El proceso motivacional es un constante reflejo y regulador de la actividad externa, de interacción con el medio físico o social y con el propio organismo biológico. Debido a esta íntima unidad, las fases de su desarrollo incluyen ambos componentes: el proceso interno y la activi- dad externa.
El proceso motivacional, en unidad con la actividad motivada, pasa por 3 fases principales:
– Fase de la necesidad pasiva y comienzo de la actividad orientadora. – Fase del tránsito de la necesidad pasiva a la activa y de la actividad
orientadora.
– Fase de la necesidad activa y de la actividad ejecutora.
Fase de la necesidad pasiva y comienzo de la actividad orientadora.
La necesidad puede encontrarse satisfecha de manera actual y perspecti- va, y no existir ninguna situación en el medio social externo, en el orga- nismo biológico del hombre, ni en las vivencias subjetivas, que la excite por una circunstancia actual de insatisfacción (pérdida de su objeto-meta) o por una posibilidad de frustración, privación o mayor satisfacción. En este caso, la necesidad existe potencialmente tan solo como propiedad de la personalidad, como posibilidad de reaccionar con determinadas actividades psíquicas, solamente si aparece una situación determinada.
Al presentarse una nueva situación en la interacción con el medio social, o una alteración del equilibrio fisiológico del organismo, y refle- jarse en los procesos cognoscitivos del sujeto (sensaciones orgánicas, percepciones y pensamientos) o al modificarse las vivencias psíquicas y afectar positiva o negativamente las necesidades del sujeto, estas son ex- citadas y se manifiestan subjetivamente en tendencias (impulsos o de- seos), emociones y sentimientos, y en la valoración afectiva que contiene el reflejo cognoscitivo del mundo en percepciones, pensamientos, imagi- naciones, etcétera.
Por ello, es necesaria la consideración de los estímulos u objetos motivantes, tanto negativos como positivos. Los negativos son aquellos indicadores de la insatisfacción actual o futura de las necesidades. Los estímulos u objetos motivantes positivos son aquellos indicadores de la perspectiva o posibilidad de evitar la insatisfacción u obtener la satisfac- ción inmediata o futura de las necesidades.
Los estímulos son aquellas realidades que se reflejan en el psiquismo de manera no consciente, a través de señales. Los objetos son aquellas realidades que se reflejan de manera consciente, mediante imágenes de la percepción, de la representación o del concepto.
Tanto los estímulos u objetos negativos, indicadores de la insatisfac- ción, como los estímulos u objetos positivos, afectan de manera negativa y positiva, respectivamente, las necesidades del sujeto y estas son excitadas.
La motivación es negativa cuando el estímulo u objeto motivante ne- gativo, o sea, aquel indicador de la insatisfacción actual o futura de las necesidades tiene una función fundamental en la determinación del pro- ceso rnotivacional. En la motivación negativa el sujeto trata de evitar o escapar de una situación de frustración o insatisfacción.
La motivación es positiva cuando el estímulo u objeto motivante po- sitivo, o sea, aquel indicador de la perspectiva o posibilidad de evitar la insatisfacción u obtener la satisfacción inmediata o futura de las necesi- dades, tiene una función fundamental en la determinación del proceso motivacional.
En la motivación positiva el sujeto se dirige activamente a buscar la satisfacción y el aseguramiento de sus necesidades.
Debido a la acción del estímulo u objeto negativo, indicador de la insatisfacción, el individuo se orienta a suprimir o evitar la insatisfacción y a preservar la satisfacción. Debido a la acción del estímulo u objeto positivo, indicador de una satisfacción adecuada o superior, el individuo se orienta a obtenerla. Pero no basta con este estímulo para que se pro- duzca una actividad dirigida. La necesidad puede permanecer pasiva si el sujeto no se considera capaz de lograrlo o si existe un conflicto de motivos.
Las necesidades excitadas que se expresan solo pasivamente lo hacen en tendencias (impulsos y deseos), emociones y sentimientos predomi- nantemente pasivos.
El impulso es la tendencia inconsciente que actúa en forma impremeditada e irreflexiva, como una reacción impensada ante los estí- mulos externos u orgánicos. Cuando el sujeto toma conciencia, en algu- na medida, del objeto-meta de su necesidad aparece el deseo, que se orienta hacia el objeto-meta de la necesidad de manera consciente, pero es más bien contemplativo y pasivo.
