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Parallel bi-directional shortest path algorithm

Chapter 2 A new algorithm for vehicle routing problem

2.3. Parallel bi-directional shortest path algorithm

Ciertamente podemos distinguir diversas etapas en el estudio del fenómeno que nos ocupa, pudiendo diferenciar hasta cuatro fases según Smith (2011). La primera, que iría desde los años 70 hasta finales de los 80, se caracteriza por el desarrollo de los trabajos pioneros en los países escandinavos, en los que se llamaba la atención por primera vez sobre este tipo de comportamiento agresivo. En la segunda de las fases, que abarcaría desde finales de los 80 hasta mitad de los años 90, se desarrollaron los primeros estudios sistemáticos sobre el tema más allá de los países escandinavos. Muchos de estos trabajos tuvieron como fin de establecer la importancia cuantitativa del problema, es decir, se trataban fundamentalmente de estudios epidemiológicos.

Como ya hemos señalado, los trabajos pioneros de prevalencia proceden de los países nórdicos, entre los que ocupan un lugar muy destacado los realizados por Dan Olweus. El primero de los estudios epidemiológicos que suele citarse fue desarrollado por este autor en el año 1970. Olweus ha desarrollado varios estudios de esta naturaleza, siendo uno de los más citados el realizado en 1983 en Noruega con una muestra formada por 130.000 alumnos, pertenecientes a 715 escuelas de edades comprendidas entre los 7 a los 16 años (Olweus, 1999). Para su desarrollo se diseñó un cuestionario denominado en inglés bully/victim questionaire que posteriormente fue

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traducido a múltiples idiomas y ha servido de base para el desarrollo de otros estudios similares en diversos países, algunos de los cuales vamos a referirnos en este capítulo.

Actualmente, este instrumento se denomina Olweus Bullying Questionnaire - OBQ- y desde su creación ha sido revisado hasta en dos ocasiones, en 1996 y en el año 2007. El OBQ es un cuestionario estandarizado, validado y con un formato de respuesta de opción múltiple que, en su versión actual, consta de 42 preguntas que pretenden medir diversos aspectos relativos al maltrato entre iguales. Este instrumento, a diferencia de otros, proporciona una definición precisa de lo que entendemos actualmente por maltrato entre iguales, con el fin de que los alumnos tengan una idea definida del fenómeno antes de pasar a responderlo. El OBQ permite obtener información sobre diversos aspectos, tales como, a) cuántos estudiantes han sufrido maltrato y durante cuánto tiempo, b) cuántos tienen miedo a ser maltratados, c) a quién se lo cuentan, d) qué tipos de agresiones son las más comunes o e) dónde se producen, etc. Ciertamente, se trata de un instrumento útil y ampliamente utilizado, tanto en las investigaciones clásicas como en las actuales.

Volviendo al estudio noruego, entre los resultados más relevantes podemos mencionar los siguientes:

a) Un 15% de los alumnos encuestados estaban implicados en casos de maltrato, bien como víctima o como agresor.

b) Un 9% de los sujetos fueron identificados como víctimas, frente a un 7% de agresores. Otro 1,6% fueron identificados como víctimas-agresores.

c) Un 5% de los sujetos estaban implicados en la forma más severa de maltrato, es decir, reconocían una frecuencia de, al menos, un acto de maltrato a la semana.

d) Existía una disminución en el número víctimas a medida que se incrementa el nivel educativo y consecuentemente la edad de los alumnos. Lo mismo ocurría con la violencia física, es decir, el autor constató una disminución de la misma a medida que la edad y el curso del alumno aumentaba.

e) Los sujetos de menor edad y más débiles eran más probable que ejercieran el rol de víctima.

f) El maltrato es una cuestión de chicos, tanto en su vertiente de agresores como de víctimas.

g) Finalmente, los agresores solían estar en el mismo curso que la víctima o en cursos superiores.

Otro grupo de países pionero en el desarrollo de estudios de población fueron los que forman el Reino Unido. Concretamente, en Inglaterra, Peter K. Smith (Whitney y Smith, 1993) llevó a cabo un estudio en la zona de Sheffield. En el

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mismo se aplicó el OBQ a una muestra formada por 6.758 alumnos de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años. Entre los resultados más relevantes, podemos destacar los siguientes:

a) Un 10% de los sujetos manifestó haber sido agredido alguna vez y un 4% una vez a la semana.

b) El 6% de la muestra admitió haber agredido, al menos, alguna vez a un compañero y un 1% haberlo hecho una vez a la semana.

c) Al igual que ocurría con el estudio de Olweus desarrollado en Noruega, los autores observaron una disminución de las agresiones con el incremento de la edad de los alumnos. Lo mismo ocurre con el número de agresores.

d) Los verdugos eran compañeros de clase de las víctimas, un dato que también nos encontramos en el estudio noruego.

e) Entre las agresiones más frecuentes se situaban los insultos (62%), las agresiones físicas (26%), las amenazas (25%), los rumores (24%), los insultos racistas (9%) y finalmente el aislamiento social (7%).

f) En este estudio se constata que los chicos sufren más agresiones de tipo físico, mientras que las chicas experimentan más agresiones relacionales o indirectas.

g) Los lugares más comunes en el que las agresiones se producían eran el recreo (45%), seguido de cerca por el propio aula (39%) y los pasillos (30%).

