6.2 Data Screening Before the Analysis
6.2.2 Outliers
Tan desarrollado estaba entre los árabes el culto a la poesía, que muchos siglos antes de Mahoma habían ya fundado concursos literarios a los cuales concurrían poetas desde todos los puntos de la Arabia.
Celebrábanse estos concursos en una pequeña ciudad llamada Okaz, cerca de Taif. a tres jornadas de la Meca.
Las obras de los vencedores eran escritas en letras de oro, sobre telas preciosas, y se colgaban en El Kaaba de la Meca, para legarlas a la posteridad. Estos son los poemas llamados MOALAKAT, o LOS COLGADOS, y son obras que describen las guerras de Arabia, la ruda y salvaje naturaleza del desierto, las aventuras, el amor, etc.
Aquellos poemas encerraban filosofía a las cuales los filósofos modernos, muy poco han podido añadir.
El extracto siguiente pertenece al famoso poeta Tara-fat ben el Abd quien describe una idea de la vida:
“Para mí la vida es un tesoro del cual cada noche que pasa nos roba una cantidad; y un tesoro disminuido continuamente por los días y los tiempos, cerca hasta de agotarse. Sin duda acaece con los plazos que nos da la muerte para descargarnos el golpe decisivo, lo mismo que sucede con la cuerda que retiene al camello en un pasto; pues aunque la muerte consienta a los hombres una sombra de libertad, dejando flotar por algunos instantes la cuerda que las tiene atadas, no por éso es menos cierta que el extremo está en su mano”.
Otro poeta dice: “he dicho a mi alma: vergüenza para tí ¿por qué tanto miedo a la muerte?
“Aunque emplearas todo el poder de tus facultades eu prolongar tan sólo un día tu existencia más allá de los límites, por el destino fijados, serían inútiles tus esfuerzos”.
“El que no cae en el campo de batalla, cae en las ga rras de la enfermedad y de la decrepitud”.
“La vida no es ningún beneficio para el hombre; la vida no es digna de su amor, porque la vejez le transforma, muy pronto en un objeto inútil y despreciable”.
Con mucha razón y justicia han dicho los sabios que los árabes han producido por sí solos más poesías que todos los demás pueblos del mundo juntos. Todo hombre instruí do. ya fuese diplomático, ya 'astrónomo o médico, era asi mismo tiempo poeta.
Tan grande fué el cariño que tuvieron a la poesía, que muchas veces redactaron en verso tratados de teología, de filosofía y de álgebra. La mayor parte de sus escritos van mezclados en trozos poéticos.
Los europeos han tomado la rima de los árabes y esta es la. opinión de Viardat, del obispo Huet y otros más y han atribuido a la influencia de los poetas árabes en España el origen de las poesías españolas y provenzales.
NOVELAS Y CUENTOS
Las novelas y cuentos de los árabes trataban ligeramente de todo lo concerniente a la psicología de los personajes; pero lo que se refería a las aventuras y sucesos maravillosos daban gran realce a las producciones.
Los árabes han sido los verdaderos creadores de los libros de caballería. Dice Sedillot.: “En España la imaginación de los poetas árabes se ocupaba en hacer novelas y cuentos; siempre fueron grandes narradores y llegada la noche se juntaban en sus tiendas para oir alguna historia maravillosa, a la cual se mezclaban, como en Granada, la musica y el canto. El romancero compuesto de piezas imita-das o traducidas del árabe, traza con exactitud las fiestas He aquel tiempo, los juegos de sortija, las corridas de toros, los combates entre cristianos y moros de España.
Entre los cuentos árabes más conocidos descuellan los de Hariri, de Hamadrami y de los autores de LAS MIL Y UNA NOCHES.
Al final de esta obra hemos de dedicar una parte es-pecial para el libro de LAS MIL Y UNA NOCHES, obra tan sorprendente, no solamente por sus cuentos sino por su hondo misticismo y por su elevada espiritualidad.
FABULAS Y PROVERBIOS
El más célebre fabulista es el legendario Lokman, el sabio de quien habló Mahoma en el Corán, como tipo de la cordura.
