CHAPTER 1 INTRODUCTION AND BACKGROUND
1.7 The Organisation of the Study
La construcción de una nueva carretera puede provocar la desaparición de la capa de suelo fértil por ocupación del terreno con la nueva vía, así como afectar a la vegetación, que es la cubierta básica en la protección del suelo. Su eliminación acelera los procesos de erosión y deja suelos sin estructura y con poca materia orgánica (Martínez-Alonso et al. ,2002), por lo que la revegetación resulta dificultosa (Bochet y García-Fayos, 2004). Es en esta capa superficial donde se encuentra el sustrato que necesitan las plantas para su desarrollo, debido a que es en el suelo donde se encuentran los nutrientes minerales y los organismos vivos que mineralizan la materia orgánica.
Actualmente los proyectos de construcción destinan la mayor parte del presupuesto de medidas correctoras a la restauración de la cubierta vegetal. La integración ambiental de la obra, tanto desde el punto de vista ecológico como paisajístico, depende en gran parte de los resultados que se obtengan con estas medidas. La restauración de la cubierta vegetal difícilmente recupera la comunidad original de referencia, lo que es una manifestación de la irreversibilidad de la pérdida de biodiversidad debida a los cambios antrópicos (Balaguer, 2006).
Los primeros impactos que básicamente se pretenden corregir con la restauración vegetal son los que produce la erosión que se genera en los taludes y la poca integración visual de los mismos. Estos son quizás los más conocidos y sobre los que más se actúa. Sin embargo, comienzan a estudiarse también los impactos ecológicos (ej. funcionalidad, conectividad, expansión de especies invasoras) en los que los tratamientos de revegetación y las técnicas correctoras juegan un papel muy importante.
El impacto en el ecosistema causado por la extinción de una especie vegetal no es sólo debido a la pérdida de biodiversidad (Wilsey y Potvin, 2000), sino que la magnitud e incluso la dirección de los efectos sobre la estructura y funcionamiento del ecosistema dependen de cuál sea la especie que se pierde (Symstad et al., 1998). Los efectos de la desaparición de una especie vegetal pueden comprometer la productividad y estabilidad del ecosistema en el caso de una especie clave, o pueden mitigarse si el proceso de restauración sustituye la especie extinguida por otra funcionalmente semejante. Aún en este último caso, el empobrecimiento en especies funcionalmente redundantes incrementa la sensibilidad del ecosistema frente a perturbaciones (Fonseca y Ganade, 2001).
Las medidas correctoras más comunes son las hidrosiembras con especies comerciales y las plantaciones. Las limitaciones de estas vienen marcadas por las fuertes pendientes, los afloramientos rocosos, altas temperaturas y los largos periodos de sequía (Garcia-Fayos et al., 2000). El problema se acrecienta con frecuencia por el uso de semillas comerciales de especies foráneas y por la aplicación de técnicas importadas de países templados donde no hay sequía. Cada vez son mayores las especificaciones que los proyectos establecen respecto a las especies vegetales a utilizar en función de la climatología, geomorfología, etc., así como la estricta disposición, tiempo y metodología con la que deben ejecutarse las actividades de restauración.
Otras actuaciones buscan conectar el espacio a restaurar con otros menos degradados, o utilizan el banco de semillas existente mediante la adición de tierra vegetal (Balaguer, 2002; Andrés y Jorba, 2000; Bote et al., 2005).
No existen criterios “mágicos” que permitan generalizar la aplicación de unas medidas concretas, pues son muchos factores los que deben ser tenidos en cuenta para obtener resultados óptimos. Este apartado (3.3) pretende recoger las medidas que se proponen de manera más habitual en los proyectos, analizar la eficacia que están teniendo y recoger una serie de recomendaciones para mejorarlas.
