4.4 Heuristic Regularisation
4.5.2 Performance of Heuristic Regularisation
Como se observa en el apartado anterior, existen importantes afinidades y coincidencias epistemológicas y metodológicas entre los postulados de la ciencia posnormal y los de la investigación acción participativa. Sin embargo, la Educación popular y la Investigación acción participativa (IAP) pertenecen a la misma corriente crítica Latinoamericana, que tiene una clara intencionalidad política hacia los grupos y sectores populares en su procesos de formación, y se centra en la reflexión sobre la práctica para su transformación en pro de la equidad y la justicia social (Ortiz & Borjas, 2008). Dicha corriente latinoamericana de pensamiento crítico es atravesada por dos ejes, el eje epistemológico y el eje de la acción, y la Investigación acción
INVESTIGACIÓN
EDUCACIÓN
ACCIÓN
Figura 5. Actividades centrales de la IAP
117 participativa se suma reforzando ambas. Aportando por un lado una base sólida en tanto generación de pensamiento científico y conocimientos pertinentes en su contexto, con miras a aumentar el control de la sociedad civil sobre los procesos de producción de conocimientos; así como en lo que respecta al almacenamiento apropiación y uso de éstos en pos de la transformación (Ortiz & Borjas, 2008).
Por otro lado y como se muestra en la figura 4, la investigación acción participativa es una aproximación metodológica fundamentalmente educativa (Park, 1992), en tanto la ciencia posnormal ha sido utilizada mayormente para la resolución de problemáticas ambientales específicas (Jiménez-Buedo & Ramos, 2009). De acuerdo con Morales (2004), la educación popular es la matriz filosófica y epistemológica de la investigación participativa (Morales, 2004, p. 154). Se considera, por lo tanto, que la investigación acción participativa constituye la propuesta metodológica más apropiada para llevar a cabo la investigación que se propone, aunque, no se descarta la utilización de elementos metodológicos provenientes de otros planteamientos científicos, como la ciencia posnormal, o de otras procedencias, que se considere que pueden fortalecer el trabajo.
3.2.1. Surgimiento y desarrollo de la Investigación Acción Participativa
El término de investigación-acción, desarrollado por Kurt Lewin, fue utilizado por primera vez en 194636. Constituye una forma de investigación mediante la cual, sostiene su autor, se pueden lograr en forma simultáneas avances teóricos y cambios sociales (M. C. Salazar, 1992).
Existen tres versiones de la Investigación Acción (Álvarez-Gayou, 2004):
La visión técnico-científica, encabezada por Kurt Lewin, constituye una forma de indagación experimental basada en el estudio de grupos que experimentaban problemas. Su modelo
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118 consiste en una serie de decisiones en espiral, las cuales se toman en ciclos repetidos de análisis para re-conceptualizar el problema; se compone de pasos seriados de acción: planificación, identificación de hechos, ejecución y análisis. La propuesta de Lewin se considera una postura predominantemente pragmática de la vida cotidiana, buscando soluciones inmediatas y se fundamenta en que los participantes que están viviendo un problema son los mejor capacitados para abordarlo (Álvarez-Gayou, 2004; Lewin, 1992).
La visión práctico-deliberativa, propuesta por John Elliot, cuestiona la fuerte inclinación de la investigación educativa hacia el positivismo. Se vuelve más cualitativa al centrarse mayormente en la interpretación humana, la comunicación interactiva, la deliberación, la negociación y la descripción detallada. Este enfoque se centra más en la tarea que en los resultados. Elliot propone por primera vez el concepto de triangulación37en la investigación cualitativa (Álvarez- Gayou, 2004).
La visión crítica-emancipadora de la investigación acción, la constituye la Investigación Acción Participativa (IAP). Ésta rechaza la creencia positivista acerca del papel instrumental del conocimiento en la resolución de problemas y pone en relieve el desarrollo de las habilidades discursivas, analíticas y conceptuales. Incrementa el conocimiento por medio de la crítica severa y da poder político a sus participantes (Álvarez-Gayou, 2004). La IAP ha venido desarrollándose y aplicándose en proyectos sociales de diversa índole, que buscan el desarrollo de modelos alternativos de planificación, ejecución y evaluación de procesos de transformación social mediante la participación colectiva en la investigación y en la acción de los sectores anteriormente tenidos en cuenta sólo como objetos pasivos de estudio (M. C. Salazar, 1992). Es en esta tercera visión de la investigación acción, la IAP, que se inscribe la presente investigación.
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Técnica que busca identificar los diferentes significados y sentidos concedidos a un mismo acontecimiento contrastando los datos e interpretaciones de diferentes fuentes de datos, diferentes investigadores, diferentes perspectivas y diferentes métodos (Cardona, 2002).
