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Como hemos mencionado anteriormente, Hipsípila llega a Nemea en calidad de esclava y, universalmente, es recordada por la Tradición Clásica como la nodriza de Ofeltes-Arquémoro, hijo del rey Licurgo y de la reina Eurídice. Del mismo modo que hemos analizado la presencia de Hipsípila en el corpus por lo que hace a su episodio lemnio, pasamos ahora a comentar su presencia en el episodio nemeo: la llegada de los Siete contra Tebas a Nemea debido a la sequía causada por Dionisio, la muerte de Ofeltes por la serpiente y la institución de los juegos nemeos en honor del pequeño fallecido236.

Literatura griega

PÍNDARO –SCHOLIA IN PINDARI CARMINA

Como hemos visto antes, en dos odas de Píndaro (P. 4 y O. 4) se hace referencia a los Argonautas participando en juegos organizados por Hipsípila en Lemnos, supuestamente en el viaje de vuelta de éstos. Es en los scholia, en cambio, donde encontramos menciones referentes al episodio nemeo de nuestra protagonista, más precisamente en las Hypothesis Nemeonicarum237 . El Argumento I introduce el origen de los juegos nemeos en honor del difunto Ofeltes/Arquémoro por parte de los miembros de la expedición contra Tebas. El

236 El episodio nemeo ha tenido mucha más trascendencia iconográfica que el episodio

lemnio: cfr. BOULOTIS (1981-1999), sin olvidar la aportación de SANTUCCI (2005), que completa y comenta los datos recogidos por el primero. Más datos sobre Hipsípila en la iconografía tardo-gótica y moderna en FACHECHI (2005). Curiosamente, MASCIADRI

hace notar cómo la Hipsípila de Nemea viene a ser una “inversión” de la de Lemnos: la primera mata sin querer al niño varón que le ha sido entregado para protegerlo, la segunda salva al varón adulto que se supone que debe matar (2008: 178).

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Argumento II detalla los eventos que preceden la muerte del niño: Hipsípila deja al pequeño hijo de Licurgo y Eurídice sobre un prado para llevar a los argivos a una fuente donde poder aplacar su sed.

Ofeltes es matado por una enorme serpiente (δράκων) que, posteriormente, es aniquilada por los héroes tras escuchar los gritos desesperados de la nodriza. La reina Eurídice exige que Hipsípila sea castigada con la muerte pero ésta es salvada por la llegada imprevista de sus dos hijos, Toante y Euneo, que ella reconoce. Los argumenta c. y d. añaden más datos sobre la genealogía de Ofeltes y el contexto de su muerte y los juegos (como el detalle, citado por Frazer238, de que los jueces de los juegos llevarían vestidos oscuros en señal de luto por el niño).

EURÍPIDES

La Hipsípila de Eurípides239, como hemos visto al analizar los ecos de la

“etapa lemnia” de la protagonista entre sus versos, trata su aparición en Nemea y su papel como nodriza del desafortunado Ofeltes. Hipsípila ya en el prólogo habla de su linaje dionisíaco, en cuanto hija de Toante, para luego preguntarse, veinte años después de los acontecimientos de Lemnos, cuál habrá sido el destino de Jasón, del que sigue sin tener noticias (fr. 752a/b). Hipsípila se encuentra ya a partir del fr. 752d/e con sus dos hijos, sin saberlo y, posteriormente, asistimos a una conmovedora “nana” con castañuelas (ἰδοὺ κτύποc ὅδε κορτάλων, fr. 752f) por parte de la exreina de Lemnos. En el fr. 752f, el coro también recuerda el carácter nostálgico de una Hipsípila que siempre habla de la nave Argos, de Jasón y de su antigua patria.

El siguiente personaje que se encuentra con la nodriza es Anfiarao, adivino de los argivos. Le pide que le muestre dónde conseguir agua corriente para realizar libaciones a los dioses: seguirán su marcha hacia Tebas si los dioses se muestran favorables a la expedición (fr. 752h). Aquí es cuando Hipsípila revela su identidad (fr. 752i) y los dos discuten los motivos de la misión argiva, con la que Anfiarao no estaba de acuerdo (además de saber, por un oráculo de Apolo, que le causaría la muerte). A pesar de las críticas del coro, Hipsípila decide ir a mostrar la fuente del Aqueloo a los argivos (fr. 753a). A su vuelta (fr. 753d), el drama se ha

238 FRAZER (1954: 356).

239 KANNICHT (2004) y COCKLE (1987), aunque usamos los números de fr. adoptados por

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consumado: entre llantos y gritos, nuestra protagonista intenta explicar que el niño, que estaba sentado en el prado mientras ella mostraba la fuente a los argivos, ha sido atacado, mientras jugaba con flores, por una terrible serpiente “de mirada terrorífica y que agita la cresta” (fr. 754a). Sabe perfectamente que la muerte del niño debido a su descuido tendrá consecuencias, por lo que le explica al coro que tiene pensado huir.

Sin embargo, el coro le recuerda que están rodeados de guarniciones y que nadie hará de guía de un esclavo (fr. 754b). Llega la reina Eurídice y, en el enfrentamiento, Hipsípila intenta convencerla de su inocencia con respecto a la accidental muerte de Ofeltes. Al pedir clemencia, señala: “Lo que me causa una gran aflicción no es la muerte, sino que dé la impresión equivocada de que he asesinado al niño al que criaba, al que en mis brazos, salvo que no lo traje al mundo, en todo lo demás lo he criado con todo mi amor, como si fuera hijo mío, por mi propio beneficio”240 (ὡc τοῦ θανεῖν µὲν οὕνεκ’ οὐ µέγα cτ[έν]ω, / εἰ δὲ κτανεῖν τὸ τέκνον οὐκ ὀρθῶc δοκῶ, / τοὐµὸν τιθήνηµ’, ὃν ἐπ' ἐµαῖcιν ἀγκάλαιc / πλὴν οὐ τεκοῦcα τἄλλα γ’ ὡc ἐµὸν τέκνον / cτέργουc’ ἔφερβον, ὠφέληµ’ ἐµοὶ µέγα; fr. 757: 839-843).

