Methodology and Procedures
2.2 Procedures
3.2.4 Theme 4: “Things are all the Time not Solved ”
La industria de VJ presenta una doble dimensión en tanto que es parte del conglomerado de las ICs del sector audiovisual y también lo es de la industria de
desarrollo de software (ya que éste es parte constitutiva de su producción).
Respecto de la primera, Bustamante (2003) indica que el concepto de “Industria Cultural” (IC) se ha generalizado al ser adoptado en numerosos estudios y tiene por objetivo vencer la “falsa disyuntiva” entre industria y arte teniendo en cuenta el doble componente industrial y cultural de estas producciones. Asimismo, el concepto intenta superar la idea de “medios masivos de comunicación”, ya que –a su juicio– se trata más de un modelo comunicativo subyacente inseparable de su rol de difusión y reproducción de la cultura, que de un medio de comunicación de masas. Este autor define a las IC como “una serie de creaciones simbólicas que, multiplicadas en numerosas copias en soportes materiales o inmateriales22 van al encuentro de sus receptores” (pág. 21). Según esta definición, el eje de las ICs estaría dado por su reproductibilidad técnica (ya analizada por Benjamin, 1989), que habilita –en este mismo sentido– una etapa de industrialización subsiguiente a la original creación/producción de la obra, o prototipo.
22 A pesar de que la definición da cuenta de las necesarias dimensiones creativa y simbólica-
comunicativa (cultural) y replicable (industrial), vale aclarar que no acordamos con la idea de 'inmaterialidad' de soportes, aunque sí con su intangibilidad.
Otros autores procuraron dar cuenta de sus características en el contexto del capitalismo contemporáneo: Katz (2006) analiza algunos ejemplos de IC de Argentina y América Latina e indica que “a diferencia de la gran mayoría de los bienes y servicios tranzados en la economía, los de carácter cultural muchas veces son 'no rivales' y 'no-excluibles'.” (pág. 7). Moulier Boutang (2004), desde una perspectiva teórica crítica, coincide con Katz en presentar a las ICs como creadoras de recursos no escasos por naturaleza, indivisibles e inagotables. En esta misma línea Dantas (2006) reconoce el trabajo simbólico de la producción y la relación con el artista. En sus términos “[e]n el 'mercado' cultural, 'se consume' el 'artista', su nombre, su empatía, su carisma.” (Dantas, 2003 pág. 14) y además, como indica Boutang, 2004, pág. 121, “la obra o la creación no es separable de su consumo — contrariamente a las mercancías estándar—, de una actividad de conocimiento que le confiere su sentido en cada momento (Boutang, 2004 pág. 121).”
Por su parte, la industria informática23 es considerada por diversos autores en
articulación sinérgica con las IC en un escenario de convergencia. Así, Getino (2008) advierte sobre las relaciones entre las IC y otras que le son necesarias para su subsistencia. En los últimos años “se han ido incorporando algunas industrias parcialmente relacionadas o conexas, dentro de las cuales incluimos la informática e Internet” (ibídem, pág. 39). En el mismo sentido el autor asegura que “un rubro cada vez más importante (…) es el de software destinado a los servicios informáticos (SSI), con una creciente aplicación en las IC” (pág. 408-409), de modo que el sector de software mantiene un crecimiento ininterrumpido desde casi los últimos diez años.
Demostrando la doble dimensión de la industria de VJ y su contexto de sinergias entre sectores24, Getino (2008) la presenta como una poderosa
manifestación de la IC en la que se vinculan la digitalización informática, los contenidos audiovisuales y la telefonía móvil (pág. 35) entre otras plataformas posibles (ver Capítulo 3). El mismo autor asegura que “[i]nteractividad y sinergias ocupan de este modo una dimensión cada vez mayor en las relaciones de las IC con 23 Durante la última década, varios fueron los autores dedicados a abordar, desde diferentes
perspectivas, la industria del software y servicios informáticos en la Argentina. Sólo a modo de ejemplos mencionamos, Chudnovsky et al (2001), Katz (2001), López (2003, 2006), Mochi Alemán (2004), Donato (2006), la compilación de Yoguel (2006) de diversos autores y López y Ramos (2008).
