4.1 Spatially mixed state ptychography ····················································
4.1.4 Optical experiments ·····························································
1.2.10.1 MOMENTO DE PRODUCCIÓN DURANTE LA TEMPORADA. A continuación se muestra en la tabla 1.16 un resumen de los estudios realizados sobre el momento de producción de la lesión durante la temporada.
Para analizar la incidencia de lesión en el transcurso de la temporada, diferenciaremos entre la distribución de lesiones en entrenamiento y en competición.
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Con respecto a la distribución de las lesiones producidas durante entrenamiento, debemos decir que hay unanimidad entre los diversos estudios, llegando al acuerdo de que la mayor incidencia se produce en pretemporada y que ésta disminuye progresivamente a lo largo de la temporada competitiva, debido fundamentalmente a una mayor incidencia de lesión de sobrecargas durante la pretemporada (Ekstrand y col., 1982; Engstrom y col., 1990; Blaser y col., 1992; Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 2001; Junge y col., 2002; Woods y col., 2002; Woods y col., 2004; Walden y col., 2005a)
Tabla 1.16. Momento de producción de la lesión durante la temporada.
El estudio de Woods (2002) en el que analiza las lesiones sufridas durante la pretemporada, se indicaba que durante este periodo se producían el 17% de todas las lesiones de la temporada, siendo por lo tanto la incidencia de lesión más alta del año. Al atender a su mecanismo de producción, se debió fundamentalmente a lesiones sin contacto, habiendo diferencias significativas entre mecanismos como la carrera o el golpeo de balón siendo superior en pretemporada (p < 0,01) o por el contrario inferior en mecanismos de producción como las entradas (p < 0,01). Con respecto a la naturaleza de las lesiones se produjeron significativamente menos lesiones musculares por contusión (p < 0,05) y si más lesiones relacionadas con los tendones y lesiones por sobrecarga (p < 0,01). Sin embargo la severidad de las lesiones fue menor en pretemporada, siendo inferiores las lesiones severas y moderadas con respecto a la temporada competitiva (p < 0,001) y mayor el número de lesiones leves y menores (p < 0,05).
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Si atendemos a la distribución de la incidencia de lesión en competición a lo largo de la temporada, los diversos estudios no son tan concluyentes como en el aspecto referido al entrenamiento. Autores como Hawkins (2001) nos explican como la mayor incidencia de lesión se produjo al inicio del periodo competitivo de la temporada, para posteriormente disminuir progresivamente, utilizando como argumento que el estado físico y psicológico del futbolista no está preparado para resistir el estrés asociado a la competición en ese determinado momento (González Iturri y col., 1994; Hawkins y col., 2001). Mientras que otros autores como Walden (2005a) nos indican que la incidencia de lesión en competición es similar a lo largo de toda la temporada, debido a que al inicio fueron más elevadas las lesiones por sobrecarga disminuyendo durante la temporada para al final de la temporada volver a aumentar levemente, mientras que en el caso de las lesiones traumáticas se produjeron con mayor frecuencia en mitad de la temporada, lo que hace que la incidencia de lesión se mantenga relativamente estable durante esta parte de la temporada competitiva, y solamente siendo ligeramente inferior en la última parte de este periodo (Walden y col., 2005a).
Los estudios previos indican que las lesiones musculares no se distribuyen igual a lo largo de la temporada. El porcentaje de este tipo de lesiones fue igual en pretemporada que en temporada. Pero si dentro de ésta tipología diferenciamos los diferentes grupos musculares, podemos observar como la incidencia de lesión a nivel del cuádriceps es mayor en pretemporada (29% de las lesiones musculares del miembro inferior), frente a la temporada competitiva (16% de las lesiones musculares del miembro inferior), mientras que a nivel isquiotibial ocurre lo contrario, fue mayor la incidencia en temporada (39% de las lesiones musculares del miembro inferior), frente a el periodo de pretemporada (23% de las lesiones musculares del miembro inferior) (Woods y col., 2002).
Un estudio se centró solamente en el análisis de las lesiones musculares a nivel isquiotibial y su distribución a lo largo de la temporada tanto en entrenamiento como en competición. Este observo como en entrenamiento fue durante la pretemporada (31% de todas las lesiones de isquiotibiales de la temporada en entrenamiento) donde se obtuvo una mayor incidencia disminuyendo notablemente durante la temporada competitiva donde se mantuvo estable, disminuyendo lentamente hasta el final de la temporada. Mientras que en competición se encontraron en pretemporada los valores
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más bajos, aumentando hasta mitad de la temporada, a partir de la cual comenzó a descender nuevamente la incidencia de lesión (Woods y col., 2004).