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3.2.2. Características de la IAP
Fals-Borda (1992), Ander-Egg (2003) y Balcázar (2003) hacen una relación de lo que pueden considerarse las características de la IAP. A continuación se presenta una síntesis en diez puntos, de los tres planteamientos:
i. Propósito y finalidad de acción. El objetivo del estudio (el qué) se decide a partir de lo que interesa a un grupo de personas o a un colectivo, y la finalidad última del estudio (el para qué) es la transformación de la situación-problema que afecta a la gente involucrada. Se busca conocer para actuar transformadoramente.
ii. Dialéctica conocimiento-acción o teoría-práctica. No sólo se trata de conocer la realidad sino de actuar sobre ella. Ambas tareas, iluminadas por la teoría y realizadas con la participación de quienes están involucrados.
iii. Promueve la participación activa de la población involucrada. La IAP procura desatar las posibilidades y potencialidades de la actuación que están latentes en la propia gente. iv. Supone la superación de toda forma de relaciones dicotómicas jerarquizadas entre quien
promueve la investigación y las personas involucrada. El investigador debe descartar la arrogancia del intelectual y aprender a escuchar confiriendo igual valor a discursos concebidos en otras sintaxis culturales, y romper las relaciones asimétricas entre los participantes en la investigación.
v. Autenticidad. En los procesos sociales hay cabida y necesidad de la intervención de académicos e intelectuales, pero éstos deben mostrar honestamente su procedencia, intereses y las relaciones y aporte concreto de su disciplina para los fines que los movimientos buscan.
vi. Compromiso. Supone un compromiso efectivo y declarado del investigador con la gente involucrada en el programa y que participa en el estudio y la transformación de su realidad. El involucramiento no se deriva básicamente de razones políticas, ideológicas, filosóficas, religiosas o éticas (todas ellas pueden ser válidas a título personal), sino de
120 razones metodológicas, dada la índole misma de la IAP. Un equipo de investigación que adhiere con los planteamientos de la IAP, nunca es neutro frente a la realidad que estudia.
vii. Antidogmatismo. No conviene la aplicación rígida de ideas, conceptos o modelos, sea porque pertenezcan a un grupo o a una disciplina académica. El dogmatismo no es sólo antipopular sino anticientífico y constituye un obstáculo para el avance de iniciativas que pueden ser positivas.
viii. Devolución del conocimiento en productos específico. La devolución debe ser sistemática y ordenada, y al mismo tiempo cumplir con tres reglas: deben ser materiales apropiados al contexto (socio-histórico, cultural y local), deben cuidarse las formas de la comunicación y tener claro para quién y para qué se elabora.
ix. Ritmo de reflexión en contexto. El conocimiento avanza como una espiral en que se va de lo más sencillo a lo más complejo y de lo conocido a lo desconocido, en contacto permanente con la realidad y problemáticas que se viven.
x. Ciencia modesta y técnicas dialógicas. Sin que se trate de una ciencia de segunda clase o carente de ambición intelectual, es posible, para el trabajo, hacer uso de elementos locales, económicos y prácticos.
Así mismo, existen algunas consideraciones importantes que deben tenerse al implementar proyectos de investigación basados en la IAP, estas son, por ejemplo:
Es conveniente formar grupos de referencia, es decir, identificar a aquellas personas con mayor experiencia, altruismo, visión y capacidad organizativa de las comunidades o grupos sociales. Estos actores pueden favorecer la articulación entre lo específico regional y lo teórico general, para producir una visión integrada del conocimiento adquirido (Fals-Borda, 1992). Por otro lado, a IAP es adecuada para aplicarse efectivamente a una escala relativamente reducida (barrio, comunidad rural, organización, etc.), es decir, a una escala micro social; de lo contrario, la participación de la gente dentro del proceso investigativo se hace difícil. Para estudios a escala
121 macro social, se utilizan metodologías, técnicas y procedimientos clásicos que no excluyen determinadas formas participativas (Ander-Egg, 2003).
Finalmente, la IAP es una propuesta metodológica entre otras, con sus posibilidades y limitaciones; aunque presenta una serie de ventajas y aspectos positivos, como las que se han mencionado, de ninguna manera se asume que por ello sustituye otras formas de investigación igualmente necesarias. Cabe aclarar por otro lado, que si bien se reconoce en todo momento que la IAP tiene una dimensión política, se asume el término no en sentido partidista, sino en cuanto apunta a construir un tipo de sociedad que es el propósito al que apunta la direccionalidad de esta metodología (Ander-Egg, 2003).