4.7 Variable Coding Rate Turbo Block Coded Adaptive Modulation
4.7.1 Partial Turbo Block Coded Adaptive Modulation Scheme
El acto de enseñar no es la mera reproducción de ideas, sin crítica alguna. Todo lo contrario: cuando un maestro enseña, su ideal no es que su alumno adopte su forma de pensar, sino que él mismo, con base en el pensamiento de su maestro, pueda crear su propio modo de ver la realidad. Es en este momento donde se adquiere la autonomía en el pensamiento, se escoge una forma individual y característica de ver las cosas. La enseñanza que quiero llevar a la prisión está basada en la ética, en las costumbres y la moral; pero el objetivo es que quienes la reciban –las personas encerradas en la cárcel- logren su propia visión y, más que eso, que aprendan por sí mismos .
Para llevar la educación filosófica al interior de la prisión es necesario pensar en el aprendizaje propio y autodirigido, veamos más a fondo qué significa esta afirmación. Según el profesor Pineda, “la noción de un aprendizaje propio y autodirigido tiene su fundamento en el famoso dictum kantiano „¡Atrévete a pensar por ti mismo!‟. En una auténtica educación no se enseña para que se aprenda lo enseñado, sino para generar un
proceso de pensamiento propio, autónomo y deliberado” (Pineda, 2001, 137).Habrá quienes no estén de acuerdo con este planteamiento, ya que el contexto penitenciario es bastante hostil y nadie puede obligar a aprender a alguien, pero, compartiendo el pensamiento de Dewey24, creo que el acto de pensar, y el de aprender, se basan en un proceso natural, intrínseco al ser humano, es parte de su instinto y es desarrollado, aunque no sea fácil de entender. Con base en la idea de aprendizaje autónomo, ¿qué me garantiza que el estudio de la filosofía sea exitoso?; es decir: ¿existe alguna garantía de que una persona que se encuentra privada de la libertad por castigo aprenda filosofía?
No se puede afirmar que una persona que estudie filosofía aprenda filosofía o a filosofar; lo mismo sucede en cualquier otra disciplina; pero sí hay un resultado valioso. Cuando una persona que está purgando una pena decide aprender filosofía o a filosofar se ve en ella un buen síntoma; el interés por aprender, el interés por cambiar; el mero compromiso con el estudio y el aprendizaje es el mejor comienzo del cambio.
Por ejemplo, la Facultad de Filosofía de la Universidad de Nacional de Córdoba en Argentina, de la mano con el Ministerio de Justicia, implantaron un modelo que se llama PUC (Programa Universitario en la Cárcel), que como premisa tiene la idea de que “la educación como bien social que contribuye al desarrollo individual y colectivo en tanto a la calidad humana en términos de salud, seguridad, integración, creación cultural y proyectos de futuro”25. Lo que quiero resaltar del ejemplo es la posibilidad que tiene la educación no sólo para nuestro contexto, sino a nivel global. Ahora bien, es conveniente proponer un modelo de aprendizaje bastante apropiado, además, claramente
24
La referencia a Dewey es un aparte del libro Cómo Pensamos. Nueva Exposición de la Relación entre Pensamiento y Proceso Educativo.
25
ACIN, Alicia. MERCADO, Patricia. La educación en el contexto carcelario: Una respuesta a las múltiples pobrezas, violencias y proceso de deshumanización. [En línea].
Programa Universitario en la cárcel, Facultad de Filosofía y Humanidades, universidad de Córdoba. Córdoba. Argentina Introducción, pág. 3 [Fecha de consulta: 03 de abril de 2013]. Disponible en: http://xurl.es/8ct8r
puede servir como ejemplo de la aplicación de la enseñanza de la filosofía en prisión: se trata de los cafés filosóficos.
Los cafés filosóficos son una idea que surgió en Francia. Se trata de personas que se reúnen para tratar temas existenciales, y se caracterizan por la espontaneidad y la informalidad de la reunión. Ante este tipo de ideas, que no son convencionales, hay filósofos que no están de acuerdo con la idea de “informalizar” el estudio filosófico. Lo cierto es que es una oportunidad para abrir espacio de debate filosófico, que es lo que puede ser relevante para el propósito de enseñar filosofía en la prisión. Veamos la interpretación de Óscar Brenifer26 sobre el café filosófico:
Es cierto que existe un punto de partida en todo este asunto que nos remite a Sócrates, a su comportamiento y a su concepción mayéutica. La hipótesis de base de la que se parte es la creencia de que el espíritu humano es algo fundamentalmente creativo […]”27.
