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3.2 Privacy in Machine Learning

4.1.4 Performance evaluation

Tomando a Grey y Sadoff (2007), se puede definir la seguridad hídrica como “La provisión confiable de agua cuantitativa y cualitativamente aceptable para la salud, la producción de bienes y servicios y los medios de subsistencia, junto con un nivel aceptable de riesgos relacionados con el agua”.

Para alcanzar la seguridad hídrica, será necesario invertir tanto en infraestructuras para almacenar y transportar el agua y tratar y reutilizar las aguas residuales, como en instituciones sólidas y en la información y herramientas necesarias para predecir, planificar y enfrentar la variabilidad climática.

Muchas sociedades querrán ir más allá de la seguridad hídrica para sacar un mayor provecho de los beneficios económicos, sociales y ambientales que puedan

proporcionar un uso más sabio del agua. Lograr y sostener la seguridad hídrica frente al cambio climático, e ir más allá de ella para aumentar la contribución del agua al bienestar socio económico constituyen los desafíos centrales de la adaptación.

Allí donde no se haya alcanzado la seguridad hídrica el cambio climático hará que el desafío de lograrla sea aún mayor. 

A medida que las inundaciones y las sequías se vuelvan más extremas y más difíciles de predecir y abordar, el cambio climático dificultará aún más el logro de una seguridad hídrica.

Allí donde se ha alcanzado la seguridad hídrica, el cambio climático podría socavarla aumentando o modificando los riesgos.

En muchos países, las comunidades agrícolas han encontrado un equilibrio entre la provisión y las limitaciones de sus recursos naturales y, aprovechando las oportunidades que permiten acceder a un mundo más amplio, han alcanzado medios de vida más razonables.

Los suministros de agua en muchos países se basan en la suposición de que las presas de las cuales se toma el agua proporcionarán un cierto rendimiento. Si la precipitación del medio declina o las sequías duran más tiempo de lo esperado, dichas suposiciones ya no serán válidas y los suministros domésticos podrían estar en peligro. Los agricultores y otros grandes usuarios del agua enfrentan amenazas similares.

Alcanzar y sostener la seguridad hídrica teniendo como trasfondo el cambio climático constituye el desafío inmediato de la adaptación.

Invertir en la seguridad hídrica

Las medidas para implementar una sólida gestión de recursos hídricos son por naturaleza medidas de adaptación. Una mejor gestión significa una mayor capacidad de recuperación en el presente y una adaptación más eficaz en el futuro. Las medidas deberán estar basadas en información fidedigna, la ciencia y

las mejores prácticas tanto en el campo del agua como en el campo de la climatología

El arte de la adaptación en la gestión del agua radicará en lograr la correcta combinación de información, instituciones e infraestructura para alcanzar el deseo de equilibrio de economía, entorno ambiental y equidad.

La ciencia

A nivel mundial, se espera que los efectos negativos del cambio climático futuro en los sistemas de agua dulce superen los beneficios. Las simulaciones de los modelos climáticos para el siglo XXI coinciden en la proyección de aumentos en la precipitación en latitudes elevadas (muy probables) y en algunos lugares de los trópicos, y disminuciones en algunas regiones subtropicales y latitudes medias más bajas (probable).

Se estima que una mayor intensidad y variabilidad de la precipitación aumentara los riesgos de inundaciones y sequías en muchas áreas. La vegetación sufrirá alteraciones como resultado de los cambios en la temperatura, la precipitación y la concentración de CO2.

Un efecto del aumento de la temperatura es el aumento de los índices de evaporación. Dado que el equilibrio entre la evaporación y la precipitación determina si un clima es húmedo o árido, la aridez tendera a aumentar allí donde el aumento de la temperatura no este correspondido por mayor precipitación. Los cambios de aridez tendrán un efecto sustancial tanto en las escorrentías de agua superficial como en la recarga de agua subterránea.

Calidad del agua

La capacidad de los recursos de agua superficial para recibir, diluir y eliminar los desechos humanos depende de los volúmenes de agua que fluyan dentro de los mismos. Toda reducción en el caudal de los ríos disminuirá su capacidad para diluir los desechos, y se requerirán mayores inversiones para alcanzar los mismos niveles de protección ambiental o para el tratamiento de las aguas residuales para su reutilización.

La intrusión del agua de mar en los sistemas de agua dulce costeros es otra consecuencia posible del cambio climático.

Derretimiento de los glaciares y de la nieve

La reducción de los glaciares y el volumen de agua almacenada en los campos de nieve constituyen uno de los impactos más tempranos del cambio climático en los recursos hídricos. Hasta hace poco tiempo, el rol de los campos de nieve y de los glaciares de atenuar la variabilidad de las precipitaciones no se reconocía ampliamente. Sin embargo, esto ha cambiado debido al cambio climático.

Estas áreas actúan como grandes reservorios naturales, recolectando y acumulando agua en forma de nieve durante el invierno y liberándola gradualmente en forma de agua de deshielo en el verano. El derretimiento de la nieve y de los glaciares, primero aumentará y luego disminuirá los caudales de los ríos durante el transcurso de algunas décadas, provocando primero inundaciones y luego sequías. Es probable que exista también una considerable erosión de las superficies terrestres que quedan expuestas, lo cual afectará la calidad del agua. El suministro de agua de la sexta parte de la población mundial depende del derretimiento de la nieve y de los glaciares, y son aún más las personas que dependen de ríos de deshielos para consumo y para agricultura.