En relación a las lesiones ligamentosas, encontraron un pico de incidencia de lesión en el segundo mes de la temporada, coincidiendo con el inicio de la temporada competitiva, disminuyendo progresivamente a lo largo de la temporada, y siendo el mes con menor incidencia el último (Woods y col., 2003). Además nos aporta el dato de que el 44% de las lesiones ligamentosas de tobillo fueron durante el primer tercio de la temporada (p < 0,01) (Woods y col., 2003).
El estudio realizado por Engström (1990), nos aporta una información muy valiosa, ya que nos diferencia entre las lesiones de tipo traumático y las lesiones por sobrecarga a lo largo de la temporada; obteniendo que las lesiones por sobrecarga se producen mayormente en pretemporada, fundamentalmente seguida del inicio del periodo competitivo y del final de la temporada. Mientras que las lesiones traumáticas donde menos se produjeron fue en pretemporada aumentando progresivamente durante el periodo competitivo, teniendo su periodo ápice en el final de la temporada (Engstrom y col., 1990).
1.2.10.2 MOMENTO DE PRODUCCIÓN DURANTE LA COMPETICIÓN. Todos los estudios evidencian una mayor incidencia de lesión durante la segunda parte del partido (Engstrom y col., 1990; Arnason y col., 1996; Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001; Giza y col., 2003; Woods y col., 2003; Junge y col., 2004b), pero no en todos sus estudios encuentran diferencias significativas(Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Hawkins y col., 2001; Junge y col., 2004b). Alguno de ellos, como es el caso de Hawkins (1999) encuentra diferencias significativas (p < 0.01), siendo mayor la incidencia de lesión en la segunda mitad (ver tabla 1.17).
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Tabla 1.17. Momento de producción de la lesión durante la competición y distribución de las lesiones entre la primera mitad y la segunda mitad de la competición.
En lo que parecen coincidir más los resultados de los autores es en que la incidencia de lesión aumenta según el transcurso de cada parte, diciendo que en los quince minutos finales de cada periodo tenemos un mayor riesgo de padecer una lesión (Hawkins y col., 1998b; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001). En este sentido, Yoon (2004) diferencia entre un grupo de jugadores adultos y otro de jugadores jóvenes, llegando a la conclusión de que se produjeron más lesiones en la segunda parte y sobre todo a partir del minuto 60 para el grupo de jugadores adultos, mientras que en el grupo de los jugadores jóvenes se produjeron más lesiones en los primeros 15 minutos del encuentro, y el registro de lesiones entre la primera y la segunda parte fue similar.
Si atendemos a la tipología de las lesiones, no encontramos diferencias significativas entre las registradas en el primer periodo en comparación con el segundo periodo. Pero si realizamos la misma observación dentro de cada periodo, observamos que se produce un incremento de las lesiones sin contacto al final de cada periodo del partido (Junge y col., 2004b). Además otro estudio nos indica que con el transcurso de cada mitad se produce una aumento paulatino tanto de la frecuencia de lesiones musculares (p < 0.01) como ligamentosas (p < 0.05), pero no se encontraron diferencias si se realiza esta comparación entre la primera y la segunda mitad del encuentro (Ekstrans y col., 2015)
Hay una serie de estudios que han analizado la incidencia de lesión a lo largo de los partidos de fútbol centrándose en una lesión concreta. Woods (2003) realizó uno de ellos centrándose en la incidencia de lesión de los ligamentos de la articulación del
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tobillo, no encontrando diferencias entre el primer periodo y el segundo, pero lo que sí encontró fue que la incidencia de lesión aumentaba progresivamente según el transcurso de los minutos en cada periodo, produciéndose el 48% de las lesiones en los 15 minutos finales de los dos periodos (p < 0,01). La distribución de las lesiones en los dos periodos también era igual (Woods y col., 2003).
Woods (2004) también realizó otro estudio en el que analizaba la distribución de las lesiones musculares a nivel isquiotibial en el transcurso del partido. Obteniendo como resultado que la incidencia de lesión en la segunda parte fue mayor que en la primera, pero no siendo significativas estas diferencias. Donde sí se encontraron diferencias significativas fue al analizar dentro de cada periodo, siendo significativamente mayor la incidencia en los 15 minutos finales de cada periodo (p < 0,01), produciéndose el 47% de todas las lesiones musculares a nivel isquiotibial del partido (Woods y col., 2004).
Solamente hemos encontrado un estudio que nos hable sobre el momento de producción de la lesión en el transcurso de una sesión de entrenamiento. Éste es el estudio de Engström (1990) en el cual, divide la sesión de entrenamiento en tres partes, siendo la probabilidad de padecer una lesión mayor a medida que transcurre el entrenamiento (20% de las lesiones en el comienzo, 20% en la parte media de la sesión y 60% en la parte final de la sesión) (Engstrom y col., 1990).