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Physical object data model of Atlas

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2.5 Complex object data models

2.5.1 Physical object data model of Atlas

Cuando terminé el curso de doctorado en Ciencias Económicas, en la Universidad Nacional de Buenos Aires, a fines de la década del 50, me surgió una grave duda. ¿Qué diría yo si me preguntaran qué es la Economía?

Las dos materias correspondientes que se dictaban en la Facultad estatal, se llamaban Economía Política y Dinámica Económica. La primera se dictaba en el segundo año de la carrera y la segunda, basada en las enseñanzas de Keynes, en el quinto. Esta última, cátedra fundada por Raúl Prebisch, no solamente consideraba estáticos los principios básicos y fundamentales del saber económico, sino que incluso, los ridiculizaba.

El ingeniero Alvaro Alsogaray, quien tuvo el gran mérito de ser el primero—tanto como funcionario público como luego en el ámbito político—en popularizar después de un cuarto de siglo, las ideas liberales, había fundado el Instituto de la Economía Social de Mercado. Alberto Benegas Lynch y sus preclaros colaboradores, Eduardo Benegas, Raúl Lamuraglia y Carlos Luzetti no se demoraron en cambiar, correctamente, el

nombre del Centro de Difusión de la Economía Libre por el de Centro de Estudios sobre la Libertad.

Prestigiosos autores escribían, con aires de seriedad científica, acerca de la economía del bloque de los entonces “países socialistas”. A la vez, se podían leer numerosos ensayos sobre la “diversidad” de los Sistemas económicos.

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De ahí el interrogante. ¿Cómo, con el mismo término de Economía, se podían definir dos circunstancias tan contradictorias como la Libertad y la Coacción? De ahí nació el tema de la tesis que valió mi doctorado.

A medida que fui desarrollando la investigación descubrí que no solamente en las conversaciones comunes, sino en el campo supuestamente académico, se usan expresiones carentes de sentido.

Hablar de Economía social es expresar una redundancia. El eje de lo económico son los precios y éstos no pueden existir en otro ámbito fuera de lo social. La lógica es más que expresiva. Si uno compra, otro vende.

El fenómeno económico es característico de los seres humanos. Los animales carecen de toda noción de intercambio pacífico, intencional y voluntario de bienes y servicios.

Mientras los animales, para sobrevivir, están sometidos al medio ambiente, el ser humano lo adecua a sus necesidades y deseos. La noción de propiedad se

encuentra asociada con el concepto de costo de los bienes y servicios ajenos. Solamente mediante la creatividad e innovaciones se logra la abundancia y el mejoramiento de los niveles de vida.

En cuanto a que los recursos son escasos, y las necesidades muy superiores, era ya muy bien conocido por la Humanidad, mucho antes que aparecieran los economistas.

La difusión de! fenómeno económico resultó, así, ser el germen de la civilización. Es, en todos los casos, la tercera posición entre el aislamiento y la violencia.

Entonces aparece otra cuestión. ¿Qué sentido tiene la palabra social junto a términos tales como: Capitalismo, Bienestar, Acción, Desarrollo, Previsión,

Legislación, Política, Medicina, Educación? Mi respuesta a este interrogante fue, y sigue siendo, que se trata de una estafa intelectual de la que son cómplices, muchos políticos, literatos, directores y actores de cine y teatro, líderes religiosos y gran parte de los medios masivos de comunicación. En todos los casos estos personajes

buscan justificar, con lenguaje solemne, el uso de la fuerza por parte del estado u organizaciones corporativas y gremiales, para imponer valores que ellos consideran supremos.

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Se calcula en cien millones, el número de muertos a raíz las experiencias socialistas del siglo pasado. Estos modelos estuvieron cabalmente representados por el comunismo, nacional-socialismo, fascismo, maoísmo. Los resultados devasta- dores de las distintas variantes colectivistas africanas y de América latina, que aún subsisten, ponen de relieve la obra destructiva de los movimientos contraculturales, partidarios del imperio de la coacción en la vida ordinaria.

La maniobra oculta, a la vez, la visión sociológica mediante la cual los humildes y asalariados en relación de dependencia constituyen un género sub.-humano,

incapaz de juicio responsable para dirigir sus vidas. Que requieren de dictadores, de la tutela de burócratas o de dirigentes sindicales, para enterarse que la educación es buena, que hay que ir al médico cuando la salud está en peligro o para que les fijen los salarios y demás condiciones de trabajo.

La postura intelectual que considera tanto a la esclavitud como a las distintas variantes autoritarias del socialismo, sistemas normales de vida, tuvo consecuencias insospechadas.

Según los sostenedores de estas ideas bastaba con crear un Ministerio de Trabajo y fuertes organizaciones sindicales para eliminar todo vestigio de desocupación y el logro de un permanente aumento de las retribuciones.

Con crear un Banco Central se aseguraba para siempre el valor de la moneda y los depositantes quedaban a salvo de toda preocupación respecto a sus ahorros. Un país no podía alcanzar la modernidad sin un Consejo Nacional de Desarrollo y, más aún, sin un Ministerio de Economía que lo llevara al crecimiento continuo del ingreso “per cápita”.

La realidad fue muy otra. El mejor ejemplo lo encontramos en nuestro país. Después de varias décadas de castigo progresivo a los beneficios, tributos a las transacciones comerciales, Banco Central, auge de bancos y entes estatales, con- troles de precios, Ministerios de Economía, de Trabajo, de Bienestar, Acción o

Desarrollo Social, Jubilación y Obras Sociales médicas compulsivas e irrenunciables, ausencia de libertad laboral, “bancarización" obligatoria, devaluación del peso,

“pesificación asimétrica”, confiscación de los depósitos en bancos, los resultados no pudieron ser más funestos.

