En todas las culturas y en todos los tiempos los seres humanos hemos sentido atracción por todo lo desconocido en relación a nuestra psiquis. Por ejemplo, los sueños han despertado un gran interés por ser su interpretación simbólica una puerta de acceso al inconsciente. Su origen y finalidad en la psiquis humana fue respondido por muchas corrientes de pensamiento que van desde la visión psicoanalítica, hasta la visión analítica jungtiana y otras. Sin embargo, puede decirse que el sueño como actividad psíquica espontánea no puede encasillarse en las definiciones de una única corriente de pensamiento, ya que su finalidad puede depender de cada persona y situación psíquica en particular. Siendo, así las cosas, todas las teorías al respecto de los sueños de seguro son válidas, sumándose también a estas, aquellas visiones provenientes de otras culturas, como también las interpretaciones que indican que durante el sueño pueden sucederse
experiencias espirituales reales en determinadas circunstancias.
Sin lugar a dudas aquellos procesos orgánicos y de procesamiento emocional que se suceden durante la etapa REM del sueño, de seguro tienen la capacidad de producir esquemas experienciales conformados por contenidos mentales, emocionales y sensoriales que se encuentran en el subconsciente y que impactan como escenarios sensoriales en la consciencia, que se encuentra en esos momentos fuera del estado de vigilia. No olvidemos que la actividad psíquica tiene un ímpetu integrador que convierte todos los estímulos externos y aquellos procesos subjetivos relacionados en un holon cuyo eje es la autopercepción de nuestro ego o yo humano en contraste con el ambiente y los demás, ósea con nuestro no ego, o sea aquello que esta fuera de nosotros. De acuerdo a esto es comprensible que durante el sueño la funcionalidad mental construya esquemas experienciales con contenidos del subconsciente, contenidos recién experienciados o incluso inputs de alto contenido emocional que están siendo procesados en la etapa R.E.M y también que estos tengan información simbólica personal, de carácter colectivo como podrían ser los arquetipos jungtianos y también información relacionada al momento de vida actual.
Sin embargo, son numerosas las pruebas con alto grado de veracidad que indican que durante los sueños se viven experiencias premonitorias, experiencias que revelan información, que dan solución específica a concretos
dilemas científicos, que son el origen de creaciones artísticas y que tienen una alta trazabilidad con vivencias que se suceden a posteriori de haber soñado. Son muchas las culturas originarias que asumen los sueños como una fuente de consulta para el desenvolvimiento de su vida y que a través de ellos reciben una gran ayuda.
Cito en la literatura espiritual y tal como nos comentaban los místicos de medio oriente, es normal que el espíritu humano durante el sueño pueda visitar otros lugares físicos, otros niveles energéticos, intervenga en operaciones de socorro junto a otros seres espirituales en diferentes ámbitos existenciales, se despida de personas próximas a desencarnar, entable contacto con seres de otros planetas que suelen acercarse al nuestro, tome contacto con guías espirituales y muchas otras cosas más y que de esas vivencias se tenga plena consciencia, un recuerdo patente de las mismas o incluso un recuerdo de algún aspecto especifico y no de la totalidad de la experiencia, pero si, que como denominador común, sean esos sueños recordadas en toda la vida con mayor influencia en uno mismo que una experiencia física de las que consideramos como reales. También es importante saber que muchos escritos sobre antropología transpersonal, sobre psicología transpersonal e incluso sobre espiritualismo, están elaborados y en algunos casos orientados con una fuerte componente egocéntrica inconsciente. Se hace necesario aclarar que el egocentrismo no debe confundirse con el egoísmo, mientras este último es un aspecto negativo del alma humana, el egocentrismo
puede considerarse como una componente necesaria del estado de consciencia y una condición necesaria para el equilibrio de la psiquis, ya que el normal estado de consciencia, requiere el estar centrado en la autopercepción de nosotros mismos con eje en nuestra identidad y nuestro cuerpo físico, con una clara diferenciación con respecto a los demás y al ambiente, pero la exacerbación de esa necesidad puede ser fuente una distorsión en la comprensión de la realidad.
Por ejemplo, muchas personas que realizan pruebas improvisadas con drogas psicodélicas y suponen haber tenido experiencias trascendentes y reveladoras de aspectos espirituales, solamente han experimentado en sí mismos la expansión de la percepción hacia contenidos personales como los que emergen en la mayoría de los sueños y que son periféricos a nuestro estado de consciente de vigilia. En muchas de esas experiencias no se toma verdaderamente contacto con aspectos espirituales, ya que lo único que permite lograr eso es la espiritualización de la vida humana, la elevación del pensamiento y la intervención de guías que moran en el mundo espiritual.
