3.2 Airfoil Parameterization 46
3.2.1 Parameter of Single-element Airfoil 47
La agricultura continuó siendo la principal actividad económica de los el- denses hasta principios del siglo XX. Pero a lo largo del siglo XIX hubo un proceso de transformación de la activi- dad agrícola, la cual podemos seguir a tra- vés de los cultivos señalados anterior- mente. La tabla 2, aunque incompleta por lo que se refiere a la primera mitad de la centuria, avanza unas informaciones cla- ras y concisas: la expansión de la tierras irrigadas; el progresivo predominio de la viña a costa de los cereales, que aún ocu- pan una amplia superficie, y de los oli- vos en retroceso; la presencia por el re- gadío y el secano eldenses de numerosos almendros y otros árboles frutales. Pa- semos a analizar pormenorizadamente cada uno de estos cultivos, a más de ana- lizar el contexto socioeconómico de la protesta de 1847, manifestación de una posible crisis de subsistencias.
La evolución de las tierras eldenses dedicadas a los cereales –como a otros cultivos que veremos a continuación: olivos, viñedos y almendros– es uno de los indicadores más claros que tenemos para conocer el cambio agrícola en fun- ción del mercado. El proceso de articu- lación de una economía capitalista de mercado, estrechamente relacionada con la producción de bienes que ten- gan una remuneración que supere tan- to como sea posible los costos de pro- ducción, tiene una fase de adaptación y manifestación en la agricultura. En el sec- tor agrícola cada vez cuenta menos la po- sibilidad de autoabastecimiento o la producción de cosechas con baja re- muneración en el mercado. La tabla 2 su-
giere este comentario. Por lo que hace a los cereales, señalamos que se confir- ma claramente una tendencia decre- ciente de los cereales, tanto en el secano como en el regadío. A principios del si- glo XIX la mitad del diezmo es de pro- cedencia cerealista, porcentaje que dis- minuye a lo largo de la centuria, ocu- pando tan sólo el 16 % de la huerta y el 35 % del secano en el año 1900. Cons- tatamos, en consecuencia, que allí don- de son posibles otros cultivos más re- muneradores, los cereales se ven des- plazados.
El cronista eldense Amat y Sempe- re, gran propietario terrateniente, apor- ta una información que, si bien las cifras las consideramos exageradas4, es clarifi-
cadora: la huerta dedicada a cebada quin- tuplica la superficie triguera. La pro- porción en los primeros años del siglo XIX era muy favorable al trigo, por lo cual de- ducimos que a lo largo de la centuria, jun- to a la reducción del área cerealista, se ha dado una especialización en aquél cereal dedicado a la alimentación animal. Po- siblemente el trigo y la harina, docu- mentados en estudios de historia agra- ria contemporánea, que circulan de la meseta meridional hacia el litoral me- diterráneo influyeran en esta drástica bajada de superficie triguera eldense. La política proteccionista favoreció la es- pecialización interior y la circulación de los excedentes hacia zonas costeras que, a su vez, se orientaron hacia otros pro- ductos agrarios. Posiblemente, el con- siderable volumen que tuvo el trans- porte de trigo en cereal y harina de La Mancha hacia el Mediterráneo hizo que la carretería y la arriería eldenses au- mentaran en número. Bernabé (1975) avanzó en su estudio el doble uso de las
Tabla 2.
Cultivos del secano y el regadío eldenses (en hectáreas).