Los trabajos de restauración apoyados en la vegetación tienen distintas funciones. La estabilización de los taludes para el control de la erosión es una de las más habituales, junto con la restauración de funciones ecológicas y la integración estética de la infraestructura en el paisaje. La mayoría de estos trabajos suelen ejecutarse una vez terminada la obra, cuando deberían hacerse en los periodos del año más propicios. Los efectos que buscan las principales técnicas de revegetación e integración paisajística son:
• Integración de la vía en el entorno, minimizando la huella que la construcción genera sobre el paisaje
• Recuperación de la cubierta vegetal potencial o naturalizada del medio • Protección contra la erosión
• Estabilización de taludes y otras superficies alteradas • Protección contra los agentes atmosféricos
• Efecto refugio para especies animales y vegetales del medio • Filtro de contaminación
• Pantalla para evitar deslumbramientos y vientos laterales • Ruptura de la monotonía del paisaje
• Complemento del balizamiento y señalización, guía y orientación • Integración estética de la infraestructura
3.3.1. Medidas preventivas para la conservación de la vegetación
3.3.1.1. Protección de la vegetación
I. Jalonamientos II. Tablones de madera III. Señalización
IV. Minimización de la superficie afectada
V. Inventarios botánicos
3.3.1.2. Medidas de restauración vegetal
VI. Recuperación de la capa de tierra vegetal
VII. Siembras convencionales e hidrosiembras
VIII. Plantaciones
IX. Técnicas de bioingeniería
3.3.1. Medidas preventivas para la conservación de la vegetación
A continuación se enumeran las medias que se explicaran en detalle en los siguientes apartados.
3.3.1.1. Protección de la vegetación
Para evitar la afección que pueda producir la maquinaria a la vegetación existente en las inmediaciones del trazado, se pueden considerar diversas medidas.
I. Jalonamiento
El objetivo es delimitar determinadas zonas de interés ambiental con el fin de protegerlas del tránsito de personas o maquinaria. Los sistemas de protección más frecuentes son cintas plásticas. Deben tener una buena solidez para que aguanten toda la fase de ejecución de la obra. En las zonas más sensibles puede aplicarse un jalonamiento diferencial mediante una cinta con color diferente.
Deben colocarse a cierta distancia de la vegetación y con unas dimensiones tales que se asegure la salvaguardia tanto de la parte aérea como de las raíces de las plantas. Como norma general, deberá protegerse la vegetación singular existente en las zonas adyacentes a las obras. Algunos de los jalonamientos que se especifican en los proyectos son:
• Jalonado de las zonas auxiliares y caminos de acceso • Jalonamiento de vías de tránsito
• Jalonamiento (bandas plásticas, estacas, varillas) de las áreas de ocupación estrictas del trazado
• Jalonamiento diferencial (diferentes colores) para elementos sensibles a las obras
Ilustración 3.39. Jalonamiento con cintas plásticas. Fuente: Nerea Aizpurúa
II. Tablones de madera
Se crea una barrera alrededor del árbol con tablones de madera. Se confecciona en obra mediante entablado del tronco con tablas sobre tacos de poliestileno de alta densidad) hasta una altura de 2 m y cosido del entablado con aros de alambre de atar (D=1,3 mm colocados cada 15 cm).
Ilustración 3.40. Protección de troncos con maderas. Fuente: Nerea Aizpurúa
III. Señalización
Es necesaria la localización y señalización de ejemplares o individuos notables a través de los correspondientes estudios y trabajos de campo para permitir la salvaguarda efectiva o el traslado, en su caso, si se vieran directamente afectados y éste fuera factible.
Ilustración 3.41. Señalización en los árboles para su protección. Fuente Nerea Aizpurúa
También se pueden colocar paneles donde se especifique las restricciones de paso o realización de determinadas actividades en la zona.
IV. Minimización de la superficie de los caminos de acceso a las obras
Durante la construcción de vía se generan nuevos caminos para dar accesibilidad a la maquinaria y el tránsito de camiones. Estos caminos son desprovistos de vegetación y sufren una importante compactación por lo que posteriormente deberán ser restaurados.
La apertura de caminos debe minimizarse lo máximo posible. Una medida puede ser que las pistas generadas para el tránsito de maquinaria sean de un solo carril que permita la circulación en doble sentido con zonas para el cruces vehículos, reguladas por un sistema de radio o semáforos. Con esta medida se reduce notablemente la superficie afectada, evitando así la necesidad de su posterior restauración.