La existencia de tendencias, emociones y sentimientos predominan- temente pasivos, no lleva aún a la actividad motivada, dirigida a la obten- ción de su objeto-meta, y solo puede conducir a actividades de búsqueda en un plano mental o externo. Ellos expresan solamente la faceta, el momento pasivo de la necesidad y el comienzo de la actividad orientadora en la búsqueda de la posibilidad de obtención del objeto-meta.
Fase del tránsito de la necesidad pasiva a la activa y de la actividad orientadora. La existencia de una necesidad y la manifestación de esta en
forma de tendencias, de deseo o de un proceso emocional aún no son suficientes para que se realice una actividad dirigida. Para esto es necesa- rio que el sujeto refleje cognoscitivamente la posibilidad objetiva de su satisfacción, la cual engendra el motivo de la actividad.
El motivo de la actividad es el reflejo psíquico de su objeto-meta, como algo posible de obtener en dependencia de las circunstancias ex- ternas e internas (psíquicas) y por tanto moviliza e incorpora la tensión activa de la necesidad o necesidades a las cuales responde dicho objeto- meta. El motivo surge en virtud de que el sujeto refleja cognoscitivamente la posibilidad objetiva de obtener la satisfacción y la valora en dependen- cia de las condiciones internas de su personalidad (de las posibilidades funcionales del individuo: habilidades, capacidades, energía física, etc., expresadas en la imagen que tiene de sí mismo, y de su jerarquía de nece- sidades). Este reflejo psíquico dirige e impulsa la actividad hacia la satis- facción de la necesidad o necesidades a las cuales responden dicho objeto-meta.
Aquí se evidencia la importancia de la imagen de sí mismo en la mo- tivación. No todo reflejo cognoscitivo de un estímulo u objeto motivante engendra un motivo. Esto depende, por ejemplo, de la seguridad que el sujeto tenga en sí mismo y, por lo tanto, de la posibilidad que él ve de alcanzarlo. Así, la personalidad condiciona cuáles reflejos cognoscitivos motivantes producen motivos y cuáles no. De esta forma, la imagen que el sujeto tenga de sí mismo y la jerarquía de necesidades de la personali- dad desempeñan una función muy importante, por ello, la aparición del motivo está condicionada no solo por las realidades externas y el reflejo
cognoscitivo del sujeto, sino, además, por las condiciones internas de la personalidad. En este contexto se comprende que resulta imposible iden- tificar el estímulo u objeto externo con el motivo de la actividad.
Por lo general el motivo es una expresión de diversas necesidades. Hablando en términos de la física mecánica, es la resultante de un siste- ma de fuerzas. Un determinado objeto, por ejemplo un automóvil, satis- face unas necesidades, ya sea porque el automóvil es un fin en sí mismo o un medio o vía para satisfacer algunas y frustrar otras, pues implica gas- tos. El motivo que nos lleva a comprarlo y adquirirlo es la resultante de la lucha entre diversas necesidades, en la cual han triunfado las diversas necesidades que se satisfacen con dicho automóvil.
En la medida en que un motivo sea la resultante de un sistema de fuerzas (las necesidades que canaliza), su concepto está muy cercano al de disposición o actitud. No obstante, el motivo puede ser fundamental- mente la expresión de una sola necesidad, además, la disposición puede ser pasiva o activa, mientras que el motivo es esencialmente activo, por ello no se pueden identificar totalmente los conceptos de motivo y dispo- sición.
La aparición del motivo indica que el objeto-meta se ha reflejado como algo posible de obtener, que la necesidad se transforma de predo- minantemente pasiva en activa y, por tanto, pasa a ser motivo o motor de la actividad.
El motivo es el reflejo psíquico del objeto-meta de la actividad, como algo posible de obtener en dependencia de las circunstancias externas e internas (psíquicas), el cual incorpora y canaliza a la necesidad como fuerza activa dirigida hacia la obtención de dicho objeto-meta, por lo tanto, el motivo contiene siempre 2 componentes: el reflejo cognoscitivo del objeto-meta de la actividad como algo posible de obtener; y la necesi- dad o necesidades en su faceta o manifestación activa y movilizadora. De la unidad de ambos componentes es que surge su función activadora y de dirección.
Sin embargo, a veces pasa a un primer plano uno de los componentes y el otro queda implícito o en la sombra. Cuando el reflejo cognoscitivo del objeto-meta pasa a un primer plano se presentan el motivo-objeto (la percepción del objeto-meta) y el motivo-convicción (el reflejo racional del objeto-meta). En estos casos, el motivo se presenta como si fuese la misma realidad que refleja. Cuando la necesidad pasa a un primer plano se pre- sentan el motivo-impulso, el motivo-emoción, el motivo-fin y el motivo- sentimiento. En estos casos el motivo se presenta como una "fuerza" del sujeto. Pero tanto en un caso como en el otro están presentes ambos com- ponentes: el reflejo cognoscitivo y la necesidad.
