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290 EVALUACIÓN DE FAMILIAS Y PAREJAS TRES GENERACIONES DE MUJERES 291

trabajo con tres, casi cuatro generaciones. Por ello, abro el modelo y exploro el pasado de las tres mujeres.

PASO TRES: exploración del pasado centrada en la estructura

DR MINUCHIN la la abuela]: Sé que eres responsable, que eres fuerte y estás cansada. Una de las cosas que quiero saber es algo sobre tu niñez. Porque, ¿sabes?; a los niños, cuando están creciendo, sus padres les dan lentes especiales. Algunos niños, cuando cre- cen, se vuelven atletas, como Tiger Woods. Otros niños se vuel- ven excesivamente responsables, como tú. Quiero saber cómo te hiciste de esas lentes.

Es más fácil aceptar la metáfora de ver el mundo a través de anteojos especiales (o lentes), a que le digan a uno que su carácter es un poco estrecho o limitado. Además, la sugerencia de que alguien le dio esas lentes facilita pensar en quién y. cómo influyó en uno cuando era niño.

ABUELA: Creo que fue el tipo de persona que era mi madre lo que

me hizo ser así. A veces lo pienso, y se lo agradezco. Ya ve cómo

es el mundo ahora. Pero otras veces pienso que fue un papel muy difícil el que tuve que desempeñar, porque ella no cumplía su deber como madre.

Mi padre era músico de jazz. Tocaba para ganarse la vida. Cuando murió, era dueño de dos casas. Creo que le fue muy bien. Y mi madre eracamarera en el club.

DR. MINUCHIN: ¿Dices que tu madre acostumbraba beber?

ABUELA: Sí, bebía mucho. No, más bien era alcohólica. Bueno, cuan- do empezó bebía mucho y luego fue empeorando con el trans- curso de los años hasta que se volvió alcohólica. Un ama de casa alcohólica, eso es lo que era mi madre.

DR. MINUCHIN: ¿Había situaciones en las que tenían que hospitali- zarla por delírium trémens?

ABUELA: Ah, sí, por supuesto. Fue muy traumático, porque mis her- manos más o menos lo aceptaban: "Sí, bueno, Ma bebe". Pero yo nunca lo acepté. Siempre pensé que, bueno, eres alcohólico, pero puedes conseguir ayuda. Mi madre tuvo una niñez difícil. Se fue de su casa cuando era muy joven. Se mudó con una fami-

lia con la que trabajaba como una especie de niñera. Creo que mi madre se hizo pasar por blanca mucho tiempo, porque tenía la piel muy clara. Se veía como blanca.

DR. MINUCHIN: ¿Cómo te responsabilizó tu madre de la casa? ABUELA: No hacía los quehaceres y, por tanto, yo tenía que hacer-

los.

DR. MINUCHIN: Creciste dentro de una caja. No tenías mucha liber-

tad, ¿eh?

ABUELA: No.

DR. MINUCHIN: ¿Sigues en la misma caja? ABUELA: Así me siento a vetes, sí.

Introduzco otra metáfora concreta, una caja, que repetiré a lo largo de esta sesión hasta que forme parte del lenguaje familiar. Luego, cual- quiera de los miembros de la familia podría incorporarla y actuarla como una descripción de sus interacciones y un cuestionamiento de estas,

DR. MINUCHIN: ¿Cuándo empezaste a rebelarte contra ella? ¿Algu-

na vez te rebelaste?

ABUELA: No creo que haya salido nunca de esa caja. Me casé a los 16 años.

DR. MINUCHIN: ¿Y no sabías lo que hacías?

ABUELA: No. Creo que yo sabía más o menos lo que quería hacer, pero no creo que mi esposo tuviera idea de la responsabilidad que implicaba ser esposo y padre y todas esas cosas. No. DR. MINUCHIN: ¿Le enseñaste?

ABUELA: No se quedó mucho tiempo conmigo. Porque después

tle que me casé, después de que tuve a Juno, inmediatamente después, la tuve a ella, volví a embarazarme y tuve otra hija.

A los 17 años, tenía dos hijas y recibía ayuda de la seguridad social.

