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La autonomía en el aprendizaje ha sido un concepto ampliamente estudiado y definido a lo largo de las tres últimas décadas. Entre las conceptualizaciones que se han elaborado sobre éste, retomamos las de Holec (1981), Allwright (1990) y Sinclair (2000). De acuerdo a Henri Holec (1981:3), la autonomía es “la habilidad de hacerse cargo de du propio aprendizaje (…) Esta habilidad no es innata sino que debe ser adquirida ya sea de manera „natural‟ (…) o por medio de un aprendizaje formal, de manera sistemática y deliberada”.26

Esta concepción implica que el aprendiz debe asumir la responsabilidad en la toma de decisiones con respecto a la planeación, el monitoreo y la evaluación de su proceso de aprendizaje. (Ídem)

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Original: “… the ability to take charge of one‟s own learning… This ability is not inborn but must be acquired either by “natural” means or … by formal learning, in a systematic, deliberate way.”

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Por su parte, Allwright (1990:12) define la autonomía como un “estado de equilibrio, cambiante pero siempre óptimo, entre un nivel máximo de auto-desarrollo y de interdependencia humana”27

. Esta definición, a diferencia de la anterior, no solo concibe la autonomía como un comportamiento independiente sino que considera la interdependencia como elemento esencial en el proceso de aprendizaje.

Por último, Sinclair (2000:7-13) describe ampliamente el concepto de autonomía por medio de trece aspectos a partir de definiciones, investigaciones y publicaciones acerca de la autonomía en el aprendizaje de lenguas: 1) La autonomía es un constructo de capacidades. 2) Implica voluntad por parte del aprendiz de hacerse responsable de su propio aprendizaje. 3) Esta capacidad y voluntad de los aprendices de hacerse con esta responsabilidad no es necesariamente innata. 4) La autonomía completa es un objetivo idealista. 5) Existen distintos grados de autonomía. 6) Los grados de autonomía son variables e inestables. 7) La autonomía no se trata simplemente de poner a los aprendices en situaciones que les fuercen a ser independientes. 8) El desarrollo de la autonomía requiere consciencia sobre el proceso de aprendizaje, requiere reflexión consciente y toma de decisiones. 9) El fomento de la autonomía no consiste únicamente en la enseñanza de estrategias. 10) La autonomía se puede dar tanto dentro como fuera del aula. 11) La autonomía tiene una dimensión tanto social como individual. 12) El fomento de la autonomía tiene una dimensión tanto política como psicológica y 13) Las diferentes culturas dan una interpretación distinta al concepto de autonomía.

Autonomía en el estudiante y en el profesor

A partir de lo expuesto anteriormente, podemos sintetizar que un estudiante autónomo es aquel que se responsabiliza de su proceso de aprendizaje al reflexionar y tomar conciencia sobre éste, lo que le permite tomar decisiones fundamentadas que generan un cambio en dicho proceso. Sin embargo, como lo manifiesta Holec (1981) la autonomía no es una habilidad innata sino que se adquiere de manera „natural‟ o sistemática y es por este motivo que el docente debe asumir la responsabilidad de fomentar prácticas que propicien

27 Original: “… a constantly changing but at any time optimal state of equilibrium between maximal self-development and human interdependence”

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el desarrollo de la autonomía en los estudiantes. De acuerdo con Little (2007), el rol del docente en el desarrollo de la autonomía del aprendiz de lenguas se rige por tres principios pedagógicos: 1) el docente debe asegurarse de que la lengua meta sea el medio y el objetivo del proceso de aprendizaje. 2) el docente debe involucrar al aprendiz en la planeación, el monitoreo y la evaluación de su propio aprendizaje y, 3) el docente debe ayudar al aprendiz a reflexionar acerca del proceso y los contenidos de su aprendizaje de manera continua así como involucrarlos en un proceso de auto-evaluación permanente. Aunque los principios expuestos por Little relacionan directamente la autonomía del docente con el fomento de aquella en el estudiante, una discusión colectiva de este término en la Conferencia de Shizuoka (Barfield et al, 2001), permite obtener una caracterización más amplia de lo implica ser un profesor autónomo:

La autonomía en el profesor involucra un proceso continuo en el que se busca promover el aprendizaje autónomo en los estudiantes. Para esto, es necesario que los profesores comprendan el contexto en el que se encuentran y expliciten las limitaciones que puedan enfrentar a la hora de fomentar la autonomía en sus estudiantes, para así transformarlas en oportunidades de cambio. Lo anterior comprende procesos de colaboración entre docentes y el desarrollo de habilidades de negociación.

El desarrollo de la autonomía en el docente involucra el cuestionamiento y la reinterpretación del ejercicio de autoridad dentro del aula de clases ya que el docente autónomo debe trabajar de la mano de sus estudiantes para buscar, en colaboración con ellos, las soluciones a los diferentes problemas que surjan en el aula.

Un profesor autónomo además busca oportunidades a lo largo de su carrera para desarrollarse tanto personal como profesionalmente y, reflexiona constantemente sobre su proceso de enseñanza.

Como se puede apreciar, tanto profesores como estudiantes juegan un papel importante en el desarrollo de la autonomía en el aprendizaje y es por esto que ambas partes deben

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involucrarse en procesos de concientización y reflexión que les permita tener elementos pertinentes para tomar decisiones que enriquezcan el proceso de enseñanza-aprendizaje. En el proceso de enseñanza/aprendizaje de la lengua también es necesario recoger evidencias del desempeño del estudiante. Es allí donde aparece la evaluación como herramienta que da cuenta de, no solo del desempeño que el estudiante ha tenido, sino de sus debilidades y fortalezas en el uso y aprendizaje de la lengua.

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