Chapter 3 Method 3.1 Introduction
3.4 Participants 1 Sample selection
El Duce, que había estudiado el proceso evolutivo de la humanidad, no solamente en el campo de la historia pura, sino también en el filosófico y moral, y se había dedicado siempre al examen de semejantes problemas, me habló más de una vez de la crisis moral que está atravesando el mundo.
"No hay que creer que la lucha de hoy entre los pueblos se debe solamente a los profundos contrastes de carácter económico o al choque de opuestas ideologías, y no a la incompatibilidad entre los valores éticos tradicionales y la distinta mentalidad del hombre de nuestros días.
"Sería un error afirmar que los principios morales del mundo no son mutables. La demostración de lo contrario se puede sacar fácilmente de un examen también superficial de la historia. Las leyes morales, que el hombre se ha dado a sí mismo para ponerse al amparo de los arbitrios de sus semejantes y para crear las bases de las relaciones con la sociedad modelada sobre sí mismo, a menudo han cambiado la faz del mundo; sin tener en cuenta el hecho que se deriva de la necesidad de dar a todo consorcio humano —tribu, familia, comunidad o pueblo— iguales derechos e iguales deberes para todos sus componentes.
"Por lo que se refiere a nuestra civilización, su moral en el período anterior a la aparición de Cristo, era dada por Grecia; más tarde el Cristianismo barrió los escombros de la decadente moral y dio al mundo nuevas normas morales. Se podría sostener que también el Cristianismo tuvo que aceptar unos compromisos con el helenismo; sin embargo, es evidente que supo imponer victoriosamente los propios principios fundamentales.
"El desarrollo materialista y mecánico de los tiempos modernos, superado el confusionismo moral de la Edad Media, ha traído a un primer plano, por obvias exigencias brotadas del progreso universal, a una cierta clase de hombres, es decir, a los trabajadores industriales, que ha sido llamada la "cuarta" clase social. En otros tiempos los hombres que ahora forman esta vasta clase de la sociedad, quizá también a raíz de su limitado nivel cultural, no podían encontrar otro consuelo espiritual a excepción del dogma cristiano, del que podían sacar, si no algún bien terrenal, por lo menos la esperanza de una vida mejor en el más allá. Hoy, que han llegado a conocer su importancia en la vida económica y social, es comprensible que ya no se satisfagan con sencillas esperanzas para la vida futura de su alma. Niegan que su actual condición social sea una manifestación de la voluntad divina. Con razón, por lo tanto, consideran que es una injusticia de las clases superiores la de negarles la participación en los bienes culturales y materiales, y están decididos a hacer valer los propios derechos con una paridad de tratamiento con las más afortunadas categorías de la sociedad humana. Ellos consideran la moral vigente como un grave obstáculo a su progreso hacia el camino de la igualdad. Es un hecho, sin embargo, que no todos los miembros de la "cuarta clase" tienen el mismo punto de vista acerca de la manera de alcanzar el esperado mejoramiento de su posición social.
"Mucha gente tiene tan sólo un oscuro sentimiento acerca de la injusticia de la que se considera víctima, pero no consigue comprender los motivos reales ni se preocupa de indagar sus causas. Estos desean un mejoramiento social, pero se dejan engañar con facilidad por quien emplea unas bellas y resonantes palabras. De no ser así, el bolchevismo no hubiera podido afirmarse en Rusia y conservar el poder durante casi treinta años.
"No hay que olvidar que el socialismo y la moral están poderosamente vinculados entre sí. El socialismo, como lo interpreto yo, presupone una moral semejante a la profesada por Federico Nietzsche en sus obras; es decir, la de unos jefes dotados de un sentido ético superior y prontos a olvidar su propia personalidad para el bien de la comunidad.
piedad, y así sucesivamente, han perdido ahora una gran parte de su significado y de su contenido, y la Iglesia se esfuerza vanamente para detener con los medios a su disposición este grave proceso de decadencia moral. A menudo ocurre que se siente uno impotente frente a todo esto y tiene que resignarse presenciando el triunfo de la mentira, de la falsedad, de la cobardía, y de los sentimientos más bajos y más mezquinos.
"Basta con echar un vistazo a los periódicos, a los libros, o escuchar las transmisiones radiofónicas, para reconocer con horror en qué proporción la mentira y la falsedad reinan hoy en día en el mundo.
"Por todas partes un río de mentiras se derrama sobre la humanidad, y no hay que asombrarse si ante tales premisas negativas se desarrollan los instintos más malos y perversos, y la fe y la esperanza llegan a faltar completamente en los hombres y la corrupción aumenta de día en día.