De lo anterior se comprende que si la necesidad no se encuentra con el reflejo cognoscitivo de su objeto-meta como algo posible de obtener, no se convierte en un motivo, o sea, no dirige ni impulsa definitivamente la actividad hacia su satisfacción, por ello se afirma que no toda necesi- dad es un motivo y no se pueden identificar ambos términos: necesidad y motivo, pues la necesidad puede ser potencial o preponderantemente pasiva y no constituir un motivo. Por otro lado, si el reflejo cognoscitivo del objeto-meta no incorpora la tensión activa de la necesidad, tampoco constituye un motivo. De esta manera no se puede afirmar que el motivo pueda ser un objeto externo.
El motivo, al igual que la motivación, constituye una mediación entre las propiedades de la personalidad y la realidad reflejada por el sujeto.
Los motivos pueden ser reactivos si constituyen una respuesta a la influencia directa del mundo externo y del organismo sobre el sujeto y no reactivos si, mediados por o concretados en la palabra, se independizan de las influencias externas y orgánicas. Asimismo, pueden manifestarse en los procesos cognoscitivos (sensoperceptuales o racionales), en los procesos afectivos (emociones y sentimientos) y en las tendencias (impulsivas o voluntarias).
El motivo es el reflejo psíquico del objeto-meta de la actividad, pero a través del reflejo de los objetos indicadores de su obtención, que resul- tan incitantes o impulsores para el sujeto y no caracterizan tanto a la personalidad como sus condiciones concretas de vida. Esto determina que el motivo no solo exprese la necesidad actual, sino que a través de sus objetos indicadores e incitantes engendra nuevas necesidades. Las incitaciones provocadas por las circunstancias de la vida constituyen los "materiales" con que se van formando las nuevas necesidades.
El motivo engendra la actividad dirigida hacia la obtención de su ob- jeto-meta: primero, una actividad orientadora, y seguidamente una acti- vidad ejecutora. Surge inicialmente por la percepción de una situación externa, por una comunicación verbal de otra persona, una lectura, un recuerdo o una reflexión interna. Puede surgir por la percepción de una situación externa, de un estímulo u objeto motivante, pero esta puede desaparecer y, sin embargo, el motivo queda en la persona como un re- flejo psíquico que continúa impulsando la actividad, aunque desaparezca de la contemplación directa el estímulo u objeto motivante; la persona está motivada aunque ya no perciba el incentivo de su actividad. Como resultado de la elaboración cognoscitiva de las necesidades, el motivo se presenta como motivo-fin o fin general, como aspiración o como convic- ción que puede devenir en un factor motivacional permanente de la per- sonalidad con una perspectiva temporal más o menos prolongada.
La aparición del motivo permite que el deseo (contemplativo y pasi- vo) se transforme en querer, el cual implica la orientación a actuar y, por lo tanto, la aspiración a llegar a dominar los medios correspondientes que conducen a su realización. Querer implica el establecimiento de un fin o finalidad, que es el reflejo consciente de la meta de un acto o de la actividad, e implica la postura con respecto a su realización.
Si el motivo de la actividad es consciente, entonces coincide con el fin general o motivo-fin; si, por el contrario, es inconsciente, se expresa oculta e indirectamente a través de los fines de la actividad.
A menudo la actuación no sigue inmediatamente al querer y al esta- blecimiento de un fin. Ocurre que antes de la actuación surgen dudas, ya sea con respecto al fin asumido o a los medios, y el sujeto puede meditar sobre las consecuencias indeseables que pueden derivarse de estos. Se origina entonces una reflexión, una lucha de motivos, y por último el sujeto toma una decisión.
Frecuentemente, antes de realizar la acción y llevar adelante un obje- tivo difícil y distante que requiere una compleja actuación, el sujeto debe elaborar el plan de acción necesario para alcanzar sus fines. Así, además del fin general o motivo-fin, aparecen otros objetivos subordinados, los fines parciales, o sea, establece una serie de medios-fines, cada uno de los cuales implica una intención consciente. La intención es una orienta- ción fijada por la decisión a la realización de su objetivo, que adquiere cierto valor inductor por sí misma.