Ilustración 3.42. Diferentes viaductos. En el de la izquierda, en construcción, se ha protegido al máximo la vegetación al contrario que en el de la imagen de la derecha. Fuente: Nerea Aizpurúa
V. Inventarios botánicos
Se puede realizar un inventario del arbolado autóctono o de interés afectado, señalando su tamaño, estado y posibilidades de arraigo tras el trasplante, con objeto de que sea utilizado posteriormente en las labores de restauración.
En el caso de ejemplares notables por su avanzada edad se debe ponderar el trasplante, diseñando previamente las actuaciones más convenientes y extremando los cuidados posteriores al trasplante el tiempo necesario para garantizar su supervivencia.
3.3.2. Medidas de restauración vegetal
El empleo de las técnicas de vegetación ocupa gran parte de los anejos de integración ambiental, ecológica y paisajística de los proyectos de restauración. La revegetación de los taludes es una de las medidas más utilizadas en la obra civil de infraestructuras lineales y la unidad de obra más importante para llevar a cabo esta medida en cuanto a superficie, presupuesto y funcionalidad se refiere es la hidrosiembra (Mola el al., 2006). La vegetación se emplea en los taludes para frenar los fenómenos erosivos, que son en primera instancia los que se pretenden resolver. Estos son básicamente:
• Colmatación de las cunetas de drenaje debido al arrastre de finos desde el talud a estas estructuras, lo que requiere un constante mantenimiento para evitar problemas de seguridad vial e incremento en los costes.
• Afección a cauces naturales. En este caso, el desplazamiento de las partículas puede alcanzar cursos fluviales, aterrando éstos y provocando variaciones en sus condiciones naturales.
• Formación de cárcavas. Estas pueden dar lugar a la pérdida de estabilidad del talud y un elevado impacto visual.
• Descalzamiento de obras. Los elementos situados en la cabecera del talud pueden quedar sin sujeción si se produce una erosión continuada del mismo.
• Pérdida de calidad paisajística
I. Recuperación de la capa de tierra vegetal
Se recomienda que si la tierra va a permanecer acopiada por un periodo superior a seis meses se siembre con mezclas de especies que incluyan leguminosas fijadoras de nitrógeno, e incluso se recomienda su abonado (M.O.P.T., 1992; Ruza, 1999). Normalmente, en los proyectos no se limita el período que puede permanecer acopiada la tierra vegetal, cuando es sabido que un almacenaje superior a un año reduce en más del 50% su capacidad de germinación (Rokich et al., 2000).
Su adecuado acopio y mantenimiento para su posterior uso en las tareas de restauración es fundamental para facilitar las tareas de la restauración de la cubierta vegetal.
II. Siembras convencionales e hidrosiembras
El objetivo principal de la hidrosiembra es conseguir una cobertura vegetal lo más rápidamente posible para evitar la erosión hídrica y estabilizar el talud. Por ello se suelen emplear una serie de especies llamadas “starters” que colonizan el talud rápidamente y que luego son sustituidas por especies de la zona con la colonización natural (Wali, 1999).
La elección de especies es básica para asegurar el éxito de la siembra o plantación y la estabilidad futura de la misma. Hay que decidir la mezcla teniendo en cuenta todos los factores posibles, ecológicos, climatológicos y económicos, etc.. Las características propias del talud son otro factor muy importante, tales como pendiente, orientación, etc.
Los factores ecológicos como el clima o el suelo son lo primero a tener en cuenta. El uso de especies comerciales introduce genotipos foráneos que no están adaptados a las condiciones locales, particularmente a la aridez de los ecosistemas mediterráneos. Hay que tener en cuenta las precipitaciones medias, la radiación, la temperatura, el régimen de heladas y de vientos. También debe estudiarse la litología y geología de la zona y aspectos del suelo como pedregosidad, fertilidad o degradación. Las mezclas comerciales de especies que han mostrado utilidad en unos climas suelen resultar poco eficientes en otros entornos (Andrés y Zapater, 1996).
