Chapter Seven ~ Framework Design
7.5. Operating Principle
MEXICO NOVEDADES JUNIO 12 DE 1961
THE CONTEMPORARIES
Una de las características formales más notables del arte moderno es el valor de la invención. Al abandonar la naturaleza Y empezar a buscar formas puramente subjetivas que no expresan a aquella sino que en cierto modo la sustituyen, el artista se adentra por un camino en el que las ventajas de la libertad creadora son efectivas en razón directa del dominio que se posee sobre los medios de expresión. Las formas, los colores, los volúmenes tan solo se representan a sí mismo como valores absolutos dentro de cada composición y al renunciar al apoyo natural del tema, el creador tiene que encontrar continuamente nuevas maneras de revivificar sus posibilidades. Gracias a esta peculiar exigencia, en los últimos años las artes plásticas se han visto enriquecidas con una serie de adicciones que en algunos casos han llegado inclusive a transformar por completo el valor de los materiales. Desde los primeros collages de Bracque y Picasso hasta las construcciones de Burri, Tapies o Militares, hemos visto como estos se han convertido en verdaderos fines, que ya no solo son elementos que se suman a la obra, sino razón de ser y valor fundamental de la misma. La invención, el hallazgo de estas nuevas maneras de expresión no es uno de los méritos menores de sus descubrimientos ya que no solo enriquecen particularmente sus obras, sino que abre nuevas posibilidades a las artes plásticas en general.
En este sentido, la exposición de grabados realizada por Omar Rayo en Nueva York, en la galería The Contemporanies, es un verdadero suceso, un suceso que debe alegrarnos en especial porque hace evidente la categoría del arte latinoamericano. El valor de las obras de Rayo ha sido
reconocido ya por el Museo de Brooklyn, que han adquirido grabados suyos para sus colecciones y Rayo expuso el año pasado en la Galería Génova, en México, las primeras muestras de sus originales grabados, pero esta exposición, más importante, tanto por el número como por la calidad de las obras, es una prueba definitiva del valor de las mismas.
En el sentido de la invención de que hablamos antes. Los grabados de Rayo se caracterizan por la singular solución plástica es producto, más que del juego entre colores y formas, del movimiento y la elasticidad que el original empleo del relieve le otorga a estas últimas.
Rayo ha sabido descubrir, descubrir es ver por primera vez, revelar algo que en potencia existía ya, pero no se toma en cuenta que la ductilidad del papel es en sí misma un valor formal. Aplicado este descubrimiento, ha logrado que las formas convertidas en relieve con un volumen real, adquieran una capacidad expresiva muy poco común, en la que no solo intervienen la imaginación y el sentido plástico del creador, sino también como un apoyo limpio, legítimo y nuevo, la generalidad del material. Así sus grabados, sin salirse de los cauces tradicionales del género, lo trascienden y en originalidad aumenta su capacidad de atracción, agregándoles un nuevo elemento, la sorpresa.
Indudablemente la originalidad por sí misma es suficiente para hacer valiosa una obra de arte; pero en el caso de Rayo esta cuenta además con el apoyo de un sólido sentido de la composición y un formidable poder inventivo que convierte cada obra en una experiencia individual y diferente con valores propios. Utilizando su descubrimiento en distintas direcciones y en algunos casos empleando el color para acentuar el peso y el ritmo de las formas dentro del espacio general de la composición. Rayo logra que cada una de sus obras se nos presente como un mundo particular e independiente. En él, unas veces, la textura limpia del papel, al que no se le ha agregado ningún
color, proyecta un atrevido juego de espacios y volúmenes perfectamente equilibrados a los que la delicadeza y precisión de la composición otorga una calidad casi etérea o mediante uno o dos rompimientos, crea bruscos contrastes en los que el espacio puro afirma su potencia poética; otras veces , el empleo de tintas grises y negras sirve para marcar las diferencias entre los distintos planos mediante rompimientos tonales que producen un efecto de profundidad y cambian la relación entre las formas o provocan una perturbadora sensación de vacío con el cual lucha el resto de la composición. En una u otra forma, en cada una de las distintas soluciones, la invención poética, el lirismo rítmico de Rayo aparecen siempre recogidos por una voluntaria economía de medios y un rigor formal que, sin imponer limitaciones le lleva a encontrar la libertad dentro de la que podríamos llamar reglas clásicas de la composición: orden geométrico, equilibrios de fuerzas, planos que se sostienen mutuamente, sentido total del espacio. Así cada una de sus obras vive dentro de una especie de orden interior preestablecido, que transmite una sedante sensación de seguridad y armonía sin renunciar al misterio, a la revolución súbita y la poesía.
Cuando las búsquedas formales encuentran su cauce definitivo, y se transforman en verdaderos hallazgos, como sucede ahora en la obra de Rayo, la espontánea belleza de las obras parece casi demasiado fácil, natural: pero ésta es precisamente la característica de todas las verdaderas obras de arte. En el caso de Rayo, esta aparente facilidad es el resultado de la absoluta sumisión de los materiales a la voluntad del artista. Por medio de ella, las ideas se transforman naturalmente en obras y estas son siempre la expresión exacta de aquellas. El mérito principal de Omar Rayo es haber sabido penetrar el secreto de sus materiales y ponerlos a su servicio. Gracias a este acontecimiento, el rastro de la lucha ha desaparecido de sus obras y ahora solo encontramos en ellas un perfecto equilibrio entre la voluntad de expresión y la expresión misma, la serenidad del trabajo que siempre es creación, arte verdadero.
5. EL ESPECTADOR- DOMINICAL