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Optimizing Partial Credit Algorithms to Predict Student Performance

Existe abundante bibliografía que profundiza en los factores que determinan los avances en salud y educación, tanto desde la perspectiva del desarrollo humano como de otras12. A con-

tinuación presentamos una reseña centrada en los factores que se han traducido en importan- tes avances a nivel mundial.

Recuperación de terreno en salud

En 1651, el filósofo inglés Thomas Hobbes describió la vida en estado natural como “pobre, desagradable, brutal y corta”13. Hobbes estaba

describiendo cómo sería el mundo sin gobier- nos, pero, quizás inconscientemente, también

Los países pobres se beneficiaron de la rápida

propagación de los avances médicos y de las intervenciones en salud pública cuando su costo

se había reducido considerablemente

estaba mostrando el panorama de aquella época en que la esperanza de vida en Inglaterra era de 40 años y en muchos otros lugares, de apenas 20 años14. Esta situación comenzó a cambiar

en los siglos posteriores a medida que la salud y la esperanza de vida de la población de los paí- ses occidentales fueron mejorando. Las tasas de mortalidad cayeron cuando se comenzaron a controlar las enfermedades transmisibles entre los más jóvenes, como el sarampión, la difte- ria y la tos ferina. A ello le siguió el descenso en las enfermedades respiratorias que también aquejaban mayoritariamente a los más jóvenes, como la gripe y la tuberculosis15. La higiene y

otras prácticas de salud pública jugaron asi- mismo un rol decisivo, al igual que la mejor alimentación16.

Todo esto ocurrió mucho más tardíamente en los países en desarrollo, pero el progreso fue más rápido. En 1950, la esperanza de vida en África, los Estados Árabes y Asia era en prome- dio 39 años, comparable a la tasa de la Inglaterra de Hobbes, y 20 años menor que la de los países desarrollados17. Pero en las naciones en desa-

rrollo, la esperanza de vida aumentó en tan sólo medio siglo: algo que tardó 300 años en los paí- ses que ahora son desarrollados. Los procesos se repitieron en muchos aspectos, ya que numero- sos países experimentaron una transición epide- miológica, es decir, un cambio en la incidencia de distintos tipos de enfermedades dentro de sus propias trayectorias de desarrollo.

Sin embargo, en cierta forma la experiencia de los países en desarrollo fue muy diferente. Las innovaciones en medicina y las interven- ciones de salud pública se extendieron con mayor rapidez a muchos de ellos, beneficiando a millones de personas. Las mejoras en el abas- tecimiento de agua potable, alcantarillado e inmunización demoraron muchos años en los países occidentales e inicialmente tuvieron un costo altísimo. Los medios eficaces de pre- vención solían descubrirse bastante tarde. Por ejemplo, la vacuna contra la tuberculosis nunca fue utilizada masivamente en Estados Unidos, porque fue descubierta recién en 1927, cuando la enfermedad ya había sido prácticamente erra- dicada18. Los países pobres se beneficiaron de

la rápida propagación de estos avances cuando su costo se había reducido considerablemente:

según un estudio basado en una muestra de 68 países, aproximadamente 85% de la menor tasa de mortalidad a partir de 1950 se debió a avan- ces mundiales19.

Para esto fue fundamental la acción con- certada de la comunidad internacional. El Pro- grama Ampliado de Inmunización de la ONU subsidió programas de gran alcance, al igual que el Fondo Rotatorio para la Compra Conjunta de Vacunas de la Organización Panamericana de la Salud20. Las tasas de inmunización se dis-

pararon en los países beneficiados por estos pro- gramas, lo cual produjo la virtual erradicación de la poliomielitis en las Américas en 1994 y un aumento en las tasas de inmunización para seis enfermedades objetivo (tuberculosis, dif- teria, tétanos neonatal, tos ferina, poliomieli- tis y sarampión) de 5% de los recién nacidos en el mundo a más de 80%21. La erradicación del

sarampión, enfermedad que mataba a aproxima- damente dos millones de personas al año en la década de los sesenta, costó sólo US$300 millo- nes, el valor en esa época de tres aviones caza22.

Pero la cooperación y la tecnología no son los únicos factores determinantes. La educación y la concientización de la población también contribuyeron al incremento de la demanda de mejor salud. Información sobre la lactancia materna, el lavado de manos y soluciones salinas y azucaradas de rehidratación puede difundirse sin sistemas avanzados de salud. Un estudio reciente de 278.000 niños en 45 países en desa- rrollo reveló que la acción de los padres, como proporcionar líquidos durante episodios de dia- rrea, es el principal factor en la reducción de la incidencia de enfermedades mortales comunes entre los niños23.