Algunos autores lo dan por, contemporáneo de Abra-ham la semejanza de los apólogos y Fábulas de Esopo indica que estas fueron copiadas de Lokman. Las fábulas de la Fontaine, de Samaniego y otros conocidos son netamente árabes y lo más sorprendente es que ninguno de los fabulis tas ha citado el origen de sus fábulas.
Los proverbios árabes son incalculables. España y Europa han tomado muchos de los que poseen, del árabe; siendo de tal origen el noventa por ciento de los que constituyen el caudal de sabiduría de Sancho Panza y su amo. Don Quijote.
A fin de dar una idea de los proverbios árabes citaremos algunos: “En boca cerrada no entran moscas”.
“El arbusto que produce las rosas produce también las espinas”. “Obrar con oportunidad es triunfar”.
“Tres cualidades hay que valen por treinta: hermosura, piedad y la discreción en el amor”.
“Hay dos criaturas que nunca están hartas: el sabio y el rico”.
Y así es evidente que la mayor parte de estos prover bios han inspirado los de igual sentido que existen en to dos los idiomas.
La imaginación de los árabes — dice un autor espa ñol — posee la tendencia a embellecerlo todo, y esta imagi nación se manifiesta en las cosas más comunes, como se ve en el perífrases que emplean los vendedores de las calles de Damasco para atraer la atención de los compradores. El vendedor de flores las anuncia gritando:
“Apacigua a tu suegra”; cosa tan difícil en oriente co mo en el occidente. Para, anunciar una torta sencilla dice: “Un manjar de golondrinas; el higo es un fruto de Baal; las uvas son los dedos de la novia”.
Siempre los árabes buscan la belleza en sus hechos, en sus pensamientos y en sus palabras.
Uno de sus poetas dijo:
“Tres cosas borrarán huellas de tristeza: Agua, verdor y la mujer hermosa”.
LA FILOSOFIA
Al preguntar: ¿qué es Filosofía?; cualquier diccionario nos da la respuesta siguiente: “Es la ciencia general de los seres, de los principios y de las causas”. Luego amplía di-ciendo “sistema particular de un filósofo célebre, de una
escuela o de una época”. Después dice: “Elevación de áni-mo, resignación que nos hace superiores a todas las contra riedades de la vida” y así, desde tiempo inmemorial, ha 11a-mado la atención de los hombres esta ciencia, y aunque mu-chísimos la intentaron, nadie hasta ahora ha hecho justicia a tan magno sistema.
Si estudiamos la acción de la mente en la mente; dé la mente en la materia, y de la mente en el cuerpo humano, comprenderemos que “Todo hombre es por sí mismo un her-moso tratado de filosofía y de psicología”.
Unos dicen: “Quiero disfrutar de la vida” y dicen otros: “Esta vida no merece ser vivida”. Y vivimos como el gusano de seda: laboramos un capullo en torno del Alma, al sentirnos encerrados, pugnamos por romper las ligaduras.
El hombre aspira a la felicidad. En su busca va de una cosa a otra y todas se le escurren de las manos. Siente, entonces el dolor del fracaso, y como no puede detenerse, de be seguir adelante en dirección al progreso, a la dicha. Así nace en él lo que se llama deseo y anhelo cuyo objeto es aca-bar con el dolor, porque el dolor deriva de la ignorancia. Esto es lo que significa la. filosofía: suprimir la ignorancia; porque todo placer proviene de la fortaleza y todo dolor de la flaqueza. Librarse de la ignorancia es el camino hombre, y este camino existió desde que hubo hombres en el globo; pero existieron y existen seres que adelantan hacia la filosofía, con pasos gigantescos, y otros que se estancan y dejan a los demás que piensen por ellos.
