnica para llegar a la realidad semántica202. Ricoeur reivindicará a lo largo de toda su obra la reflexividad en virtud de la que el propio lenguaje se ve desbordado semánticamente hacia aquello que designa.
Ahora bien, puesta en claro la oposición entre sistema y acontecimiento, resulta forzoso realizar un doble tránsito: aquel que va de la estructura al acontecimiento y aquel que va del acontecimiento a la estructura. Según Ricoeur, si se desea realizar este doble pasaje, que implica a la vez al sistema y al acontecimiento, es necesario adoptar un modelo circular, que signifique una ida y vuelta de la lengua y el habla. Este movimiento circular tiene lugar con la palabra. Efectivamente, el signo se actualiza, en tanto que palabra, en la frase, lugar donde adquiere la referencia extralingüística. Pero además, la palabra excede a la frase y vuelve al sistema con nuevos valores de uso y nuevas significaciones, como es dable observar en el fenómeno de la polisemia.
Considerando las concepciones de símbolo y de hermenéutica como interpretación de los símbolos en Ricoeur, la elección del discurso como campo de estudio del símbolo y como lugar donde el símbolo en tanto tal puede ser interpretado es esencial. En efecto, si el símbolo es un signo que remite hacia algo fuera de sí mismo y el discurso implica la apertura del lenguaje hacia aquello otro, el símbolo se configura como símbolo en el acto del decir. Y es a través de la semántica estructural que será posible una aproximación al símbolo como provisto de una pluralidad de sentidos mediante el concepto de polisemia. Así, cuando se considera el símbolo en el discurso, surgen los distintos valores que este símbolo puede adquirir de acuerdo con los contextos de aparición en virtud de su carácter polisémico. Sin embargo, cuando ya no nos atenemos a lo que el símbolo “dice” sino a aquello que “quiere decir”, ya estamos en el terreno de la referencia, que es el campo de investigación de la hermenéutica.
De este modo ocurre el paso de una concepción de la hermenéutica como interpretación de los símbolos a una concepción de la hermenéutica como interpretación de los textos. ¿Qué implica una hermenéutica concebida como interpretación de los textos? En primer lugar, implica el hecho de que la elaboración de una teoría del texto
parece inseparable de la adscripción por otro, que me designa, en acusativo, como el autor de mis acciones” (SA, 365).
202 Cfr. Ricoeur, P. La metáfora viva. o. c., pp. 409-425; Cfr. también Ricoeur, P. “Mimèsis, référence et refiguration dans Temps et recit”, en Études Phénoménologique 11 (1990), pp. 29-40.
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exige una reflexión acerca del papel llevado a cabo por la escritura, esto es, del texto considerado como discurso escrito. Es en esta concepción del texto como discurso escrito que Ricoeur retoma el tema de la temporalidad que ya habíamos expuesto a propósito de Kant. El discurso (habla) es, efectivamente, un acontecimiento temporal que tiene lugar en el presente; posee, a la vez, un sujeto y refiere al mundo de un modo trascendente por cuanto se orienta hacia otro sujeto en el diálogo. Por el contrario, la lengua es un sistema abstracto, desprovisto de sujeto y de referencia. Ahora bien, cuando el discurso se transforma en discurso escrito, en texto, se fija y pierde su fugacidad. La frase se fosiliza. Por otra parte, el texto se independiza del sujeto que lo ha producido, quien no es ya más propietario de la palabra proferida. Luego, se produce un desplazamiento del mundo referido, por cuanto, en la circulación del texto, se pierden los interlocutores originarios y ya el texto no es fácilmente identificable por parte de los interlocutores como ocurre en el diálogo hablado. El interlocutor ya no es concreto, sino que es “cualquier” interlocutor.
En segundo lugar, concebir la hermenéutica como interpretación de textos implica y evidencia el hecho de que el discurso oral difiere del texto de manera cualitativa, no cuantitativa. Así, surge un nuevo concepto con el que debe manejarse la hermenéutica como método: la textualidad. Dos precisiones se imponen con referencia a este nuevo concepto. Primero, se establece una analogía entre el texto y la lengua en virtud del fenómeno de la escritura, de la textualidad. Gracias a esta analogía, el texto se vuelve susceptible de ser “explicado” mediante la metodología estructuralista. Sin embargo, no hay que olvidar que, a pesar de que el fenómeno de la textualidad “distancie” al autor de su texto, el texto, en tanto que discurso proferido en un momento determinado, en tanto que acontecimiento, en tanto que manifestación de un acto voluntario, posee un autor y un contexto que son insoslayables para la interpretación. Así, el trabajo que deberá llevar a cabo el intérprete será precisamente el de superar la distancia que lo separa del mundo del texto para asumirlo como propio a través del ejercicio de la hermenéutica, que consiste en la “comprensión” del texto, del mundo del texto y, sobre todo, comprensión de “uno mismo” frente al texto y por la mediación del texto. Luego, se debe considerar el hecho de que la comprensión, entendida como “pre- comprensión”, debe preceder siempre a la explicación, como lo proclama el “círculo hermenéutico”. Además, la hermenéutica debe concentrar su esfuerzo en el mundo del
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texto, que no es otra cosa que la referencia o el momento en que el lenguaje trasciende a sí mismo y se refiere al mundo203.
