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In document Essays on teamwork (Page 80-83)

Antes de comenzar formalmente con las actividades del festival, hubo obras de teatro, exposi- ciones artísticas, charlas sobre ecología e incluso una sesión de yoga. Así, se observó el papel del rock en la vida cotidiana de la juventud y cómo se podía ligar con una serie de actividades culturales, artísticas e incluso deportivas, por lo que además de ser un movimiento cultural ju- venil también puede ser considerado como un elemento que incita el desarrollo de otro tipo de manifestaciones artístico-culturales.

Así ha sido durante varios años; una de las capacidades performativas del rock es la facili- dad de involucrarse en el proceso creativo de otras manifestaciones artísticas, como también ha permitido lo contrario; pintores, escultores, escritores, diseñadores se han involucrado en el proceso de producción del rock no sólo en México, sino en todo el mundo.

Esta tendencia, sin lugar a dudas comienza, por lo menos en nuestro país a partir de finales de los años sesenta, cuando el acontecimiento rockero tomó por sorpresa a toda una sociedad conservadora y continúa durante el periodo oscuro del rock mexicano, donde como explica Ur- teaga, los jóvenes tendrán solo dos caminos para continuar en el rock, el primero: la formación de comunidades artísticas que mediante la socialización, permitieron el intercambio material y simbólico de elementos relacionados al género. El segundo: los hoyos funky.

“Durante gran parte del 70 y algo del 80, la primera de estas formas de sobrevivencia posi- bilitará el desarrollo de colectividades de jóvenes con muy buen gusto por el rock que está haciéndose en otros países (a través de obtener y “rolar” los discos y folletería foránea); grupos de chavos reunidos por el gusto de escuchar en común la música rock, que se harán cuates vivenciando también otro tipo de actividades en conjunto: producción de literatura urbana rockera, teatro, plástica, fotografía, dibujo, poesía, círculos políticos, etcétera. Y por supuesto lo producido como rock por ellos mismos”. (Urteaga, 1993: 85)

De la misma forma, habrá que señalar que así como el rock produjo nuevas formas de socia- lización a través de diversas actividades artísticas, también ha recibido influencias tanto musi- cales como literarias. En este sentido, el rock mexicano, particularmente el producido durante

62 De la misma forma, una de las pocas referencias a la matanza del 10 de junio del 71 fueron unas pocas palabras dichas por Alejandro Lora, líder del Three Souls in my Mind, casi al término del festival.

la década de los setenta tuvo una influencia directa de la llamada “generación beat”, con es- critores como Allen Ginsberg, William S. Burroughs e incluso Charles Bukowski, que a pesar de no pertenecer a este movimiento, se le asocia frecuentemente por la similitud de los temas tratados. En México, lo beat influencia de una manera importante a los escritores de La Onda, que a su vez también influenciaron a los rockeros de la época.

Por el lado musical, es innegable la influencia en la música rockera mexicana de Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Jim Morrison, todos pertenecientes al llamado “club de los 27” por fallecer a esa edad. También se perciben influencias de Los Beatles, Rolling Stones, Deep Purple y Led Zeppelin, así como también se aprecian aportes del blues en muchas de las melodías de esos años, particularmente en el grupo Three Souls in my Mind. Estas influencias artísticas nos hablan de los alcances que el acontecimiento rockero logró, no sólo durante los años que nos ocupan y en un solo campo cultural (el musical), a través de los intercambios simbólicos que se dieron a partir de la ruptura histórica que significó el rock setentero y que desencadenaron cambios en las estructuras sociales, culturales y artísticas de toda una generación.

En este sentido, el acontecimiento del rock tuvo fases importantes que establecieron el senti- do rebelde y contestatario que acompañó al rock durante toca la década de los setenta, muchas de esas fases se dan antes del Festival de Avándaro, donde se encuentran grupos, expresiones y el surgimiento de algunos líderes del movimiento rockero mexicano, sin embargo ninguno de esos eventos tuvo la resonancia del festival por lo que se afirma que en él se formaliza la idea de que el rock no era una música pasajera y se comienza a entender como un movimiento cultural con repercusiones importantes.

De esta forma, se considera que fue el primer gran escenario que alojó un repertorio nuevo de acciones colectivas de los jóvenes ligado al rock, donde el sujeto militante logra una identifi- cación a través de compartir un universo simbólico, mismo que provoca el rechazo y la persecu- ción por parte del sistema. Por, ello su valor radica en que es un acto tremendamente simbólico que logra articular:

1. Cuestionamientos al sistema

2. Un rechazo total a la falsa moral burguesa

3. La fuerza de la unión de la juventud que da paso a la rebeldía y a la búsqueda de libertad 4. La legitimidad a los líderes, que están más allá del mercado y que hace comunión con el público en un sentido cuasi ritual

Se concluye este apartado, siguiendo los términos del acontecimiento expuestos por Zyzek, y considerando que la trascendencia de Avándaro, (a pesar de no haber sido plenamente apro- vechada por la comunidad rockera para manifestar su oposición a eventos como el Halconazo) está directamente relacionada con el (re) surgimiento de un sujeto militante que se comprometió simbólicamente con este género al utilizarlo como una forma de resistencia; surge entonces una

figura protagónica cuya performatividad tuvo un foro de expresión de las dimensiones que lo tuvo el mítico Festival, pues el rock mexicano, como movimiento cultural, necesitaba de nuevos líderes que trataran de darle una dirección hacia la contracultura, como ya se hacía en otros países y aunque había un rock antes de Avándaro y a pesar de que los primeros grupos coloca- ron algunas bases para su desarrollo, esta nueva etapa del rock requería de un espacio donde grupos rockeros y público se unieran simbólicamente.

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