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Gustavo Solís ha desarrollado en su obra La gente pasa, los nombres quedan algunos conceptos sobre toponimia que serán comentados:

Accidente geográfico

Entidad geográfica. Son las entidades geográficas naturales o ideales y concebidas por una cultura. Cuales son tales entidades y cómo se clasifican son cuestiones que tienen sentido en el marco de una cultura especifica. La expresión accidente geográfico induce a pensar más en relieve orográfico (1997, p. 122)

El concepto define el accidente geográfico como sinónimo de entidad geográfica. Las entidades geográficas pueden ser naturales o parte de la creatividad cultural (idealización de los miembros de una cultura). Podemos entender entonces, que un cerro, una cueva, un monte, un pajonal, un lago, un río, una cocha, un bosque, etc., pueden ser entidades geográficas naturales en el sentido que son formaciones naturales de la corteza terrestre, productos de la acción del clima y del tiempo. Pero según Solís, también existen entidades que son productos naturales.

“A modo de exploración podemos plantear una taxonomía que distinga inicialmente entre entidades naturales y entidades culturales” (1997, p. 24).

Dentro de la clase de identidades geográficas culturales, tenemos a las chacras, pueblos, comunidades, calles, caminos, puentes, avenidas, etc.

Por otra parte, existen también entidades geográficas ideales, en el sentido que corresponden a la actividad ideacional de los miembros de una cultura; así por ejemplo, Rojas Zolezzi (1997) nos habla de una comunidad mítica llamada intaatoki, situada en las partes altas del territorio asháninca en donde la yuca kaniri, el plátano parenti, el taro pitoka, la sachapapamavona, el tabaco sheri, la coca marikishi, etc., con forma de mujer y apariencia joven porque se bañan en las aguas del rio que existe en dicha comunidad.

Alónimo

“Cada uno de los dos o más nombres propios empleados para designar a una misma entidad geográfica. Es una palabra que presenta la forma ‘alo’ que también se encuentra en alófono o aloformo, términos de uso en lingüística” (Rojas, 1997, p. 122)

Según esta definición el alónimo es una de las varias formas que actúa como nombre propio de una entidad geográfica. Así por ejemplo, los topónimos Jauja y Shausha son alónimos de la ciudad de Jauja. Pero, además, del mismo modo en que existen los alónimos, también existen la repetición de los nombres. Al respecto, Solís menciona lo siguiente:

Las mismas emisiones designan entidades geográficas en distintos lugares. Por ejemplo, los nombres Cajamarquilla y Bolognesi se repiten para designar a entidades distintas en diferentes partes del país. Hay

varios pueblos que se llaman Cajamarquilla, e infinidad de calles que llevan por nombre Bolognesi (1997, p. 50)

Esto quiere decir que un mismo topónimo se puede reduplicar para denominar entidades geográficas en espacios o lugares diferentes.

Cultura interpretadora

Las culturas que no son originadoras del topónimo son interpretadoras: desconocen el motivo toponímico, sin embargo no dejan de darle una interpretación. En estos casos ocurren las llamadas falsas etimologías, que no es otra cosa que la asignación de un étimo equivocado a un topónimo determinado.

Podríamos entender entonces, que existe un opuesto entre cultura originadora y cultura interpretadora, que hay mayor posibilidad de que ocurren las falsas etimologías cuando las culturas son interpretadoras.

Duplete toponímico

Los dos hombres de una misma entidad geográfica. En la práctica, los dupletes son evidencia mínima de la multiplicidad de nombres de una entidad geográfica. Tripletes, cuadrupletes, etc. Son las otras posibilidades

El concepto nos dice que, por ejemplo, un cerro puede recibir dos, tres o más nombres. Otro aspecto que Solís menciona, es que existen dupletes topónimos en base a la oposición de

grande/chico, viejo/nuevo, etc., como resultado de una nueva organización del territorio impuesta por los españoles:

Un ejemplo claramente indiciario de una nueva organización toponímica del territorio peruano, que ocurre después de la presencia española y que es paralela a otra organización previamente existente, es la vigencia de dupletes toponímicos [……]. Estos dupletes, por ejemplo, distinguen ciudades o lugares “grandes” frente a “chicos”, usando para tal propósito de mecanismos lingüísticos pertenecientes a la lengua de la nueva fuerza social organizante (1997, p. 33)

Algunos ejemplos dupletes que propone el autor para este son

Cajamarca/Cajamarquilla, Castilla/La Nueva, Granada/Nueva Granada.