Finalmente, es conveniente dejar asentada aquí la tesis de Tomás Calvo Martínez y la consecuente respuesta de Ricoeur a esta tesis para formular algunas precisiones acerca de este tránsito de la hermenéutica de los símbolos a la hermenéutica de los textos. Se trata de un análisis retrospectivo de estos estadios en la obra de Ricoeur por parte de Calvo Martínez, para quien el paso de una hermenéutica de los símbolos a una hermenéutica de los textos no implica una ampliación de la teoría, sino una ruptura entre dos versiones de la hermenéutica204. En efecto, el quiebre estaría dado por un cambio de concepción de lo que debería ser la hermenéutica y, por lo tanto, no habría una ampliación del objeto de estudio, que sería el símbolo concebido como signo provisto de doble sentido y caracterizado por su referencialidad. Además, el contacto con el estructuralismo en la década de los sesenta no vino más que a reforzar esta idea del símbolo a través del concepto de polisemia provisto por la semántica estructural205.
Tres hechos avalan esta tesis: 1) Por un lado, el texto es en Ricoeur un “mero contexto” en el que surgen las isotopías206 que posibilitan establecer los significados de
203 Los ecos de la Überlieferung gadameriana son constantes en este nuevo contexto en el que se ubica Ricoeur, ya que de esa manera se rompe con la clausura del sistema sincrónico-estructural postulado por la semiótica y se desplaza el foco de interés hacia el proceso de comprensión de la poíesis narrativa. Cfr. Gadamer, H.-G. Verdad y método. Salamanca: Sígueme, 1977. pp. 360-370; Ricoeur, P. Tiempo y
narración III. México: Siglo XXI, 1996. pp. 953-973.
204 Cfr. Calvo Martínez, T. “Del símbolo al texto”, o. c., pp. 127-133.
205 Calvo Martínez es explícito al formular su tesis: “Creo, en primer lugar, que el cambio que va del
símbolo al texto comporta una transformación radical de la concepción de la hermenéutica y no un mero ensanchamiento o ampliación del objeto de ésta, en la medida en que lo que define al símbolo –y, por tanto, a la hermenéutica en el primer caso- es precisamente el doble sentido. Creo, en segundo lugar, que el encuentro de Ricoeur con el estructuralismo no aporta nada significativo en los años sesenta en relación con su posterior concepción de la hermenéutica: en los años sesenta Ricoeur continúa aferrado a su concepción de la hermenéutica como interpretación del símbolo, como interpretación del doble sentido y si bien ha de reconocerse que este su acercamiento a la lingüística estructuralista contribuyó a una ampliación de los planteamientos y de los recursos conceptuales ricoeurianos, esta ampliación tiene lugar dentro de su concepción primera de la hermenéutica y en ningún caso comporta salida o ruptura alguna respecto de la misma”, en Calvo Martínez, T. “Del símbolo al texto”, o. c., p. 128.
206 Aquí se entiende por “isotopía” a la interacción organizada de elementos lingüísticos co-presentes a raíz de un plan textual, que otorga a tales elementos coherencia referencial suficiente como para constituirse en texto.
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las palabras entendidas como símbolos. De este modo, como señala Calvo Martínez, para Ricoeur los símbolos simbolizan dentro de “conjuntos” que limitan y articulan su significación. Esos “conjuntos” vendrían a ser los textos. De aquí que la “equivocidad” del símbolo se encuentre restringida por el contexto en el cual aparece. Así, el texto exige un trabajo hermenéutico sólo en la medida en que puede mantener la “equivocidad” o polisemia de los símbolos. El texto no importa como tal, esto es, en virtud de su textualidad. Si el texto “contiene” símbolos polisémicos, deviene él mismo en polisémico. 2) Por otro lado, aunque se considere a la frase como unidad del discurso, tampoco aquí Ricoeur avanza más allá del símbolo concreto, ya que la pluralidad de sentidos sigue perteneciendo a éste y no a aquella. 3) Finalmente, en cuanto al concepto de “distancia”, no es el mismo en la hermenéutica de los símbolos que en la hermenéutica de los textos. En la primera teoría, la distancia es creada por el método, mientras que en la segunda, es la textualización la que establece el distanciamiento en virtud de que ya no es posible el diálogo temporal y presente propio de la comunicación oral.
Por lo tanto, según afirma Calvo Martínez, las diferencias entre estos dos estadios en la concepción de la hermenéutica en la obra de Ricoeur son demasiado acentuadas como para hablar de un ensanchamiento de la teoría. Más bien, conviene usar la expresión “ruptura”. En su confrontación con el estructuralismo durante los años sesenta, que es el momento en que se gesta su concepción de la hermenéutica de los símbolos, Ricoeur considera la oposición entre lengua y discurso, mientras que en su desarrollo posterior de una hermenéutica de los textos la distinción se establece dentro del ámbito del discurso, entre discurso hablado y discurso escrito. La diferencia entre discurso hablado y discurso escrito será la que posibilite la reformulación del vínculo entre la “comprensión” y la “explicación” y replantear el objetivo de la hermenéutica. Por último, es en el período correspondiente a la hermenéutica de los textos en que Ricoeur adopta el concepto de “obra” entendida como una “totalidad singular”. De este modo, “texto” y “obra” se convertirán en los dos momentos de “objetivación” del discurso que permiten la explicación y la comprensión hermenéutica. Así, la hermenéutica de los textos debe ser llamada así por cuanto que se concibe al texto como
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“composición que aúna el todo y las partes en la relación circular de una obra”. Aquí