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Legiones de “piqueteros” que cortan a diario calles, avenidas y puentes; que reclaman subsidios estatales para no trabajar. Miles de “cartoneros” hurgando al anochecer en los cestos de los residuos domiciliarios, asentamientos clandestinos o “villas miseria”, densamente habitadas dentro del tejido urbano de la ciudad de Buenos Aires y en sus populosos suburbios. Récord de deserción de público en bancos y éxodo poblacional sin cesar.

Los logros de las políticas coactivas están sobradamente reflejados en la prensa diaria. “Fuerte crecimiento del empleo en negro. En la industria, afecta al 41,4% de los trabajadores. Más grave en el comercio: 56% son informales”.

“Buenos Aires, la segunda ciudad más barata” entre las 70 ciudades más importantes del mundo. Ocupa el lugar 69, después de Karachi y Kiev, siendo superada en baratura sólo por Bombay.

“La crisis laboral: un estudio privado sobre datos oficiales dice que hay casi 1,3 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan”. “En el último año se sumaron a esta situación 127.000: es un 38,4% más que hace cuatro años”, “En la Capital y el conurbano, casi un 60% de los que tienen entre 20 y 24 años no terminó la

secundaria. Especialistas coinciden en que peligra el modelo de ascenso social”. “Argentina no se recupera en ranking de exportadores”. El “modelo productivo” no logró que superara el puesto 42° de la Organización Mundial del Comercio. Según el cuadro de los principales exportadores del mundo, en 2002 las exportaciones

argentinas representan el 0,5% del total, comparado con el 10,8% de los EE.UU., 9,5% de Alemania, 6,5% del Japón, 2,5% de México”.

En el 150 aniversario de la Constitución Nacional de 1853 se pueden distinguir dos períodos históricos bien definidos. El primero, que abarca desde 1853 hasta 1930. Y el segundo, desde éste último año hasta nuestros días.

El General Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional, inauguró su mandato, con 5 ministros- secretarios del Poder Ejecutivo: Interior, Relaciones Exteriores, de Hacienda, de Justicia, de Instrucción Pública y Culto y de Guerra y Marina.

A principios del siglo XX, el número de ministerios fue aumentado a 8. Se dividió Guerra y Marina y se crearon los de Agricultura y Obras Públicas.

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El Impuesto Aduanero fue el único ordinario, admitido y reglamentado en el texto constitucional. Los Impuestos Internos fueron introducidos en 1890, a raíz de la crisis de ese año. Hasta el mismo presidente de la República y su ministro de Hacienda, estaban convencidos de que eran transitorios e inconstitucionales.

Sin economistas, ni Ministros de Economía, en nuestro país, “en los seis años de Avellaneda (1874-80) el Producto per cápita era ya del 67%, del orden de dos

terceras partes del de Europa Occidental; en el sexenio siguiente 81,8%; en 1887-92 había subido al 91,4 %, como quien dice a ras con ras frente a las tres mayores potencias europeas; finalmente, en 1893-98, había alcanzado 104,0 %. O sea, que antes de finalizar el siglo XIX, la Argentina había sobrepasado claramente a Europa Occidental (Ramón Díaz, en El Observador, de Montevideo, Uruguay).

Argentina, carente casi de leyes laborales en esa época, recibía aportes migratorios enormes de países con legislación social "avanzada”, simplemente, porque aquí se ganaba más y se vivía mejor.

Curiosidades de principios del siglo veinte. Los socialistas eran los paladines del patrón oro y del libre cambio internacional como argumento en defensa de los asalariados.

En este sentido, los argumentos que esgrimían J. B. Justo, E. Dickmann y N. Repetto no diferían mucho de las ideas de los adalides de la Liga de Manchester (R. Cobden, J. Bright, etc.).

Sobre el período que abarca de 1930 hasta nuestros días, puedo repetir en forma literal, aquello que escribí, hace más de 40 años en la revista “Ideas sobre la

Libertad”. En el N° 13, de agosto de 1963, dentro del artículo “Economía: Libertad o Coacción”, bajo el subtítulo de “La crisis argentina actual” sostuve, y creo que ella sigue siendo debida al “MONOPOLISMO AUTORITARIO, o más bien la violencia legalizada -política, impuesta a los pueblos sojuzgados por las dictaduras surgidas después de la primera guerra mundial- que deslumbró en nuestro suelo a cierto sector político e intelectual influyente, cuyo talento se convirtió en vehículo de nuestros actuales infortunios”.

“La crisis de intervencionismo que al presente sufre la Nación, no es sino consecuencia de la política fiscal y monetaria inaugurada en el año 1930,

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contemporáneamente con la interrupción de la continuidad constitucional”. “Control de cambios, Dirección de Impuesto a los Réditos, Banco Central, Corporación del Transporte Metropolitano; ingerencia en el tráfico por carreteras interprovinciales, control de precios, juntas reguladoras de la producción

agropecuaria, barreras inmigratorias, marina y aviación comercial del Estado;

nacionalización de los depósitos bancarios, ferrocarriles, teléfonos, puertos, usinas

eléctricas; agremiación y previsión social compulsiva; tales son los hitos que van señalando el camino hacia la actual postración y decadencia, tanto económica como institucional”,

Concuerdo que gracias a las privatizaciones de la década del 90, volvimos a tener servicios públicos. Pero, sin libertad bancaria, crediticia y laboral, sin privatización del subsuelo, venta de la tierra pública, abolición del régimen de

coparticipación federal impositiva, el cese de la recaudación impositiva del gobierno central en las provincias, no hay salida en la Argentina.

CAPÍTULO 5

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