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Es por la inmanencia de la máquina abstracta que el agenciamiento es una trama de líneas, pues la máquina abstracta opera como una línea

abstracta que atraviesa los términos para hacerlos funcionar,

relacionarlos, conectarlos, y al margen de esta línea, compone las líneas específicas según el tipo de relaciones que se entablan, líneas de segmentariedad dura, líneas de segmentariedad flexible y líneas de fuga.

En esta trama como composición de diferentes líneas, hay una cara de la trama que mira hacia el plano de organización que es lo que tiene que ver con los segmentos rígidos o las líneas duras, que son necesarias en tanto

le dan una determinada forma a la trama. Líneas de segmentariedad flexible que permitirán cierta movilidad a la trama, un dinamismo, y líneas de fuga que permitirán que la trama del agenciamiento no se cierre en un territorio fijo, haciendo que sus bordes se abran a nuevas tramas, a nuevas configuraciones, a nuevos agenciamientos.

Es decir que el agenciamiento tiene dos caras: una, orientada hacia el plano de inmanencia o de consistencia donde articula las conexiones mediante líneas de fuga, modificando su trama gracias a los segmentos flexibles. La otra cara apunta hacia el plano de organización o los estratos, componiendo sus segmentos rígidos. Cada agenciamiento tiene su propia trama, y por esta característica de doble cara no es una estructura cerrada, sino que se encuentra en constante construcción, es dinámica, se metamorfosea; esta trama es pues la forma que adquiere el agenciamiento. Al tiempo que se configuran estructuras de vecindad, se configuran las salidas de dicha estructura, están presentes, coexisten y son posibilitadas por la misma línea abstracta que ha construido las relaciones en tanto flexibles. A estas salidas los autores le han llamado líneas de fuga. Son formas de esta desterritorialización, de apertura hacia un mundo exterior, fuera de la estructura, del estrato, del plano de organización, desarrollan fisuras y fragmentaciones en la trama de los agenciamientos desarrollando nuevas conexiones y nuevos agenciamientos. Estas líneas constituyen la huída del plano de organización, su ruptura, la ruptura de los estratos, la desestratificación inmanente del plan de consistencia.

Se habla de huída en el uso más positivo de la palabra, dado que la huída posibilita la creación, es pura experimentación, es un viaje no programado, es usar las salidas para salir y romper con la estructura que queda atrás, es descubrir nuevas posibilidades del ser. Es huir justamente de las sobre- estratificaciones y sobrecodificaciones que intentan interrumpir el devenir,

huir de una imagen del pensamiento que responde al Uno-todo, el Uno que vuelve al Uno para confirmar su identidad.

(…) en una sociedad lo primero son las líneas, los movimientos de fuga que, lejos de suponer una huída fuera de lo social, lejos de ser utópicos o incluso ideológicos, son constitutivos del campo social, puesto que trazan su pendiente y sus fronteras, es decir, todo el devenir. (…) Nosotros decimos más bien que en una sociedad todo huye, y que una sociedad se define precisamente por esas líneas de fuga que afectan a masas de cualquier naturaleza. (…) Una sociedad, pero también un agenciamiento colectivo, se define en primer lugar por sus máximas de desterritorialización, por sus flujos de desterritorialización.” (Deleuze y Parnet. 1980. 153)

Esta relación con el exterior, la posibilidad de apertura hace del agenciamiento el modo en que la creación es posible, pero sólo en tanto la trama se compone de líneas de fuga, líneas de ruptura que posibilitan el devenir, la salida de la estructura, de un estrato, de una organización. Estas líneas, la trama total que constituye el agenciamiento se dan en medio de los términos, entre ellos, en la línea de encuentro. Deleuze ha hecho alusión en algunos de sus textos al tartamudeo como el uso minoritario del lenguaje constituido por el “y” que configura dicho encuentro, que es el encuentro mismo entre términos de diversas naturalezas, su conexión, el agenciamiento. El “y” es la conjunción por excelencia que permite la desterritorialización del lenguaje desde sus propias relaciones, es decir que en las relaciones de las lenguas mayores, de los usos comunes del lenguaje, la conjunción “y”, el tartamudeo, hace posible las lenguas menores que nacen por desterritorialización de la lengua madre. Es creación de la lengua, creación posible por la conjunción “y”, desterritorialización de la lengua para devenir agenciamiento Black- english. Es a lo que los autores han llamado ser “extranjero en su propia

lengua”, no es hablar como extranjero, sino huir de la propia lengua mediante el uso de conjunciones “y”, huir, escapar a la estructura lingüística a la cual se pertenece haciendo uso de las líneas de fuga que la misma trama del agenciamiento a puesto a disposición. De esto se sigue que en el orden lingüístico no exista una lengua “mayor o estándar”, las lenguas son dinámicas y configuran nuevas lenguas mediante sus usos minoritarios, los modismos, los getos. La lengua mayor deviene lengua menor mediante su desterritorialización a través de líneas de fuga que minan las estructuras. En definitiva ser extranjero en su propia lengua es

Cada uno debe encontrar la lengua menor, dialecto o más bien idiolecto, a partir de la cual convertirá en menor su propia lengua mayor. (…) Uno es bilingüe o multilingüe en su propia lengua. Conquistar la lengua mayor para trazar en ella lenguas menores todavía desconocidas. Utilizar la lengua menor para hacer huir la lengua mayor. Un autor menor es aquel que es extranjero en su propia lengua. (Deleuze y Guattari. 2000. 107)