1.2 Multiple Gravity Assist Missions
1.2.1 Past, Present and Future Missions
La restauración de los espacios afectados por la minería a cielo abierto implica la devolución de volúmenes y parcial restitución topográfica de las montañas, así como la posterior rehabilitación del terreno. Se trata de la última etapa de la explotación a cielo abierto que se exige por la ley sobre la restauración de espacios mineros desde 1982, dada la creciente preocupación por la degeneración a la que el espacio minero estaba llegando a principios de los años 80 (Redondo, 1988:129). Sin embargo, a pesar de la intención de reparar el daño ambiental, como apuntan diversos autores (Bernhardt y Palmer, 2011; Redondo, 1988; Palmer et al., 2010), la destrucción de los ecosistemas de montaña por las explotaciones a cielo abierto es irreversible y su pretendida reconstrucción es irrealizable.
La reproducción artificial de un medio como el suelo, en el que intervienen diversos procesos y factores interrelacionados es, hoy día, imposible (Redondo, 1988). Incluso en el caso de que una explotación tenga el detalle de conservar la cobertura vegetal para utilizarla posteriormente en la fase de restauración, el arranque con las excavadoras y la conservación de la cobertura se realiza de forma desconsiderada y basta, de modo que siempre se destruyen las características estructurales y texturales que ese suelo tenía, desapareciendo para siempre su distribución en horizontes. En la siguiente fotografía (Imagen 14) se puede observar una ladera restaurada de El Feixolín. Se aprecian claramente las grietas en la montera, generada por la infiltración de las aguas de escorrentía de la zona superior de la ladera.
Notablemente, Redondo (1988) destaca la constante invocación de las restauraciones por parte de ingenieros técnicos de mina, muchos de los cuales están vinculados a las empresas extractivas y defienden los intereses empresariales. Estos técnicos suelen afirmar no solo que las restauraciones son posibles, sino que en determinadas zonas, se mejoraría la situación de la montaña en relación a su situación anterior. Este es también el caso de Laciana, en donde los autores de un Estudio de Impacto Ambiental promovido por la empresa para extender sus actividades a las cumbres de otras montañas en el Valle, llegan a afirmar que las explotaciones tienen un ‘efecto positivo para el entorno’ con el fin de que se apruebe la autorización de las mismas:
Los efectos acumulativos de la explotación simultánea han sido analizados en detalle y se ha visto que no se producen efectos desfavorables, antes bien, las cortas ‘La Mora’, ‘Ladrones’ y ‘Buxonte’ llevan aparejados desarrollos de
restauración de áreas alteradas cuya recuperación natural sería larguísima si no se desarrollan tales cortas, por lo que se concluye que tienen efecto positivo para el entorno [cursiva añadida] (MSP e INCA, 2006:12).
Las restauraciones han constituido el lavado de imagen por excelencia de la minería a cielo abierto. Con ellas se vende benevolentemente un producto enormemente agresivo con el entorno: el cielo abierto. De hecho, la invocación de las restauraciones es parte de una estrategia para legitimar la bondad de las explotaciones a cielo abierto, conseguir los permisos y acceder a la explotación del carbón, ocultando con ello la mayor entropía que acompaña a los usos y funciones naturales del terreno
Imagen 14: Ladera restaurada de El Feixolín
Fuente: Cortesía de Los Verdes de Laciana restaurado con respecto a la situación previa a la explotación minera (Hilderbrand, Watts & Randle, 2005). Como señala Redondo (1988), donde había un bosque frondoso y maduro o un monte, en el mejor de los casos, aparecerá un monocultivo de pradera artificial. Lo que Hilderbrand, Watts y Randle (2005) llaman “el mito de la copia exacta”
(llamado en inglés the myth of carbon copy), es decir, la creencia que se puede recrear o reconstruir un ecosistema como copia exacta de un estado previo de éste o de un estado ideal, es intensivamente utilizado por el bloque pro-cielos abiertos del conflicto (ver Capítulo 5). Sin embargo, como afirma Redondo (1988), bajo el eufemismo de las restauraciones se oculta una modificación profunda y simplificadora de la fisonomía del espacio original, de su diversidad funcional, y de sus usos y servicios.
Aunque resulta más acertado hacer algo por paliar el impacto de la actividad extractiva que simplemente dejar un agujero en la montaña afectada, reponer el uso y la fisonomía de un ecosistema montañoso afectado por la minería de carbón a cielo abierto es casi imposible y, en todo caso, elevaría tanto los costes de producción que haría la explotación no rentable para muchas de las empresas mineras. Quizás por eso, como subraya Redondo (1988), las empresas mineras públicas (Encasur y Hunosa) han sido:
[...] las pioneras en trabajos de restauración en nuestro país, pues aunque los costos de producción se disparasen, el Estado siempre se hacía cargo de las pérdidas Redondo (1988:64).
De esta forma, como sugiere el autor, la política de restauración conseguía un doble objetivo: en primer lugar, tenía una función eminentemente propagandística al mostrar las restauraciones como asumibles ante los afectados directos por las explotaciones a cielo abierto (pueblos, Juntas Vecinales, otros negocios de la comarca, etc.). Además, en segundo lugar, también servía para dar ejemplo a las empresas mineras privadas y presionarlas a hacer los trabajos de restauración.
Otro impacto ambiental poco mencionado y relacionado con las restauraciones tiene que ver con las prácticas sociales de gestión de los residuos de la explotación minera. En ocasiones, parte de los residuos de la actividad (maquinaria obsoleta, bidones,
motores, filtros de aceites, etc.) pueden terminar intencionadamente enterrados como
parte de las montañas durante la fase de restauración de éstas. De esta forma, se reconstruyen las montañas con los estériles resultantes de la actividad minera y se las rellena con basura parcialmente tóxica en su interior. Un extrabajador de los cielos abiertos de Laciana relata algunas de estas prácticas cotidianas de gestión de residuos que supuestamente lleva(ba)n a cabo como política de empresa:
El tema de los residuos, a mi [camión dúmper] me cargaban todo el material de
abiertos. Y no te podías negar porque te despedían. […] En el cielo abierto, [lo que se hacía era] bascularlo para un vertedero y automáticamente, pues taparlo con escombros, por encima. Lo que hacen es taparlo. Y así viajes y viajes, pues yo durante tres años, yo qué sé los viajes que llevaría. Yo; y luego el otro, el otro, el otro. Toneladas de basura, de aceite, de todo. Ahí está enterrado todo. Allí (en el Feixolín) y en Fonfría y en Carrasconte.
Estas prácticas suponen una bomba de relojería en términos ambientales, ya que tarde o temprano estos residuos acabarán por salir, probablemente a través del lixiviado de las aguas.