DR. MINUCHIN: ¿Qué edad tenías cuando nació Sheila? ABUELA: Iba a cumplir veinte años.

DR. MINUCHIN: Te veo en una caja muy estrecha. Y tengo la sensa-

ción de que es porque siempre antepones las necesidades de otras personas a las tuyas.

ABUELA: Guando se trata de la familia, sí. DR. MINUCHIN: ¿Y nunca pudiste escapar?

ABUELA: De eso, no. Por eso sigo presionándome y forzándome a

tolerar cosas que no debería. Creo que en cierto sentido eso es bueno, pero en otro, no es sano.

DR. MINUCHIN: Es agotador, querida. Eres una persona cansada. ¿Puedo hablar con Sheila?

ABUELA: Sí

DR. MINUCHIN: Sheila, ¿te das cuenta de que la gente, cuando se

hace mayor, se pone anteojeras? Creo que tu mamá lleva pues- tas sus anteojeras. Le enseñaron a hacerse responsable de los demás antes de ocuparse de ella misma. Por eso creo que está deprimida y cansada. A veces se siente agotada y eso le moles- ta, pero aún así siente que necesita preocuparse. ¿Por qué le has dejado a tu madre la responsabilidad por tu hija?

SHEILA: Bueno, yo no soy como ella. Cuando era niña, sé que mi

madre me amaba, pero me sentía diferente de mi hermana, y por eso, muchas veces simplemente no sabía cómo hacer frente a las cosas.

DR. MINUCHIN: ¿En qué sentido?

SHEILA: Me veía distinta a mi familia, y siempre me discriminaron.

Me hacían burla porque mi piel es más oscura.

DR. MINUCHIN: ¿Y eso te volvía fea? ABUELA: ¿Puedo decir algo?

DR. MINUCHIN: No. Porque es importante que Sheila exprese sus

sentimientos y que tú oigas cómo piensa.

SHEILA: Solo oía que decían cosas de mí, me decían negra, fea y

mala; eso se apoderó de mí.

DR. MINUCHIN: ¿Cómo, cómo se apoderó de ti?

Miro a Sheila, que es una joven hermosa, vestida con elegancia, con un peinado elaborado, y pienso en el poder de los prejuicios. Por un instante pienso en mi infancia como judío en un ambiente antisemítico y el efecto que tuvo en mi identidad; como hombre blanco, sé que no puedo explorar esta área en este momento.

Sheila me cuenta que su padre era violento y maltrataba a su ma- dre y que ella creía que su madre pensaba que era hija de ese hombre y se volvería como él.

SHEILA: Hacía cosas malas. Sufría mucho.

DR. MINUCHIN: ¿A quién tratabas de herir? ¿A tu hermana? ¿A tu

madre?

SHEILA: Creo que en cierto sentido trataba de lastimar a mi mamá. Pero tal vez acabé lastimándome yo misma.

MINUCHIN la la abuela]: ¿Qué piensas de la necesidad de Sheila

de rebelarse contra ser la oveja negra de la familia?

ABUELA: A decir verdad, todos esos sentimientos que ella tenía, yo ni me enteré. Eso del color, que sentía que era más morena que su hermana, esto es una rivalidad entre hermanas. No tenía nada que ver conmigo.

SHEILA: ¿Sabe?, mi abuela me trataba raro. Cuando iba a verla a su casa me decía fantasma negro. ¿Entiende lo que digo? ¡Fantasma negro! Hasta mi hermana me lo decía. Yo empezaba a llorar de inmediato: Ma, ¿cómo puedes decir que no lo sabías?

ABUELA: No sabía nada de eso, Sheila. ¡Lo juro por Dios! No sabía que te preocupaba esto del color. Y que estabas acomplejada por tu color.

Parece probable que Sara supiera que su madre rechazaba a Sheila a causa del color de su piel, pero eso se volvió parte de la narración tácita de la familia.

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DR. MINUCHIN: Sheila, tu madre es ahora la madre de tu hija. Men- cionó que quería que recibieras de nuevo a Kamisha. ¿Crees que la dejará

marcharse?

Cuestiono la etiqueta que le han puesto a Sheila que rechaza a Kami-