al taller zapatero
TOMÁSPÉREZMEDINADoctor en Historia
aquel recinto el contraste de los cerros áridos de la comarca con la multitud y variedad de árboles, sembrados y hortalizas […] Vense allí hermosas viñas y algarrobos cultivados con inteligencia, cuyos frutos se aseguran con lozanía y corresponden a los afanes de aque- llos hombres infatigables […] A estas ganan- cias y utilidades se añaden las de la agricultura, reguladas en 30.000 arrobas de aceyte, 3.000 de higos, 4.000 de frutas, 6.000 de hortalizas, 50.000 cántaros de vino, sin contar la pasa, que suele valer 5.000 pesos, y otro tanto la uva fresca, 500 libras de seda, 1.400 cahíces de trigo, 1.200 de maíz, 650 de cebada, 70 de al- mendra, 80 entre avena y habas, 1.000 arro- bas de barrilla, 80 de anís y unas 400 de lana»
(Cavanilles: II, 258-259).
El abate valenciano trasmite una entusiasta imagen de una comunidad muy activa, con una cuidada y produc- tiva huerta donde se obtienen variados cultivos. Destacan los cereales –entre ellos el maíz con una elevada cosecha–, la producción de aceite y el vino, sin des- deñar la barrilla. La fotografía que nos transmite de la agricultura eldense, ade- más de la artesanía y del imponente pan- tano que más adelante estudiaremos, está acorde con la Ilustración que pre- tendía promover cambios en las técnicas agrarias para aumentar la productivi- dad. No deja Cavanilles a lo largo de sus
Observaciones de hablar y reclamar la aten-
ción sobre la educación utilitaria al ser- vicio del desarrollo económico, la desa- mortización eclesiástica, la libertad de co- mercio, la asistencia y la integración social y otros temas elaborados por co- etáneos ilustrados reformistas. Uno de estos valencianos establecidos en la cor- te madrileña es Sempere y Guarinos que tomó partido por el reformismo ilus- trado y entraba en el debate de la nece- saria reforma agraria e institucional de- fendiendo en sus obras la propiedad pri- vada y el individualismo posesivo de la
clase propietaria productiva frente al régi-
men estamental o la propiedad comunal (Rico Giménez: 203-204).
Sánchez Recio (1986) publica unas tablas con la extracción señorial de pro- ductos agrarios en la villa de Elda a prin- cipios del siglo XIX. En la larga lista de cultivos que pagan la razón decimal al conde de Elda, sobresalen el trigo, la ce- bada, el panizo –maíz–, el aceite, el vino, el anís –la matalahúga–, la cebolla y las habas. La mayoría de los aquí destacados coinciden con los mencionados por Ca- vanilles.
La persistencia historiográfica de considerar la agricultura preliberal atra- sada por el cultivo de los cereales, vistos como un signo de autoconsumo y, en consecuencia, como un rasgo del in- movilismo de la sociedad agraria, ha de ser matizada a la vista del listado de cul- tivos expuesto. Indudablemente. el tri- go y la cebada, a los que podríamos de- nominar cereales tradicionales, aportan el 33% del diezmo, es decir, un tercio de la producción está dedicada a cultivos normalmente calificados de no mer- cantiles. Es indiscutible el peso de los cereales tradicionales, pero no son los predominantes en todo el término el- dense. Varios factores pueden explicar esta moderada presencia: en primer lugar la importación de trigo de zonas altamente productoras, como La Mancha, y el de- creto proteccionista de 1820 que facili- tó la especialización agraria peninsular; en segundo lugar, la progresiva intro- ducción a lo largo del siglo XVIII del maíz1que es un cereal de productividad
superior a los cereales tradicionales y, por tanto, resulta lógico que ocupe una parte significativa de la zona regada; en tercer lugar, igual que ocurre en otros mu- nicipios y comarcas valencianas, se cons- tata que los cereales tradicionales son desplazados allí donde son posibles otros productos, tales como la viña o el al-
Tabla 1.
Valor medio de los diezmos de Elda en 1805- 1810 (en libras).
Cultivo Valor anual medio % sobre total
Trigo 1.636 26’64 Cebada 409 6’66 Avena 4 0’07 Centeno 1 0’01 Panizo 1.087 17’70 Aceite 1.486 24’20 Piñuelo 29 0’46 Vino 616 10’03 Aguardiente 634 10’32 Pasa 5 0’08 Almendra 55 0’90 Habas 19 0’31 Anís 85 1’38 Cominos 5 0’08 Cáñamo 6 0’10 Cebollas 5 0’08 Ajos 4 0’07 Corderos 57 0’93 Lana 49 0’80
Reelaboración propia a partir de Sánchez Recio, 1986.
