Methodology and Procedures
Chapter 4 Discussion
4.1 Overview of the Analysis
El Código Laboral está definido por los controles externos al proceso productivo que posibilitan la aplicación del Código del Trabajo incluyendo
dimensiones de la subjetividad de los sujetos trabajadores, controles que tienen el
fin de asegurar el cumplimiento de las divisiones del trabajo y sus economías de tiempo. Según indica Roldán (2010 a y b) este código puede aplicarse en diversos niveles de subcontratación y se trata de mecanismos que apelan al “saber-ser” individual y colectivo, y al comportamiento esperado por el sector empresario. A
modo de ejemplo presentamos al control simple como aquél que se expresa de forma
directa y personal y que puede ejercerse según diversas modalidades: económicas (a través del salario), coercitivas (castigos) y simbólicas (apelando a la subjetividad de los sujetos trabajadores), entre otras. De igual forma, son parte de este Código el control grupal (de los equipos sobre sus miembros) y el autocontrol (según sea la
reacción o no, del/a trabajador/a involucrado).
Debido a que la aplicación del Código Laboral a los procesos de organización del trabajo apelan a la subjetividad de los sujetos trabajadores en sus dinámicas
laborales, proponemos una definición de este concepto que, lejos de ser abordado desde una perspectiva de la psicología o el psicoanálisis, establece –a nuestro juicio– una relación con la perspectiva del trabajo en tanto dimensión de la cultura presentada en el inicio de este capítulo.
cumple con “la regla del código” y se expresa como “método algorítmico de organización” que funciona bajo una organización de red. Otro de los casos abordados por el autor es el de desarrollo de software a distancia entre miembros de equipos deslocalizados. En este ejemplo, menciona herramientas propias del seguimiento de los proyectos, pero –a nuestro juicio– no queda bien clara la diferenciación entre considerarse un usuario de estas herramientas de organización y que éstas sean (como en el otro caso mencionado) quienes ejerzan el control.
En estudios anteriores (Xhardez, 2009 y 2007) abordamos las dimensiones de la subjetividad de los trabajadores a partir del análisis de sus representaciones sociales. En aquella oportunidad, éstas fueron definidas como “construcciones simbólicas individuales y/o colectivas que los sujetos ven o a la que los sujetos apelan para interpretar el mundo, reflexionar sobre su propia situación y la de los demás y determinar el alcance y posibilidad de su acción histórica” (Vasilachis de Gialdino 2003 pág. 268, cursivas agregadas). De esta manera el accionar del sujeto (en este caso trabajador) está orientado por aquellas representaciones que dan sentido a determinados contextos.
A partir de esta tesis nos proponemos integrar al análisis las dimensiones de la subjetividad de los/as trabajadores/as según las cuales éstos/as en su singularidad responden (o no) a los escenarios planteados en el lugar de trabajo y expresadas en particular al analizar el Código Laboral. A tales efectos definimos el concepto de subjetividad como una concepción que no puede entenderse de forma separada de la de cultura (Galende, 1997 en Guinsberg, 1999).