Las causas de las diferencias registradas en algunos países pueden remontarse a la crisis del VIH y al aumento de las tasas de mortalidad en la ex Unión Soviética. Pero, en términos más generales, las políticas nacionales de salud han jugado un rol decisivo. La caída de las tasas de mortalidad infantil también se asocia con el uso más extendido de servicios materno-infantiles: rehidratación oral, inmunización, lactancia materna y alimentación complementaria24. El

estado de Ceará en Brasil y el estado de Kerala en la India han demostrado que es posible avan- zar rápidamente a través de la prestación masiva

Muchas de las intervenciones destinadas a reducir la tasa de mortalidad en los

países en desarrollo pueden implementarse a

bajo costo

de servicios públicos. Otros factores que ayudan a adoptar reformas importantes son: la presencia de prensa libre, contiendas políticas y una cul- tura de debate público sobre temas sociales25.

Muchas de las intervenciones destinadas a reducir la tasa de mortalidad y mejorar la salud en los países en desarrollo pueden implemen- tarse a bajo costo. Un paquete de seis vacunas preparado por la Organización Mundial de la Salud cuesta menos de US$1 y la desparasita- ción (que puede aumentar la asistencia escolar) sólo 50 centavos al año26. El hecho de que la

mayoría de las intervenciones más eficientes en salud tenga un valor asequible podría explicar la falta de correlación entre su prestación y el gasto global en salud27. También podría esclarecer el

motivo de la débil relación entre los avances en salud y el crecimiento económico, sobre todo en los países con bajo IDH; la falta de recursos no necesariamente debe considerarse un impe- dimento para la prestación de estos servicios (recuadro 3.1)28.

Estas macro pruebas no concuerdan con los estudios a nivel individual y de hogares realiza- dos por Angus Deaton y otros, que muestran que, en general, las personas de estatus socioeco- nómico más alto tienen mejor salud29. Esto se

debe a que los motores de los avances en salud a nivel nacional pueden y suelen ser diferentes de los factores que la impulsan a nivel individual. Por ejemplo, una nueva vacuna puede bene- ficiar simultáneamente a todos los miembros de una sociedad y, por lo tanto, incidir en los ingresos y en el estado de salud de esa sociedad. La relación individual refleja el hecho de que los más ricos tienen mayor acceso que los pobres a los servicios de salud. Por lo tanto, los ricos de un país suelen tener una esperanza de vida más alta, mientras que los cambios en la riqueza promedio del país podrían no generar cambios generales en la esperanza de vida30.

¿Por qué no todos los gobiernos llevan a cabo estas intervenciones de bajo costo para mejorar la salud? Parte de la respuesta radica en el ámbito político. Existen fuertes indicios de que mientras más democráticos son los gobier- nos, mejor es la prestación de servicios de salud. Según un estudio reciente, la transición demo- crática reduce la mortalidad infantil en cinco casos fatales por cada 1.00031. Otros estudios

revelan que la democracia augura mayor espe- ranza de vida y menor mortalidad materna al momento del parto32. Aunque los mecanismos

subyacentes requieren ser estudiados con mayor profundidad, los datos sugieren que la rendi- ción de cuentas es clave y que la disponibilidad de información, la participación popular y la credibilidad de los políticos también contribui- rían33. Sin embargo, aún sin procesos electora-

les nacionales totalmente competitivos, es posi- ble mejorar el acceso y el suministro efectivo de bienes públicos a través de mecanismos locales, como fue el caso de Etiopía con el aumento del número de clínicas y escuelas en los últimos 10 años. Y el hecho de que algunas democracias, como Estados Unidos, no sean capaces de pres- tar servicios de salud pública de manera eficaz sugiere que las instituciones democráticas son, cuanto menos, necesarias, pero no suficientes.

educación: ¿los padres, el estado o ambos?

Tal como en el caso de la salud, la situación de la educación está marcada por el rápido progreso y la convergencia entre países pobres y ricos. Desde 1970, el número de alumnos ha crecido de 550 millones a más de 1.000 millones, y el número de maestros aumentó aún más rápida- mente34. Pero existe una diferencia considerable

entre educación y salud: no hay avances tecno- lógicos que permitan explicar los patrones de la primera. Las tecnologías básicas para impartir instrucción no han cambiado en los últimos 40 años: los maestros cuentan con instalaciones, pizarras y libros para transmitir conocimientos a sus alumnos y reciben un sueldo a cambio.

Entonces ¿por qué han subido los niveles de educación? Una explicación pone de relieve que los cambios económicos —como la tran- sición de la agricultura a la producción indus- trial y de servicios— incrementan los beneficios de la inversión en educación y generan mayor demanda. Existen amplias pruebas a nivel microeconómico de que los ingresos familiares y la educación de los padres rigen la mayoría de las decisiones en materia de escolaridad35.