Étimo

El significado original de una palabra o morfema. En lenguas aglutinantes todo un conjunto de morfemas o palabras pueden estar relacionados a una forma que presentaba el étimo primario. La posibilidad de que dicho étimo original figure representado en una serie de formas se debe a cambios semánticos y a cambios morfológicos de las lenguas

Según esta definición, vamos a considerar que el étimo es la información semántica original de una palabra o morfema. El étimo puede variar, presentándose de distintos modos debido a que las lenguas vivas no son estáticas y varían produciendo cambios semánticos y morfológicos en su estructura.

Étimo del topónimo

En el sentido de que el topónimo es una emisión lingüística, este también posee un étimo; así, Solís menciona que:

“[…] es el significado de la emisión lingüística con la cual denominamos a un lugar” (Solís, 1997, p. 37)

Etimología popular

Propuesta popular de étimo de un topónimo. No todos los casos de etimología popular son necesariamente erróneos, pero tienen mucha posibilidad de error.

Según el concepto, cuando el étimo es interpretado, puede haber distintas versiones sobre su significado, estas son las llamadas etimologías populares. La etimología popular puede ser errónea en el sentido que puede dar una interpretación errónea del significado del topónimo, pero esto no es una regla.

Exónimo

Nombre geográfico que proviene de una lengua extranjera. Los exónimos generan problemas de pronunciación, de escritura por razones de tradición ortográfica, alfabetos especiales (con diacríticos), etc. En ciertos casos son sujetos de romanización (si no usan alfabeto latino) o de resistencia social, por ejemplo.

La definición nos conduce a considerar a aquellos topónimos que provienen de lenguas extranjeras o extranjerismos como éxonimos. Sin embargo, la condición es que estos nombres existan dentro del contexto de un idioma nativo de un lugar. Un exónimo es un topónimo alienígeno.

Locus toponímico

Entendemos como locus toponímico al espacio que es denominado por los miembros de una cultura. Este puede ser un rio, una quebrada, un lago, un pajonal, una piedra, un cerro, una cueva, una calle, un puerto, etc., cualquier entidad puede ser denominada, dependiendo de los intereses que tiene la cultura, en ubicarse y en establecer una distinción de sus áreas.

Nombre geográfico

Según la definición, vendrá a ser en sustantivo propio del lugar que es denominado. Así por ejemplo, tendríamos como nombres geográficos a Bolognesi, Lima, Cerro San Cristóbal, Marankyari, Ucayali, Rio Negro, etc.

Normalización de nombres geográficos

Proceso legalmente previsto que determina la forma de un topónimo. Tiene que ver con el establecimiento de una imagen ortográfica única para el topónimo.

El nombre geográfico puede ser legalizado mediante una grafización única. Esta representación gráfica debe ser aprobada por una autoridad legalmente constituida para ejercer la normalización. Sin embargo, esto es casi un reto cuando se trata de lenguas que no cuentan con un alfabeto.

Nombre geográfico

En nuestro medio es el nombre toponímico que proviene de lenguas indígenas.

Podemos interpretar que los topónimos indígenas son nombres que provienen de las diversas lenguas indígenas del Perú. Así, un nombre como ‘Lima’ es un topónimo indígena que proviene del quechua, pero con forma castellanizada.

Toponimia en algunos lugares del Perú

Según Zevallos, J. (1944), las culturas preincaicas del Norte, tan altamente dotadas de originalidad y exotismo, después del Tiahuanaco encierran el más importante problema de la arqueología del Perú, como es el que versa el posible centroamericanismo o la derivación andina en sus orígenes. Los restos arqueológicos no han sido estudiados hasta hoy con la dedicación suficiente, ni se ha rastreado en el cada día más escaso legado de sus leyendas populares y giros lingüísticos, supuesto que el idioma norteño (en realidad fueron varios) ha desaparecido definitivamente desde el último tercio del siglo XVIII, solo pudo subsistir una variedad hasta fines del año pasado, en el pueblecito lambayecano de Eten.