Fase de la necesidad activa y de la actividad ejecutora. Falta aún una
fase del proceso motivacional, aquella en la que la necesidad activa im- pulsa la actividad ejecutora y se transforma en una necesidad satisfecha o frustrada.
En el decurso de la actividad ejecutora pueden presentarse nuevos conflictos entre necesidades, fracasos y nuevas circunstancias que re- quieren una reorientación, replanificación y planteamiento de nuevos fi- nes parciales, por eso la fase de la necesidad activa y de la actividad ejecutora también contiene la actividad orientadora y, en este sentido, es una continuación de la fase anterior.
El decurso de la actividad ejecutora, la serie de actos, puede culmi- nar en la obtención del objeto-meta de la necesidad y en la satisfacción, pero no siempre ocurre así. A veces el sujeto no obtiene el objeto-meta y recibe una frustración a causa de un obstáculo relativamente insupera- ble. Este obstáculo puede ser: un conflicto de motivos, por ejemplo, una madre joven, estudiante, empeñada en vencer sus asignaturas, se ve obli- gada a dejar sus estudios para atender la salud quebrantada de su hijo;
una incapacidad personal, por ejemplo, el deportista decidido a salir vic- torioso en una competencia, no lo logra, debido a que no tiene la necesa- ria resistencia física; y un obstáculo externo, físico o social, por ejemplo, un trabajador de un país capitalista se ve lanzado a la desocupación por el dueño de la fábrica donde que labora, a causa del incremento de la crisis económica; un joven campesino no puede visitar a su novia porque la crecida del río se lo impide.
Debemos distinguir entre la privación y la frustración de las necesi- dades. Una necesidad está privada o insatisfecha debido a que no existen posibilidades reales de su satisfacción, y el sujeto se mantiene sufriendo pasivamente su insatisfacción, sin tratar de lograr el objeto-meta de su necesidad. Por el contrario, el concepto de frustración indica que la ne- cesidad ha impulsado una actividad ejecutora, dirigida al objeto-meta, y que esta ha sido impedida por un obstáculo relativamente insuperable.
Pongamos un ejemplo para explicar todo lo dicho hasta aquí sobre las fases del proceso motivacional y de la actividad motivada:
Un periodista y escritor sueña con escribir y publicar una novela sobre la campaña de alfabetización en la cual partici- pó, por lo que guarda en su mente inolvidables vivencias; pero no ve de inmediato la posibilidad de su publicación y continúa, por lo tanto, desarrollando otras actividades pe- riodísticas, de acuerdo con sus tareas laborales. (Hasta aquí se observa la fase pasiva de la necesidad.) Inesperadamente lee en el periódico la convocatoria para un importante con- curso de novelas que promete la publicación inmediata de aquellas que resulten triunfadoras. Entonces, este conoci- miento y la perspectiva cierta de vencer en el concurso y publicar su novela se convierten en el motivo de su actividad que lo impulsa en una dirección definida y que se expresa en fines, intenciones y un plan de acción: escribir un capítulo por mes, terminarla en 5 meses, dársela a leer a determina- dos compañeros, etc. (Esta es la fase de tránsito de la nece- sidad pasiva a la activa y de la actividad orientadora.) Así, el novelista empieza a escribir, va terminando los diferentes capítulos, envía al fin la novela al concurso y espera ansiosa- mente el resultado. Si obtuvo el premio, su necesidad fue plenamente satisfecha. Si, por el contrario, su novela no fue premiada, culmina en la frustración. (Esta es la fase activa de la necesidad y de la actividad ejecutora.)
Hasta aquí se han señalado 3 fases necesarias en el ciclo motivacional, pero no siempre se pueden delimitar estas fases en toda actividad, ya sea
por su carácter instantáneo o, por el contrario, muy prolongado. En el acto volitivo simple se pasa de la vivencia de la situación a la acción. Además, es típico del hombre el hecho de que muchas motivaciones que han llegado a la tercera fase perduran durante mucho tiempo: semanas, años y a veces la vida entera. Este es el caso de los proyectos dirigidos hacia el futuro que muy frecuentemente se constituyen como motivacio- nes permanentes. Todos los días al despertarnos por la mañana, y sin que ningún estímulo motivante actúe sobre nosotros (solo el encontrarnos en nuestra cama y conocer el mundo social que nos rodea), vienen a nuestra mente los proyectos y tareas que nos hemos trazado, que consti- tuyen las fuerzas motrices permanentes y fundamentales del día, del fu- turo inmediato y mediato.