Llega Anfiarao justo a tiempo para salvar a Hipsípila, ya encadenada, de una muerte segura. Gracias a su reputación, reconocida por la misma reina, éste es escuchado en su intento de defender a Hipsípila de la acusación. En su parlamento, en el que relata todo lo sucedido, da un nuevo nombre a Ofeltes, “Arquémoro”, “el comienzo del destino”, ya que con su muerte tienen inicio las desgracias de los argivos. Para consolar a la madre, Anfiarao propone además instaurar unos juegos fúnebres en honor del niño, siempre que Hipsípila sea liberada –para no enturbiar un final feliz que sirva para acabar con el sufrimiento actual –.

Ahora Hipsípila es liberada de su cargo, aunque no han terminado sus aventuras: tiene lugar la inesperada agnición de sus hijos gemelos, que ya pueden abrazar a su madre y preguntarle por todo lo que había sucedido en Lemnos, reencuentro que ya hemos comentado anteriormente, en la sección relativa al episodio lemnio de Hipsípila (fr. 759ª).

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El paso de los argivos por Nemea también es recogido por un pasaje de la célebre Biblioteca de Pseudo-Apolodoro, que ya hemos mencionado antes. En Bibl. III, vi, 4241 encontramos, básicamente, la versión utilizada por Eurípides, con la diferencia de que no se menciona la reacción de los padres del niño. Anfiarao, aquí, interpreta la muerte del pequeño como una señal sobre el futuro de la expedición y cambia el nombre de Ofeltes en Arquémoro, cuyo significado explicamos anteriormente. Al relato sigue la lista de los vencedores de cada disciplina (por ejemplo, Adrasto sería el vencedor en la carrera de caballos).

Literatura latina HIGINO

La fábula LXXIV de Higino242 también hace referencia al paso de los Siete

contra Tebas por Nemea. Aquí el autor llama al niño de manera ligeramente diferente (puerum Archemorum siue Ophiten) y además no le atribuye a Licurgo como padre, sino al rey Lico. Un detalle adicional es que un oráculo había avisado al padre de no dejar al niño en el suelo hasta que éste fuese capaz de andar. Así pues, cuando Hipsípila fue a acompañar a los argivos a la fuente de agua, temiendo dejarlo en el suelo, lo dejó sobre una gran planta de apio silvestre (apium). Aun así, la serpiente lo devoró. Adrasto y los demás mataron a la bestia (como en Pseudo-Apolodoro) e intercedieron en favor de Hipsípila ante el rey Lico (Licurgo), instituyendo en su recuerdo juegos fúnebres cuatrienales. La corona de los vencedores en las diversas pruebas agonísticas sería, justamente, una corona de apium (uictores apiaciam coronam accipiunt).

ESTACIO

Como vimos anteriormente, el episodio de Hipsípila ocupa un lugar muy relevante en la Tebaida estaciana243. Si el extenso pasaje narrativo de Hipsípila se centra en lo ocurrido en Lemnos, el contexto en el que este parlamento se enmarca es el de la saga nemea. La princesa, ahora esclava y nodriza, se encuentra con los argivos sedientos debido a la sequía causada por Dionisio. Su imagen les impacta,

241 Utilizamos FRAZER (1954: 356-359).

242 MARSHALL (2002: 73-74) y nos valemos de la traducción francesa en la edición

bilingüe de BORIAUD (1997: 63).

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“bella en su dolor” (pulchro in maerore... IV, 740), a pesar del pelo descuidado y las humildes vestimentas: regales tamen ore notae nec mersus acerbis / extat honos (IV, 744-745). Adrasto, en efecto, se dirige a ella como “poderosa diosa de los bosques”, reconociendo en ella un ascendente divino (Hipsípila es nieta directa de Dionisio, al fin y al cabo).

Ella contesta a los guerreros, pálidos y afectados por la sed, con la mirada baja y amamantando al pequeño Ofeltes. Les explica que no es una diosa, aunque sí desciende de un dios. Tampoco es una simple esclava, sino que antes tuvo un reino y un padre monarca. También hace referencia a dos hijos de los que desconoce el paradero. Pero antes de entrar más en detalles (lo que hará en su narración en el libro V), se dispone a llevarlos a beber a una fuente cercana. Para ello, dejará al niño sobre el césped, decisión ya fijada por las Parcas (sic Parcae uoluere... IV, 780) y que le resultará fatal. Tras haber aplacado su sed, los miembros de la expedición se interesan en el libro V por el origen de la nodriza y aquí es donde se enlaza, en la Tebaida estaciana, la saga nemea de Hipsípila con la saga lemnia, ya que nuestra heroína empieza a narrar los agitados sucesos de su pasado en la isla de la que había llegado a ser reina.

Posteriormente, la historia sigue según la tradición establecida por los textos anteriores: se descubre la muerte del niño, matado por la serpiente sagrada de Júpiter (V, 499 y ss.) y los argivos defienden a Hipsípila del posible castigo por haber dejado a Ofeltes abandonado e indefenso. Aparecen los dos hijos gemelos de Hipsípila y, finalmente, se instauran los juegos nemeos en recuerdo del niño.

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Hipsípila en Épîtres d’Ovide, trad. de Octavien de Saint-Gelais Ms. HM 60, f. 30, Huntington Library

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