En nuestros días empieza la lenta sistematización arqueológica del Norte. Hoy se posee una tabla imprecisa pero siquiera original, de nombres y formas culturales: Tallanes,

mochicas, chimús, protochimús, cupisniques, Cajamarca, etc. Pero todo está sujeto a múltiples revisiones que pueden variar todavía, y por entero, lo que sobre aquellos pueblos preincaicos se conoce. En buena hora vengan estas revisiones si se han de hacer sobre método y análisis científico y no a base de la detestable imaginación, que tantos errores y oscuridades ha originado.

En el Norte del Perú hubo, sin duda, el fenómeno que llaman los arqueólogos “marea de culturas”, y diversas influencias tejieron su prehistoria. Puede ser que veamos coexistir y alternar alguna vez, luego que aquella zona sea trabajada exhaustivamente a pico y lampa y desde el mar a la ceja de la sierra, las hoy opuestas teorías sobre el origen de los pueblos primitivos de la costa.

Lo que no cabe poner en duda es la presencia de exotismo en esta marea de culturas; que por pruebas de toponimia, pudo venir del Ecuador, Colombia y más lejanamente de Centroamérica.

Tal acierto justifica un ensayo que toca a la filología del extraño idioma de los Yungas costeños pues, no siendo posible contar con este por su desaparición, y sin que haya brotado un dialecto mestizo con el castellano (como ocurrió en la sierra, respecto del quechua), no hay para dicha filología otras fuentes que la Onomástica y la Toponimia. Este catálogo se ha formado con variada y curiosa documentación para los nombres contemporáneos, se utilizó folletos y mapas generales y parte de la espléndida serie del Servicio Geográfico del Ejército, en tanto que para los antiguos, sirven de manuscritos inéditos de los siglos XVI, XVII Y XVIII, de donde extraje la parte más valiosa de este trabajo. Los escribanos españoles, y luego sus colegas indígenas, que asistían a los Cabildos de Naturales en los pueblos donde estaban

asentadas parcialidades de indios, cuidaban mucho de anotar los nombres de los pedazos de tierras y chacras, cuya propiedad se discutía o alegaba. Hubo mucho empeño en identificar la fonética, lo más exactamente posible; y esto se observa también en los libros parroquiales más antiguos, donde los curas doctrineros, expertos en la lengua indígena, inventaron la grafía “Xll” y dividieron los apellidos y topónimos en silabas fonéticas.

Gran parte de los nombres aquí catalogados había desaparecido del uso en pleno siglo XVII, y más desde el XVIII, substituidos con otro cristiano – españoles. Así por ejemplo en el departamento de Lambayeque es difícil saber que la hacienda “Batan grande” fue en Yunga SICÁN, y el caserío “San Miguel” FARCAP. El cambiono indica traducción sino simple suplantación.

El área geográfica que abarca este catálogo es la de casi todo el Norte del Perú, o sea los departamentos de Piura, Lambayeque, Cajamarca, San Martín, y la Libertad; en buena cuenta, la inmensa región donde se advierte el misterio de la influencia exótica. Las culturas norteñas, exceptuando la andina de Chavín, no han sido suficientemente diferenciadas y se corresponden entre sí, confusa y copiosamente: no cabe duda que poseyeron formas dialectales propias pero, perdidas estas y huida para siempre la primitiva tradición, no queda sino un bloque general lingüístico, adivinable en nombres personales y geográficos, de donde sucesivos estudios extraerán lo particular y lo característico de cada cultura. ¿Cuáles fueron las diferencias capitales, entre los llamados dialectos Mochica, Chimú, Sec, Pescadora, Quigman? ¿Hasta dónde se relacionaron? Aún hoy los estudiosos no acuerdan resolverlo. De inmediato se tiene un material de primer orden en los topónimos; ahora están catalogados, podrán reunirse en familias lingüístico- culturales.

No puede llamarse puro azar la abundante correspondencia toponímica que existe entre el norte del Perú y otras tierras lejanas. Obedece a antiquísimos parentescos étnicos y culturales entre los pueblos que los produjeron y utilizaron. Muchas páginas podrían llenarse con una minuciosa comparación, pero no es ello el objeto de estas líneas. Sin embargo, de tan asombrosa correspondencia conviene dar algunas muestras.