Si nos devolvemos de nuevo a Sócrates, podemos entender aún más. La esencia de estos cafés es el diálogo como herramienta metodológica (uno de cuyos principales modelos es, desde luego, los diálogos platónicos) y claramente se ve a los interlocutores debatiendo temas de gran carga filosófica desde su experiencia cotidiana. El café filosófico es un ejemplo apropiado de cómo se puede ensañar filosofía en un lugar informal. El motivo principal por el que expreso la analogía de un café filosófico con la enseñanza en la prisión es porque, en la discusión, el tema filosófico adquiere un mayor interés del tradicional (me refiero al que puede adquirir en una aula de clase). La disputa
26
Es un filósofo contemporáneo francés que se caracteriza por su concepto de “filosofía práctica”. Es pionero en los cafés filosóficos, se diferencia de muchos filósofos por llevar la
filosofía diferentes escenarios.
27
BRENIFER, Oscar. Los cafés filosóficos. [En línea]. Bogotá Colombia. [Fecha de consulta: 09 de agosto de 2013]. Disponible en: http://www.brenifer.com/espanol/los_cafes.htm
argumentativa enriquece a los interlocutores, los lleva a pensar en lo impensable, y así la opinión va ser mucho más fluida.
Cuando la educación filosófica es dirigida por el profesor, la finalidad es que el alumno en algún momento se vuelva autodidacta, practique sus propios métodos y crezca intuitivamente; eso no quiere decir que el papel del docente desaparezca: él asistirá al alumno y vigilará el progreso de sus objetivos. El profesor asigna un tema, el alumno toma una actitud reflexiva y hace un planteamiento de trabajo; por parte del profesor hay una orientación metodológica. El valor de este tipo de estudio resalta en gran medida el esfuerzo y la motivación del alumno; puede que éste no tenga mucho conocimiento del tema, pero mientras tenga disposición e interés habrá progreso.
Aprender filosofía o aprender a filosofar es una disposición del alma, y como tal, se logra ejercitando el entendimiento. Al principio se puede incurrir en errores, pero ¿quién dijo que en el proceso de aprendizaje no se incurre en el error? Lo importante es que no se deje el hábito de ejercitar el intelecto, pues sólo así se puede ver un progreso intelectual. Posteriormente llega el debate, el intercambio de ideas, que además es una estrategia para conocer más al alumno y ver sus virtudes y falencias.
Se han visto varias estrategias pedagógicas para ser aplicadas en la prisión, pero falta recrear la escena en un modelo que pueda reunir gran parte de los temas sugeridos. Un buen ejemplo sobre la enseñanza es el diálogo entre Sócrates y Menón; juntos investigan si la virtud es enseñable o no. En el diálogo se ve que Sócrates formula la pregunta y de inmediato sugiere que, para responderla, previamente hay que investigar acerca de la virtud. Sócrates hace muchas preguntas y con las respuestas demarca el camino con gran rigor, ya que su actitud, un tanto hostil, lleva a sus interlocutores a responder y responder, dando la impresión la mayoría de las veces de que cada vez se encuentran más lejos del propósito inicial. El diálogo es el acontecimiento donde se va
construyendo la argumentación. No se necesita ser un experto; Menón no lo era. Sólo se requiere disposición para la filosofía. Las preguntas y respuestas marcan un camino que desemboca en el aprendizaje. Si hacemos el ejercicio de recrear una escena como la anterior dentro de un aula de clase en la prisión, podríamos obtener resultados muy interesantes y constructivos acerca del pensamiento de alguien que se encuentra recluido en la cárcel.
Se ha podido ver en esta investigación la gran evolución que tuvo la prisión desde sus inicios hasta hoy, contrastada con la poca efectividad del castigo. Respecto a esto, al observar la actitud tomada por los dos ejemplos de filósofos que experimentaron la prisión en carne propia y con la ayuda de los conocimientos pedagógicos y metodológicos, se puede determinar los efectos positivos en el acto de castigar y en quien asume el castigo con un compromiso serio de trasformación. La aplicación de una educación filosófica dentro de la prisión puede contrarrestar positivamente el drama y la inequidad del castigo, situándonos en nuestro contexto actual, los efectos tanto para el individuo que es castigado como para la sociedad, que con la acción punitiva reclama un cambio de mentalidad frente a la vida y la sociedad. La educación en cualquier escenario es productiva, en este caso, la educación al interior de la prisión puede arrojar resultados bastante positivos, siempre y cuando quien la enseña y quien la aprende lo hagan con total responsabilidad. En nuestras cárceles se necesita más que aislar a quien infringe las normas, generar un cambio de actitud frente al delito y de cara a una nueva oportunidad.
IV. Nota conclusiva
En el desarrollo del presente trabajo de grado, mi interés ha sido mostrar las posibilidades de una educación filosófica pensada específicamente para personas que se encuentran privadas de la libertad en la prisión. Se ha investigado y caracterizado la cárcel como un espacio que permite la enseñanza, por la gran cantidad de tiempo que deja al individuo y que podría ser aprovechado para la reflexión filosófica.