Sin embargo, el vínculo entre la expan- sión de la educación y el crecimiento de los

ingresos es bastante débil. Durante el período 1970–2010, el aumento promedio de la matri- culación escolar en los países con crecimiento económico negativo ha sido casi igual a aquél de los países con crecimiento económico posi- tivo36. También pareciera no existir mayor rela-

ción entre la tasa de retorno de la educación y la expansión del número de alumnos inscritos, lo que desecha las explicaciones circunscritas a la demanda37.

Las vastas pruebas, tanto históricas como actuales, sugieren que, además de la presión popular, son muchas las motivaciones que pue- den impulsar a Estados y a actores políticos a ampliar la prestación de servicios educativos. Los primeros han extendido masivamente la enseñanza al consolidar el poder político, redu- cir la injerencia de instituciones rivales y for- jar una identidad nacional. Existen innume- rables ejemplos de expansión educativa: desde el sistema prusiano de educación nacional de

los tiempos del Rey Federico II a la seculari- zación masiva de la enseñanza en la década de 192038. El objetivo de promover una ideolo-

gía nacional a través de escuelas administradas por el Estado también podría explicar por qué los gobiernos proveen educación directamente en vez de entregar subsidios a las familias para que sus hijos puedan asistir a escuelas privadas y por qué imponen por ley la obligatoriedad de la educación.

No siempre es fácil definir los factores polí- ticos determinantes. La independencia ha sido identificada como una fuerza potente, especial- mente en África y Asia, pero ello sólo ofrece una explicación parcial: la mayoría de los países de América Latina conquistaron su indepen- dencia a principios del siglo XIX. Sin embargo, la educación no se expandió masivamente sino hasta bien entrado el siglo XX. La presión inter- nacional pudo haber incidido, especialmente después de la proclamación de la Declaración

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3.2

¿la descentralización favorece el desarrollo humano?

La descentralización de las responsabilidades de prestar servicios gu- bernamentales viene acompañada de otras iniciativas que buscan au- mentar la capacidad de respuesta de los gobiernos locales. Algunos ejemplos notables incluyen la formulación presupuestaria participativa que tuvo su origen en Porto Alegre, Brasil, y varias otras propuestas de monitoreo, como las auditorías sociales y los indicadores comunitarios. Una de estas iniciativas reúne datos vinculados con el avance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a nivel local en 16 países de Asia Oriental, Asia Meridional y África Subsahariana y los emplea para pre- sionar a los gobiernos a satisfacer las necesidades que han sido identi- ficadas. Hay cada vez más organizaciones no gubernamentales (ONG) dedicadas a proporcionar información al público con el fin de mejorar los servicios. La ONG Twaweza de Tanzanía difunde información a tra- vés de los medios de comunicación, teléfonos móviles, grupos religio- sos y bienes de consumo en toda África Oriental a fin de empoderar a las personas para que exijan transparencia a sus gobiernos y generen cambios en su comunidad.

No toda descentralización es eficaz o transformadora. El impacto en el desarrollo humano dependerá del contexto social y político local y de las condiciones del país, especialmente en términos de sus instituciones y capacidad administrativa, y de las causas y los patrones de la desigual- dad y la pobreza.Existen ciertos indicios de que la descentralización puede tener un impacto extremadamente positivo: en Bolivia, después de las reformas de 1994, el impulso descentralizador llevó a encauzar

decididamente la inversión pública hacia educación, agua potable, sa- neamiento y otras necesidades identificadas por las comunidades. Pero en África Subsahariana, la delegación del poder sobre los fondos en las comunidades locales con frecuencia ha agudizado las desigualdades.

Según un estudio reciente sobre siete países en desarrollo, se han logrado avances rotundos en salud y educación, pero también han au- mentado las desigualdades. En términos generales, debido a que cierto grado de empoderamiento es una condición previa para que puedan implementarse planes de desarrollo a nivel de base, las comunidades que carecen de la capacidad de identificar sus necesidades y hacer algo al respecto podrían continuar sin este poder y contribuir así a la per- petuación de un círculo vicioso. La descentralización política pareciera beneficiar a los pobres, mientras que los efectos de la descentralización fiscal son más sutiles. Esta última necesita mecanismos adecuados para garantizar tanto los recursos necesarios, como la rendición de cuentas y la transparencia. Una descentralización eficaz también requiere la trans- ferencia del poder y de responsabilidades y no la mera implementación de políticas formuladas en las altas esferas. En Armenia, el gobierno central traspasó la administración de las escuelas a consejos locales a principios de los años 2000, pero la gestión siguió siendo sumamen- te centralizada y muchos ni siquiera se enteraron de dicha reforma.A esto se sumaban otras deficiencias fiscales: los fondos se transfirieron a los consejos sin los mecanismos de control y rendición de cuentas adecuados.

