Performance
10. Performance Improvement Process 1 Purpose
Pérez Lindo142 indica que se necesitan, por un lado, ciertos criterios generales para
evaluar y por otro lado, se necesita definir los contextos históricos y sociales en los que se evalúa. En principio, enuncia dos criterios:
1. Evaluar las acciones, los procesos, los resultados de los actores individuales y colectivos que intervienen en las instituciones de educación superior
2. Los principios según los cuales se va a evaluar dependen al mismo tiempo de valores universales y de los contextos históricos y sociales en los cuales intervienen las instituciones y los individuos
En el caso de la educación superior y específicamente de las universidades, se deben definir los fines específicos de estas instituciones. Se encuentran en ellas tres tipos de orientaciones: los fines universales, las misiones particulares y los objetivos prácticos.
Los fines surgen de la naturaleza de las instituciones, que en el caso de las universidades, están destinadas a investigar y enseñar en el más alto nivel. La enseñanza superior apunta a la formación de profesionales con el más alto grado de calificación. Las misiones definen el perfil particular que cada institución quiere asumir. La identidad de una institución depende de sus opciones filosóficas, religiosas o ideológicas.
Los objetivos son las funciones concretas y las metas que se propone cada institución en el corto, mediano y largo plazo.
Los objetivos se traducen directamente en la acción, mientras que la misión y los fines aparecen como principios reguladores más abstractos.
La universalización del pensamiento científico ha creado una serie de criterios que las comunidades académicas tienden a compartir. Las organizaciones universitarias se ven exigidas por pautas epistemológicas y técnicas que ellas mismas han desarrollado en sus diversas disciplinas.143 Debido a ello, en las últimas décadas se extendieron hacia el análisis
de las universidades, teorías concebidas originalmente para otros campos: la teoría de sistemas, la teoría de la información, las teorías organizacionales y gerenciales, las teorías epistemológicas, las teorías de la inteligencia, el análisis de los discursos, la teoría ecológica. En la medida en que estas teorías expresan un comportamiento objetivo de los sistemas sociales, las mismas definen ciertos principios que son de aplicación a las universidades e instituciones de educación superior.
En cualquier sociedad, las instituciones de educación superior tienen una historia y forman parte de procesos y estructuras que trascienden las particularidades. La evolución del sistema universitario brinda elementos de juicio para evaluar las instituciones.
142 Pérez Lindo, Op cit pág. 78 143 Ibidem pág. 80
726 Effie Maclellan (2001) estudió el propósito de evaluación del aprendizaje ejercido por los docentes, la naturaleza y demandas del nivel de las tareas que se evalúan, de los procedimientos de evaluación y la manera de construir la calificación; a la vez estudió la percepción de los estudiantes en relación con los mismos propósitos expuestos. La teoría que subyace es “el poder de la evaluación para determinar la calidad del aprendizaje se ha establecido con la evidencia claramente concluyente que es tan alta (o tan baja) como el nivel de demandas cognitivas de las tareas de evaluación”. El aprendizaje está siendo conceptualizado como un proceso de construcción de conocimiento, situado en un contexto particular (y no necesariamente transferible a otro contexto) por lo que es un conocimiento dependiente. Este contexto influye en la vida académica de los estudiantes; los estudiantes aprenden dentro de un contexto particular y su aproximación al aprendizaje no sólo está relacionada con sus rasgos de personalidad ni tampoco son únicamente el resultado de una respuesta de la biografía de cada individuo y la capacidad intelectual de cada estudiante, sino que además hay una relación entre el aprendizaje y las expectativas de sus profesores. Por consiguiente, la aproximación al aprendizaje es una respuesta a la percepción de los estudiantes de la situación particular en la que ellos mismos se encuentran: contexto social e institucional de la enseñanza y de las tareas de aprendizaje promovidas en las aulas y, por lo tanto, en cada asignatura.144
Es un proceso de percepción de la realidad en dos vertientes: la interpretación de la enseñanza proporcionada en las aulas y las relaciones e interacciones que establecen los estudiantes con ese mundo (C.J. Linder, 1993). La primera vertiente significa la valoración o atribución de valor a los requerimientos de cada docente en los diferentes ámbitos de la enseñanza (contenidos, evaluación, prácticas, etc.) y, la segunda vertiente es la organización de la vida académica (asistencia a clase, estudio privado, actividades de ocio, etc.) y del contexto institucional donde estudian una carrera. La consecuencia de las dos vertientes es la posibilidad de emprender innovaciones tanto en las estrategias de estudio de los alumnos, como en la organización de los programas académicos ofrecidos por cada universidad. Pérez Lindo apunta que el sistema universitario argentino presenta algunas constantes en su evolución que deben ser tenidas en cuenta:
La desarticulación con el sistema científico, educativo y productivo
La ausencia de políticas de información y la desactualización de las bibliotecas
La compartimentación entre las distintas unidades académicas y funcionales
La ausencia de mecanismos de coordinación, de control de gestión y de evaluación
El predominio de criterios ideológicos, políticos o corporativos sobre las políticas académicas y científicas
El bajo rendimiento académico de los estudiantes: prolongación excesiva de las carreras, altos índices de deserción y baja tasa de graduación
La baja proporción de profesores con plena dedicación
Cualesquiera que sea la interpretación del contexto actual de las universidades argentinas, no se pueden soslayar los factores estructurales que
727 trascienden las contingencias políticas: la desarticulación, la dependencia, los desequilibrios sociales o regionales. Aquí aparece la pertinencia de la distinción entre calidad y rendimiento de la educación superior. La actividad académica puede tener una calidad intrínseca muy alta pero puede estar totalmente desvinculada de las necesidades sociales y por ende, su rendimiento (o eficacia o pertinencia social) puede ser muy bajo.