mendro; la disminución total, hasta la práctica desaparición, de los cereales po- bres como la avena y el centeno y, por el contrario, el incremento de la cebada de cara a compensar los limitados recur- sos alimenticios del ganado de labranza. De la viña se obtenía uva de mesa, pasa, vino y aguardiente. Entre las cuen- tas decimales no se menciona la uva de mesa entre los productos agrícolas el- denses y en la crónica de Cavanilles hay una referencia sucinta al valor de venta de esta uva de mesa. Posiblemente, apar- te del consumo familiar directo, la ma- yoría de la producción vitícola era trans- formada. El secado de la uva pasa para su posterior comercialización fue im- portante en época mudéjar-morisca en las comarcas del Vinalopó2, pero a lo lar-
go de los siglos XVII y XVIII decayó está transformación hasta llegar a cantidades mínimas, tal como señalan las rentas decimales del señorío de Elda de la tabla 1. El vino y el aguardiente son los deri- vados vitícolas más destacados.
Cavanilles escribe que en 1793 en Elda funcionaban «siete fábricas de aguar-
diente, que algunos años han producido 4.000 arrobas». Producción que rentaba el 10 %
del diezmo condal. A partir de la crisis vi- tícola francesa de 1768-1782, la deman- da internacional de aguardiente aumentó. Junto al incremento catalán, de tradi- ción e importancia manifiesta (la ciu- dad de Reus era el centro productor y de referencia de precios), el aguardiente valenciano se incorporó a este comercio exterior en expansión. Así, en las postri- merías del siglo XVIII los puertos cata- lanes exportaban el 68 % de todo el aguar- diente español y los valencianos alcan- zaban el 30 %. El campesinado valenciano mostró una gran capacidad de respues- ta ante las condiciones tan favorables que se crearon a consecuencia de la cri- sis francesa de finales del XVIII, con lo cual cambió y dirigió parte del trabajo agra- rio hacia productos comercialmente más remuneradores, como fue en primera instancia la vid. En esta coyuntura el aguardiente fue una opción rentable para el campesinado eldense, que dirigió la transformación de la uva a este deri- vado vitícola antes que al vino común. En los Valles del Vinalopó los principales centros productores eran Novelda y Mon- forte, destacando además Aspe y Elda; en la cuenca alta del río sobresalen Banye- res de Mariola y Villena. Alicante, im- portante puerto de expedición de deri-
vados vitícolas, contaba con escasa fa- bricación de aguardientes, por lo cual los mercaderes se abastecían de las pro- ducciones del interior. Ahora bien, si en el litoral las facilidades de transporte marítimo permitían la exportación in- cluso de vinos comunes, los producidos en el interior no podían soportar el cos- to de su acarreo hasta los puertos. Ello autorizaba en estas comarcas la destila- ción en los alambiques de gran parte del vino común para reducirlos a aguar- dientes, que aguantaban mejor los gas- tos del envasado y transporte y cuyo con- sumo y demanda era excelente en esta co- yuntura internacional.
En esta situación expansiva del vi- ñedo, el vino repercutía un 10 % en la ren- ta decimal. Los cosecheros y vinateros el- denses, siguiendo a Cavanilles, producían 50.000 cántaros de vino, esto es, 5.775 hec- tolitros. La evolución histórica, que pá- rrafos más abajo desarrollamos, de- muestra la vocación vitícola de los Valles del Vinalopó. En los años iniciales de la transición al convulso siglo liberal des- tacan Monòver, Aspe, Novelda y Elda como grandes centros productores del sur valenciano.
De la trilogía agrícola mediterrá- nea, el olivo es la tercera variedad culti- vada. Cavanilles calcula en 30.000 arro- bas (5.400 hectolitros) la producción anual de aceite, cifra que consideramos exagerada si la comparamos con el pro- ducto de los diezmos condales. A prin- cipios del siglo XIX la producción media aproximada de aceite rondaría las 6.200 arrobas anuales (1.130 hectolitros), el doble de la obtenida en las vecinas lo- calidades de Novelda y Petrer. En las cuentas decimales el aceite es el segun- do derivado agrario por el nivel de ren- ta aportado a las arcas señoriales, por detrás del trigo y por delante del maíz, el vino y el aguardiente. La historiogra- fía atribuye al aceite valenciano un ca- rácter primordial de abastecimiento lo- cal y comercio intercomarcal, que aten- día las necesidades domésticas. Cabe advertir la importancia del aceite como materia prima para la elaboración de ja- bón, existiendo en Elda una fábrica de ja- bón –citada por Cavanilles–, siendo Elx el centro comarcal productor y expor- tador de este derivado. Para la fabricación del jabón era imprescindible la barrilla3,
que no aparece en los listados decimales y Cavanilles calcula en 1.000 arrobas (180 hectolitros) la obtenida en Elda.