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4. The ICC Statute and Elements of Crimes as a source for defining crimes against humanity in

4.4 Persistent ambiguity under customary law

TEXTO

AUTORÍA: Creación colectiva (grupo Mutación) REPRESENTACIONES

ESPACIO: Teatro Salón Cervantes FECHAS: 1 de Mayo de 1993 PUESTA EN ESCENA

REALIZACIÓN: Mutación (Alcalá de Henares) DIRECCIÓN: Ángel Padilla

Mutación o las figuras del silencio

La irrupción del silencio en los escenarios es un acontecimiento teatral hijo de este siglo, más aún, de la segunda mitad de esta centuria nuestra, ya agonizante. Nombres egregios de la teoría y la práctica teatrales jalonaron una senda, a menudo bordeada por la incomprensión o el desprecio, que acabó conduciendo a la progresiva eliminación de la palabra como elemento rey del espectáculo teatral. Numerosas formas de un experimentalismo renovador impactaron en este rompeolas desverbalizador y durante decenios las vanguardias teatrales tuvieron su norte en la recuperación de la escena como receptáculo de signos muy diversos, más allá del mero diálogo dramático. Figuras como Artaud, Arrabal o Bob Wilson encarnan hoy actitudes modélicas en el empeño por rescatar la escena de la servidumbre verbal, restituyendo a su verdadero rango la concepción del teatro como fenómeno eminentemente espectacular.

La etapa de mayor radicalismo antiverbal quedó atrás con el paso de los años y con la propia evolución del arte escénico, pero la lección fue bien aprendida por todos aquellos autores y directores que tuvieron algo que decir y que aportar a la historia del teatro del siglo veinte. Solamente los más mediocres o serviles parecen querer ocultar aún hoy lo que constituye un secreto a voces: al silenciar la incontenible corriente verborreica, afloran a la epidermis del espectáculo dramático los demás signos que se hallaban ocultos por los tiránicos excesos de la palabra; gestos y movimientos, ritmo y color, formas y sonidos no verbales, música y vestuario,

escenografía y luminotecnia levitan con la libertad suficiente para constituir una sinfonía escénica, un variado abanico de sensaciones o el espesor de signos del que habló Barthes.

Un joven grupo teatral alcalaíno, Mutación, ha iniciado su periplo por el azaroso mundo de la escena siguiendo la estela que con tanta nitidez marcaron los pioneros del teatro vanguardista. Ahora se han presentado en el escenario del Teatro Salón Cervantes con la temeraria seguridad que sólo una ilusión sin límites y un duro trabajo de aprendizaje pueden deparar. El espectáculo por ellos ofrecido, Un día más... o menos, se caracteriza por la absoluta carencia de diálogo y por ensartar una serie de historias que son comunicadas al público poniendo en juego los capacidades visuales, antes que auditivas, del espectador. Ante ellos, varios cientos de aficionados, jóvenes en gran medida, que no pestañearon -y, mucho menos, carraspearon o tosieron- a lo largo de los cincuenta minutos que duró la representación. Solos ante el peligro del posible aburrimiento o de la rareza de su empeño, en medio de un lamentable panorama teatral que rinde culto al verbo vacuo o al ornato impertinente, los jóvenes actores y actrices de Mutación cautivaron los sentidos de su público y mantuvieron hasta el final una compostura más propia de profesionales avezados que de intrépidos principiantes.

El grupo es, además, creador de su propio espectáculo, a través de esa maravillosa forma de autoría que, cuando floreció hace dos décadas, se dio en llamar "creación colectiva". Sirviéndose eficazmente del pretexto temático propiciado por la perspectiva única que ofrece cualquier banco de cualquier parque, en cualquiera de nuestras deshumanizadas ciudades, los miembros de Mutación nos ofrecen su particular visión de los hombres y mujeres urbanos, bajo una óptica ligeramente crítica y marcadamente reivindicadora de lo más valioso de estos seres: su sobrecogedora humanidad. Desfilan así ante nosotros -espectadores situados tras un objetivo inmóvil- figuras anónimas en las que, sin embargo, reconocemos a los tipos más cercanos: desde el deportista al inadaptado, desde el jardinero al pintor, desde los gamberros a los enamorados, pasando por una galería de figuras dibujadas con ilimitada ternura, como el amigo de los pájaros o los vagabundos que abren y cierran cronológicamente la historia.

El humor tiñe con frecuencia la visión del hombre cotidiano que Mutación nos quiere transmitir, empleando para ello unos medios escénicos entre los que el lenguaje del cuerpo resulta primordial. La mímica, el dominio y la creación del espacio por medio del gesto, la ocasional emisión de sonidos onomatopéyicos y una perfecta asimilación del movimiento escénico explican que los actores de Mutación, habiendo caminado por el filo de la navaja, recaben finalmente un éxito indiscutible. Su espectáculo es un teatro de sensaciones, que -en la mejor línea de la práctica simbolista- sugiere más que explica, muestra más que denuncia, llega al sentimiento antes que al raciocinio.

El grupo se ha presentado en el Cervantes con una versión muy mejorada de su propio espectáculo, que ha sido pulido en relación con anteriores representaciones y que ha ganado sobre todo en estilización de gestos, precisión de movimientos y un sorprendente dominio de las pausas

y de los períodos de silencio gestual. El vestuario ha ganado en expresividad y la escenografía permite en todo momento el lucimiento de unos actores a los que ningún rincón del escenario les resulta ajeno. En los minutos finales, sobre un fondo de proyecciones vegetales altamente evocadoras, asistimos al decrescendo más portentoso que haya podido presenciarse en el Cervantes en la presente temporada: la tenue luz va decayendo con una maestría modélica para muchos grupos profesionales y un leve fondo de sonidos enmarca la composición de una escena final que es la misma soledad y ternura.

Los jóvenes actores y actrices de Mutación tienen ante sí un largo camino en el mundo del teatro, para cuyo recorrido habrán de necesitar grandes dosis de entusiasmo y una inquebrantable voluntad de aprender a toda costa. Sin duda les servirá de ardoroso estimulante su invitación, como único colectivo español seleccionado, para participar con esta misma obra en un festival internacional de teatro joven que tendrá lugar en Bélgica el próximo verano. Pero resulta asimismo indudable que una adecuada formación escénica, sistemáticamente llevada a cabo, les descubrirá sin duda ámbitos insospechados en el periplo que ahora comienzan. De momento, han iniciado su aprendizaje por una vía adecuada: la del silencio verbal, que por sí mismo les desvela otras muchas de las verdaderas dimensiones del fenómeno dramático.

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