PALENQUE, es sitio de México y del Ecuador; BULBUL, de Centroamérica y Colombia. BULUBULO de Ecuador y BULIBUYO de la Libertad, Perú; CHOSCON, CUEMAL Y QUEMAL, topónimos de Chachapoyas, parecen propios de Yucatán. HUALANGA, en Lambayeque y HUALÁN, en Guatemala; en la provincia de Sapotitlan de esta república, se halla el pueblo de S. Antonio de SUCCHITEPEQUE, correspondiendo a los varios SUCCHA de Piura, Cajamarca y La Libertad; ZAPAMÉ en Lambayeque y ZAPALINAMÉ en la serranía del estado de Coahuila, México; TEAPA, XAUCAPA, XALAPA y AZTAPA en la región de Tabasco, México; esta de TABASCO, Y OTUZCO en la Libertad; COPAN en Honduras, y CUPIÁN y COPIÁN en Lambayeque; MOTIL en la Libertad, y MOTUL en Yucatán; UANO en Pacasmayo y UANI en Nicaragua; LAJAS en Cajamarca, y LAJAS como río; asimismo, en Nicaragua.

Muchos topónimos peruanos terminan en CAN, del cliché “vivir, permanecer” (en Yunga AN es “casa”), siendo los más notables por su afinidad centroamericana: ICHCAN, ILUCAN, SICAN, SAMAN, JULCAN, LUMUCAN, MOCAN, CUPIAN, PAQUICAN, MONCOCAN, etc.; advirtiéndose dicha terminación no existe en quechua o aymará para toponimia.

La relación primitiva entre el norte del Perú y la región ecuatoriana, insinuada por Uhle y Bruning, aparece de manifiesto mediante la comparación de los topónimos.

¿Vinieron o fueron de aquí tales influencias? ¿Cuáles son sus verdaderas extensiones y dependencias culturales? En el Ecuador hubo mayismo comprobado.

¿Sería aquel la puerta para el exotismo que se manifiesta en las culturas llamadas mochica y chimú? Nuestros arqueólogos, cautivados hace tanto tiempo por los inacabables misterios del sur andino, deberían pronunciarse sobre esta interrogación.

- CHICAMA: Topónimo que con los de Payama, Cocama y Chama, trae el estudio de D. Luis Cordero.

- CHICAMA: Valle de La Libertad, que sale al mar.

- CHANCHAN: Río afluente del Guayas, y numerosos lugares en la provincia de Azuay.

- CHANCHAN: Gran metrópoli preincaica, cerca de Trujillo - CHOTA: Río afluente del Mira

- CHOTA: Pueblo de Cajamarca - LOJA: Ciudad

- LOJA: Cerro de Olmos, Lambayeque - TULCAN: Carchi, del norte del Ecuador - JULCAN: En la Libertad

Asimismo, FACALÁ, en Trujillo, HUAYONÁ en Ancash, IMANASÁ Y CHACHALÁ en Chota; MACHUCARÁ, CHAPALÁ y CHANCHALÁ en Olmos

(Lambayeque), CANCHALALÁ en Penachí. CHINGANÁ en Motupe, PUCALÁ y AÑAÑALÁ en Chiclayo y PACHINCALÁ en Lambayeque.

 Al norte del continente, quizás de remoto caribismo, y con ejemplos en el Ecuador, existen toponimias terminadas en “il” y en “pite”. Las hay también entre las recogidas en el presente índice (CUMBIL, MOTIL, ect.), y de las segundas particularmente.

- CHUSPAPITE

- OCHOPITE - SANAGPITE - SARRUPITE

 El sufijo ON abunda en el norte del Perú: - TOROPON

- TOLON - PATAPON - CHILLON - CHOTON

Por último, prueba suficiente de la antiquísima relación que anotamos es la existencia del pueblecito de CAÑARIS en la sierra del departamento de Lambayeque, “trait-d’union’ que no puede ser atribuida únicamente a la política incaica de mitmaes, pues el número de topónimos exóticos que lo rodea indica la antigüedad de su establecimiento.

