2.2 Text mining: an introduction
2.2.3 Feature representation
2.2.3.4 Word2vec
Podríamos definir el estado de vigilia, como el estado de consciencia normal en el cual se establece un justo equilibrio entre la recepción de los estímulos externos, la experiencia subjetiva interna y el sentido de realidad convencionado. En el estado de vigilia nos encontramos conscientes, en contacto con el ambiente, los demás y nosotros mismos, interactuando y expresándonos a través de lo que es nuestra conducta, que, en el estado óptimo de equilibrio psíquico, es el resultado de un proceso racional en donde lo mental tiene jerarquía sobre lo emocional y sobre lo físico.
Dentro del estado consciente de vigilia existen momentos que a veces pasan desapercibidos para nosotros y otras veces no y que puede decirse que son destellos de aspectos inconscientes y que pueden tener su origen en niveles que no se encuentran necesariamente dentro de los márgenes
de nuestro ego o yo humano. Podemos dentro del trasfondo de nuestra consciencia experimentar intuiciones, estados afectivos transitorios y/o especie de flashback disociativos o no, que nos dejan una impresión orientativa de nuestro devenir consciente tendiente hacia algún sentido y que puede estar o no dentro de los confines de nuestra memoria cósmica, ser esos contenidos disparadores de aspectos creativos o incluso trasladarnos hacia la reflexión de alguna idea o vivencia personal que también puede ser perteneciente a otras personas, lugares o de infinitas y variadas posibilidades, ya que el espectro mental es vastísimo y en mayor medida para aquellos que logran auto percibir su mente como un vehículo de conexión.
Cabe señalar que las limitaciones mentales son en realidad personales, son creencias asumidas como verdades al respecto de lo que se puede o no se puede, quien no las tiene puede a través de su mente conocer, vincularse o acceder a todo lo que existe. Desde los niveles espirituales superiores nos abren puertas hacia el conocimiento, en relación directa a como pongamos nuestra voluntad al servicio de la jerarquía espiritual.
Tal como nos relataba Maza el aborigen hace dos décadas atrás y que es coincidente con lo que nos relataron los místicos del sur de Jordania en la actualidad. Nuestra mente y nuestro aspecto emocional y sensorial humanos, se encuentran constituidos de materia física invisible y dentro
de un nivel mental y emocional sensorial conjunto que puede entenderse de manera aproximada como colectivo en primera instancia, como un espectro compartido.
Nuestra realidad espiritual en contraste con lo físico y lo psíquico es mucho más compleja como para explicarla de esta forma tan rudimentaria como lo estamos haciendo, pero podría decirse que es análogamente como si se tratara de un campo espectral conjunto hacia el cual se proyectan los pensamientos y sentimientos de todos los que realizamos una experiencia en este nivel físico y desde el cual también provienen influencias hacia nuestra mente y nuestro aspecto emocional y que no se originan en nosotros. De manera similar, así como por el hecho de estar constituidos de un cuerpo físico estamos vinculados físicamente con el medio y todo lo que hay en él, por el hecho de contar con un cuerpo mental y emocional sensorial, también estamos vinculados energéticamente en esas esferas y con lo que de ellas proviene.
Ahora bien, como determinante de aquello a lo que podemos acceder o no con nuestra mente y que pertenece al espectro mental y emocional sensorial conjunto mencionado, existen, tal como analizamos en nuestro libro Aspectos transpersonales I, lo que podríamos denominar como dos ejes o variables que definen la calidad de los contenidos a los que podemos acceder mental y emocionalmente. Por un lado puede decirse que existe un grado de sutileza o densidad en relación al aglutinamiento por afinidad de contenidos físicos o espirituales emitidos y
por otro un grado de positividad o negatividad en relación al nivel de luz y amor que los contenidos mentales y emocionales tienen como energía esencial impulsada por quien los emite y de acuerdo a la energía espiritual que atrae por voluntad consciente y por su grado de evolución, así como también producto de la actividad espiritual que se desenvuelve en torno a esas energías.
Entendemos por actividad espiritual toda una gama de fuerzas, seres espirituales involucrados y sincronicidades humanas que por afinidad se dinamizan en torno a ellas. En concreto y de manera resumida puede decirse de forma muy aproximada y rudimentaria, que nuestra constitución energética espiritual humana, se encuentra conformada por substancia que pertenece a un espectro, este tiene un determinado nivel de energía mínima y máxima en relación a esas dos variables mencionadas y en función del nivel de energía en que nosotros nos situemos de manera voluntaria con la actividad consciente, serán las energías a las que estemos vinculados en cada situación de vida.
De acuerdo a lo mencionado hasta aquí se entiende claramente que cuanto más espiritualizado y positivo es nuestro estado de consciencia, mas vamos a estar vinculados a niveles de luz que están regidos por jerarquías espirituales superiores encargadas de guiar la evolución y cuanto mayor caudal de pensamientos y sentimientos densos y negativos hagan impacto y eco en nosotros, mayor será la influencia perturbadora que recibiremos de niveles
en estado de desequilibrio, cuya finalidad es la de perturbar la existencia humana desviándola del trabajo que en vida se debe realizar para evolucionar espiritualmente.
Existen seres humanos que en su desenvolvimiento interno en vida se vinculan a energías negativas y quedan vinculados a ellas al morir y también ocurre a la inversa, ya que con lo concreto y palpable con que nos encontramos al momento de morir es con lo que estrictamente hemos cosechado a nivel espiritual durante esta presente vida u otras. Así que por más sabiduría que creamos tener, por mas que hayamos estado cerca de los mayores maestros de conocimiento espiritual, si en concreto no trabajamos en nuestro interno, nuestra realidad sera pura y exclusivamente la que hemos cosechado.
Como conclusion de esta improvisada explicacion podemos comprender que la llave se encuentra en nosotros mismos, en como voluntariamente hagamos el esfuerzo por tener conscientemente pensamientos positivos, sentimientos con alto contenido de amor espiritual, buenos deseos y un desempeño moral y conductual orientado hacia el bien común y de los demas.
Tambien hace dos decadas el pequeño hombre de aspecto imponente que usaba sombrero, que pertenecia a la reservacion de Maza el aborigen, nos decia que, el primer paso para llegar a la espiritualidad es ser una buena persona, como esas que cruzamos diariamente y que viven sencillamente concretando buenas acciones simples, el
resto viene despues. Son muchas las personas que se embarcan en experiencias extrasensoriales extravagantes, busquedas complejas a traves de ceremonias y miles de cosas mas y que no cuentan con esa capacidad que gran cantidad de personas tienen y que sin saberlo atraen con su interno la luz y el amor necesarios, para que los niveles energeticos que tratamos de describir en este capitulo, se encuentren con mayor intensidad de energias positivas.