La opción por la educación en la prisión radica en buscar una alternativa frente al acto de castigar. La inequidad social, el desempleo, el narcotráfico entre otros, han producido un agujero en la sociedad que poco a poco ha ido creciendo; la falta de oportunidades incrementa la delincuencia y el castigo ha tomado un papel fundamental. Las sociedades de hoy afrontan una fuerte crisis carcelaria por tres razones. La primera de ellas es que las formas de castigo son ineficientes porque quienes van a prisión generalmente no se rehabilitan; todo lo contrario, en la mayoría de los casos salen de nuevo y delinquir; la segunda es que los mecanismos usados al interior de la prisión no tienen efectos relevantes en los reclusos; y la tercera que la sociedad, mediante sus leyes, se encarga de condenar a quienes las incumplen, pero en la gran mayoría de las ocasiones no muestra voluntad de perdón con quienes se enfrentan de nuevo a la vida civil en la reinserción; es decir, socialmente hay un señalamiento y un rechazo hacia quienes han estado en la prisión, muchas veces por culpa de la sociedad misma, pero también -hay que reconocerlo- por culpa del Estado, que no garantiza que el castigo sea eficiente.
En la historia y el desarrollo de los métodos punitivos se ha visto que, a pesar de los múltiples avances e implementación de nuevas tecnologías, el propósito fundamental -que es el cambio de conducta de quienes son castigados con el encierro- ha sido un fracaso. La raíz del problema, según Foucault, reside en que desde el principio se utilizó el encierro como una medida temporal y sin la suficiente planificación. La prisión jamás fue planteada como una institución con su estructura, propósitos y resultados. Todo lo contrario: fue una medida que, sin pensarlo, llegó a convertirse paulatinamente en una institución sin políticas y medidas dirigidas a un verdadero cambio por parte de quienes eran conducidos al encierro; simplemente las herramientas se concentraron en utilizar sus avances y apuntar su perfeccionamiento a la extrema vigilancia, creyendo que así la sociedad se mantendría equilibrada encerrando a quienes su conducta iba contra de las leyes y las normas.
La prisión al interior de la sociedad ya es una entidad consolidada. Según la experiencia, es claro que no sólo se debe vigilar a quienes están recluidos, sino que, además, se debe ejercer el castigo, pues es una obligación social del Estado. Se tiene en cuenta que, para hablar de educación filosófica en la prisión, hay que acudir a la experiencia de filósofos que la han padecido, en orden a establecer la relación que existe entre dicha experiencia y su propia filosofía, para así posteriormente tener en cuenta ejemplos de la reacción que puede ejercer la filosofía en una persona en situación de encierro. La educación filosófica es una alternativa de vida para las personas que están en prisión, se debe replantear la forma de castigar, la cárcel no debe ser solo un albergue temporal o definitivo para delincuentes, debe ser un espacio de reflexión, aprendizaje y preparación para una nueva vida.
La educación a lo largo de la historia ha demostrado que puede desarrollarse completamente en cualquier escenario; además, para el éxito de su propósito, es
necesario aplicarla en este caso con todo el rigor filosófico. Una educación filosófica diseñada para ser aplicada al interior de la cárcel significa evaluar conceptos, enfrentarse a cientos de dilemas; pero, sobre todo, pensar en una oportunidad real de cambio desde una perspectiva ideológica diferente, una mirada totalmente crítica y constructiva. El gran problema que enfrenta la filosofía en el encierro es la capacidad de desarrollarse en medio de las circunstancias frente a un contexto difícil, pues los estatutos penitenciarios actuales son, además de débiles, ineficientes e imposibilitan el libre ejercicio pedagógico para quienes la única riqueza que poseen es el tiempo. Hipotéticamente la prisión es un espacio posible para educarse y, en síntesis, se convertirá en la única alternativa diferente al aislamiento y la culpa.
No es suficiente marginar comportamientos indebidos. El nicho donde se albergan se convierte en una microsociedad que fabrica un perfeccionamiento en las conductas que se rechazan y por la cuales se priva de la libertad. La intención no debe ser exiliar conductas perniciosas para la comunidad, que se olvida por completo de que el encierro sin control y sin responsabilidad social fabrica profesionales en el crimen que, en el futuro, contagiarán de nuevo al núcleo social una enfermedad difícil de curar.
Pensar en la enseñanza filosofía en prisión es un proyecto esperanzador que, aunque inicialmente no cuente con las suficientes bases teóricas y prácticas, teniendo en cuenta la situación actual de la cárcel como institución de castigo, puede resultar interesante, pues indiscutiblemente, como filósofos, sabemos que al pensar en las formas alternativas de castigo, la filosofía puede desempeñar un papel interesante.
Concluyo el presente trabajo poniendo en consideración el educar filosóficamente como alternativa de cambio e implantación de un nuevo proyecto de vida, más que alojar individuos indefinidamente, debemos formar la necesidad de un cambio de vida. A mi juicio es posible. El encierro madura y descontrola las pasiones,
el aprovechamiento del tiempo de la mano de una educación filosófica será de extrema utilidad de cara a un cambio en las formas actuales en que se imparte el castigo.
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