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Los humanos son inherentemente sociales. Un sentido de comunidad es esencial para la super- vivencia humana. Adler consideraba que el individuo estaba “embebido socialmente”. Mientras más interés socialtenga la persona, más serán canalizados sus esfuerzos a tareas sociales compartidas, en lugar de a metas egoístas, y más saludable será psicológicamente la persona. Este concepto del interés social ayuda a corregir el excesivo énfasis en el individualismo de la cultura occidental (Richardson y Guignon, 1988; Triandis, 1989).

En alemán, Adler empleó el término Gemeinschaftsgefühl, el cual ha sido traducido como “interés social”, “sentimiento social”, “sentimiento comunitario”, etc. Quizá “sentimiento de la comunidad” es la mejor descripción para el interés social (Stein y Edwards, 1998). No debería ser confundido con extroversión. Tampoco es simplemente la necesidad de afecto, aunque Adler utilizó ese concepto anteriormente en el desarrollo de su teoría (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 40). El interés social es el potencial innato para vivir en cooperación con otras personas. Per- mite a la persona valorar el bien común por encima del bienestar personal. No es una cuestión de sacrificarse uno por el otro. Las conexiones sociales con los demás y el desarrollo individual se engrandecen mutuamente (Guisinger y Blatt, 1994; Stein y Edwards, 1998). Aunque el inte- rés social es un potencial innato, debe nutrírsele. En la vida temprana, la madre sirve como el “primer puente a la vida social” (p. 372) al ser de confianza y amorosa, pero no posesiva, y al nutrir las interacciones cooperativas con los demás. Como una experiencia sentida, el interés social ha sido descrito como una condición subjetiva distintiva tan real como el enojo y el dolor (Hanna, 1996).

Podemos comparar el interés social adleriano con la empatía, definida como el interés por la experiencia de la otra persona. Los individuos empáticos responden emocionalmente, com- partiendo las alegrías y las penas de los demás. También están interesados en forma cognosci- tiva, tratando de imaginar las situaciones desde la perspectiva de los demás. De acuerdo con Carolyn Zahn-Waxler y Marian Radke-Yarrow (1990), la empatía se encuentra en los niños desde los dos años de edad. Ellos responden a las emociones de los demás aún más temprano, desde los primeros días después del nacimiento (Zahn-Waxler, Radke-Yarrow, Wagner y Chapman, 1992). Estas observaciones contrastan con la creencia común de que los niños son egocéntricos pero consistentes con el enfoque de Adler del interés social como un potencial innato. La in- vestigación también confirma las advertencias de Adler de que el interés social debe ser ali- mentado. La empatía declina con las condiciones adversas, incluyendo padres que están deprimidos o en conflicto el uno con el otro o que maltratan al niño (Zahn-Waxler, Radke-Ya- rrow, 1990). Proporciona la base del desarrollo moral, de acuerdo con la teoría propuesta por Martin Hoffman (1975). El interés social puede incluso contribuir a la espiritualidad, al alentar una actitud amorosa hacia toda la vida (Eriksson, 1992). Sin el interés social, la vida parece ca- recer de un propósito y el sí mismo se siente vacío (Richardson y Manaster, 1997).

El interés social es un concepto nuclear para Adler, quien dice que todas las neurosis se ori- ginan a partir de un sentimiento social inadecuado. Una carencia extrema de sentimiento social ocurre en la esquizofrenia, de acuerdo con Adler; los esquizofrénicos están muy bajos en em- patía, como pudiera esperarse (Zahn-Waxler y Radke-Yarrow, 1990). Los criminales, también, carecen de interés social, como también los que se suicidan (Adler, 1937/1958). Roy Baumeister (1990, p. 107) hace una lista de los “sentimientos de responsabilidad y el temor de que los otros lo desaprobarán” como uno de varios obstáculos al suicidio. Tales sentimientos se correspon- den estrechamente con el concepto de Adler del interés social, aunque la teoría de Baumeister es considerablemente más amplia. Algunos estudios señalan que las mujeres tienen un interés social más alto que los hombres (Joubert, 1989b; Kaplan, 1991). Esto es consistente con los re- portes de una alta empatía en las mujeres, evidenciada alrededor de los dos primeros años de vida (Zahn-Waxler, Radke-Yarrow, Wagner y Chapman, 1992).

Los grupos, como también los individuos, pueden describirse por el interés social o su ca- rencia. La carencia del interés social lleva a los “grupos y naciones hacia el abismo de la au- toexterminación” (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 449). Las sociedades impiden el desarrollo del interés social a través de la glorificación de la guerra, la pena de muerte, el castigo corporal y el abuso, y el fracaso de proporcionar las condiciones humanas para todas las clases y cate- gorías de gente (Adler, 1936/1964, pp. 280-281). Las instituciones socialmente sanas, incluidas las religiosas, “enseñan a amar al prójimo” (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 449), por tanto promueven el interés social. El concepto de Adler sobre el interés social ha sido comparado con las enseñanzas de varias tradiciones religiosas, incluidos cristianismo, judaísmo y budismo (Ka- plan y Schoeneberg, 1987; Leak, Gardner y Pounds, 1992; Watts, 1992).

Adler evaluó el interés social a través de la entrevista y la historia (véase la tabla 4.3). Desde entonces, los investigadores han desarrollado varias escalas de autorreporte para medir el inte- rés social. Las más comúnmente empleadas son la escala del interés social (SIS, por sus siglas en inglés) (Crandall, 1975/1991) y el índice de interés social (Greever, Tseng y Friedland, 1973).

Aunque no todas las mediciones del interés social producen los mismos resultados, varios estudios confirman las predicciones teóricas. La gente que califica alto en el interés social califica bajo en narcisismo (Miller, Smith, Wilkinson y Tobacyk, 1987), bajo en alienación (Leak y Wi- lliams, 1989) y bajo en las escalas MMPI que indican desajuste (Mozdzierz, Greenblatt y Mur- phy, 1988). Califica alto en las escalas de afiliación, nutrimento y agresión de la forma de investigación personalizada (PRF, por sus siglas en inglés) y en las escalas del inventario de es- tilos de vida (LSI, por sus siglas en inglés) pensadas para estar asociadas con la autorrealización (Leak y otros, 1985). Los estudiantes altos en interés social tienen actitudes hacia el amor que ponen énfasis en la compañía (“almacén”) y rechazan el juego egocéntrico (“ludus”) (Leak y Gardner, 1990). Algunos estudios reportan que las medidas del interés social se correlacionan con la conducta prosocial: ser voluntario en las agencias legales de defensa (pero no de otras clases) (Hettman y Jenkins, 1990) y tener más amigos (Watkins y Hector, 1990).

Los que califican alto también están más satisfechos con sus trabajos (Amerikaner, Elliot y Swank, 1988), sugiriendo que saben manejar la tarea de la vida mejor que aquellos bajos en el interés social. Son también más sanos. Tal vez puedan resistir los efectos de las experiencias ne- gativas de la vida y las molestias de la salud. En un estudio correlacionado, sin embargo, tam- bién es posible que la causalidad sea revertida, esto es, que la salud lleve al interés social (Zarski, Bubenzer y West, 1986).

En resumen, los investigadores en el área del interés social están convencidos de que este constructo es útil y que la conceptualización de Adler es firme, aunque tienen algunas pregun- tas sin resolver acerca de su medición.

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