Habrá que atender a la vegetación potencial y actual de la zona, de manera que tenga coherencia ecológica y paisajística. Es muy importante la capacidad de cada especie de retención del talud con su sistema radicular y de protección superficial con las hojas. Es necesario conocer las características ecológicas de las especies a incluir en la mezcla de hidrosiembra y sus posibles interacciones, ya que el resultado puede no ser exitoso.
Las especies exóticas introducidas deliberadamente en las mezclas de hidrosiembra, mediante plantación, etc., o bien inadvertidamente durante las obras de construcción y los movimientos de tierras pueden suponer un problema ambiental importante. Los taludes de carreteras e infraestructuras viales suponen un medio fácilmente colonizable por especies exóticas, las cuales pueden extenderse desde estos lugares a los ecosistemas próximos, además de causar diversos problemas en los propios taludes. Todo ello se traduce en potenciar la utilización de plantas y semillas de especies autóctonas de árboles, arbustos, matorrales y herbáceas, que deben proceder de la misma zona o de zonas similares, según criterios biogeográficos, litológicos, de vegetación potencial y climática.
Para poder caracterizar todos estos elementos es imprescindible un reconocimiento del terreno previo a la ejecución de la obra. La mezcla de semillas también se especifica en función de la ubicación del trazado, el tipo de talud, isletas, rotondas, medianas, pasos de fauna o falsos túneles.
• Siembras: La siembra consiste en la distribución manual o mecánica de semillas
en la superficie a revegetar. La siembra se realiza en seco, previa preparación del suelo. El suelo debe estar desprovisto de malas hierbas y con una capa de tierra mullida de 15 a 20 cm, no compactada y con un nivel de fertilidad adecuado. Son semillas generalmente herbáceas, gramíneas y leguminosas, aunque en ciertos casos también pueden sembrarse pequeñas cantidades de arbustos.
La preparación del suelo y las siembras deberán hacerse en las épocas más adecuadas, teniendo en cuenta la climatología de la zona. En general, las épocas más idóneas son la primavera y el final del otoño, coincidiendo con la época de lluvias. En taludes la preparación de suelo debe consistir en una adecuación del perfilado. Las pendientes idóneas están entre el 1% y 25%. El laboreo del suelo para mullir la capa superficial de tierra debe realizarse inmediatamente antes de la siembra.
Cuando los suelos sean excesivamente arcillosos o fuertes se deben corregir mezclándolos con arena y mantillo y los ligeros se hacen más fuertes con estiércol o mantillo. Cuando el suelo no tenga las condiciones aptas, se puede recurrir a la extensión de tierra vegetal. Estas aportaciones pueden ir desde 5 a 10 cm.
• Hidrosiembras: En el caso de los taludes y desmontes, el método más
empleado es la hidrosiembra. Consiste en la proyección a gran presión, mediante una maquina hidrosembradora ,sobre la superficie del terreno de una solución donde se mezclan con agua una serie de componentes clave: semillas, fertilizantes, estabilizantes, correctores del pH, mulches y aditivos especiales. De esta manera, se fijan las semillas al terreno de forma que no se vean afectadas por el viento y la escorrentía. Previene la erosión del suelo, ya que ayuda a establecer una cubierta vegetal.
La vegetación se establece un 20 ó 25% más rápido que con cualquier otra alternativa mecánica o siembra manual. Gracias a este método, las semillas y los abonos se distribuyen uniformemente, y los mulches aseguran unas condiciones favorables para una rápida germinación.
Con este sistema se pueden alcanzar grandes alturas en taludes difícilmente accesibles. Una de las características más importantes de la hidrosiembra es la presión con la que se pueden proyectar la mezcla. Parte de los elementos proyectados ayudan a conservar la humedad, absorbiendo incluso la humedad debida al rocío. Protegen también a las semillas de los rayos directos del sol y de las temperaturas extremas.