"Si se intenta penetrar en el interior del hombre moderno, se encuentra en su corazón un vacío horroroso. Egoísmo, profunda avidez, codicia despiadada de arrebatar bienes pasajeros: he aquí los sentimientos dominantes. Parece que la humanidad está atravesando un período de convulsa pasión, que peor no podría ser. Ya ochenta años atrás el filósofo alemán Federico Nietzsche, del que cada uno puede pensar lo que mejor le parezca, pero que indudablemente ha sido una mente superior, previno este caos moral y ha sostenido que sin un cambio fundamental de la moralidad, el mundo no puede curar. Sin embargo, cuando Nietzsche, en la búsqueda de una moral más elevada, condena de la manera más categórica a la Iglesia, como custodia de una moralidad vetusta y superada, exagera. Si su opinión es que Dios ha muerto, no lo puedo seguir, aun cuando a menudo he encontrado a hombres de gran inteligencia y de gran conciencia que han intentado demostrarme que Nietzsche tiene perfectamente razón, ya que el Dios del amor y de la justicia ha desilusionado demasiado a los hombres, y no han sido ellos, sino el mismo Dios quien los ha abandonado.
"Mi parecer es que cada hombre lleva su Dios en sí mismo sin ningún vínculo de ninguna religión o sacramento.
"La antigua idea de la liberación, que desde miles de años forma parte del patrimonio espiritual de todos los pueblos y de todos los individuos, es hoy la misma que la de entonces.
"Es con este sentimiento primordial con el que el bolchevismo tiene encadenado al pueblo ruso, predicando incansablemente que les corresponde a los rusos la tarea y el privilegio de liberar a la humanidad.
"Las teorías de la Iglesia sobre la liberación han perdido en el mundo moderno su fuerza decisiva y es por esto por lo que la humanidad va buscando hoy una diferente orientación para resolver los problemas fundamentales de toda ética y moral; pero el remedio no se encontrará nunca en el materialismo, mientras los bienes materiales del hombre no sean acercados y fusionados con los bienes espirituales.
"El mundo se pregunta quién podrá darle una solución satisfactoriapara sus problemas y cuáles serán las bases morales aptas para eliminar el mal de nuestros tiempos y curar a la humanidad.
"Creo yo que solamente las comunidades europeas están en condiciones de dar al mundo unas individualidades capaces de vivir ejemplarmente, dando a la humanidad las enseñanzas de una moral superior, según las teorías de Nietzsche. Estoy convencido de que entonces todas las barreras geográficas y políticas caerán, ya que los hombres que sean capaces de llevar a cabo semejante tarea encontrarán apóstoles y partidarios en todos los países del orbe.
"El Fascismo que yo he creado, no es solamente un movimiento social con objetivos políticos y económicos, ya que también he procurado darle un espíritu nuevo en el campo de la moral. Con mi concepción el verdadero fascista debe poseer las cualidades que en el mundo de mañana tendrán el máximo valor: es decir, ha de ser honesto, valiente, orgulloso y siempre dispuesto a sacrificar la
propia vida para el progreso de su pueblo y de la humanidad. Es un hecho antiguo y consabido que son precisamente los más honestos y los más valientes los que mayormente pueden contribuir al bien de la comunidad y que están siempre dispuestos a hacerlo. Si un hombre nace con unas dotes superiores a las comunes, tiene el deber de desarrollarlas en todos los aspectos y no de emplearlas solamente en su único beneficio, sino especialmente en favor de la colectividad.
"Hará falta exigir con severidad draconiana que estos hombres se mantengan lejos de la mentira, de la falsedad, de la cobardía y de cualquier bajeza. Claro que en la vida de sociedad no se podrá decir siempre la verdad a la cara de cualquier persona, ya que llegaría a ser imposible cualquier forma de vida común; sin embargo, se puede uno acostumbrar a callar en vez de mentir, con el seguro resultado de imponer cada día más nuestra personalidad moral y espiritual.
"Más de una vez he hablado de estas cosas con personas de mente elevada y se me ha contestado que quien quisiera actuar según los principios que he expuesto acabaría llegando a ser un peligro para la democracia. Es ésta una contestación que no puedo aceptar, ya que en este caso sería necesario dejar caer la democracia con tal de no estorbar por su causa la consecución de un más alto desarrollo moral. La democracia es un sistema que, nos lo enseña la historia, ha llevado siempre a la decadencia moral y espiritual. Por lo tanto, solamente en los países donde, gracias a la riqueza de la tierra, ha ido formándose una clase privilegiada muy extensa y un standard de vida generalmente elevado, la democracia es tolerable. Se debe a la absurda convicción, arraigada en mucha gente, que democracia significa prosperidad, el que no exista hoy otra palabra que venga empleada más que el slogan "democracia".