1832 1860 1900
Cultivo Regadío Regadío Secano Total Regadío Secano Total
Cereales 181’28 162’10 568’20 730’30 156’59 418’73 575’32 Vid 268’72 381’07 101’65 482’72 471’87 350’18 822’05 Olivo 41’31 190’50 242’15 432’65 95’60 12’87 108’47 Almendro - 18’22 121’19 139’41 66’50 182’61 249’11 Frutales - 43’09 0 43’09 35’62 2’39 38’01 Hortalizas - 78’59 0 78’59 27’61 - 27’61 Legumbres - 8’64 0 8’64 - - - Otros árboles - - - - 93’70 219’23 312’93 Otros 10’95 - - - - Total 502’26 882’21 1.033’19 1.918’54 947’49 1.186’01 2.133’50
caballerías: empleadas en la agricultu- ra y en el transporte, aunque también se- ñaló que la inversión y ampliación de la carretería era incompatible con la pro- piedad agraria, desarrollándose un sec- tor intermedio de comerciantes.
Los cambios de la agricultura en el siglo XIX no impidieron que a lo largo de la centuria se sucedieran crisis de sub- sistencias que perjudicaron a los secto- res más desprotegidos de la población. La de 1847 se manifestó en Elda. Los motines se dirigieron contra los arbi- trios de los consumos. En febrero un grupo de jornaleros se amotinó en Xixona y exigió al Ayuntamiento que suprimie- ra los dos reales que gravaban la arroba de harina y las habichuelas. El día 24 de febrero un grupo de amotinados en Aspe pidió la rebaja de los impuestos a los ar- tículos de primera necesidad. El día 28 del mismo mes apareció un pasquín en Elda denunciando la miseria de los jor- naleros y la falta de trabajo y amena- zando con un motín. El 20 de marzo se produjo un tumulto en Villena pidien- do la supresión de impuestos. La crisis, que se manifestó con un alza de precios especialmente intensa a primeros de año, se relaciona con un aumento de la ex- portación de cereales y un mayor aca- paramiento y especulación de este pro- ducto básico. La crisis se inscribe en un proceso de expansión del capitalismo agrario que, a corto plazo y en coyunturas desfavorables, pudo incrementar las de- sigualdades sociales, deteriorando al mismo tiempo los niveles de vida.
El olivo, a nivel municipal, experi- menta grandes mutaciones al despla- zarse del regadío al secano y de las llanuras al interior. Todo parece indicar, tal cual sucede en muchas comarcas valencia- nas, que la propagación del olivo fue constante en la primera mitad del siglo XIX. Así lo ensalzan las crónicas y los informes del conde de Ripalda de 1841 y de Roca de Togores de 1849. L. Amat en su crónica eldense escrita en 1875 textualmente dice: «En nuestro concepto las
tres cuartas partes de los olivos de esta huer- ta son seculares y el resto más o menos jóve- nes del siglo actual; y estos últimos años vienen plantándose muchos con preferencia a otros árboles». En la tabla 2 observamos el cre-
cimiento del olivar, que llegó a ocupar algo más de 1/5 de los bancales de regadío y de secano en el año 18605.
En el último cuarto del siglo XIX el olivo se resiente de la expansión de
otros cultivos más rentables desde un punto de vista comercial. Así, se ve des- plazado del regadío por otros árboles frutales y prácticamente desaparece en el secano, sustituido por los viñedos y los almendros, lo cual evidencia la diver- gente tendencia de tales cultivos y ex- presa con claridad los pocos incentivos que existían para la producción oliva- rera en la comarca y la necesidad de sus- tituirla por otros cultivos. Tal como ocu- rre en muchas tierras valencianas, se arrancaron muchos olivos y rápidamente se procedió a la plantación de viña y al- mendros, pues la caída de los precios, la competencia de otras materias grasas (aceites vegetales de coco y palma, por ejemplo) y la generalización del método Solvays para extraer sal sosa química para la producción de jabón duro, plan- tearon grandes dificultades a los olivo- cultores.