Sin entrar en detalles sobre el desarrollo de la psiquis, porque ya lo hemos hecho en nuestro documento "Desarrollo, infancia y traumas" el cual pueden descargar gratuitamente desde el siguiente link de nuestra web ( http://www.cchaler.org/personalidad/ ) en el Paso Nro. 20, podemos afirmar que cuando la personalidad humana queda fijada de manera patológica o preponderante a la etapa
narcisista y también cuando el orgullo o el amor propio (que no debe confundirse con el autoestima) se fusiona con esa necesidad de egocentrismo necesaria, existe una marcada tendencia a que el ímpetu de la actividad interior este excesivamente orientada a la propia persona, aun sin caer en el egoísmo y aun sin llegar a que no tengamos consideración de los demás, pero si produce como resultado que mucho de lo que nos despierte interés del ámbito externo (el no ego) este fuertemente impregnado de proyecciones inconscientes al respecto de nosotros mismos en las representaciones internas que hagamos de ello. En relación a lo mencionado y al conocimiento espiritual, como así también a todas las disciplinas científicas y psicológicas que se acercan a él, podemos afirmar que existe mucho material que se lo deforma para que el mismo satisfaga esas proyecciones mencionadas y no para despertar la real necesidad de espiritualización que los seres humanos tenemos en este momento.
Siendo, así las cosas, existen muchas supuestas fuentes exponentes del conocimiento espiritual, que, si se efectúa un análisis de contenido de sus enseñanzas, estas están realmente apuntando al desarrollo de habilidades personales, sociales, mentales, profesionales, psíquicas y de otro tipo, que se orientan a la satisfacción de necesidades derivadas de ese egocentrismo mencionado y no con una finalidad real para que sean un vehículo de espiritualización.
Tal como nos explicaban los místicos de medio oriente con quienes tomamos contacto, si bien esas enseñanzas y actividades derivadas de ellas, son muy útiles para personas con padecimientos afectivos difíciles, no llegan en su sustento teórico a mostrar la realidad espiritual que constituye el origen real de esas afectaciones y que se encuentra en los aspectos negativos del alma humana, que nos vinculan a niveles espirituales que intentan perjudicar, no solo nuestro bienestar, sino también nuestro acercamiento a las fuentes espirituales positivas de donde llegan energías que restauran el equilibrio psíquico.
En función de todo lo analizado podemos comprender fácilmente que, en relación al desarrollo de las actividades psíquicas, en occidente existe mucho desconocimiento de los muchos beneficios potenciales y también de los muchos peligros en relación al uso en negativo de las capacidades de nuestra mente. Nuestra mente tiene capacidad de conexión, proyección y fuerza, atraemos lo mismo que irradiamos, así como un espejo refleja la luz que recibe y permite la conformación de una imagen. Aquello que atraemos e irradiamos alimenta nuestro clima interno, también alimenta el ambiente espiritual periférico de los lugares donde experimentamos y por sobre todas las cosas, esas energías son causantes de sincronicidades que atraen hechos afines a las mismas.
La mente humana tiene mayor capacidad de acción cuando une su acción con otras mentes. Aun se efectué esa unión de manera inconsciente. Por ejemplo, como resultado de la
afinidad en el nivel de energías en mentes que no están unidas voluntariamente pero que están en la misma frecuencia, se producen efectos integradores de las mismas, cuando desde espectros de energía pertenecientes a regiones astrales, operan voluntariamente para contribuir a la gestación de acciones negativas que se llevan a cabo utilizando la energía que esas mentes proyectan o irradian. También de manera consciente y voluntaria, cuando las mentes se unen con finalidad de bien, multiplican su poder realizador como ocurre cuando se unen las personas en grupos de oración, rituales u otro tipo de actividades psíquicas conjuntas.
Por lo tanto, en términos generales podemos afirmar que tenemos en nuestra mente una importantísima llave que atrae en positivo o negativo, hacia nosotros mismos en primera instancia y hacia todo lo que nos rodea, energías, en función de cómo son nuestros pensamientos, sentimientos y por sobre todas las cosas, nuestras intenciones.
Por ejemplo, muchos antropólogos fueron testigos presenciales de la realización de rituales en algunas tribus, en las que a través de la realización de ceremonias en donde danzaban siguiendo un ritmo, se posibilitaba que, mediante la convergencia de aspectos espirituales astrales en concordancia con la unión del pensamiento de los presentes y de las capacidades psíquicas de los chamanes, se generaban las condiciones necesarias para que desde los niveles espirituales periféricos hicieran danzar objetos
que seguían el ritmo musical emitido por los tambores y cánticos en la ceremonia, confirmando así la presencia real de los espíritus de la tribu.
Esto se posibilita porque la unión de las mentes de los presentes sirve de instrumento para que las energías de los niveles astrales periféricos a la tribu, puedan concatenarse fácilmente con lo físico y generar una interacción directa. Este tipo de realidades fácticas, prueban el poder y el potencial que tiene nuestra mente para atraer energías, hechos y producir realizaciones.
Se hace necesario siempre tener presente que vivimos en un universo regido por leyes y que nuestra realidad consciente tiende a sorprenderse demasiado por esos fenómenos que son simples y fácilmente entendibles para espíritus adelantados y tendemos a olvidar que existen niveles espirituales elevados desde donde tienen real poder y capacidad para producir hechos verdaderamente sorprendentes, así como también realizaciones de bien común, cuando con nuestra mente en conexión con ellos y uniéndonos a otros en oración, facilitamos la invocación y la atracción de las mismas.