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El teatro prehispánico en sus inicios estaba ligado a aspectos religiosos con alto sentido simbólico, era una ceremonia ritual en donde se rendía tributo a las fuerzas ocultas. Para estudiar este tipo de representación es necesario conocer el aspecto tradicional de sus fiestas, que estaban unidas al ciclo agrícola; la acción dramática no tenía límite, ya que la festividad podía durar varios días, y no había diferencia entre un género dramático y otro. Era una mezcla en la que los elementos mágicos convivían en armonía con los elementos del teatro burlesco y, a través de la danza, la acción ritual se convirtió en acción dramática.

Cronistas e historiadores afirman que las culturas prehispánicas tenían un teatro muy evolucionado. Aunque casi la totalidad de las obras teatrales prehispánicas desapareció, fue a través de la búsqueda de sus vestigios como se encontró la estructura de los elementos que la componían.

Era una fiesta de comunión entre el espectador y el actor, un espectáculo que no tenía el fin de divertir, sino que era un acto místico con símbolos, a veces indescifrables, para los que desconocen la religión de las culturas antiguas.

A pesar de que era un teatro rudimentario, en él se reflejaban las raíces de la conducta humana, era como un espejo del hombre y de su mundo, se pretendía que fuera un acto útil, un acontecimiento cuyo fin era liberar a los espectadores del miedo, del terror que

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provocaban las fuerzas sobrenaturales y los dioses. Lo primordial era obtener los beneficios de las deidades y mantenerlas tranquilas, entender sus propósitos y asegurar la existencia del mundo a través del sacrificio y la sangre derramada. Se pensaba que era un acto de justicia, ya que si los dioses se habían sacrificado para que el Sol siguiera su curso y existiera la humanidad, era necesario que el hombre pagara un tributo similar con su vida, pues de esa forma se fortalecía al Sol para que no muriese.

Tanto Hernán Cortés como Fray Bernardino de Sahagún aseguran que la cultura náhuatl usaba el teatro como medio didáctico para conservar mitos y tradiciones; a su vez, Fray Diego de Landa dice que lo mismo sucedía en la cultura maya.

En la actualidad, estudiosos de la cultura náhuatl, como Miguel León-Portilla, distinguen cuatro etapas del teatro prehispánico:

1. Las más antiguas formas de danzas, cantos y representaciones, que quedaban de manera definitiva en las acciones dramáticas de las fiestas en honor de los dioses.

2. Las varias clases de actuaciones cómicas y de diversión, ejecutadas por quienes hoy llamamos titiriteros, juglares y aun prestidigitadores.

3. Las escenificaciones de los mitos y leyendas nahuas.

4. Los indicios conservadores acerca de lo que por analogía llamaríamos comedias o dramas, con un argumento relacionado con problemas de la vida social o familiar. 1 Los actores para estar cerca de los dioses usaban vestuario de diversos animales: águilas, serpientes, tigres y coyotes; imitaban a las aves, se cubrían con plumas; se convertían en plantas, insectos, flores, mariposas; además, se pintaban con colores sagrados y hacían movimientos cuyo significado sólo ellos conocían.

El canto y la danza eran elementos primordiales que no se improvisaban, ya que existían escuelas especiales que llamaron cuicacalli –casa de canto-, en donde residían los maestros que enseñaban a bailar, cantar y manejar instrumentos musicales. La danza tenía un carácter zoomorfo en donde se representaban animales de distintas especies; se utilizaban máscaras, pelucas y maquillajes, elementos que nos remiten a su valor simbólico y mágico. Las máscaras fabricadas con madera, obsidiana o turquesa, representaban a dioses y las vestían los sacerdotes. Las que usaban los danzantes eran más ligeras, hechas de madera, con huecos para que no dificultaran la respiración. Fray Diego Durán nos da noticia de la forma en que se ejecutaban los bailes, la forma de aprendizaje y, principalmente, de los escenarios en que se realizaban las piezas teatrales.

En cuanto a la escenografía, el teatro indígena casi siempre se representaba al aire libre, aunque también había ceremonias que se llevaban a cabo en los palacios para divertir a los señores. En las plazas llegaban a danzar de mil hasta dos mil personas, desde el inicio de la puesta del Sol y prácticamente hasta que anochecía. Las danzas eran acompañadas de cantos, y se recitaban versos que la multitud repetía.