La viña es la gran protagonista de las transformaciones agrícolas de la segunda mitad del XIX. La crisis del aguardien- te, que repercute en un estancamiento de la expansión del viñedo, es superada a par- tir de 1854. Las razones de esta nueva ex- pansión fueron de tipo coyuntural. En primer lugar, la crisis del oidium hizo descender en gran medida la produc- ción de los países húmedos europeos, lo cual repercutió en una oleada de plan- taciones en las comarcas valencianas, especialmente en el Vinalopó, bien equi- pada de caminos y con el ferrocarril des- de 1858. La segunda crisis europea, más larga y perjudicial, fue la provocada por la filoxera que desde 1877 empezó a des- truir sistemáticamente extensos viñe-
Fotografía reciente de la finca Lacy, una casa de labor que recuerda las típicas del siglo XIX (Archivo EMIDESA).
dos europeos. La propagación de la en- fermedad por el País Valenciano fue tan lenta que permitió una expansión del viñedo para abastecer de pasas y vinos a los mercados europeos.
En Elda observamos esta capacidad de respuesta ante las condiciones favo- rables creadas para la plantación de la viña, cultivo muy remunerador6. Aunque
la superficie alcanzada no es equivalente a la dada en Villena, Sax o Monòver, en el año 1900 la mitad de la huerta y un ter- cio del secano están plantados de cepas. Su expansión se ha verificado a costa de los olivares, los cereales o de nuevas tie- rras roturadas. El viñedo eldense se de- dicaba a uva fresca, a vino tinto y a que- marlo para alcohol. Así lo confirman L. Amat y las tablas publicadas por Pique- ras Haba sobre la comercialización por fe- rrocarril del vino de los municipios del Vi- nalopó al puerto de Alicante, donde Elda aparece con cifras bajísimas. La llegada en 1858 del ferrocarril a Elda no significó una desaparición de la carretería y arriería, pues frente a la capacidad de transporte del nuevo ferrocarril y a sus costes más ba- jos, las caballerías aventajaban a aquel por su maniobrabilidad y su comple- mentariedad ya que las mulas recogían y llevaban el producto de puerta a puerta. Un auge del número de carreteros es, sin duda, consecuencia de la comercializa- ción de los derivados vitícolas7en el últi-
mo tercio del XIX.
El almendro es un cultivo joven, de reciente expansión, que ha nacido del nuevo orden comercial valenciano. Pero tampoco se puede decir que fuera un árbol desconocido, pues anteriormen- te aparecía en los márgenes de algunas parcelas. A lo largo del siglo XIX se ex- tenderá por el término eldense, princi- palmente por las nuevas tierras de seca- nos, tal como acontece en los municipios colindantes. L. Amat confirma la ex- pansión de este árbol pues «cuarenta y cin-
co años atrás no se veía un almendro», des-
tacando el cronista el plantío realizado en la huerta. La tradición turronera exis- tía en muchas ciudades del sur valen- ciano, tales como Alacant, Agost, Xixo- na o la vecina Petrer. En la segunda mi- tad del siglo XIX se registró un aumento de la comercialización de la almendra y el turrón en ciudades peninsulares y ex- tranjeras, que repercutió en la planta- ción de nuevos pies.
En 1845 el diccionario estadístico de Madoz recoge que «moreras, frutales y hor-
talizas vejetan con lozanía» por el término
de Elda, con una producción impor- tante de «higos, albaricoques, manzanas,
otras frutas, legumbres y hortalizas». Este
listado nos sirve para evaluar la impor- tancia de aquellos productos que ad- quieren cierto rango estadístico. En el úl- timo tercio del siglo XIX alrededor del 15% de la huerta eldense está plantada de árboles frutales, legumbres, hortali- zas, verduras y otros árboles. Es una su- perficie relevante, pues ya no se trata únicamente de aquellos bancales de agri- cultura promiscua de los cuales se au- toabastece la familia campesina. Posi- blemente sirvan estas parcelas para co- mercializar parte de la producción. Hay fruta, tal como escribió Amat y Sempe- re en 1875, que «se expende en esta plaza y
las de Monóvar, Sax y Villena; llevándose la mejor y más resistente por ferro-carril a algunas plazas de la Mancha y hasta a Madrid».