"El sistema democrático es particularmente inadecuado para Italia, ya que aquí confundimos la democracia con el individualismo, y esto es perjudicial para la vida del país y del pueblo. No tengo la menor duda de que, si perdemos la guerra y el antiguo sistema democrático renace, Italia llegará pronto a encontrarse al borde de la hecatombe.
"El movimiento fascista no es una religión universal; creándolo decidí hacer de él una fuerza moral que sirviera de base para una nueva clasificación de los valores humanos y para una completa renovación moral. Italia, de la que nadie mejor que yo conoce los errores y las deficiencias, con la realización de los principios fascistas ha demostrado una vez más en la historia su fuerza indómita y su voluntad de renacimiento, y estoy convencido de que nuestro pequeño y a veces despreciado pueblo sabrá demostrar, cuando llegue el día, su gran fuerza creadora.
"Cuando en Italia una fuerza, una convicción, una fe han encontrado sus raíces en el pueblo, brota de ello una fuerza creadora y un entusiasmo a los que nadie, tarde o temprano, consigue substraerse. En esto principalmente está la diferencia con los alemanes, que tienen que elaborar en su interior, lentamente, las grandes innovaciones espirituales a las que luego permanecen fieles con férrea energía. Entonces están dispuestos a hacer los mayores sacrificios por sus ideas.
"¿Dónde estaría hoy el mundo, de no haber estado siempre Alemania dispuesta a ponerse al servicio del progreso humano ya sacrificar, más de una vez en la historia, su mejor juventud para el bienestar de la humanidad, sin obtener nunca un reconocimiento por su sacrificio, sin alcanzar nunca la justicia a causa del duro destino a cuyo encuentro ha ido todas las veces? Y siempre Alemania ha sido la víctima de todas las fuerzas reaccionarias, cualquier forma que hayan tomado éstas en las diversas fases de su historia. Solamente Alemania ha comprendido en su real importancia lo que espiritualmente Italia ha dado y dará al mundo; los demás no nos han comprendido: miopes y atrasados, los hombres no ven lo que tienen ante sus narices y se dejan engañar por las sirenas de la reacción; las fuerzas que acaudillan, esta reacción no saben, empero, que han de resultar vanas sin las sanas energías que les ha regalado Europa. Dudo, por lo tanto, de que América sea capaz, en el estado de ánimo eufórico de la victoria, ,de poner límites a la decadencia moral de la que somos testigos y que ha demostrado, incluso en el campo social, toda su fuerza destructiva.
"El moderno desarrollo industrial ha creado unas condiciones que se van haciendo cada vez más insoportables para los hombres. Los obreros que han acudido a las fábricas han tenido que tolerar el destino de los sin patria; llegaban de las zonas agrícolas, donde ya no encontraban trabajo
y donde habían llegado a ser superfluos; habían sido extirpados como árboles desecados de los campos y arrojados a las grandes ciudades; desprovistos de cualquier organización, se habían encontrado indefensos ante la violencia de sus dueños y eran considerados como hombres inferiores, casi completamente excluidos de la vida cultural del país. La frase que a menudo se oye repetir: "Es solamente un obrero", corresponde a la mentalidad de la clase privilegiada; se ha pedido al obrero todo lo que poseía, su único capital, es decir, su fuerza productiva, pero en lo relativo a la educación y a la cultura lo han dejado caer de escalón en escalón, cada vez más bajo. Basta con echar un vistazo a los barrios obreros de las grandes ciudades modernas, para darse cuenta de la progresiva decadencia de la clase trabajadora. Este, estado de cosas tendría que avergonzar a las clases más elevadas de la sociedad, las que, en cambio, teniendo la minoría numérica, piden ayuda y defensa a las fuerzas del Estado, que pretenden usufructuar en exclusivo servicio de sus privilegios. No hay que asombrarse, por lo tanto, si las masas obreras vuelven las espaldas al Estado, pensando en crearse una propia vida con sus organizaciones, que ellos han establecido y desarrollado poco a poco.