Otro de los países del Reino Unido pionero en el estudio del maltrato entre iguales es Escocia. Andrew Mellor (1990) realizó el primer estudio de incidencia en este país con una muestra formada por 942 alumnos de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años procedentes de 10 centros educativos. Al igual que en los estudios anteriores, este autor empleó el cuestionario diseñado por Olweus. Entre los resultados más destacados, podemos mencionar los siguientes:

a) El 3% de los alumnos expresó que fue objeto de maltrato, al menos, una vez por semana. Por otro lado, un 6% reconoció haberlo sido “a veces o con una frecuencia mayor”.

b) El 4% de la muestra admitió haber agredido a otros compañeros “a veces o con una frecuencia mayor”. Un 2% lo había hecho una vez por semana. c) Entre los 12 y los 13 años, chicos y chicas eran igualmente agredidos. Desde

el punto de vista de la agresión, la diferencia entre chicos y chicas aparecía especialmente a los 15 años, ya que a esta edad un 12% de los chicos admitían haber ejercido el papel de agresor frente al 5% de las chicas.

d) Entre los lugares más comunes en el que las agresiones tenían lugar se mencionaban el recreo (48%) y la clase (28%).

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e) La incidencia total hallada en las escuelas escocesas era inferior a la encontrada en su país vecino, Inglaterra.

Otro de los estudios que queremos citar brevemente es el desarrollado en 1997 en Irlanda, por O’Moore, Kirkham y Smith. En el mismo se empleó el cuestionario desarrollado por Olweus, con una muestra formada por 530 centros educativos, 320 de educación primaria y 210 de secundaria. Los estudiantes comprendían desde 3º de primaria hasta 6º de post-primaria. Los resultados más importantes según Byrne (1999, en IDP-U, 2000) son los siguientes:

a) Un 5% de los alumnos encuestados afirmó ser víctima de agresiones una vez a la semana, mientras que en la post-primaria la cifra en conjunto descendía al 2%.

b) A pesar de este último dato, la incidencia más alta se daba en 2º de post-primaria, un curso equivalente a 2º de ESO.

c) El 50% de los alumnos admitía que podría hacer grupo con otros compañeros con el fin de hostigar a otro alumno si este les caía mal. d) A medida que los alumnos se hacía mayores, la probabilidad de que

denunciasen un caso de maltrato era menor.

Por su parte, Italia, aunque con cierto retraso con respecto a los países previamente aludidos, también cuenta con estudios de prevalencia sobre el maltrato entre iguales desde hace varios años. Uno de los primeros trabajos realizados fue el de Genta, Menesini, Fonzin, Costabile y Smith (1996, en IDP-U, 2000) en el que trabajaron con una muestra formada por 1.379 estudiantes de edades comprendidas entre los 8 y los 14 años. Para ello emplearon una adaptación del cuestionario de Olweus (1983, en Olweus, 1999) y de Whitney y Smith (1993). Entre los resultados obtenidos, tan solo destacar que un porcentaje importante tanto niños como niñas se declaraban víctimas durante la etapa de educación primaria, aunque a medida que avanzábamos en la edad de los entrevistados, dicho porcentaje se veía significativamente reducido. Unos años más tarde, concretamente en 1997 (IDP-U, 2000), se publica Il bullismo in Italia , un estudio en el que se presentan los resultados de diferentes trabajos realizados en cinco ciudades italianas sobre la incidencia del maltrato entre iguales en escuelas de secundaria, es decir, entre alumnos de 11 a 14 años. Entre los resultados obtenidos, podemos destacar los siguientes:

a) A medida que aumentaba la edad de los alumnos, se producía una disminución de los niveles de maltrato.

b) El agresor era un papel fundamentalmente ejercido por los chicos. c) Víctimas y agresores compartían aula.

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d) Los niveles de maltrato medio en Italia son superiores a los hallados en otros países europeos.

e) La modalidad más frecuente de maltrato es el insulto y hablar mal de otros. Igualmente, las agresiones físicas ocupaban un lugar destacado.

f) El lugar del centro en el que se producían más agresiones era la clase, seguido de “otros” y de los pasillos.

A partir de los estudios a los que acabamos de referirnos de forma sucinta, podemos extraer varias conclusiones que parecen subyacer a la mayoría de ellos. Por un lado, una idea recurrente es que el maltrato entre iguales parece implicar fundamentalmente a los chicos, ya que son estos los que ejercen el papel de agresor y suelen ser otros chicos los receptores de estas agresiones. Ya hemos comentado en el primer capítulo que cuando se tienen en cuenta las agresiones indirectas o relacionales el porcentaje de chicas agresores se incrementa entre un 36% y un 50% (Crick, Ostrov, Burr, Cullerton-Sen, Jansen-Yeh y Ralston, 2006). Por tanto, la idea de que el maltrato entre iguales es un fenómeno fundamentalmente masculino es matizable, de modo que las agresiones directas son más comunes entre los chicos, mientras que entre ellas ocupan un lugar muy destacado las agresiones relacionales, como, por ejemplo, la “maledicencia” (IDP-U, 2000 y 2007).

Igualmente, otras de las ideas que parece ser común es que el maltrato entre iguales tiende a disminuir a medida que aumenta la edad de los alumnos. Este dato ha sido parcialmente confirmado, entre otros, por el estudio realizado por la Oficina del Defensor del Pueblo y UNICEF (2000 y 2007) en el que se corrobora que a medida que aumenta el curso disminuye el nivel de maltrato en la mayoría de sus manifestaciones.

Otros dos resultados comunes a la mayoría de los estudios analizados es que agresor y víctima comparten aula, un dato que efectivamente ha sido confirmado por investigaciones actuales (Salmivalli y Peets, 2009; IDP-U, 2007). Finalmente, entre los lugares más comunes en los que las agresiones tienen lugar se citan el propio aula, el recreo y los pasillos. En el último de los estudios de la Oficina del Defensor del Pueblo y UNICEF (2007), se halló que el lugar de las agresiones variaba en función del tipo concreto de maltrato ejercido, aunque el aula y el patio eran lugares recurrentes.