La personalidad es el conjunto concatenado de propiedades y esta- dos psíquicos, internos, relativamente estables y superiores (sociales), que se manifiestan y participan en todos los procesos psíquicos del ser humano (cognitivos y afectivos), asumen una forma individual y tienen una función predominantemente activa, autónoma y creadora en la regu- lación de la actividad del ser humano, a través de la cual se refractan todos los estímulos que actúan sobre él.
Todo hombre o mujer normalmente desarrollado tiene personalidad, es decir, evidencia factores psíquicos internos que se expresan en su ac- tividad y lo revelan como un ser consciente y social, capaz de llevar a cabo un rol activo y relativamente autónomo y creador dentro de su socie- dad, de acuerdo con la conciencia social que ha asimilado de su medio.
La personalidad es un reflejo individual, relativamente autónomo, ac- tivo y creador de la superestructura de la sociedad en el ser humano, es decir, el reflejo de la organización y el funcionamiento de las instituciones y grupos, así como de la conciencia social, dado a través y en dependencia
de la posición y las interacciones del individuo en el sistema de las rela- ciones materiales de la sociedad, de sus condiciones psíquicas y biológi- cas individuales, y de la participación activa de la personalidad en la transformación del medio social y de sí mismo.
Constituye, en definitiva, un reflejo de su medio sociohistórico. Se- gún sea la naturaleza, la complejidad y la estructura de dicho medio, así será la naturaleza, la complejidad y la estructura de la personalidad. Esto implica que, al cambiar el medio social, tarde o temprano sobreviene un cambio en la personalidad, pero este reflejo es el punto de partida y de llegada de la función creadora del sujeto, que se construye a sí mismo y transforma su medio social.
La personalidad no solo constituye un reflejo de su medio sociohistórico, sino que, una vez surgida, se convierte en un factor rela- tivamente autónomo, activo y creador que transforma dicho medio, crea bienes materiales y espirituales, y modifica las relaciones sociales. En esta interacción con el medio, la personalidad se mantiene activa, crea- dora y relativamente autónoma, pero por lo general y en última instan- cia, con el decurso del reflejo de su medio se van produciendo modificaciones cuantitativas en ella, que en su decurso interno y automovimiento conducen a transformaciones cualitativas, al surgimien- to de nuevos rasgos, tendencias, capacidades, etc.
En la medida en que la personalidad es una expresión superior e irreducible del ser humano como un todo, de su organismo biológico y
de sus funciones psíquicas elementales, en ella se encuentran diferentes componentes y funciones que operan en distintos niveles: el nivel supe- rior o histórico-social; el nivel del psiquismo inferior y de las funciones psíquicas elementales; y el nivel psicobiológico.
Se deben distinguir los niveles del ser humano de los niveles de la personalidad. Los niveles del ser humano son: el psicológico superior o histórico-social (donde radica precisamente la personalidad); el psicológico inferior o biopsíquico; y el biológico. Los niveles de la personalidad son diferentes de los niveles del hombre, pero los reflejan y a través de este reflejo los contienen, por ejemplo, se debe tener en cuenta la diferencia cualitativa entre el nivel psicobiológico de la personalidad y el nivel bio- lógico del hombre, pues, pongamos por caso, muy a menudo no coinci- den las preferencias alimenticias de la personalidad con los requerimientos de la homeostasis biológica del ser humano.
Aunque cualitativamente diferentes, los niveles de la personalidad se encuentran en unidad dialéctica, en una penetración, transformación y determinación recíprocas que los convierte a todos en superiores y específicamente humanos, y a la vez en individuales. Dentro de la unidad de estos 3 niveles, el superior o histórico-social es el generalmente predo- minante en la regulación de la actividad del hombre normal y adulto.
La personalidad constituye una unidad dialéctica de contrarios (lo sociohistórico y lo psicobiológico, lo social y lo individual, lo interno y el reflejo de lo externo), en la cual su carácter superior, social e interno, constituye su rasgo distintivo y predominante.
La unidad dialéctica que existe entre los niveles de la personalidad determina que sus componentes inferiores e individuales adopten una forma superior, social, cualitativamente diferente del psiquismo animal o infantil y de los estados puramente biológicos.
El nivel psíquico superior, histórico-social de la personalidad, inclu- ye en sí la conciencia, las necesidades y disposiciones espirituales, mora- les, las capacidades y las funciones psíquicas superiores del hombre: el lenguaje y el pensamiento abstracto, la voluntad, los sentimientos. Este nivel superior es propio solo del ser humano adulto y constituye el aspec- to esencial y predominante de la personalidad.
El nivel psíquico inferior de los procesos no conscientes y de las fun- ciones psíquicas elementales incluye aquellas características y funciona- mientos psíquicos que están presentes tanto en los animales como en el ser humano, pero que asumen en este último formas muy superiores, entre ellas la psicomotricidad, la sensopercepción, los hábitos, la memo- ria directa, las acciones impulsivas y reactivas, las emociones y los proce- sos psíquicos no conscientes.
El nivel psicobiológico está integrado por todo lo que aporta el orga- nismo del ser humano a la personalidad: el tipo de actividad nerviosa superior, la expresión córtico-subcortical de los requerimientos del fun- cionamiento fisiológico del organismo humano, las sensaciones orgáni- cas y la activación o energía que brinda el organismo a la actividad del ser humano.
Entre estos niveles opera por lo general un funcionamiento armóni- co, y los niveles inferiores actúan a través y en consonancia con el nivel superior. Esto determina una apertura del nivel superior a los inferiores, de la conciencia a los procesos no conscientes y al organismo biológico, de manera tal que se les deja que regulen la actividad si dicha apertura no entra en contradicción con las propiedades y procesos superiores del ser humano.
Ahora bien, si se produce una contradicción entre los niveles inferio- res y el nivel superior, este último por lo general asume el control de la actividad y resulta el dominante, inhibiendo así la acción de los niveles inferiores y muchas veces modificándolos para ponerlos en consonancia con el nivel superior. No obstante, si estas contradicciones se reiteran y resultan insalvables, en última instancia, con el decurso de su acumula- ción cuantitativa, se impone la tendencia a la armonización entre los dis- tintos niveles, que muy a menudo conduce a la transformación del nivel superior de la personalidad.
Ante la reiteración o agudización de la contradicción entre el nivel superior y los inferiores se impone, por lo general, una modificación del nivel superior, de manera que armonice con los inferiores, sin embargo, aunque esta es la tendencia predominante, también ocurre que en situa- ciones y en sujetos excepcionales los niveles superiores de la personali- dad no se modifican cualitativamente, a pesar de su reiterada contradicción con los niveles inferiores, por ejemplo, las situaciones prolongadas de privación material en condiciones de conflicto político o militar, y los casos de hombres excepcionales que se han sacrificado toda su vida por un ideal.
En el primer capítulo de este libro, al hablar del determinismo de la psiquis planteamos 2 polos de la personalidad, el racional activo y el sensorial reactivo. Con estos conceptos quisimos integrar la determina- ción sobre la base de los niveles, con la determinación externa y social. Así, el polo sensorial reactivo contiene el reflejo perceptual del medio externo y la influencia del organismo biológico, de los niveles inferiores de la psiquis y de toda la experiencia anterior infantil y adolescente del sujeto. El nivel superior es el racional activo. Ambos forman la persona- lidad en la cual, en sujetos normales y adultos, predomina por lo general el polo racional activo.