En la búsqueda de una definición de subjetividad, Guinsberg (1999) propone un itinerario de las diferentes interpretaciones del concepto a la largo del tiempo y del uso según las disciplinas: su origen filosófico, el uso genérico de parte de las ciencias humanas, la perspectiva sociológica y psicológica del concepto. Este autor plantea que el uso de la noción de subjetividad debe darse en un marco que logre responder a nuevas problemáticas que no pueden desenvolverse en una única disciplina. Asegura, además, que la noción de subjetividad surge y se desarrolla esencialmente en la filosofía pero posteriormente “el concepto escapa de lo conocido y tradicional para adoptar nuevas significaciones, afrontando nuevas problemáticas con base en el (al menos parcialmente) nuevo contexto de su utilización” (ibídem pág. 5). En procura
de visiones menos unilaterales como las históricamente utilizadas, el autor advierte la existencia de perspectivas que incluyen diferentes factores como partícipes de la conformación de la subjetividad. A partir de este análisis menciona la definición de Galende (1997) que adoptamos en esta tesis:
La investigación de la subjetividad consiste básicamente en la interrogación de los sentidos, las significaciones y los valores, éticos y morales, que produce una determinada cultura, su forma de apropiación por los individuos y la orientación que efectúan sobre sus acciones prácticas. No
existe una subjetividad que pueda aislarse de la cultura y la vida social, ni tampoco existe una cultura que pueda aislarse de la subjetividad que la sostiene. Esta mutua determinación –en verdad, mutua producción– deben
ser nuestro punto de arranque, ya que la subjetividad es cultura singularizada tanto como la cultura es subjetividad (objetivizada en los productos de la cultura, las formas de intercambio, las relaciones sociales concretas que la sostienen, pero también en las significaciones y los sentidos que organizan la producción cultural).” (Galende, 1997, pág. 75, cursivas agregadas).
Teniendo en cuenta esta última definición que a nuestro juicio concuerda con la de representaciones sociales en considerar la importancia de la orientación de la acción de los sujetos, recordamos aquí para su mejor explicación la definición de Cultura desarrollada por Margulis (2009), que ya fuera esbozada al inicio de este capítulo. Parafraseando al autor (pág. 18), el concepto de cultura modificó su alcance a lo largo de la historia, pasando gradualmente desde dar cuenta de una sociedad completa y exótica, a definir un nivel de análisis de sociedades actuales. A partir de esta concepción, el/la antropólogo/a –al igual que el/la sociólogo/a de la cultura– encuentra en el análisis de la dimensión significativa de la cultura (sus diferentes
códigos culturales que orientan y dan sentido a las acciones humanas) una
herramienta para el abordaje de las sociedades de hoy y sus procesos sociales.
La definición semiótica del concepto de cultura que propone Margulis (2009) supone que ésta se sustenta en la capacidad del ser humano de significar (y de significarse a sí mismo) a través de signos que le permiten la comunicación: la cultura son códigos de significación interrelacionados e históricamente constituidos que se comparten con un grupo social y permiten la comunicación, interacción e identificación (ibídem pág. 31). Así, la cultura debe entenderse:
“en términos de los sistemas de signos que una comunidad humana ha producido en su historia y produce en su vida social, que sus integrantes incorporan durante su socialización y que los orientan en su accionar en el mundo, haciendo posible la comunicación, la identificación, el
reconocimiento y la interacción.” (Ibídem, 2009 pág. 24, cursivas agregadas).
En este marco un código, entendido de manera flexible39, es un conjunto organizado de instancias o niveles culturales, con un determinado grado de coherencia interna en cuyo contexto un signo toma sentido y obtiene su carácter social e inteligible entre personas que lo comparten. Siguiendo este razonamiento, los 39 Entendemos que esta definición se articula con la de Dantas (2003, 2006), y juntas facilitan la
comprensión de la función de los códigos en la orientación de las acciones de los actores en relación, también, a su subjetividad y “creatividad”.
distintos aspectos que conforman las diferencias entre culturas son códigos culturales: sistemas ordenados de signos que implican construcciones socio- históricas de sentido. En palabras del autor, un código cultural puede definirse como “formas socialmente estructuradas de percibir, de sentir, de valorar, de gustar, en valores, estéticas y modos de procesar el tiempo y el espacio” (ibídem pág. 25).
Siguiendo estas teorizaciones nos proponemos relacionar los contextos socio- culturales expresados a distinto nivel, y las diferentes dimensiones de la subjetividad desde donde el/la trabajador/a responde (o no) a los escenarios planteados. En este sentido, en IC como la de VJ donde la producción de contenidos incorpora a la “subjetividad” del trabajador/autor como parte del proceso de producción, la “creatividad” puede considerarse como una de las dimensiones posibles de su subjetividad.
4.3 Los “métodos ágiles”: ¿Hacia nuevas formas de organización del