Los árabes, en todas las ciencias, pensaron por sí mis-mos y dejaron su estilo en todas las ramas del saber hu-mano. La Prehistoria nos dejó muchas máximas y muchos versos plenos de saber y de filosofía; porque como hemos dicho, la filosofía es la hija de la experiencia y del sentir que los árabes supieron conservar hasta la edad Media cuando brillaron los rayos de los de Damasco, Bagdad y Córdoba, Alberto Magno, San Buenaventura, el papa Silvestre II Rogelio Bacón y Santo Tomás de Aquino, reciben la ins piración en la cultura arábiga, cuando florecieron los sabios y los filósofos Ben Gabirol, líen Bayda, Ben Tofail Maimónides e Ibn Rochd llamado Averroes. Luego surgio venido también del Oriente, el misticismo de Muhie — Ed din—ibn Arabi, murciano ilustre que inspiró a Dante el canto del Infierno de “La Divina
Comedia” mientras quo el canto al cielo es inspirado por la obra de Abilúla El Ma-harri titulada: “La Epístola del Perdón”.
Como los árabes fueron muy tolerantes, los religioso* les temieron, les atribuyeron el ateísmo y levantaron contria ellos la opinión pública; pero cómo verdaderos filósofos nunca se apartaron de la norma trazada, y su filosofía fué incubada en España y en el continente europeo por los Col légios en Andalucía. Sólo en Córdoba había ochocientas cuelas cuyas puertas estaban abiertas para, todos sin din tinción de razas ni de sectas.
Todos los europeos estudiaban en las universidades daluzas.
El número de los alumnos en la. universidad de Cór doba llegó a once mil. Aquel movimiento filosófico, la li bertad del pensamiento y del culto religioso y, sobre todo cuando los árabes abatieron la aristocracia y empezaron a quitar la tierra a. los terratenientes y entregarla, mediante un canón a los siervos que la trabajaban, todos éstos mo tivos produjeron la terrible inquisición después.
Averroes es el sembrador de este movimiento filosófico Después de explicar a Aristóteles se dedicó a la comproba ción experimental y psíquica, sin lugar a duda, aventajó su maestro.
Los filósofos en aquel tiempo, aunque fueron estimado en las universidades, eran mal reputados entre las masas y a fin de evitar que sus doctrinas las sublevaran, los Ka lifas se vieron obligados a desterrarlos por cierto tiempo,
Todos los filósofos modernos están de acuerdo en que verdaderamente corresponden a los árabes las primeras ma nifestaciones de lo que los tiempos modernos han llamado libre pensamiento, y es la pura verdad. Así vemos por ejemplo que Abulúla Ettenuki que vivió en el siglo X asegura que en el mundo hay dos clases de gente; unos que tienen talento y carecen de religión, y otros que tienen religión, y carecen casi de talento.
Al Gazzali, a fin de quedar en paz con las masas, enseñaba en Bagdad en el siglo XI. “Las verdades consagradas por la razón, no son las únicas, porque existen otras de las cuales nuestro entendimiento es incapaz de dar cuenta; sobre la esfera de nuestra razón hay otra esfera; la de la manifestación divina.
Y así, Al Gazzali separó la religión de la ciencia.
Pero el filósofo árabe más conocido e influyente de Europa fué el célebre Averroes, cuyos comentarios de Aristóteles van mucho más allá que su maestro. Sus pasajes sobre la inmortalidad del alma y las bases de la moral fueron y son hasta hoy guías de todos los filósofos de todas las religiones.
Pero la idea cumbre de Averroes es aquella que trazó respecto de la recompensa y castigo en la otra vida. Ave-iroes no oculta la aversión que le inspira y dice:
“Entre las ficciones peligrosas deben figurar las que no consideran la virtud, sino como un medio de alcanzar la felicidad. La virtud, así considerada, no tiene valor ni mérito alguno, puesto que si el hombre se abstiene de ser voluptuoso, lo hace guiado por la esperanza de obtener una amplia recompensa por tal abstención, y, por consiguiente, el árabe no va en busca de la muerte sino por evitar mayores males, y si el judío respeta los bienes ajenos es únicamente con objeto de adquirir el doble; semejantes fábulas no sirven más que para falsear al espíritu del pueblo y sobre todo de los niños, sin ninguna ventaja para, hacerlos mejorar. Yo conozco hombres de perfecta moralidad que rechazan todas estas tonterías; a pesar de lo cual su virtud no es nada inferior a la de los que las admiten”.
Con esto, Averroes quiso enseñar el amor a la virtud, por amor a la misma virtud y no por la recompensa; y esta enseñanza le basta para consagrarle como el padre de toda filosofía religiosa.
CAPITULO X