Estos pueblos llamados, por ahora, mochicas, tallanes y chimús ¿Hasta qué punto interdependieron y se influenciaron? Imagínense los arqueólogos ciclos de prosperidad y decadencia, y eras de sojuzgamiento por vecinos; pero todo tiene mediana certeza, pues faltan elementos científicos que lo respalden. Parece que hubo un número mayor de los pueblos norteños, de los que actualmente se conocen. Cajamarca y Chachapoyas permanecen, por ejemplo, en el más cerrado misterio sobre el origen de su población primitiva.

La toponimia indica que cada región tuvo características idiomáticas propias, advertibles a una simple mira.

En Lambayeque, sin anotar las raíces, son comunes las terminaciones en IQUE, CAN, UP, ICH, CHAN, CUP, EN, CHEN, AP, ANCA, APA.

Servirá la toponimia para ver hasta dónde fue la influencia arcaica de estos ciudadanos norteños en el territorio peruano; pues alguna razón habría para que COLÁN y MANCOLÁN, los varios MOCHE, CHOTA, LARAN, y SUCCHA, CHILCA, MACAS y SINTO se hermanen a tan enormes y ásperas distancias de sus asientos y para la presencia de los porteñísimos COCHÁN, PACOYÀN y ZAPAN en el departamento de Lima. Lejos fue la emigración de los yungas costeños. Los nombres desparramados de COLLIQUE, CONCON, CHANCAY, SECHURA, SAMAN, etc.; la han denunciado; y no se puede saber hasta qué punto se relaciona con esto los varios CHIMBA, en Ecuador , la región sureña de los Collaguas y Chile; y el topónimo CONCON, repetido en el Perú, Chile y la Argentina.

Cuando el inca: Inca Túpac Yupanqui señoreó sobre la región de los Llanos, a mérito de una peleada y sagacísima conquista, la política cuzqueña de quechuizar el imperio debió ponerse de manifiesto. A la llegada de los soldados españoles esta política no había ganado

mucho terreno, pero podía advertírsele en los enlaces caciquiles de la nobleza lugareña y los linajes incaicos, como se ve al estudiar la genealogía de los señoríos yungas; y en la crecida cantidad de topónimos yunga- quechua.

A continuación algunos topónimos:

- AMOTAPE: Pueblo y distrito de la provincia de Paita, departamento de Piura.

Según las antiguas crónicas, cuando el Marqués D. Francisco Pizarro paseó esas tierras el año 1532, sus naturales llamaban al sitio ALMOTAJE y requeridos a contar sobre la antigüedad de él, decían haber perdido ya la noción de su existencia.

- BAGUA: Encomienda en el corregimiento de Chachapoyas, siglo XVII.

- COLPA: S. Francisco de: hacienda en la provincia de Huamachuco, siglo XIII. Hay Santa Cruz, Cajamarca, un fundo de este nombre.

- CACHICADÁN: Distrito en la provincia de Santiago de Chuco, La Libertad.

- COLLIQUE: Pueblo que en tiempos prehispánicos tuvo asiento en tierras situadas entre las actuales haciendas de Sipán, Saltur, y Pampa Grande. Durante la época española se llamó S. Juan de LA PUNTA de Collique. Restan algunas ruinas de importancia arqueológica. Según el cronista Agustino Calancha, ahí se aposento Gonzalo Pizarro en espera de guerra del Virrey Núñez de Vela. Durante la política de reducciones del Virrey de Collique fueron traídos al valle de Chiclayo, y juntados con la parcialidad de SINTO, naciendo el pueblo de San Francisco de Chiclayo en cuyo trazo tomaron por asiento los de Collique el lado sur. Hasta fines del siglo XIX este nombre servía para designar dicha parte de la ciudad.

- HUANCHACO: Puerto de mar, a 12 kilómetros de la gran ciudad de Chan Chan, Trujillo.

- MORO: Hacienda en el distrito de Chepén, provincia de Pacasmayo (El P. Calancha recoge el dato de haberse llamado este sitio hasta 1600, MOROMORO, despoblado como lugar de concentración indígena pocos años antes de 1634).

- Pueblo y distrito en la provincia de Santa Ancash.

- MOTUPE: San Julián de: pueblo y distrito de la provincia de Lambayeque. Durante la época española perteneció al Corregimiento de Piura.

- El P. Calancha Agustino en su famosa crónica de 1968, dice de la lengua mochica