24 Así como el VJ puede considerarse según un doble dimensión, de acuerdo a Sel (2008 a) el cine
cuenta con una doble pertenencia a las artes del espectáculo y a los medios. “esto implica también analizar las mutaciones en sus modos de valorización. Modos que se inscriben asimismo en los procesos integradores de un sector televisual-audiovisual subsumido también hoy en las industrias de la comunicación, con estrategias de integración fundadas por una 'convergencia' en la cual la espectacularización está en la medida de la propagación de las tecnologías digitales.” (pág. 58)
los medios y las artes en general” (pág. 37). De esta manera, define a los VJ como un sub-sector de las industrias audiovisuales que debe su crecimiento a los avances tecnológicos y las vinculaciones cada vez más estrechas entre la informática, las telecomunicaciones y las industrias dedicadas al diseño y la producción de contenidos. Complementariamente Dantas (2003) da cuenta de las sinergias indicando que “buena parte de la industria 'material' contemporánea debe su dinamismo a la industria cultural: no existirían televisores y reproductores de CD, si no existiesen novelas, 'faustões' y conjuntos musicales” (pág. 14), industrias que el mismo autor actualmente denomina Industria Cultural ampliada (Dantas, 2011).
Perelman y Seivach (2007) también definen a los VJ desde su doble dimensión: como IC comparte con otras industrias (la editorial, fonográfica o cinematográfica) características como “la producción serializada, la presencia de derechos de propiedad intelectual y los bajos costos marginales de producción.” En otras palabras la creación, producción y comercialización de los “bienes” culturales (ibídem, pág. 331) se realiza en serie y de forma estándar para su mejor “consumo”. Pero por otro lado, existe una clara asociación de esta industria con la del Software, puesto que consideran que la programación es uno de los procesos principales para su producción. Por último, reconocen en la tecnología digital que la promueve “la convergencia entre las telecomunicaciones, las tecnologías de la información y las industrias culturales” según la cual diferentes plataformas de red o dispositivos “de consumo” ofrecen “los mismos tipos de servicios culturales” (ibídem, pág. 332). En este sentido, a modo de advertencia, cabe incorporar aquí la perspectiva de Sel (2011) sobre la consideración del “consumo” de bienes culturales, perspectiva que compartimos:
Los bienes culturales no son mercancías, sino recursos para la producción de arte y diversidad, identidad nacional y soberanía cultural, acceso al conocimiento y visiones plurales del mundo, tal como define la UNESCO [en el Informa de la Comisión mundial de Cultural y Desarrollo, que bajo el título: “Nuestra diversidad creativa”, aprobara en 1996] (Sel 2011, pág. 57)
Por su parte, Moreno (2003) considera a los VJ como un sector cultural olvidado al que debería prestarse mayor atención ya que “está siendo impulsor de nuevas tecnologías” y “está introduciendo propuestas de integración y convergencia multimedia” (Moreno, 2003 pág. 219).
Cabe destacar también que, por contar con dos dimensiones (cultural e informática), la industria de VJ en tanto producción de contenidos, crea contenidos diferentes como resultado de trabajo “creativo” que puede expresar alta aleatoriedad, ya sea “creatividad” artística como técnica (ver Capítulo 5 y 6, de análisis de casos).
Así, en la industria de VJ en tanto creación cultural, los contenidos producto del trabajo vivo se generan a partir del trabajo según un mayor o menor nivel o posibilidad de ejercicio de su potencial “creativo” de acuerdo a las condiciones en que éste se desarrolle, es decir su contexto. A su vez, en su dimensión informática,
serán los contenidos técnicos los productos de un trabajo de mayor o menor aleatoriedad. Ese resultado del trabajo vivo es, según Dantas (2006) aquello que marca la diferencia en industrias culturales como la aquí analizada: “Hoy los productos se diferencian entre sí justamente por la dimensión aleatoria del trabajo concreto en ellos realizada.” (Dantas, 2006, pág. 65)25
3.2 El contexto del capitalismo informacional contemporáneo y las redes