"Es justo que el mundo moderno no pueda vivir sin dinero, pero cuando éste llega a ser el único objetivo, acaba siendo una fuerza destructora de carácter diabólico. Por esto una de las tareas del porvenir será la de quebrantar y sujetar la potencia del dinero. La fuerza del dinero encuentra su expresión en los bancos y en la bolsa y estas dos instituciones, que tendrían que servir a un fin social, se hallan especialmente en manos judías. Esto ocurre principalmente en América y en Francia.
"El judío sabe disfrazarse muy bien y nadie se da cuenta del lazo que va apretando alrededor del cuello de sus víctimas. En Italia no existe un problema hebraico, ya que hay muy pocos judíos y los que hay no han conseguido, por regla general, ocupar los puestos clave de la economía, que poseen en cambio en América y en otros países europeos, y que poseían especialmente en Alemania antes de que Hitler llegara al Poder. Debido a que han logrado concentrar en sus manos, además del mercado monetario, también los periódicos, la radio y la gran red de los comercios, poseen aún hoy una fuerza muy superior a su importancia y eficiencia numérica.
"Yo no soy un antisemita y reconozco que muchos sabios y técnicos judíos han dado al mundo genios excepcionales, pero juzgo necesario hacer lo posible para limitar ia decisiva influencia hebraica y el predominio de los judíos en todo campo de la producción y del capital, reduciéndola a una participación justa que corresponda proporcionalmente a su importancia numérica.
"No puedo aprobar la manera con que se ha resuelto en Alemania el problema hebraico, ya que los métodos empleados no son conciliables con la libre vida del mundo civil y resultan perjudiciales para el honor germánico; sin embargo, tengo que reconocer que ciertos incidentes han sido provocados por los judíos, pero de todos modos no ciertamente en tal medida como para justificar la cruel violencia nacionalsocialista.
"La influencia peor y más peligrosa es la que los judíos tienen en la industria internacional de armamentos, en la que ocupan un puesto de primordial importancia y de la que se sirven con su típica falta de escrúpulos para desencadenar guerras sangrientas, para adueñarse de las riquezas de otros países, para aumentar su potencia dominando pueblos de otras razas.
"Es absolutamente necesario que después de la guerra sea eliminada su influencia en la industria de los armamentos, ya que solamente de este modo será posible crear una paz verdadera y duradera.
"Los grandes progresos alcanzados por la técnica en estos últimos decenios han cambiado por completo la faz del mundo. Se deriva especialmente de las condiciones en que se encuentran hoy en el mundo la moral y la conciencia social, el hecho de que los descubrimientos técnicos sirvan principalmente para fabricar unas armas, cuyo único fin es el de eliminar el mayor número de seres humanos. En vez de servir a la civilización, la técnica de casi todos los países recorre un camino contrario a cualquier civilización y progreso. Todos los días se oye hablar de nuevos descubrimientos y de nuevos inventos y, sin embargo, parece que la humanidad va siguiendo como
un corredor agotado, tras la técnica, en lugar de mandarla, de dominarla y servirse de ella para el bien común. Especialmente en la Unión Soviética, donde ha sido claramente demostrado que millones y millones de hombres han sido sacrificados sin sentido común a la técnica con el único fin de fabricar armamentos.
"En vez de hacer felices a los hombres con los nuevos descubrimientos científicos, ellos han sido extenuados hasta lo máximo al servicio de la técnica y se han vuelto esclavos suyos, cuando hubieran tenido que ser sus dueños. Esto, por lo visto, no es muy compatible con los rancios slogans del marxismo y del comunismo; es una monstruosidad debida a un exagerado socialismo estatal que rebaja a la humanidad en vez de liberarla.
"La renovación moral del mundo no se puede alcanzar en pocos años, sino que serán necesarios muchos decenios y quizá un siglo.
"Cada generación ha de entregar a la generación siguiente los progresos llevados a cabo en el campo moral, pero quien recibe una tan preciosa herencia ha de ser digno de ella, comprometiéndose a recorrer el camino iniciado hasta conseguir el estado que hará posible alcanzar la amistad entre todos los pueblos y la no utópica meta de la paz eterna.
"Estoy convencido de que ya hoy se podrían encontrar hombres de todas las clases sociales, que en completa libertad espiritual pueden levantarse por encima de sus contemporáneos para indicarles el justo camino; desde hoy tendrían que ser ellos los hombres del futuro. Si fuera posible reunir a estos hombres provenientes de todos los pueblos civilizados y dejarlos trabajar libre-,mente para la solución de los grandes problemas que atormentan a la humanidad, ciertamente sabrían superar todos los males morales de los que está hoy afectado el mundo y estarían en condición "de