Universal de Derechos Humanos en 1948, pero la generación de un consenso mundial sobre la educación universal probablemente es reflejo de procesos políticos más profundos en el ámbito nacional39.

Claramente, los factores político-econó- micos son importantes. Las acciones de un gobierno pueden reflejar las preferencias de la gente. La expansión masiva de la educación en Indonesia en la década del 70, a través del

programa Sekolah Dasar INPRES, fue un intento del régimen de Suharto por fortalecer su legitimidad después de arrebatarle el poder al anterior gobierno comunista40.

El incremento de la educación muchas veces ha ido de la mano de la expansión del sufragio popular y del aumento de los impuestos redis- tributivos y las transferencias. La democrati- zación pareciera impulsar varios indicadores de educación: logros en la población adulta

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3.3

tres casos de avances en el Índice de desarrollo humano

Algunos países han seguido vías distintas para alcanzar un alto nivel de desarrollo humano.

Nepal: importante impulso a las políticas públicas. No deja de extrañar que Nepal sea uno de los países que más ha avanzado en el IDH desde 1970, a la luz de su complicada situación y los innumerables conflictos que ha debido enfrentar. Su impresionante progreso en materia de sa- lud y educación se debe a políticas públicas acertadas. La educación primaria universal gratuita entró en vigor en 1971 y se extendió al nivel secundario en 2007. Las tasas brutas de matriculación escolar se dispa- raron, y posteriormente, las de alfabetización. La notoria disminución de la tasa de mortalidad infantil es un reflejo de los logros generales obte- nidos en salud producto de la mayor cobertura de servicios primarios a través de la participación de la comunidad, la movilización de recursos y la descentralización. La brecha que existía entre la esperanza de vida y el promedio mundial se redujo en 87% en los últimos 40 años. No obs- tante, el crecimiento económico ha sido moderado y la falta de empleo ha obligado a muchos nepaleses a buscar oportunidades laborales en el extranjero.

Nepal sigue siendo un país pobre con enormes márgenes para me- jorar su nivel de desarrollo humano. Está ubicado en el lugar 138 entre las 169 naciones incluidas en el IDH. Persisten grandes disparidades en cuanto a asistencia escolar y calidad de la educación, en especial entre las zonas urbanas y rurales, y ciertos grupos étnicos. También se mantienen importantes desafíos en salud vinculados con las en- fermedades transmisibles y la desnutrición. Profundas brechas sepa- ran a regiones y grupos, con su sistema oligárquico casi feudal y la discriminación basada en castas que continúa marginando a ciertas comunidades. Existen grandes desigualdades: según nuestro nuevo IDH ajustado por la Desigualdad, el desarrollo humano de Nepal es inferior en casi un tercio de lo que sería si la distribución fuera más equitativa (capítulo 4).

Omán: convirtiendo el petróleo en salud y educación. Omán ha sido el país que más rápidamente ha avanzado en el IDH. A fines de la déca- da de 1960 se descubrieron grandes yacimientos de petróleo y gas, de modo que nuestros datos han capturado la evolución de un país muy pobre a uno muy rico. Ello redundó en la cuadruplicación de las tasas brutas de matriculación escolar y de alfabetización, y el aumento de la esperanza de vida en 27 años.

Pero el crecimiento económico no lo es todo, incluso para un país como Omán. A pesar de ubicarse en el primer lugar entre los países con mayor avance en el IDH, se ubica en el puesto 26 en crecimiento económico desde 1970, época en que contaba con tan sólo tres escue- las primarias y un instituto de educación profesional. Sus esfuerzos por transformar las riquezas obtenidas del petróleo en logros educaciona- les incluyen la ampliación del acceso y la adopción de políticas para adecuar las capacidades con las necesidades del mercado laboral. Los servicios de salud también han mejorado: entre 1970 y 2000, el gasto fiscal en el sector aumentó casi seis veces, mucho más que el PIB.

Túnez: enfocado en las políticas educacionales. Los logros de Túnez se deben a haber abordado las tres dimensiones del IDH con un decidido énfasis en las políticas de educación. La matriculación escolar aumentó considerablemente, especialmente a partir de 1991 con la entrada en vigencia de la ley que fija la enseñanza obligatoria en 10 años. También hay algunos avances en equidad de género: aproximadamente seis de cada 10 alumnos universitarios son mujeres. Pero aún existen grandes desigualdades: Túnez se ubica en el puesto 56 de los 138 países conteni-

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