A partir de lo anterior, se puede señalar que la complejidad de interacciones y factores que intervienen en la vida universitaria, lleva a pensar que se necesitan distintos enfoques y métodos para efectuar cualquier evaluación objetiva. En cada contexto se pueden formular análisis diferentes.
Clark Kerr (1971)145 propuso evaluar los siguientes aspectos:
1. La calidad de la enseñanza comparada en términos internacionales
2. La captación de individuos de valor sin discriminación ninguna (índice de equidad o apertura)
3. La capacidad para formar recursos humanos altamente calificados
4. La capacidad para transmitir una cultura clásica adaptada a la realidad contemporánea
5. La calidad y la variedad de servicios que se brindan a todos los sectores de la sociedad
6. La calidad y el equilibrio de las críticas constructivas que se hacen sobre la sociedad
7. La eficacia de la gestión
8. El reconocimiento que logra el sistema de educación superior por parte de los ciudadanos y de los egresados
Es una propuesta simple, de carácter universal, que combina criterios pedagógicos, humanistas, sociales, morales, administrativos y académicos.
Por otro lado, el “Programa de Gestión de los Establecimientos de Educación Superior” propuesto por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, comprende los siguientes indicadores: tasa de rendimiento académico de estudiantes y graduados; porcentaje de la matrícula de la institución respecto al conjunto de la demanda; número de tesis terminadas y aceptadas; duración promedio de los estudios; evaluación de la enseñanza por los estudiantes; carga horaria de los estudiantes; relación entre el número de estudiantes y profesores; costo unitario por carrera; carga horaria de los profesores; abanico de opciones académicas; aceptabilidad de los diplomados en el mercado de trabajo; destino profesional de los graduados; etc.
En el presente la preocupación central ya no es únicamente cuántos y en qué proporción asisten sino quiénes aprenden, qué aprenden y en qué condiciones aprenden.146
145 Citado por Pérez Lindo, Op cit pág 85
146
728 En este contexto, un sistema de evaluación de la calidad que provea de información sistemática acerca de los aprendizajes alcanzados por los estudiantes adquiere una importancia estratégica vital. Un sistema que, a partir de la definición de cuáles son los conocimientos y capacidades cognitivas básicas que todo alumno debería haber desarrollado al cabo de ciertos ciclos de enseñanza formal, tenga como eje la producción de información sobre el grado en que dichos aprendizajes han sido logrados.
Víctor G. Onushkin (1971) planteó que para establecer un sistema de indicadores en la universidad se deben especificar no sólo los valores cuantitativos sino también los valores cualitativos de la actividad universitaria, ya que estos últimos remiten a la calidad de la enseñanza, a la adaptación de la misma, a las variaciones de la demanda, la calidad y el nivel del personal docente.
Aunque existen varios enfoques de evaluación, es conveniente combinarlos racionalmente, a fin de dar respuestas satisfactorias al mayor número de interrogantes que se presentan. 147 La mayoría de los analistas opinan que se debe evaluar la calidad; Pérez Lindo, sin embargo, indica que ciertos aspectos de la calidad no pueden ser universalmente compartidos porque no son comparables. La justificación radica en que hay una pluralidad de opciones filosóficas, culturales, religiosas o ideológicas cuyo valor depende de la identidad y libertad de cada individuo, grupo social, pueblo o nación.148
Para comparar o juzgar de acuerdo a criterios universalmente compatibles, la noción de rendimiento proporciona una mayor especificación y compatibilidad con distintos enfoques (pedagógicos, sociológicos, administrativos, económicos, políticos o culturales); se aplica para identificar y analizar acciones, procesos y los resultados.
El concepto de rendimiento cubre dos aspectos: la eficiencia o rendimiento interno de una institución, y la eficacia, el rendimiento externo o pertinencia social.
Pero las nociones de calidad y rendimiento no son antinómicas. La noción de calidad permite construir modelos o ideales – tipo; permite distinguir el valor intrínseco de un individuo, de un grupo, de una acción o de un resultado, respecto de su valor extrínseco (la eficiencia, la eficacia de los mismos).
Para calificar ciertos rendimientos (como las producciones científicas y culturales), es necesario recurrir a nociones de calidad admitidas por las comunidades científicas, es decir que no basta con conocer la productividad – o el rendimiento – de los científicos o de los docentes sino que es necesario tener criterios para determinar el valor de lo que producen. En este sentido, las nociones de calidad y rendimiento pueden complementarse.
147 Caldera E. “Evaluación de la calidad de la enseñanza en la educación superior” citado por Pérez Lindo, Op cit pág. 88 148 Ibidem pág. 89
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