III. Plantaciones
Al igual que en el caso de las siembras, las plantaciones favorecen la integración ambiental y ecológica de la obra. Por eso conviene tener en cuenta la vegetación circundante para tratar de imitar la disposición natural de la cubierta vegetal. Existen diversas maneras de realizar una plantación: a raíz desnuda, en cepellón, en contenedor, propagación vegetativa, etc.
Ilustración 3. 43. Tubo protector para planta. Fuente: Nerea Aizpurúa
Previamente a la ejecución de las plantaciones será necesario realizar las labores necesarias para acondicionar el terreno para una buena recepción de la planta. Al igual que las semillas, las plantas empleadas deben ser adecuas a la climatología y a la morfología del terreno. Las plantaciones pueden estructurarse en grupos o individualmente. Los individuos suelen ser árboles o arbustos de tamaño pequeño o mediano. Para las plantaciones en grupo se elige una combinación de especies arbóreas y arbustivas. Hay que tener en cuenta el objetivo con el que se han plantado para realizar la distribución de los ejemplares. Normalmente, tratan de representar un aspecto natural y se disponen con el fin de generar bosquetes asimilables a los naturales.
La plantación es recomendable realizarla en periodo de reposo vegetativo siendo lo más adecuado, en clima con sequía estival, el otoño. Así, para la llegada de la primavera, la planta habrá sido capaz de emitir raíces nuevas y estará en mejores condiciones para afrontar el calor y la falta de agua de verano.
Ilustración 3.44. Plantaciones con protectores bajo viaducto. Fuente: Nerea Aizpurúa
En la gran mayoría de los proyectos, se presentan planos donde se especifica cómo deben hacerse estas plantaciones, tipología de especies, forma de plantación, etc. Deben evitar las líneas geométricas, intentando que adquieran una disposición lo más natural posible. Normalmente se emplea una distribución a tresbolillo, evitando así la linealidad.
El establecimiento de las plantaciones, muchas veces ejecutado en condiciones no muy propicias para su desarrollo, requiere de una serie de cuidados posteriores que garanticen su mantenimiento. Algunos de éstos son fertilización y corrección de la calidad del sustrato, siegas, podas, entresacas y clareos, reposición de marras, tratamientos fitosanitarios ó colocación de vientos y tutores. Es importante que todos estos tratamientos queden recogidos en los presupuestos.
IV. Técnicas de bioingeniería
La bioingeniería estudia las propiedades técnicas y biológicas de las plantas vivas y su utilización como elementos de construcción en las obras de recuperación del entorno ambiental, de manera aislada o en combinación con materiales inertes como la piedra, la madera y el acero. Se utiliza la vegetación como elemento principal de estabilización y control de erosión. Los principales objetivos que buscan, al igual que en los casos anteriores son los siguientes:
• Intentar mantener la vegetación existente • Proteger la capa superior del suelo
• Proteger las áreas expuestas a la erosión
• Regular, drenar y almacenar el exceso de agua
• Optimizar los recursos económicos disponibles con resultados a corto y medio plazo.
Las principales técnicas de bioingeniería son:
• Estaquillado: Consiste en introducir en el suelo estaquillas de plantas leñosas,
capaces de arraigar y desarrollar una planta adulta. Al arraigar, se crea un conjunto de raíces que estabiliza y refuerza el suelo, aumentando la cohesión y reduciendo el exceso de humedad. Se suele emplear estaquillas de sauce o chopo, que enraízan rápidamente y pueden desarrollarse en sustratos carentes de suelo (Mataix y López, 2003).
• Fajinas: Son manojos de ramas y tallos atados en forma de huso que se
colocan en el fondo de zanjas poco profundas. Para evitar que se muevan, pueden fijarse con estacas de madera o con estaquillas de la misma especie empleada en la construcción de las fajinas. Se suelen utilizar como medida previa a la plantación del talud, o bien para lograr la estabilización superficial del mismo hasta el enraizamiento de las plantas.
• Escalones de matorral: Esta técnica consiste en situar en pequeñas zanjas a lo
largo de la pendiente de un talud una serie de ramas de especies leñosas capaces de enraizar, de manera que se forme una especie de escalones o