Algunos autores han reconstruido el teatro náhuatl con base en los textos que se conservan a partir del siglo XVI. Lo mismo sucede con los mayas, aunque para certificar su existencia sólo tenemos la aseveración de Diego de Landa, que dice de la ciudad de

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Chichen Itzá: “tenía delante de la escalera del norte, algo aparte, dos teatros de cantería pequeños de cuatro escaleras enlozados por arriba, en que dicen representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo”.2

Estas formas de representación de origen prehispánico desaparecieron con la conquista; así nació un teatro que conservó las danzas y los cantares, aunque la temática era netamente de ideas cristianas impuestas por los misioneros.

Digamos que el teatro sirvió para “la conquista espiritual de México”. 2.1.2 TEATRO EVANGELIZADOR

Los fundamentos del teatro evangelizador en México se remontan al teatro del medioevo español, en el que la dramatización de textos se realizaba con el fin de intensificar el sentimiento religioso en los fieles, aunque mezclando restos de expresiones profanas. De esta forma, los misioneros comisionados a la tarea evangelizadora del nuevo continente encontraron en estas representaciones una excelente alternativa para difundir de manera amena y eficaz las enseñanzas cristianas.

Los misioneros encuentran en la sociedad azteca: cantores, danzantes, poetas, pintores, gente especializada en confeccionar trajes ceremoniales, joyas, plumería, además de ser muy hábiles para memorizar textos.

El indígena fue encaminado para que representara misterios cristianos, hechos de manera sencilla y accesibles para que éste pudiera entenderlos, ya que la finalidad de las obras no era artística, sino didáctica, con el fin de evangelizar.

Los encargados de la evangelización fueron misioneros franciscanos, agustinos y dominicos, quienes llegaron a la Nueva España entre 1519 y 1550; y más tarde los jesuitas en 1572.

El teatro de evangelización floreció en los grandes centros indígenas “…porque ahí cumplía plenamente su misión: en Tlaxcala, en Etla, en todos los sitios propiamente misionales. Allí el escenario se improvisaba en diferentes lugares: algunas veces debe de haberse representado en el interior de los templos, otras muchas en los atrios, como lo sabemos por diversos relatos, y en estas ocasiones es indudable que se usaría de preferencia la capilla abierta (si la había), que ofrece ventajas y es el sitio perfecto para convertirse

en teatro, como podemos imaginar con solamente ver capillas abiertas como la de Acolman∗, la de

Tlalmanalco** y muchísimas más.”3

Si no se hubiera interrumpido la evolución de este tipo de teatro, tendría características muy peculiares, que difieren de la tragedia griega, donde el espectador no era un ente pasivo, sino que participaba y se integraba a una totalidad mágica.

En la actualidad, autores como Artaud, revaloran el sentido de estas representaciones proponiendo un regreso a un tipo de teatro mágico donde, mediante el miedo y el terror, así como el despertar de un sentimiento religioso, se produzca una catarsis o liberación, acto que se convierta luego en un elemento terapéutico que se daba en los espectáculos primitivos, en donde la comunidad se liberaba de la fatalidad.

2 Landa, Diego De. Cit. Por Sodi, Demetrio: La Literatura de los mayas. p. 61.

* Pertenece al Municipio del Estado de México, cerca del volcán Iztaccihuatl y del río Tlalmanalco.

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María Sten escribe: “La fiesta religiosa de los antiguos mexicanos tendría para nosotros el sentido teatral más amplio, diferente al aristotélico…”, “…para los que contemplaban el espectáculo desde fuera, como los primeros frailes y, más tarde, la sociedad novohispana, la fiesta era simplemente cosa del demonio.”4

Con la conquista española, el teatro indígena desaparece, quedando sólo escasas muestras; las órdenes religiosas lo adoptan como recurso aprovechándolo como forma idónea de conversión al nuevo culto. El teatro evangelizador fue una forma de sujeción a través de la palabra.

Recuerda:

El teatro prehispánico estaba estaba unido a aspectos religiosos y se utilizaba como medio didáctico para conservar mitos y tradiciones, hay documentos que lo atestiguan en donde se destaca la actividad como un acontecimiento y no como una simple representación. Más tarde, con la llegada de los españoles, el teatro sirvió para propagar la fe cristiana.